miércoles, 26 de enero de 2011

Las conversaciones no coinciden

Reconozco que estoy sorprendido con mi propio entorno digital, que no con el personal. Todos o casi hablan de la Ley Sinde y el futuro de las cajas de ahorro. Son mensajes de protesta, de queja. Supongo que ese entorno del que me empiezo a sentir un poco extraño no tiene problemas de empleo, ni de años de cotización para jubilarse, ni siquiera de futuro global, quiero decir, de los barrios vacíos del pelotazo, de embargos, de los locales en venta o en alquiler que ni se venden ni alquilan, de ausencia de nuevas empresas, de aceptar recortes y más recortes sin que nadie trate de vender más, de buscar nuevos mercados, de innovar. En mi mundo real,vamos, el de carne y hueso,se habla más que nunca de que algo hay que hacer ya. Hoy los informativos nos han vendido un Obama bajando a la arena para animar a los estadounidenses a espabilar si no quieren que los chinos los rebasen por todos lados. Google crea empleo, Prisa o la BBC lo reducen. La innovación, la real, la de andar por casa. Aquí casi nadie habla de ella. No ya los políticos, sino las "elites" digitales. Y mañana, por cierto, otra huelga general que quedará en nada. Quizá tenga que alejarme un poco de mi propio Twitter, de Meneame y de esas cosas que me empeño en leer.

lunes, 17 de enero de 2011

Globos de Oro chapado

Táchenme de poco romántico, pero me ha dado por ver los Globos de Oro de 2011 con perspectiva económica, que no están los tiempos para tirar el dinero. Y me he llevado una cierta alegría al comprobar cómo los premios no se han entregado a los grandes prepuestos, aunque sí a los grandes retornos. Voy al grano:

Mejor película, director y guión: The social network. 40 millones de dólares de presupuesto, más de 200 millones de recaudación. No está mal.

Mejor comedia: The kids are all right. 4 millones, sí, sólo 4 millones y 30 millones de recaudación. Arrebatando por cierto el Globo de Oro a la Alicia de Tim Burton (200 millones de coste y mil millones de ingresos) y The Tourist (100 millones de coste y menos de 200 de ingresos)

En el mejor largo de animación ya se confirma la victoria del poderío: Toy Story 3, con presupuesto de 200 millones, más de mil millones de recaudación, más o menos como Alicia en el país de las maravillas. E igual en televisión, donde Broadwalk Empire ha desbancado a Mad Men (supongo por no volverse a entregar el jurado a las aventuras y desventuras de Don Draper) pero lo ha hecho puliéndose 18-20 millones por capítulo según se dice en la Red) aunque seguro que es rentable a tenor de su renovación de temporadas.

Los otros ganadores de la noche no tienen nada que ver: Glee o Carlos (la miniserie sobre el terrorista que inmortalizó Chacal) son de relativo bajo presupuesto, aunque la primera es mucho más cara (3 millones por capítulo) que los productos similares con los que compite en la programación. Tampoco otros finalistas en otras categorías: 127 horas es un largo de 18 millones; El discurso del rey, 15 millones; Cisne negro, 13 millones; The fighter, 25 millones. Nada que ver con los Alicia, Toy Story, The walking dead o Inception (160 millones), que juegan otra liga.

Desde la perspectiva europea, el presupuesto más bajo parece alto, pero no me van a negar que da un cierto regustillo pensar que algunos trabajos muy rentables porque al público les gusta reciben también el reconocimiento de los premios y vencen a los "ricos". El dinero no lo es todo. Es el consuelo que tenemos los pobres, los que nos conformamos con el chapado en oro, que en pantalla cuela igual.

viernes, 14 de enero de 2011

El sueldo de los políticos

La cuestión se ha vuelto a poner de actualidad una vez más por los fichajes de Felipe González y José María Aznar. Gas Natural Fenosa y Endesa los han contratado por algo más de 125.000 y 200.000 euros respectivamente. Y además cobran 80.000 euros de las arcas públicas en calidad de ex presidentes del Gobierno. No puede ser, claro. En un país donde el presidente en activo tiene un sueldo oficial de 78.000 euros, esto es una vergüenza. O la vergüenza son los sueldos de los políticos, claro. Aunque en realidad, la vergüenza está en que los políticos tengan otros beneficios menos confesables y públicos y que en este país seamos unos fariseos.

Somos el país (otros también, lo sé) del salario mínimo interprofesional, del convenio colectivo sectorial, de las becas indefinidas, de los contratos de prácticas falsos, de las dobles patronales para que la gente no tenga antigüedad, de las tasas notariales y registradores o las prebendas de estancos y administraciones de loterías, de la dosificación de farmacias, de las titulaciones que nadie aprueba en los años que corresponde no siendo que aumente la oferta de arquitectos o ingenieros de caminos o directamente dificultamos el acceso a Medicina para que no haya suficientes médicos, el país donde se le ha permitido a los controladores organizarse las horas extras, a los alcaldes recalificar terrenos y a los promotores financiar partidos políticos, etc, etc, etc. ¿Cómo no íbamos a ser el país de los políticos aparentemente de sueldos humildes (o casi) con todos los beneficios por detrás?

Qué quieren que les diga, me parece mejor que un ex presidente cobre 80.000 euros vitalicios e incluso que cobre 500.000 en activo y que se le controle toda oscura tentación de enriquecerse por otros medios, y me parece mejor que se les contrate para consejos donde pueden aportar valor real a los accionistas que se les incorpore a los centenares de consejos de entes públicos, cajas de ahorro  y demás dónde sólo chupan del bote sin preparación ni tan siquiera representación democrática real. Prefiero que un diputado tenga derecho a la pensión máxima a que no tenga más incentivo para ser político que lo que pueda sisar por detrás. Prefiero que un alto mandatario no se esté preocupando por su futuro y el de su familia, o por lo menos que no tenga excusa para cuentas b, regalos y demás.

El peligro no es que los políticos y los ex políticos cobren mucho públicamente. El peligro es que nos empeñemos en ser idiotas o que nos traten como tales.

miércoles, 12 de enero de 2011

Me importa un bledo que seas mujer

Te lo voy a decir clarito: salvo para cuestiones obvias, me importa un carajo que seas mujer. Lo siento si tú te sientes discriminada o si defiendes la discriminación positiva, lamento horrores lo que ha hecho la humanidad con las mujeres en general, o lo que no ha hecho, pero no me vengas con historias: no es más grave que te maten por violencia de género que te maten por violencia a secas, me aterroriza que te casquen en la cabeza con una plancha y que la policía tranquilice a la opinión pública diciendo que no fue una cuestión de género porque no hay indicios de relación sentimental. Ah, qué bien, casi te matan pero no por ser mujer. En realidad eres sólo una niña, de quince años. Y tu presunto asesino frustrado, un niño de 16. Le habría dado con la plancha igual si la chavala hubiera sido chaval. Qué alivio.

Ayer la justicia británica condenó a la BBC por despedir a una presentadora por vieja (53 años). Ojo, por vieja, no por ser mujer. En realidad una mujer de 53 años es vieja para presentar en la tele, casi desde siempre. Si fuera un hombre, con 53 años estaría empezando. Pero eso hay que probarlo. En realidad, tampoco es así del todo, porque el virus de la juvenil belleza televisiva, aún con raseros distintos y claramente sexistas, llena las pantallas de modelazos de ambos sexos. Me importa un pimiento que la modelaza tenga tetas gordas y el modelazo ojos de besugo o de galán. En realidad, lo jorobado es la telegenia, esa mezcla de belleza, aplomo, simpatía y expresión oral y corporal que sólo reconoce la cámara. Y el directivo de la tele, claro. Y, dicen ellos, la audiencia.

Y yo pienso en ti, cuestiones sexuales al margen, y me olvido de que eres mujer, de que tengas la regla o de que haya perdido tu equipo y estés con la hormona disparada de mamá gallina o de gallo del corral. Me importa un bledo el peso de tu cerebro, o que tengas más capacidades lingüísticas que unos porque seguro que tendrás menos que otros, como que seas más alta o más baja porque seguro que hay hombres más bajos o menos cachas, o que tengas más o menos capacidad espacial, que leas mejor o peor un mapa... vamos, que me importa un huevo el sexo de la estadística, me importa un comino la media del sexo o del género, el arquetipo, el estereotipo, el tópico. Si nos pasamos la vida haciendo estudios entre dos categorías excluyentes, siempre encontraremos diferencias, aunque sean mínimas: jóvenes y viejos, rubios y morenos, orejudos y orejitas... Al cuerno con los puñeteros planetas de Venus y Marte.

Pero implica también que al cuerno con tu protección por ser mujer, con tu cuota, con tu agravante, con tu paridad por ley. Sólo hay que protegerte si lo necesitas, como tú protegerías, espero, a cualquier otro que lo necesitara. No me consuela nada que no te maten por ser mujer o que no te despidan por ser mujer. Y, lo siento, tampoco me parece ni más ni menos grave que lo hagan por serlo. Espero de todo corazón que si el chaval de la plancha es culpable le caiga el mismo paquete que si el delito fuera "de género". Y que la BBC tenga que pagar lo mismo en su despido a la "vieja" que si hubiera despedido a la "mujer".  Quizá sea un efecto rebote, lo reconozco, pero es que empiezo a estar hasta las narices de tanta gaita.

martes, 11 de enero de 2011

La obsolescencia programada del periodismo

Perdón por la trivialidad, pero la vuelta al cole después de las vacaciones de Navidades se la han tomado en serio ETA, el presidente del Gobierno dando entrevistas, las bolsas y el mercado de deuda, los locos asesinos al uso estadounidense (los de Bagdad y compañía no, esos tienen otro calendario), un día de estos nos acordaremos del estado de alarma y aplaudiremos encantados las nuevas tabletas digitales que tanto nos van a cambiar la vida. No sé si 2010 fue un año perdido, pero habría que hacer un esfuerzo para salvar 2011. Lo malo es que la "rutina" informativa sigue apalancada en sus propias inercias, como empeñada en el suicidio profesional, dando cancha a la incompetencia de una ministra bisoña animando a denunciar anónimamente a quien infrinja la ley antitabaco, desdibujando la toma de control financiero de China de los mercados europeos, haciendo brillar el balón de oro de las narices frente a la sucesión en Inditex (qué interesante, por cierto, leer los comentarios de los internautas sobre la compañía), contribuyendo en fin a esa ilustrativa parábola que representa la sustitución de CNN+ por 24 horas de Gran Hermano.

Ayer veía o un buen documental sobre la obsolescencia programada, una de esas cuestiones que cuando daba clases de marketing sorprendía año tras año a los alumnos que al final el sorprendido era yo. Además de la idea principal, que la sociedad de consumo fabrica intencionadamente productos que no duren, el documental hablaba entre otras cosas de la basura electrónica que recibe Ghana. Llega un momento en que recordar la basura, y los negocios que se mueven a su alrededor, ha dejado de ser antisistema (en el sentido más peyorativo y marginal del concepto) y se empieza a filtrar con relativa normalidad entre determinados contenidos, pero no está ni mucho menos en la agenda informativa en la que brilla Messi, ETA o el tabaco.

Y es que los profesionales de la agenda ya están en todas partes, para que luego digan que las facultades de Ciencias de la Información no sirven de nada.

Pues en estos tiempos donde se vende la reforma de las pensiones como algo que sólo entrará en vigor dentro de 25 años mientras nos muestran el asalto de los grandes almacenes el primer día de rebajas o que todo el mundo se pone de acuerdo para sacar AppStores como la gran esperanza para la información de calidad, alguien debería conseguir meter en la agenda informativa qué diablos hay que hacer en 2011 para que las cosas empiecen a mejorar, para que se cree empleo, riqueza, valor. No sé si vendrá de la mano de la sostenibilidad (a pesar de Zapatero, sí) pero desde luego no vendrá de los temas que seguimos considerando dignos de primera página en los informativos. Tengo para mí que la obsolescencia programada está instalada en el periodismo de manera tan intencionada como en las bombillas o en las afeitadoras Gillette. Y tiene forma de fotografía de futbolista, encorbatados haciendo declaraciones e incluso, perdonen, insisto, la trivialidad, encapuchaditos prometiendo treguas. Al cuerno con esa agenda.

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