lunes, 29 de junio de 2009

Complementos de excelencia curricular

Dejé el periodismo y me metí en la Universidad en 2001. Desde 1983 pasé por distintos medios y opté por la carrera académica con la sensación de que había tocado techo, así que o me marchaba de Galicia o cambiaba de profesión. Un anuncio de prensa y una comisión seleccionadora que al parecer no tenía compromiso alguno (cosa rara, lo sé, pero para qué voy a mentir) fueron mi puerta de entrada. Después vino la oposición (los rivales no se presentaron; una suerte, sin duda, que vaya usted a saber lo que hubiera ocurrido) y pasé en dos años de periodista más o menos arrabalero, como casi todos, a esa estirpe rara de funcionario que somos los titulares de Universidad en España. Ocho horas de clase a la semana, 30 semanas al año. Seis horas de tutoría semanales durante once meses. Añádale gestión e investigación (¿¡) hasta completar las preceptivas 37 horas y media laborales. En mi caso, no por mérito sino por ineficiencia en el aprovechamiento de mi tiempo y el hábito adquirido en mi etapa periodística, acabo sumando unas 50 horas semanales. Aún así me considero un idiota improductivo sobre todo si lo comparo con el trabajo de la tecla.

Cuando me deprimo recuerdo aquella frase, creo que apócrifa: No soy un inútil total, al menos sirvo de mal ejemplo. Pero en realidad es mentira. Hay muchos ejemplos más ilustrativos y lo chistoso es que no lo saben.

Uno de mis problemas es que casi acabo de entrar y soy hombre mayor de 40 años, así que ni tengo antigüedad, ni puedo ser mujer ni joven investigador. Por más que me empeñe.

Otra dificultad casi insalvable es mi incapacidad para tomarme en serio lo que en este país se denomina "calidad" y "planificación estratégica" cuando se trata de la cosa pública. A poco que se conozca algo la teoría y sobre todo si se viene del mundo de la práctica, uno toma conciencia de que la calidad y la planificación son conceptos vacíos si las "misiones", las "visiones" y los "objetivos" están mal formulados y se limitan a palabrería obvia (del estilo de "esta Universidad tiene como misión formar y educar..." que es como decir que un compás tiene la misión de hacer círculos) o a declaraciones políticamente correctas igual de absurdas cuando no sesgadamente partidistas.

Como era previsible, tampoco me llevo bien con el papeleo. Y como ya he visto casi de todo en la gente que forma parte de los tribunales, comisiones y demás dinámicas de grupo, a veces vergonzosamente anónimas, que juzgan los documentos pues, en fin, que las tentaciones humanas son muchas y contradictorias. A veces uno los hace, otras no, otras no le queda más remedio, otras uno pierde unas monedas por no reunir certificados...

Todo esto tiene su actualidad, no crean. El caso es que hoy se ha publicado en el diario oficial la convocatoria de los complementos de "excelencia curricular". Sólo les voy a mencionar un par de baremos: por una patente internacional (algo muy serio y que puede reportar amplísimos beneficios económicos y sociales para una universidad y si me apuran para un país) 15 puntos; lo mismo que una conferencia o participar en las acciones denominadas de "innovación" o en la comisión de normalización lingüística o de autoevaluación; 10 puntos por asistir a cursos o utilizar una plataforma virtual. Y con esto justifican el "variable" de la retribución del profesorado. Yo no me preocupo, al fin y al cabo no soy lo suficientemente antiguo, aunque sí soy lo suficientemente viejo para no tomarme nada de esto en serio o para pensar.

Se nota que no estoy acostumbrado, pero no entiendo nada.

1 comentario:

  1. Tampoco hace falta flagelarse tanto. Mira el CV de otros colegas académicos.

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