sábado, 17 de diciembre de 2011

Por qué me gusta Emilio Duró

A Emilio Duró no hay que tomárselo en serio, como él mismo dice. A pesar de su sentido del humor y de rapidez mental, dice bastantes cosas serias, pero te las tienes que tomar a broma, sin darle demasiada trascendencia, sin indignarte ni dejar que te afecten mucho. No importan ni sus teorías, ni su visión de la vida, ni siquiera su formación, que la tiene aunque la emplee de forma peculiar. Lo que importa de Emilio Duró es su capacidad de comunicar. Dicho de otra forma, no importa un pimiento lo que dice sino cómo lo dice y lo que provoca en la gente: risa, reflexión, desprecio, deslumbramiento... ¡hasta le piden consejo como a un psicólogo!

Su forma de transmitir saltó a la fama gracias a las redes sociales, pero quien lo conociera antes seguro que le sorprendió su originalidad aunque jamás pensaría, como tantas otras veces, que el fenómeno pasara de círculos reducidos. YouTube y Buenafuente lo han convertido en una estrella de las conferencias amenas. Que en el fondo es lo que quiere la gente: que los entretengan.

Y él lo haría con o sin redes sociales, con o sin MBA, con o sin experiencia empresarial y comercial. Podría ser ante grupos reducidos o convertirse en un fenómeno de masas, como le sucedió a Chiquito de la Calzada, que actuaba ante los amigos de Mario Conde antes de lanzarse a la fama. Podría escribir libros o escribir dos folios y pasearse con ellos por medio mundo o por las aulas de un instituto. Porque simplemente tiene esa facilidad natural.

Pero sería restarle mérito si no le reconociera el trabajo que hay detrás de sus actuaciones. Un trabajo intelectualmente ligero y disperso, a medio camino entre los libros de autoayuda, los artículos de psicología de las revistas y suplementos semanales, la capacidad de enlazar solapas con experiencia personal y contactos internacionales desde la alta empresa hasta las monjas que trabajan con niños enfermos. Todo ello ha ido enriqueciendo su caótico discurso. No lo digo como crítica, al contrario. Es una capacidad que pocos tienen y menos aún con simpatía arrolladora y el sentido común del Sancho Panza que todos llevamos dentro.

Emilio Duró es un espectáculo digno de alabanza si se le hace caso cuando advierte que no le hagan caso. Dice lo que le parece, dice que hace la pelota y la hace, maneja los gestos, toca y hasta soba con afecto, mira directamente a los ojos, ridiculiza con la agilidad de Moncho Borrajo y la extravagancia de Ruiz Mateos, elogia a las señoras y se ríe de los señores como manda el manual, no vocaliza pero enlaza chistes a tal velocidad que cuando se para en seco y suelta un "ahora en serio" (como @EspeonzaAguirre, la revelación de la temporada en Twitter) ya no sabes si quiere hacerte pensar o vas a retorcerte de la risa, o las dos cosas a la vez. Y a la gente le gusta. Punto.

Entiendo perfectamente a Buenafuente. Yo lo ficharía para cualquier magazine como una sección fija. Aunque sólo dure un par de temporadas. Y si a alguien le sirve para bien, pues bienvenido sea.

martes, 6 de diciembre de 2011

Forofos

Me he tomado unas semanas de vacaciones porque sabía que, de lo contrario, iba a estar hablando de política. Y para qué cebarse con el árbol caído.

Además, he desarrollado una especie de fobia a la bronca, a la discusión emocional, a los chillidos de fanáticos, extremistas, reaccionarios, histéricos, integristas... Bueno, soy padre de adolescentes, ya tengo suficientes salidas de tono en casa.

El caso es que entretanto, he confirmado, por ejemplo, que mi cuenta de Twitter cojea de una pierna. Que buena parte de mis alumnos veinteañeros son incapaces de sustraerse a la pasión de la bandera (sea la que sea), como siempre, por otra parte. Que personas racionales, inteligentes, equilibradas y amigas echan espumarajos por la boca, incluso coincidentes con mis propias ideas aunque no por eso menos "salpicantes". Que los comentarios de los blogs o los periódicos que leo llegan a radicalismos tabernarios que meten miedo. Estamos abonando el camino a la violencia, porque el desborde de la bilis acaba casi siempre por soltar los remos.

Y no sé muy bien qué hacer: si mirar para otro lado, otras lecturas y otras compañías; o si emprender la guerra santa contra la santa ira de las narices. Lo malo es que sigue la crisis, la mala leche va ir a más.

El otro día, al término de un curso en el que la estrella invitada era la psicología positiva, los ponentes tomábamos café. La conversación giraba en torno al desánimo, a la picaresca, a la resignación, a la generación de hijos que hemos educado los padres de entre 45 y 65 años, a la eliminación de trabajo, derechos, bienestar, prosperidad. A la pérdida de confianza, a la ausencia de obligaciones y cultura del esfuerzo o, lo que es peor, la inexistente cultura de los resultados.

Con la charla, la psicología positiva se había quedado en las transparencias de PowerPoint. Éramos forofos del pesimismo intelectual. Podíamos estar hablando de fútbol pero hablábamos de un estado de ánimo general, de una sensación. Eran simples relaciones públicas, pero con tono negativo.

A veces me pregunto si entre la mala leche y el pesimismo no estaremos provocando una depresión que va mucho más allá de las condiciones económicas. Ojalá me equivoque.

lunes, 31 de octubre de 2011

Calabazas, Samaínes y Halloween

Para que luego digan que el sistema educativo no funciona. Hace unos 20 años, en las escuelas infantiles se empezó a ahuecar calabazas y los niños de entonces ya han llegado a la Universidad. Halloween ha pasado de las guarderías a los locales de copas gracias a las actividades escolares. Que nadie se espante. Era un actividad más, como el magosto, o fabricar pan, los villancicos de navidad o la función de carnaval o fin de curso. Sólo que apoyada por Disney Channel y el resto de la industria audiovisual estadounidense.

Claro que los profesionales de la educación somos únicos buscando explicaciones y se recurrió a la del Samaín, la fiesta celta origen de Halloween. Que es más o menos lo mismo que vestir a los niños de vaqueros diciendo que no son norteamericanos, sino tejanos, por tanto españoles, montando caballos de origen árabe. O que la hamburguesa es de Hamburgo y el hot-dog de Frankfurt.

Podemos disimular si nos da vergüenza, negar que nuestros niños celebran Halloween aunque hagan lo que ven en las pelis yanquis, porque somos de izquierda, cultos, culturetas o nacionalistas y criticar al Santa de Cocacola, al Papa Noel o al San Nicolás y recuperar el Apalpador.

O podemos entregarnos a las nuevas modas sin pudor consumista como los pueblos que tienen un apagón en fin de año y se inventan la tradición de las uvas en agosto. En realidad lo las uvas fue también un invento. O el escándalo de la tomatina. Así que no nos pongamos tan estupendos

Pero lo que tenemos que admitir es que en este país de pocos niños, nos encanta verlos felices, verlos disfrazados de brujas y ogros, tan monos ellos, por eso repetimos los carnavales. Y además no van a dar la nota y ser diferentes en el cole, no vaya a ser que los marginen por aburridos. No vamos a discutir por unas calabazas como sí nos reñían nuestros padres. Ah, que esas calabazas eras otras, es verdad.

Así que no nos amarguemos demasiado. Disimulando o no, Halloween-Samaín está entre nosotros. Y a los muertos de verdad, a los nuestros, que les vaya limpiando el nicho Disney, el Apalpador.

viernes, 28 de octubre de 2011

Conciliación, horarios, usos y husos

Vivo en Galicia. La punta noroeste de España, encima de Portugal. Este fin de semana nos cambian la hora. Empieza el horario de invierno. Cuando nuestro reloj diga que son las 3, nosotros diremos que son las dos. Pero el Sol, si fuera de día, dirá tozudamente que en Galicia es justo la medianoche: 00 horas.

Nos suele dar pereza hacer este ejercicio mental de husos horarios. Incluso nos da pereza el ejercicio geográfico. Galicia está al sur del oeste de Irlanda. En el mismo huso solar de las Islas Canarias. Pero la oficialidad recoloca las horas por cuestiones políticas, económicas y pretendidamente funcionales. De hecho, si dices en Madrid que Galicia debería tener la hora de Canarias o Portugal te miran como si fueras nacionalista. Y cuando les comentas que Madrid debería tener la hora de Londres, se quedan extrañados.

Todas estas obviedades, que seguro conoce, vienen a cuento, más que de los husos, de los usos y costumbres que nos quieren cambiar respecto a horarios con razones que van desde la conciliación familiar hasta la convergencia con Europa. Y no está mal converger. Lo que ocurre es que la noche de San Juan, en Galicia empieza a las 11.30 horas de reloj (09.30 por el sol). Si nos hacen cenar como los nórdicos, a las siete de la tarde, estaríamos biológicamente cenando a las cuatro. Y si nos hacen levantarnos a las siete y media de la mañana en realidad nos estaríamos levantando por el sol antes que los monjes benedictinos del siglo XVI. Al menos en verano. En invierno, justo para llegar a maitines duchado, desayunado y leída la prensa.

Ojo que yo quiero conciliar. Entre otras cosas con los horarios de los colegios, aunque eso sea en el fondo un breve período en la vida familiar. Pero si para ello me hacen levantar antes que los pájaros, tengo que comer en veinte minutos un bol de ensalada en el banco del parque o el bar de la oficina y llegar a casa a las cinco para cenar a las siete (insisto, cuatro de la tarde hora solar veraniega en Galicia), como que prefiero sacrificarme unos años.

Que en Galicia, hombre, tenemos el mismo horario oficial que en Macedonia, por todos los dioses, y allí amanece dos horas y media antes como poco. Caray. Córcholis.

Qué moto comprar... ¿o es un coche?



Quizá usted no ande en moto porque las motos se caen. Esta no. Tal vez porque se moja cuando llueve. Con esta no. A lo mejor porque la carrocería no protege el cuerpo. Esta lo protege. Puede incluso que crea que las motos son ruidosas. Esta es eléctrica. Estoy hablando de la Lit C1. Un vehículo que quizá no tenga éxito como tantos otros que se han propuesto desde la creatividad y la falta de apoyo económico o del mercado, pero que a mi personalmente me devuelve la confianza en el avance de la tecnología. Parece milagroso.

Claro que puede que usted, como yo, sí ande en moto. Es posible que prefiera el viento a la lata, que eche de menos el manillar, o que le parezca otra "rodaja de Smart" como le llamamos a su homónimo de BMW...



Que por cierto anuncia su nueva versión también eléctrica (eso sí, se cae) aunque no es seguro que se llegue a fabricar.


Y tampoco estaría mal que el prototipo híbrido de Peugeot, con dos ruedas delante, se acabase convirtiendo en realidad aunque no parece muy probable.



De cualquier forma, todo dependerá del precio, dirán muchos. Yo creo que dependerá tanto o más de nuestra resistencia al cambio. De que realmente sepamos lo que queremos. ¿Queremos de verdad vehículos nuevos para solucionar los problemas de movilidad urbana?, ¿estamos dispuestos a montar en "cacharros" originales que llaman la atención? 
Los que odian las motos (muchos se han desatado con la desgracia de Simoncelli) y los que las adoramos o simplemente usamos somos con frecuencia igual de integristas con nuestras posturas. Y la tecnología se empeña en ofrecernos, en vez de integrismo, integración. Es mucho más divertido.

lunes, 24 de octubre de 2011

La isla de las flores y el balance de la catástrofe


Durante más de 40 años hemos estado esperando la noticia de ETA, ha durado relativamente poco en las primeras páginas del periódico. De hecho hasta compitió con la muerte de Gadafi, otra noticia que se hizo esperar y que ni siquiera ha resistido el paso de dos días a pesar de la escalofriantes imágenes de sus linchamiento y de los niños haciendo cola para ver su cadáver. Otro fallecimiento, el de Steve Jobs, casi se sacralizó. De pronto su imagen y su vida laboral se convirtió en tan ejemplificante que parecía una revelación evangelizadora. Ayer se mató un joven corredor de motociclismo, Marco Simoncelli, y cientos de personas más en un terremoto en Turquía. Todas noticias de impacto. Todas importantes. Todas dignas de ese periodismo de masas que estamos jubilando desde hace años. Y sigue funcionando.
A la vez, la cuestión económica sigue presente aunque con menos espectáculo por técnica y menos sencilla de asimilar. La nueva inyección a la banca, los recortes y la ideología destilada incluso en los medios progresistas como la única posible. En mi facultad estamos haciendo una práctica de documental. Y una estudiante brasileña nos ha recordado este trabajo de Jorge Furtado (1989). Qué difícil resulta pensar entre tanto acontecimiento de primera plana.

jueves, 13 de octubre de 2011

Ahora que caigo

Ahora que en Galicia lo vendemos todo (o eso dicen), me gustaría saber qué hacen los vendedores con el dinero que cobran. Miles de millones de euros no deberían caer en saco roto. Y no caerán, sino que se meterán casi con toda seguridad en los mercados financieros en vez de en empresas productivas. Será que el capital gallego es igual de especulativo que el del resto del mundo.

Ahora que en Madrid hablan de nuevo de fusionar las Universidades que hace 20 años se descentralizaron, me gustaría saber si creen que por el hecho de eliminar rectorados se encogerán los gastos de tanto campus, tanta facultad y tanto personal, incluido, por cierto, tanto estudiante. Es como si la solución al disparatado número de aeropuertos construidos en España fuera fusionar sus direcciones. Vaya, si ya son de una misma empresa. ¿Son más competitivos? Me temo que no.

Ahora que resulta que la solución a los problemas de las cajas de ahorros y los bancos es hacerlos más grandes, me gustaría saber si esto es para que si entran en nuevos apuros no puedan quebrar y haya que volver a rescatarlos.

Ahora que los recortes en Sanidad y Educación ya no se disimulan, me gustaría saber si tras las elecciones alguien tomará medidas sobre la claridad de los presupuestos y, sobre todo, de su cumplimiento o no. Porque de nada vale que se ahorren 4.000 millones en profesores o ambulatorios si se utilizan para rescatar bancos, pagar los intereses de la deuda o simplemente se dejan de recaudar. Y, by the way, ¿alguien sabe realmente qué puede hacer un gobierno "nacional" con su política si los "mercados internacionales", con un simple toque de tecla, hacen que paguemos 50.000 millones o 75.000 millones en intereses de un día para otro.

Ahora que caigo, me gustaría saber si además de empequeñecernos y llorar, fusionar o dividir, o quitar dinero de las cosas importantes y dárselo a los ejecutivos del sistema, vamos a hacer algo. No sé, invadir los paraísos fiscales, embargar las propiedades a todos los banqueros o cajeros de ahorros indemnizados tras ser intervenidos o, por lo menos, nacionalizar la banca de verdad. Ah, perdón. Esto ya lo hemos hecho. ¿O es al revés?

domingo, 2 de octubre de 2011

Íntima manipulación

Estaba yo preparando una clase sobre manipulación audiovisual y, cómo no, se me ocurrió teclear la palabra en Google. Me llamó la atención que el autorrelleno colocara en los dos primeros lugares la manipulación genética y la de alimentos. Pero mucho más sorprendente me resultó el hecho de que el término manipulación se asociara en los resultados de la búsqueda especialmente a las relaciones de pareja. "Que no te manipulen" es la frase más repetida. No los medios de comunicación o el poder general, como yo esperaba, sino tu marido, tu mujer, incluso tus hijos. Diez recetas, o así, para evitar que te presionen, que te anulen, que te manejen. Aprende a defenderte. Protégete. No cedas.

Como llevo unos días embarcado en clases teóricas (que, para qué nos vamos a engañar, no son mis favoritas) me dio por seguir buscando. Enseguida enlacé con cientos de páginas sobre la psicología de periódico dominical que tanto se ha puesto de moda. Cuando saltó de los consultorios sentimentales a las secciones de las revistas femeninas no le di demasiada importancia. Pero cuando se entrelazaron los libros de autoayuda con el marketing, el management, los diarios de información general, los recursos humanos, las técnicas de motivación y, tachán, tachán, la manipulación de las personas sabía que impepinablemente acabaría teniendo alguna excusa para utilizarlo. Así que si debes hablar de manipulación desde una perspectiva teórica, qué mejor que ponerse a hablar de relaciones humanas, me dije. Y entonces me percaté de que apenas sé nada de relaciones humanas. Pensé en hacer un sondeo del estilo de "¿cree que los niños deben leer más?", o en ver un ciclo de cine chic flick, irme al fútbol, cualquier cosa menos seguir leyendo páginas de psicología en Internet. Hasta que descubrí a la novia de Cristiano Ronaldo que al parecer es la protagonista de la campaña de una marca de ropa interior femenina, Intimissimi. Y lo entendí todo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La buena educación

No está mal que se vuelva a discutir por enésima vez de educación. Que la derecha aparentemente la desprecie o la utilice como filtro entre clases sociales, que la izquierda la convierta en arma sindical o fuerza "empleabilizadora". El poder debe controlar para ser poder. Incluso el poder del profesor vitalicio amamantado por el sistema. O el del padre "propietario" de su vástago. O el del estudiante crecido por tanto mimo y derecho. Machacar al funcionario, al político, al niñato es casi una reacción "natural" de la sociedad que se puede alimentar fácilmente desde los medios de comunicación. Así que siempre que se haga algo más, por poco que sea, no está mal.

Los periódicos están repletos de artículos de opinión. Pero los hechos son los hechos. Y según los hechos, en este país no creemos en la educación. Al menos no tanto como decimos. Nos faltan dos pilares esenciales: el pragmático y el idealista. El pragmático sostiene que la educación acaba siendo rentable. El idealista soporta la premisa de que la educación acaba haciendo mejores personas. Sin entrar en debates de enseñanza privada o pública. Sin entrar en sueldos de profesores. Sin entrar en guerras lingüísticas. Se trata simplemente del porcentaje que se dedica a la educación sumando presupuestos generales, autonómicos, provinciales y locales. Se trata del dinero y, sobre todo, del tiempo de atención que empleamos en la educación de nuestros hijos. Se trata del dinero y, sobre todo, del valor que se le da en las empresas a la preparación de sus profesionales. Se trata del respeto social y del prestigio tanto de los títulos como, simplemente, de la buena educación.

No se hace mucho al respecto. Por lo menos se habla.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Hijos de mala madre

La madre de un amigo mío es una de las personas más buenas que conozco. Pero él se casó con una mujer "menos" buena: algo egoísta, algo parásita, algo malhumorada, algo mandona, algo bruja. Para no separarse (no tiene mucho dinero y los divorcios salen caros), gestiona sus emociones con cuentagotas. Así no se desgasta más de lo necesario. Sus primeros "recortes" emocionales fueron las risas. Se ríe menos, pero cuando se ríe es muy muy feliz. Como quien bebe sólo un sorbo exquisito. También se enfada menos, porque cuando se enfada sospecha que le puede dar un infarto. Dedica poco tiempo al ocio, pero el poco que disfruta le parece paradisíaco. Y al final se considera aceptablemente feliz a pesar de la pareja. Será porque es tan bueno como su madre.

Tanto como el de las grandes situaciones de crisis, siempre me han llamado la atención los modelos de gestión de lo cotidiano. Exigen una inteligencia a largo plazo que debe contar con  unas sólidas bases de carácter y modelos de imitación más que de educación formal. La "bondad" como argamasa del buen funcionamiento de las cosas: las parejas, las familias, las empresas, los países... no es un valor demasiado alabado ni reconocido. De hecho, a los "buenos" se les suele confundir con los "tontos". Parece que los "listos" se aprovechan de ellos. Aunque no se les ve más felices. Será porque son hijos de mala madre. O de mal padre.

jueves, 15 de septiembre de 2011

No son los mercados ni los bancos, son los directivos

Los únicos culpables de la situación económica mundial son los individuos, en concreto los directivos de las grandes entidades financieras. Claro que también los políticos que desregularon el sistema. Y también los especuladores, cualquier especulador, incluido yo, e incluso, si me lo permite, seguro que también es culpable usted (aunque es posible que me equivoque) a poco que haya vendido o comprado algo sacando o pensando en sacar una plusvalía  que fuera más allá de lo "razonable".

Sueldos, bonus, incentivos, retiros de lujo, aviones, privados, mansiones. El dinero lo tienen ellos, y lo siguen teniendo. No es el mercado, no es la banca. Son ellos. Los que apuestan y ganan siempre. Mientras no se desande el camino andado, mientras los gobiernos no se enfrenten a esos rentistas del sistema, mientras no se invadan los paraísos fiscales y mientras no se recupere todo el dinero que han ganado a espuertas no hay recorte del gasto público que valga. Siempre estaremos en sus manos. Banqueros y bancarios que se han autoconcedido préstamos a tipo cero para comprar y vender en tiempo record o para invertir a un cinco, un diez, un veinte o a un cincuenta por ciento. Consejeros delegados que se blindaron contratos sabiendo que iban a durar dos minutos en el cargo. Directores generales que se prejubilan con poco más de cincuenta años pero con el sueldo completo. Infladores de precios, recalificadores, comisionistas, revendedores y puñeteros expertos en derivados. Personas que timan legalmente porque los legisladores se han plegado a sus intereses. No son delincuentes. Sólo han relajado sus principios y alargado sus fines... mucho más de los límites morales. Totalmente humano. Y totalmente cobarde por parte de quien lo permite. Quizá nosotros.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Sólo dos horas más de clase

Un experto en técnicas para hablar en público comentaba ayer que una buena intervención requiere una preparación mínima de tres semanas. Sobre todo si es una charla breve, que motive, una charla eficaz. Hay que dominar el tema, ensayar ante el espejo, repetir una y otra vez el inicio, los cambios de ritmo, captar la atención, mantenerla y recuperarla cuando baja, sin olvidar naturalmente el objetivo principal: que el mensaje se fije en la mente del receptor.

Si usted ha tenido que hablar en público, hacer una presentación, incluso un mínimo discurso familiar, conoce el miedo escénico, sabe el trabajo que da, la tensión que provoca. Lo de menos es que deba hablar un minuto, diez o sesenta.

Claro que eso se debe a que no es profesor. Porque al parecer, los profesores no necesitan preparar sus clases y sólo trabajan cuando las están impartiendo. De hecho, algunas administraciones han decidido transmitir la idea de que los profesores sólo trabajan las horas lectivas que les corresponden: 18 a la semana. El resto de los mortales, un mínimo de 40. Por eso llega el momento de sacrificarse y trabajar dos horitas más, que tampoco se hernian. 20 horas semanales. Hablando ante un público juvenil que se queja de lo lenta que es una película que en dos horas te cuenta la Biblia, que está acostumbrado a bostezar o a distraerse ante efectos hollywoodienses multimillonarios, que zapea con el mando o picotea en Internet sin ser capaz de fijar su atención en productos que pueden suponer el trabajo de docenas de profesionales de la comunicación y tecnologías complejísimas.

A ese público, que generalmente preferiría estar en cualquier otro sitio, debe motivarle y formarle durante 20 horas de clase preparadas en las otras 20 horas. Eso sin contar tutorías, reuniones de programación o coordinación, entrevistas con padres, corrección de ejercicios y exámenes, etc, etc.

El que se asignen las plazas de profesor por horas lectivas quizá parezca lógico. Pero es un truco. Si mañana la administración educativa decide ahorrar más y meter a 50 alumnos por aula, seguirá siendo una hora de matemáticas, pero hay 50 cuadernos que revisar. Dar una charla a diez personas puede ser lo mismo que darla ante diez mil, pero no es lo mismo si se trata de leer comentarios de texto, corregir faltas de ortografía, problemas de física o análisis sintácticos.

Tampoco es lo mismo dar una materia que otra. Resulta aterrador la cantidad de profesores que no imparten las materias de las que son especialistas. Y tienen que preparar esas clases a veces de un día para otro.

Pueden ser autoridad pública, pero torear con hijos de los padres actuales no da precisamente demasiada seguridad. Por eso muchos acaban desquiciados o maniáticamente arbitrarios.

Les han bajado el sueldo porque tienen la plaza fija. Y a los que no la tienen, también.

La Administración educativa ahorra recortando puestos de interinos pero la Administración general tiene que pagarles el paro. Menudo negocio para las arcas públicas.

Claro que tienen unas vacaciones incomprensibles. Ese sangrante mes de julio que todos envidian. Además de agosto, y la semana santa, y la blanca o los carnavales, y las navidades. Según el experto, ni aún así les daría tiempo a preparar su clase como una buena charla. Pero como no la preparan, pues a disfrutar.

Así que se dejen de quejas. Dos horitas más de trabajo no es nada. Encargarse de los niños en los autobuses, qué menos. Además, los profesores nos recuerdan a los que tuvimos y odiábamos de pequeños. Bueno, también estaba aquél que nos enseñó. Pero es que ése era muy bueno, daba las clases sin prepararlas y conocía nuestro nombre porque fuimos únicos en todos sus años de profesión.

Por cierto, el policía sólo trabaja cuando está patrullando; los diputados, cuando calientan escaño; el cura, consagrando; el juez, en la sala; el periodista, cuando presenta las noticias (esas que se sabe de memoria y nos las cuenta sin leer); y el funcionario de ventanilla, ése... bueno ése no trabaja nunca. Y Messi y Ronaldo son dioses.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Mi mono y yo

Quizá le haya pasado alguna vez. Sobre todo si vive en una localidad no muy grande. Alguien se salta un stop o un ceda, o hace cualquier otro tipo de pirula y usted le pita, le abronca, le menta a la madre. Es tarde cuando usted se percata de que conoce al sujeto en cuestión: un vecino, un cliente, un jefe, un amigo, un familiar. Y se mezclan las sensaciones: vergüenza, sí, pero menuda ha hecho... quizá he exagerado... ahora ¿qué hago?, ¿le saludo?, ¿me disculpo?, ¿no debería disculparse él?, ¿hago que no lo conozco?, ¿qué nos diremos la próxima vez que nos veamos?

Somos la persona educada pero también la que pierde el control. La frecuencia de esa pérdida y el nivel de descontrol alcanzado es lo que marca la diferencia entre el ser humano racional y el estúpido, entre el empático y el egocéntrico, entre la inteligencia y el mono. Con perdón para los monos. Ira, miedo, chulería, inmadurez, rigidez mental, sentimiento justiciero... Dicen que el dinero no nos vuelve idiotas, sino que saca al verdadero idiota que llevábamos dentro y que disimulábamos. En el coche ocurre algo parecido. También con el poder. Con cualquier poder. El de un puesto de funcionario, de profesor, de político, de jefecillo, de dueño... dale un carguito y te diré de qué pie cojea Manolito.

Ayer cojeé yo. En una rotonda. Escribo esto como propósito de enmienda.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Mensaje para García y otras historietas

Durante las vacaciones, entre otras cosas, me he dedicado a hacer limpieza. He tirado, con mucho dolor de corazón, papeles de mi infancia, de mi etapa universitaria, de etapas profesionales anteriores, de becario, de temporal, de fijo, de parado, de empresario, de funcionario.... Releí alguno y me encontré con historias repetidas, por ejemplo, esas que alguna vez te contaron en clase y que luego tú usas en tus propias charlas, con alguna imprecisión. Una de ellas (quizá la conozca) es la del "Mensaje para García".  La primera vez me impresionó. La segunda la aprecié más aún. Después la incorporé a mis anécdotas para pedir iniciativa (y en el fondo obediencia) a mis colaboradores (en realidad subordinados) o para ilustrar clases de comunicación y dirección de personas.

No hace falta que la lea pero por si acaso le pongo el enlace.. En resumen es una historia que cuenta como el teniente Rowan recibió un difícil encargo del presidente de los Estados Unidos y lo cumplió sin preguntas: entregar un mensaje al general García, perdido en la guerra de Cuba. Eso es todo. El obediente perfecto. Asume su rol, su rango, no pide medios para su trabajo, ni tan siquiera información, no duda ni pone obstáculos, excusas o inconvenientes. Simplemente hace lo imposible. Una historia que ha ilustrado MBA, cursos de motivación, discursos, arengas, conferencias y todo tipo de literatura de gestión.

Hoy no me impresiona tanto. He visto muchas veces como una orden se acata ciegamente ante el jefe "supremo" aunque es otro cantar si el jefe está en el nivel inmediatamente superior, incluso a pesar de que la orden venga en cascada. He visto como todo el mundo quiere una obediencia absoluta al principio ante órdenes moderadas, pero muchos acaban dando órdenes ignorando si son o no cumplibles (de esos que mandan por sus melindres). Y he visto a muchos cuadrándose porque le van a pasar el marrón a otro sin contemplaciones.

Viene todo esto a cuento de lo que está cayendo entre poderes financieros, gobiernos y ciudadanos. Cuando releí la historia del Mensaje para García me acordé de los "mercados" que ordenan a unos gobiernos que acatan y joroban al ciudadano. El nivel de los actuales líderes políticos parece no llegar mucho más allá del rango de teniente. Mientras que los banqueros están en el nivel del presidente McKinley. Quizá el heroico teniente Rowan arriesgó su vida. O quizá le pasó el marrón a un recluta anónimo. Eso a McKinley le trajo a pairo.

miércoles, 20 de julio de 2011

Empiezo a pagar por prensa digital

Pues al final, empiezo a comprar. Han pasado unos días desde mi última entrada en este blog buscando explicaciones sobre mi extraño comportamiento ante los quioscos digitales. Y por pura disciplina "profesional" me he obligado a comprar periódicos y revistas aprovechando ofertas de lanzamiento veraniegas. A diario. Tirando la casa por la ventana: gastando las astronómicas cifras de 0,79 céntimos por ejemplar e incluso 2,30 euros si se trataba de una revista. Hala, será por dinero. Y en efecto, en el caso de las revistas definitivamente prefiero leerlas en el iPad que en papel. Mejores fotos, posibilidades de diseño llamativas y mucha, mucha comodidad. En el caso del papel prensa, aún no he superado la sensación de novedad, me siguen sobrando las interacciones y los "enriquecimientos" de noticias con vídeos que no enriquecen nada o galerías de fotos que tampoco suponen una gran mejora. No puedo compartir el ejemplar con los otros miembros de mi familia, ni lo puedo llevar en la bolsa de la compra a cualquier lado, especialmente a la playa suponiendo que pudiera ir. Aún así, la ventaja del precio, la posibilidad de leerlo nada más despertarme y agrandar la letra en vez de estirar la cabeza hacia atrás (la mezcla de presbicia e hipermetropía empieza a ser demoledora) me producen la suficiente satisfacción como para pensar en que en breve voy a decantarme también por la pantalla, aunque el papel siga jugando un ídem importante.

Así que me entrego a los dispuestos a pagar un precio razonable con tal de que el periodismo de calidad subsista. Incluso con fervor.

Pero soy periodista. Tengo más de 40 años y llevo toda la vida leyendo en columnas, titulares proporcionados a la importancia de la noticia, páginas ordenadas con cierto criterio y según las costumbres de localización de secciones. La publicidad impresa no me molesta, incluso acepto que me ofrezcan un futuro interactivo, igual que me gustaría una cierta interactividad en las páginas de servicios (cartelera, bolsa, anuncios clasificados...). Pero soy un clásico. Vamos, que para mí no hay color entre leer un diario en su versión web y en su versión iPad.

Aún pensando que el parque de tabletas no dejará de crecer, o que se hagan tan potentes como para desterrar del uso doméstico a los portátiles, existe ya toda una generación de menos de 30 años que lleva diez con información gratuita y banners. Que leen noticias en agregadores sin fijarse en las cabeceras de los medios, diseñadas en pixeles no en cíceros ni picas, con escasísima dirección de arte, con vídeos de calidad subterránea y formatos distorsionados, picoteando en las redes sociales del llamado periodismo ciudadano o de los "gurús" e "influenciadores" en vez de lo periodistas. A esa generación van a tener que reducirle mucho la oferta en la web para que pague, sea lo que sea.

Entre tanto hay que aguantar el período de transición. Y el sector periodístico nunca se ha caracterizado ni por su paciencia ni por su visión a largo plazo. Con el encogimiento de las plantillas, la presión diaria desborda a quien debe tomar decisiones. Y la teta de la vaca vieja aún da leche, mientras que los interrogantes exigen una energía que no sobra en estos momentos.

Pero, hoy más que nunca, no se me ocurre ninguna alternativa al futuro del periodismo escrito profesional que las tabletas.

martes, 28 de junio de 2011

No sé por qué no compro

A pesar de que llevo más de 25 años delante de una pantalla de ordenador, no soy un nativo digital. Mis amigos más "de letras", de esos que siempre piden ayuda con el ordenata o que no quieren aprender nada demasiado nuevo, llevan años vacilándome sobre mis escasos niveles de lectura en papel, que ciertamente he reducido a tres o cuatro novelas al año y una docena de manuales y muy pocos artículos "científicos". El resto ha caído claramente del lado digital. Y desde el iPad, más aún porque estoy descubriendo el placer de las revistas y periódicos en versiones de "pdf enriquecido", muy poco enriquecido, por cierto. Pero aún estoy comprando poco, quizá estoy a punto de lanzarme, pero aún no. Y la verdad es que no sé por qué.

La aparición de Orbyt, el próximo lanzamiento de Kiosko y más, o iniciativas tipo Zinio (hay muchas más pero no quiero aburrir) están dirigidas a lectores como yo. Lectores que cuando están leyendo, incluso ojeando, no navegan. Leen. Cierto que podemos hacer click en un enlace, pero la acción dáctil que más repetimos es pasar hoja, movernos por la página. De modo que en principio un pdf enriquecido sería más que suficiente para un "inmigrante digital" aunque lleve inmigrado un cuarto de siglo.

Y sin embargo no compro. ¿Precio? Un diario, 0,80 €, ¿compraría si fuera a 20 céntimos? Una revista, 3€, ¿compraría si fuera mi Solomoto30 o mi Telva (es un decir) a 1€? Quizá no es ese el problema. Para mí, como opinión estrictamente personal, las ventajas de leer en el iPad compensan sus inconvenientes, como en el papel. No lo puedes llevar al gimnasio o a la playa, no lo puedes doblar, pero esas fotografías, esa ampliación del tamaño de letra, esa posibilidad de llevar el kiosco encima o docenas de revistas para un viaje dan por bien soportadas las molestias. Diría incluso hasta el precio. Aunque el iPad (o equivalente) debería bajar de precio. Y ayudaría que las promociones de los diarios y grupos de difusión apostasen más por el "regalo" de iPads en vez de coches Mercedes, apartamentos o coleccionables.

Pero ¿por qué no compro ya? No sé, una o dos revistas al mes, el periódico los fines de semana o a diario en el desayuno. Mi primera respuesta es siempre la misma: ya tengo suficiente información en la web. Sin embargo, a pesar de ello todavía compro algo de papel porque me gusta el diseño editorial, la tranquilidad de la lectura, el "objeto" material. Mi segunda respuesta es que soy un cutre. Cada vez que realizo un micropago, psicológicamente es como si pagase mucho más. Puedo dejar de propina un euro ¡pero un micropago de un euro me parece más dinero! Quizá es la inseguridad del pago con tarjeta ¿a estas alturas? O que el autocontrol de compra de impulso o capricho es mayor en un kiosco digital que en uno físico.

Hábito. Simplemente. Me tengo que acostumbrar, me digo a mí mismo. Y si eso me ocurre a mí, qué no le ocurrirá a las personas "normales". Lo malo es que la lentitud de los grupos editoriales no ayuda nada.

Por cierto, hoy, en esta esquina del mundo donde vivo, Galicia, cierra otro diario. En gallego. En papel. Sin edición para tableta. No le ha dado tiempo.

viernes, 24 de junio de 2011

La noche de Sanjuán y de San Juan

Me gustaría decir que esta es mi noche por muchos motivos. Pero sigo asustado por la capacidad de atracción que tiene la actriz Antonia San Juan. Al menos atracción de tráfico hacia este blog.

Esta noche, como las últimas diez o doce noches, más de cien personas pasan por esta minúscula parte de Internet porque alguna cadena de televisión emite una serie donde sale la canaria. Así que esta noche es de San Juan por partida doble, triple, si me permiten la vanidad.

Y esta entrada me sirve para reflexionar sobre cómo la televisión sigue siendo, pese a quien pese, el gran totem de la comunicación. Puede que la publicidad siga cayendo, pero será una mala idea para la rentabilidad y para el motor de la recuperación económica. De muestra, añado a las montañas de evidencias y datos este humilde botón.

Ay, tele y morbo, qué mezcla tan eficaz.

Me cago en la leche.

lunes, 20 de junio de 2011

Gente de orden e indignados

Este fin de semana vi un documental en la Noche Temática de la 2, titulado "Verdadero o falso" de Pandorga S.L. y TVE, en el que entre otras cosas un científico llegaba a afirmar que nuestro cerebro se acababa "haciendo" de derechas o de izquierdas. Por pura distorsión de la realidad. La neurociencia tiene estas cosas. Un escáner demuestra que algunas zonas de nuestro coco se activan ante determinados estímulos. Seguramente eso justifica la reacción irreprimible ante una bandera, un equipo de fútbol o una ideología. Ocurre también con el orden. La gente de orden es lo que tiene.

Y si usted es gente de orden, le ponen nervioso los perroflautas, prefiere que los sintecho puedan ser retirados por la policía de las vías públicas, se sube por las paredes cada vez que un calzoncillo o una braga asoma por encima de un pantalón, las rastas de esos guarros y, naturalmente, los violentos. En realidad a los violentos no los aguanta ni su madre, pero en cuanto aparecen entre cualquiera de los grupos anteriores a la gente de orden le da por justificar sus fobias con un argumento de peso: es que todos esos guarros son violentos. Ahora los guarros son los indignados. Acampados guarramente, con violencia esporádica y con manifestaciones, asambleas y mucho antisistema.

Lo curioso es que esa gente de orden, y yo a veces soy uno de ellos, ha dicho muchas veces lo mismo que dicen muchos indignados (y yo también soy uno de ellos). La gente de orden suele decir que todos los políticos son iguales, que los partidos son máquinas de corrupción; los bancos, unos chorizos; las listas cerradas, un cachondeo; los servicios de atención al cliente de las telefónicas, una tomadura de pelo; las eléctricas, unas caraduras; la Administración, una máquina de parásitos; los periodistas, unos mentirosos... etc, etc. Si es gente de orden digamos "muy facha", parece que reclaman una dictadura; si es más "de centro", "eficiencia y sentido común"; si es nacionalista, la culpa es de Madrid, y si es "muy roja", menos capitalismo. Gente de orden hay en todo el espectro ideológico.

Puede incluso que haya mucha gente de orden entre los indignados. Y puede que mucha gente de orden los critique a pesar de coincidir en muchos puntos vista. Pero el orden les puede aún más. Cuestión de escáner cerebral.

lunes, 13 de junio de 2011

Prensa en estado crítico

Siguen los despidos, sigue el descenso de la publicidad, siguen los procesos de concentración empresarial, los medios de comunicación, especialmente la prensa y la TDT, se debaten entre el estado de coma, el "no natismo" de muchas teles locales y el recorte inflexible y permanente de los grandes grupos. Nadie atisba soluciones. El jarro de agua fría con The Daily, que alguno encuadra entre los grandes fracasos tecnológicos de lo que va de año, ha ralentizado la apuesta empresarial, que no la de contenidos, para iPad. Y eso a pesar de sus ochocientas mil suscripciones iniciales. ¿Modelo de negocio o calidad de los contenidos tanto desde la perspectiva periodística como técnica? ¿Es irreversible el proceso de no pagar y más irreversible cada día que pasa?

Pero si la respuesta es reducir plantillas, ediciones, corresponsales, redactores, producción propia, diferenciación, experiencia ¿cuál será el futuro? Y si todo el mundo entiende que el futuro es inevitablemente el cierre, ¿quién tiene el apalancamiento necesario para estar entre los últimos y acaparar a los últimos compradores de información?, ¿y cuántos lo conseguirán?.

Si fuera mi dinero, también estaría como loco buscando fusiones, pactando con la administración apoyos que incrementaran mis posibilidades financieras y seguramente también recortando gastos. Pero trataría de hacer alguna apuesta de futuro, o por lo menos no pararía de buscarla. Vender contenidos a la audiencia y audiencia a los anunciantes sigue siendo la esencia, el core business que dirían los pedantes. Me niego a creer que no se está investigando, sondeando, desarrollando ideas, conceptos, productos o nuevas fórmulas de comercialización. Me niego a pensar que sólo se está viviendo el día a día en la caída.

lunes, 30 de mayo de 2011

Manejando el mando

Esta mañana he estado en una amena charla de Ricardo Vaca. Aconsejaba invertir en Telecinco y Antena 3  porque seguirán llevándose el gato al agua en la publicidad audiovisual. Su visión no era muy optimista acerca de las posibilidades de subsistencia de las cadenas minoritarias, ni qué decir tiene de las cadenas locales. Internet, todavía es una incógnita tan hiperfragmentada que ni siquiera se contempla más allá de un largo parto. Y mencionaba la famosa cita de Antonio Gramsci sobre la crisis: cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. La testaruda realidad. La resistencia al cambio.

Si algo representa a la perfección el actual statu quo, el zeitgeist, sin ninguna duda es la televisión. Y siendo un sector donde todo está siempre en el aire, si me permite la broma, desde los programas hasta los ejecutivos, resulta todo un paradójico espectáculo comprobar cómo se resiste al cambio. Digo televisión pero en realidad me refiero a la audiencia de la televisión y a la publicidad de la televisión. Valga como ejemplo el liderazgo de audiencia de Pretty Woman, por no hablar de productos bastante menos presentables.


La tecnología corre, los mercados bursátiles corren, los jóvenes y "sus" redes sociales corren. Pero lo viejo no acaba de morir. Y los que gobiernan se encargan de prologar el funeral con leyes que prolongan algo que dista mucho aun de ser una agonía: creando nuevos canales, creando una TDT inviable, un modelo de televisión pública insostenible, permitiendo negocios a unas operadoras de telefonía que engordan sus cuentas de resultados y adelgazan sus plantillas.  Así que todos corren pero el poder no tanto: ni el político ni el económico. Nada nuevo bajo el sol.

Ay si manejáramos el mando con inteligencia, la de cosas que podrían cambiar.

martes, 24 de mayo de 2011

Ciudadanos normales

Pues tras las elecciones municipales y autonómicas en España, yo me esperaba más votos para el Partido Popular, sobre todo teniendo en cuenta al PSOE. También me esperaba más votos para Izquierda Unida, y para UPyD. Y, aquí en Galicia, para el BNG. Sobre todo teniendo en cuenta al PSOE. Pero voy a dejar la política al lado un momento. Porque viendo a tanto votante, incluido los blancos y nulos, y viendo tanto hincha futbolero o hincha sin más, me pliego a la normalidad de los ciudadanos normales, los que no acampan, sean o no regulados o prejubilados o les rebajen el sueldo, personas realistas que disfrutan viendo descabalgar al que manda o subir al aspirante, a veces cándido candidato, que no creen en las revoluciones ni en las reformas, ni siquiera en los productos financieros que contratan. Sólo van al bar o a la grada y van tirando, aunque sea tirando para abajo.

Lo malo de la normalidad es que no cambia el modelo productivo de un país, sino que se acostumbra morosa al recorte en el gasto. La normalidad hace que aguanten los precios de los pisos porque aún hay colchón. O que el paro se asimile a una situación inevitable y generalizada dónde nadie quiere emprender ningún negocio, por demasiado joven o demasiado viejo. O que la administración se recargue de nuevas normas ocurrentes para acabar de "facilitar" las cosas o haga caer todo su tonelaje sobre un fontanero que no pague el IVA. La normalidad es no llamar demasiado la atención no vaya a ser que alguien te rescate o te despida. Gobernar en gris de bajo perfil y más bajo relieve. La normalidad es pensar que tenemos lo que nos merecemos, o simplemente distraernos, o ir haciéndonos a la idea  de que no es tan grave ir alargando la jubilación o que la gasolina sea tan cara si total siempre echamos 30 euros.

Y contentos que estamos. No vayamos a ser como esos chavales con sus románticas y simples pancartas. Ni como los alemanes, claro, que esos sí que son "anormales".

martes, 17 de mayo de 2011

Indignados

Manifestaciones, concentraciones, acampadas... la "spanishrevolution", unos cientos, unos miles, quizá lleguen a cientos de miles, ¿millones? A veces estas movilizaciones consiguen milagros. Pocos milagros. Pocas veces. Pero si no existen, nunca ocurren. Personalmente preferiría que todos lo que piensan o pensamos que los políticos mayoritarios no nos representan votasen a otros, a los minoritarios, o creásemos nuevos partidos, nuevos movimientos que salten al ruedo de las urnas, sin abstención, sin voto nulo, o incluso que se asalten los propios partidos mayoritarios, inundándolos de nuevos afiliados y provocando mecanismos de democracia interna, desde las juntas locales hasta los congresos nacionales. Preferiría, en definitiva, que la gente volviera a la política, no sólo a la calle. Y que la Democracia Real Ya se ejerciese por convencimiento individual de que tenemos poder, al menos un cierto poder.

Nos han dicho desde siempre que la conciencia política depende de la formación. Pues bien, nunca ha habido una ciudadanía tan formada. Ni tan adormecida. Queremos ser empleados, nos divierte aborregarnos en grupos de forofos, vendemos nuestra alma al banco con tal de vivir en el centro o tener un coche mejor o unas vacaciones en un resort... No somos inocentes. Votamos con el mando a distancia, con la compañía telefónica, en el supermercado, votamos con las banderas, con los idiomas, con la red, con el transporte público o privado, con la bicicleta o el 4x4. Podemos decidir no fumar o no invertir en bolsa. Tirar o no tirar de una tarjeta de crédito. Pero no sólo es la democracia del consumo. Podemos exigir responsabilidades, nadie te obliga ir a un mitin, ni a convertir en un dios a un payaso, no hay por qué ser un incondicional de casi nada. Somos más libres que nunca. Y más perezosos.

Así que si alguien, unos pocos, unos jóvenes, unos acampados... se plantan y empiezan a revolver, y a grabar imágenes, a denunciar, a pasar de izquierdas o derechas, a indignarse con el coche oficial o el sueldazo de directivo, o el especulador o el mismísimo sistema monetario internacional y el condenado mercado de derivados pues bienvenido sea.

Aunque sería mucho mejor participar en política. Todos y a fondo.

martes, 26 de abril de 2011

Comunicación milagrosa

Compré una cámara de fotos por 350€. Si tuve que pagar el 18% de IVA, ¿cuál fue el coste total?

Este es el enunciado de un ejercicio de Matemáticas de primer curso de Secundaria. ¿Cómo respondería usted? Mi intención inicial fue buscar el truco. Porque la única respuesta que se me ocurría era... 350€. Mi hijo me aclaró que no, que se trataba de sumarle el IVA. No había que calcular la base imponible, ni era un juego de palabras sobre el concepto de coste. Sencillamente el profesor se explica mal y los alumnos (al menos algunos) le entienden. Inaudito, pero muy representativo de los milagros de la comunicación.

Ayer recibí una comunicación de mi Universidad sobre el reparto de las clases para el próximo año. También era milagrosa. Hablaba de las reducciones de docencia por distintos conceptos utilizando el famoso crédito europeo (ECTS) como unidad de medida, pero para rellenar el impreso había que utilizar la hora como unidad de medida. ¿Cuántas horas son un crédito?, antes era fácil: un crédito igual a 10 horas. Pero con "Bolonia" un crédito puede ser casi cualquier cosa: 10 horas, 25, 7... depende de la carrera, del curso, del número de alumnos... Pero al parecer todo el mundo entendió que se referían al sistema de antes. Inaudito, pero representativo de lo bien que se expresan profesores de Secundaria y de Universidad. Y de lo bien que entienden.

Son dos ejemplos, aunque estamos rodeados. La terminología de Hacienda, la información de los Bancos (perdón que me parto), sentencias y leyes, argot informático, jerigonza de management, pedantes de cualquier campo (véase el cachondeo del anuncio de una compañía telefónica sobre los inexistentes Kurkovski y Tanagashi) y, por cierto, tarifas telefónicas.

A veces no sabemos de lo que hablamos; otras, sencillamente, no sabemos expresarnos. Muchos aparentan unos conocimientos que no tienen y otros utilizan el lenguaje para engañarnos. Pero en otras ocasiones la comunicación triunfa por encima de todo.

Hace unos días me enteré por un policía muy amable de que en mi ayuntamiento está prohibido pasear al perro en playas y parques. Todo el año. Día y noche. Sencillamente, prohibido. Como llevarlo sin bozal. Si alguien nos hubiera visto desde lejos parecería que me estaba multando. En realidad yo le entendí que él estaba haciendo un paripé obligado y si yo hacía el paripé de marcharme en ese momento podría volver cuando me viniera en gana. Vamos que la prohibición (que casi nadie conoce y obviamente nadie cumple) sólo sirve para decir que está prohibido y poder obligar a un dueño de perro a que se vaya si a alguien lo denuncia.

Me gustaría creer en la inteligencia del redactor de la ordenanza, ley, examen o condiciones bancarias, incluso en su "malvada inteligencia". Y que el milagro de la comunicación puede arreglar en gran medida los desaguisados que esas aviesas plumas provocan.

Lo malo es que no creo.

Así que estaría bien que profesores, catedráticos, abogados, ingenieros, funcionarios, etc, etc dejaran de tocar los melindres y se fijaran en lo que dicen, en cómo lo dicen y en qué comprenden quienes tienen que comprenderles. Conste que asumo lo que me toca.

lunes, 4 de abril de 2011

Cómo ir vestida a la oficina

Si fuera serio, hoy estaría hablando de Zapatero, o incluso de mi antiguo compañero y jefe,  José Luis Gómez, que ha dejado la dirección del Xornal Diario, o de también compañero y jefe Bieito Rubido, actual director de ABC, y su acoso en PRnoticias... Salvando las distancias, han sido tres nombres que mis lecturas en redes sociales este fin de semana no han podido evitar. Pensaba yo por enésima vez en lo rápido que los columnistas, tertulianos, blogueros, tuiteros, foreros y demás opinadores dejamos nuestra huella tanto con personajes que pasarán a la historia, como un presidente de Gobierno, como con profesionales más o menos conocidos o anónimos tales como directores de periódicos. Pero si titulo un comentario sobre ellos con una frase simbólica, ningún buscador lo encontraría. Si lo hago con Zapatero, se perdería en el marasmo del trending topic o tema del momento. Y si titulo con Gómez o Rubido, seguramente sólo aparecía esta entrada ante los colegas más o menos ansiosos de cotilleo o ante quienes busquen datos sobre ambos periodistas en la segunda o tercera pantalla de Google (las más interesantes, créanme).

Así que he decidido titular para el buscador, perdónenme la estupidez: ¿Cómo ir vestida a la oficina?

Pues si me dejo llevar, seguiría los consejos de secretariaplus.com, que se enfrenta al dilema del cambio de estación, del calor, de los tejidos frescos, de las sandalias y de las chaquetas abotonadas para poder in sin blusa. Está bien, está bien. Sé que estoy utilizando "vestida" no "vestido". Sé que ya es la releche que el primer resultado lo ofrezca secretariaplus y no directoraplus.com o consejeradelegadaplus.com. Pero es que la red y en concreto el mundo de los blogs empieza a ser femenino y no precisamente feminista. Esto es un tema extraordinariamente importante en la política actual.

La posibilidad de que a Zapatero le sustituya en el puesto de candidato socialista Carme Chacón, o que (volviendo a salvar las diferencias) a Gómez le sustituya María Val en la dirección del periódico (ya son dos las directoras de diarios en Galicia, destacaron las crónicas) me ha recordado que, en efecto, uno de los pocos mensajes renovadores que se puede poner sobre la mesa de forma casi masiva consiste en que el puesto antes ocupado por un hombre lo asuma una mujer. Y que, aunque parezca paradójico, pueda posar en Vogue con su estiloso atuendo como lo hicieron las ministras. Porque la renovación no la encarna Esperanza Aguirre o Angela Merkel, sino más bien Cospedal, Jiménez o equivalentes. Mujer, telegénica, y que sabe cómo ir vestida a la oficina, despacho o ministerio.

Si durante siete años nos ha gobernado una cara simétrica, con ojos claros, altito y voz de galán (al que le resolvieron incluso los problemas de peinado y cejas), por qué no proponer las poses con pies descalzos de Soraya o la chaqueta de cuero de Trinidad para engalanar el cartel. El juego que han dado los modelos de la ministra embarazada no se pueden comparar con la calva sesentona de Alfredo, sobre el que jamás nadie se preguntará cómo iría vestido a La Moncloa.

El nuevo mundo femenino, el que se ha divertido con Sexo en Nueva York o El Diablo se viste de Prada, etc, etc, mueve votos, mueve la red (la de verdad, no la de gurús), y está en su perfecto derecho a representar una renovación postfeminista, digna de revista, suplemento semanal o blogger de éxito sin que le reste un ápice a su capacidad para gobernar bien o mal, igual que al hombre.

Dicen que Cataluña y el voto femenino fue lo que dio a Zapatero su segundo mandato. Si el PSOE pretende el milagro, si en las próxima generales quiere captar los votos de los nacidos entre el 90 y el 94 (más o menos), que se desengañe: no es Rubalcaba, es Chacón (o equivalente, claro), es la mujer joven, delgada, moderna, que sepa combinar los básicos de su fondo de armario con la misma habilidad que la crisis financiera y la de valores.

Y que conste que no es frivolidad. Es análisis de la demanda. Marketing político. Moda, belleza y consejos prácticos.

jueves, 31 de marzo de 2011

La nueva FP y otras propuestas

Cada vez me gusta más la idea de un amigo sobre la necesidad de elevar la edad de acceso a la universidad. Como profesor de enseñanzas medias, me aseguraba que era un disparate pretender una educación obligatoria hasta los 18 pero al mismo tiempo le parecía un desperdicio sentar a estudiantes de esa edad en un aula magna. El problema es que los niños crecen muy rápido, pero la adolescencia se ha alargado como mínimo hasta los 20 años o más. De modo que su propuesta consiste en ampliar hasta los catorce la primaria y fundir entre los 14 y los 20 años la secundaria, el bachillerato y formación profesional con un título (mixto) cada dos años. La formación universitaria se podría cursar entre los 20 y los 26, con otros tres niveles o ciclos, cada uno también con su propia titulación.

Lo sé. Otra propuesta más. Quizá tan válida como cualquier otra, con el inconveniente de la homologación con Europa. Pero piensen en algunas ventajas:

-Una de las grandes preocupaciones actuales es la "empleabilidad", la capacitación laboral. Con este esquema ya habría un primer nivel de preparación algo orientada al trabajo junto con una cierta cultura general a los 16 años. A los 18, más orientada aún. A los 20 estarían perfectamente preparados para trabajar en la práctica totalidad de los primeros empleos que puede ofrecer el mercado de trabajo o tendrían dos años más de madurez y práctica para matricularse en un grado universitario.

-Los adolescentes entrarían en contacto mucho antes con las competencias, con las habilidades, con la "realidad" y se enfrentarían a una carrera superior con mucho más criterio tanto para especializar su futuro profesional como para simplemente crecer como seres humanos. Nadie podría llegar a la Universidad sin conocer un oficio y nadie debería salir de ella sin la madurez de haber entendido los conceptos esenciales y profundos de su profesión o de su sociedad.

Seguramente la idea me gusta por mi propia carrera personal y por mi actual empleo de profesor de comunicación. En mi caso, si yo hubiera podido diseñar mis propios estudios, me gustaría haber cursado un bachillerato mezclado con una FP que tuviesen que ver con la comunicación en general. No es tan difícil: bastaría con tomar el actual bachillerato de Artes (ése que casi nadie ofrece), quizá con una pizca de tecnología, y un ciclo medio de Imagen o de Artes gráficas. Después, un ciclo superior de Imagen, Comunicación, Producción o Realización. Con 20 años me pondría a estudiar Periodismo, Publicidad o Comunicación Audiovisual. Y cada dos años alcanzaría un nivel académico nuevo: graduado, máster y doctorado. A los 26 empezaría a hacer la tesis si mi carrera se dirigiera hacia la propia Universidad.

La nueva FP, la que se publica en el BOE del pasado día 12 de marzo, contempla el reconocimiento de créditos universitarios y el acceso a los nuevos grados. Deja un amplio margen a las Universidades: entre 30 y 120 créditos (en realidad, entre 60 y 120). No está nada mal. Lo malo es que los graduados en FP se perderán los créditos de las materias básicas, teorías introductorias, etc y se van a encontrar otra vez con los contenidos más prácticos, los que se supone que ellos dominan más. En definitiva, el sistema se tiene que perfeccionar. Pero no se va por mal camino.

Sin embargo, podemos caer en el habitual péndulo español: ¿la FP superior es lo mismo que los dos primeros años de Universidad? Pues seguramente no, ni se trata de penalizar ahora a quien haya escogido bachillerato. En realidad, el gran pecado está en la división entre FP y bachillerato además de pretender convertir la Universidad en una Universidad Laboral.

Hacer sistemas de primera y de segunda división es una estupidez. Ya se encarga la vida de poner a cada uno en su sitio.

lunes, 28 de marzo de 2011

Por qué no nos metemos en política

La frase de Franco "haga como yo, no se meta en política" ha servido para ilustrar la aversión que tenemos en este país a ejercer, defender y sostener ideas políticas además de cargos políticos. En realidad, cargo e ideas parecen conceptos incompatibles. Vean el caso de Zapatero, que presumiendo de banderas izquierdistas ha acabado aplaudido por Botín y dejando a los trabajadores más pobres, menos protegidos socialmente y con el recibo de la luz por las nubes (es un ejemplo).

No nos queremos meter en política por ideas. Al parecer algunos sólo aceptan la oferta por oportunidad laboral o de enriquecimiento pero no porque pretendan hacer las cosas como ellos creen que se deba hacer. Ni siquiera por hacerlas como la mayoría de la gente cree con tal de que les vote. Esa clase de marketing mal entendido en el que se ha convertido la supervivencia de los partidos. Y es que las empresas sí deben orientarse a la demanda, esa es la clave del marketing. Pero las ideas no, salvo que las conviertas en mercancía, en productos de consumo.

Me pregunto si es que ya somos una sociedad sin ideas, sin ideologías. Sólo hay pies de los que cojear. El otro día me iban a invitar a una tertulia radiofónica pero la jefa de informativos me soltó un "primero voy a enterarme de qué pie cojeas", no parecía una pregunta sobre mis posiciones ideológicas sino sobre mis pesebres. Sabes, le dije, tengo la libertad del gitano, en mi hambre mando yo. No tengo línea editorial impuesta. No tengo clientes publicitarios a los que no cabrear. No tengo intereses inconfesables. Pero sí tengo ideas, formas de ver la vida en general y las cuestiones concretas. Y odiaría traicionarlas.

Como soy realista y mayor, sé que el posibilismo es hasta cierto punto inevitable. Aunque presentarse como adalid de lo blanco para acabar en lo negro me parece tan indigno que no entiendo como a Zapatero no se le ha caído la cara de vergüenza.  Lo sé, para eso hay que tener vergüenza.

martes, 22 de marzo de 2011

Lectores de iPad: algunas peculiaridades

En mi Facultad llevamos unos meses investigando cómo leemos los periódicos en las tabletas. A nivel mundial salen a la luz los resultados de los primeros trabajos, sobre todo centrados en la parte publicitaria.

Uno de ellos, el elaborado por Alex Wang, de la Universidad de Conneticut, comparaba el mismo anuncio publicado en las ediciones impresa y del iPad de Wired. Wang concluye que los anuncios interactivos tienden a generar un mayor compromiso, comprensión del mensaje e intención de compra que los anuncios de la publicación impresa.

Otro estudio, el realizado por Time Inc., Interpublic, Universal McCann y EmSense (la ya famosa compañía de neuromarketing), se apresuró a señalar que los mejores anuncios para el iPad debían ser limpios y emocionales, sin demasiada complejidad.

Affinity, la empresa de control de audiencias, elaboró otra investigación similar para confirmar que los anuncios publicados en la edición impresa de Sports Illustrated se recordaban un 21% más y provocaban un 34% más de reacciones positivas (clicks en la web, mejores opiniones, etc). El porcentaje de lectores que visitaban el sitio web de la empresa después de haber visto el anuncio en un iPad casi duplica al de los lectores del anuncio impreso. Por su parte, GfK MRI, otra empresa de estudios de audiencias, trabaja en similares direcciones.

Pero sin duda, uno de los estudios más llamativos es el elaborado por Crispin Porter + Bogusky  (CP+B) en colaboración con Bonnier. Según el trabajo, el comportamiento de los usuarios de tabletas está evolucionando muy rápidamente (y más que lo hará en los próximos meses, seguro, en la medida en que nos familiaricemos más con el dispositivo), pero por ahora la primera peculiaridad es que los entrevistados no consideraban que estuvieran ni leyendo, ni navegando, ni jugando, sino simplemente usando el iPad. Incluso uno de los focus group sugirió la necesidad de un nuevo término: "iPadding" (¿iPadeando?).


El estudio detecta un nuevo proceso en la toma de decisión de leer una revista en iPad respecto a hacerlo en papel. Ya no se lee por un momento de relax o por buscar información específica, sino que primero se coge el iPad y sólo después que decide qué hacer con él. A título personal yo estoy seguro de que este proceso es temporal, pero mientras dure, los editores deben pensar en términos de atractivo de las apps en el Store como se piensa en términos de portadas para atraer la vista en el quiosco.

Otras conclusiones curiosas del estudio son, por ejemplo, que la gente se siente orgullosa de su selección y colección de aplicaciones en su iPad, nos las enseñamos entre los usuarios, nos identifican de alguna manera y además van tomando un cierto sentido privado. Y es que las tabletas están adquiriendo un alto componente personal, igual que los teléfonos móviles: no nos gusta compartirlos (conozco familias en las que hay peleas en el salón). El estudio se lo plantea como una oportunidad: ¿cómo podemos crear experiencias que mejoren esa sensación identitaria del usuario?, ¿podemos incorporar formas de permitir a los usuarios personalizar sus propias experiencias?

Más conclusiones: los usuarios de tabletas siguen leyendo revistas de papel, no eliminan las compras por impulso en el quiosco y el papel se lleva con más tranquilidad a la playa o al gimnasio. Una encuesta reciente de Popular Science  mostraba que el 32,9% de las personas que habían descargado la aplicación también compraban en el quiosco.

La gente aprecia los anuncios cuando son estéticos y pertinentes con la temática de la revista, de este modo los aceptan como una parte positiva de la experiencia de lector. Eso sí, con frecuencia surge la confusión entre anuncios y contenido editorial. Además, las revistas suelen abrir una puerta a la exploración en la web y gusta menos cuando la puerta se abre a un callejón sin salida. Rechazan, por cierto, pop-ups o interrupciones en la lectura pero aprecian el contenido adicional en línea que les permita profundizar en los temas que les interesaban. Sin duda uno de los puntos más atractivos para nosotros, que nos centramos más en los contenidos periodísticos que en los publicitarios.

Bonnier I + D y CP + B ya adelantan que sus trabajos avanzarán en la investigación con prototipos de anuncios. Nosotros lo hacemos con prototipos de periódicos y con eyetracker. Y los primeros test no están diciendo que todavía nos condiciona demasiado el aparato. Habrá que esperar unos meses más, quizá unos años, porque no estamos más que empezando a detectar peculiaridades.

sábado, 19 de marzo de 2011

El péndulo eléctrico y nuclear

Nos movemos como péndulos. La energía nuclear está en la picota, tic, la electricidad es muy cara, tac. Ahora suenan a sensatos los argumentos que hace dos días eran casi antisistema. Lo mismo ocurrió con la crisis financiera, con la burbuja inmobiliaria. El discurso de la sostenibilidad, la auténtica sostenibilidad no el argumento comercial para vender híbridos o bombillas, parte de un descenso del consumo. ¿Estamos dispuestos?, dicen los defensores del "progreso" (es que es el mundo al revés").

En Estados Unidos, la industria del automóvil está preocupada por una tendencia creciente entre los jóvenes: ya no anhelan comprarse un auto en cuanto se sacan el permiso de circulación. Mientras se conduce no se puede aprovechar el tiempo con las redes sociales. Pasan del chófer papá al transporte público para seguir conectados. Todavía es una tendencia incipiente, pero podría significar un "nuevo paradigma" (otro más).

Los niños, concienciados a veces por una ecología de pandereta, crecen y pueden pensar en reconducir su consumismo. No quieren volver a las cavernas, como amenazan los que no quieren oír ni hablar del "retroceso", ¿pueden evolucionar hacia direcciones que no requieren tanta energía, tanto derroche?.

A quienes nos gusta el aire libre, nos pone ligeramente tensos eso de vivir todo el año a 22 grados. No pasa nada por tener algo de frío o de calor cuando corresponde. Ni es necesario que las noches estén tan iluminadas.

Consumimos demasiado. Creemos que es imprescindible y no es cierto. No es el progreso, es el despilfarro, es la inconsciencia. Y lo malo es que aquí no hay péndulo. Siempre vamos a más.

jueves, 17 de marzo de 2011

La Universidad que tenemos y la que queremos

A los periódicos españoles les ha dado por hablar de la Universidad. Varias elecciones a rector casi simultáneas, con el morbillo, al parecer inevitable, del color partidista, las primeras quejas del sistema Bolonia, runrún sindical, exceso de títulos con pocos alumnos, problemas de financiación para gastos corrientes, decretos decepcionantes como el  estatuto del estudiante o de doctorado, oscurantismo y sospechas en las llamadas "agencias de calidad" que deciden sobre le futuro laboral de los profesores, controversias territoriales con los llamados "campus de excelencia", rebajas en las partidas de investigación... los problemas se amontonan. Nadie está contento.

No quiero entrar demasiado hondo en los porqués, pero seguramente la universidad que queremos no es la universidad que tenemos. Y esta es la sensación de los profesores, los investigadores, los estudiantes, los padres, las empresas... y los medios de comunicación.

Las relaciones de los medios con la Universidad siempre han sido peculiares, más aún desde la existencia de los estudios de periodismo. Los "cucharas" desprecian a los titulados, los titulados desprecian su formación, los directivos quieren ganar pasta montando sus propios másters y desprecian los de los demás, las audiencias desprecian a los periodistas poco preparados... y el que está preparado responde a la inspiración de los dioses, es autodidacta y desprecia la formación reglada pero le gustaría dar y de vez en cuando da un peaso de clase magistral digna del más tradicional y teórico de los catedráticos. Vamos, que sobra desprecio. También desconocimiento.

Y el desconocimiento se extiende a las informaciones sobre la propia Universidad aunque se juegue a elaborar rankings de calidad, competitividad, eficiencia incluso preguntando a los propios universitarios. Sin ir más lejos, ayer recibí por parte de un diario un cuestionario que al parecer han enviado a 3.000 profesores. Nunca los contesto porque no sólo me enfado al leer las preguntas sino que entiendo que respondiendo ayudo a la confusión. Pero con el blog me permite mi personal pataleta, así que relleno en público las preguntas periodísticas para quien puedan interesar. Ahí van:


1.- ¿Podría señalar, por orden y a su entender, cuáles son las cinco universidades donde mejor se imparte la titulación de la que usted es profesor, excluyendo la suya? Le agradeceríamos nos indicara el porqué de sus respuestas y un rasgo destacado de cada centro que mencione.

Respuesta: Pues no, no podría señalar ninguna. Los motivos son varios: no las conozco, no hay dos planes de estudio iguales y por lo menos tendría que asistir a las clases de cinco universidades. Puedo tirarme a la piscina y hablar por hablar, incluso por imagen de marca (ya sabe, Harvard es Harvard, dicen, ¿no?) Siento comunicarles que en realidad ni siquiera puedo hablar con demasiada precisión de mi propia titulación, suponiendo que imparta sólo en una (yo he llegado a impartir en cuatro de forma simultánea y no soy un caso raro), no voy a las clases de mis colegas, ni a sus aulas prácticas, ni a sus tutorías. Aunque si quieren también puedo hablar de oídas.

2.- Si tuviera la posibilidad de elegir el centro universitario donde impartir docencia, ¿cuál elegiría?

R: Realmente se trata de un posibilidad tan remota que difícilmente se puede responder en serio. Además no hay diferencias salariales, ni posibilidades de mejora en la carrera profesional por centro. Deduzco que la pregunta se refiere más que al centro (Facultad o Escuela) a la Universidad, para así poder titular que la Autónoma es mejor que la Politécnica o a la inversa. Pero ocurre casi lo mismo. Curiosamente, las diferencias residen en cuestiones geográficas o administrativas. En España yo elegiría una Universidad radicada en una comunidad autónoma donde se paga más porque sí, porque el trabajo es idéntico. En Europa, escogería prácticamente cualquier otro país que no sea España por los mismos motivos. En Alemania, por ejemplo, cobraría casi el triple y tendría un tercio de los alumnos.

3.- La investigación es uno de los factores que determina la calidad de una universidad. ¿Podría comentarnos los puntos de investigación en que destaca su centro y el reconocimiento que éstos tienen tanto a nivel nacional como internacional?

R: Los centros no tienen investigación, sólo se encargan de la docencia y de la administración. Son los Departamentos o los Institutos quienes teóricamente podrían "destacar". En realidad son los equipos de personas quienes lo hacen, con frecuencia pertenecientes incluso a varias Universidades. Algunos equipos son relativamente estables, pero otros cambian constantemente alrededor de un determinado "jefe".

4.- ¿Cree usted que los alumnos de su titulación concluyen sus estudios superiores con la preparación adecuada para responder eficientemente a las demandas del mercado laboral?

R: Viendo la tasa de paro, parece que las demandas del mercado laboral son escasas. Si además hablamos de respuesta eficiente.... habría que suponer que la Universidad puede adaptarse a las crisis de cada empresa cada año, cambiando planes de estudio, programas e incluso profesores como si se tratase de los cursillos del Inem. En todo caso, creo que es la Formación Profesional la que debe responder a esa demanda. Algunas carreras son más profesionalizantes que otras. Claro que siempre podemos cerrar todas las carreras de Filosofía, por ejemplo, porque el mercado laboral no necesita filósofos. Qué cansino es este tema, por cierto.

5.- Por último, ¿qué tres rasgos destacaría de la Universidad en la que usted está impartiendo su titulación?

R: Esta es la pregunta que más me gusta. ¿Puedo opinar sobre el equipo de gobierno que ocupa el rectorado, sobre el sistema universitario autonómico al que pertenece e incluso sobre la Universidad española? Sí, ya sé que quieren nuestra opinión sobre "la marca" de la Universidad, con el morbo de su nombre territorial o comercial para así ordenar el ranking. Lo cierto es que en esencia todas las universidades españolas son iguales, no pueden diferenciarse demasiado por definición legal, pueden aparentarlo pero es un espejismo. La carrera de los profesores universitarios depende más de las áreas de conocimiento, comisiones evaluadoras y de las denominadas agencias de calidad que de las universidades. Por no haber no hay ni conciencia laboral, ni sensación de plantilla, ni de pertenecer a la misma "empresa" u "organización". El sistema español sigue basado en la "capilla", nada que ver con el anglosajón del que copiamos este tipo de reportajes e informes. Y ese es el ranking que hay que publicar, el de las "capillas". Aunque por favor, que no sea basándose en artículos o papers que nadie lee, ni en congresos que a nadie importan, ni a proyectos de investigación que sólo sirven para escribir más papers o más comunicaciones a congresos.

El reportaje saldrá. La Universidad X estará a varios puestos de la Universidad Y. Y la universidad española estará en el puesto tropecientos mil del ranking mundial. Pero seguiremos sin decir qué universidad queremos y podemos tener. Ni siquiera en los medios de comunicación. Por desprecio. Y por desconocimiento.

domingo, 13 de marzo de 2011

Y tú, ¿de quién eres?

Un domingo lluvioso. Como para reflexionar. La semana pasada, debió ser por los carnavales y por esa florecida fauna del management y los recursos humanos que habla tanto ahora de la felicidad, estuvo ocupada por conversaciones largas y "conceptuales". Vamos, que hasta me preguntaron ¡bajando una escalera! cuál era mi concepto del ser humano. Apenas 24 horas más tarde, otra persona me preguntó en qué creo. Y al día siguiente, por mi visión global de la política, así, a las bravas.

No son conversaciones habituales. No suele haber ni tiempo ni ganas de pensar, ni mucho menos de escuchar, no siendo que te cuenten su vida, etc, etc. Pero ando leyendo a Antonio Damasio, escuchando a "coachs" mediáticos como Mario Alonso Puig, a ese monstruo emergente de la felicidad que es Santiago Vázquez, e incluso a mi amigo Ramón Gil (que fue el que me puso en la pista de la alegría de Spinoza, más que de la felicidad). Son intelectuales pragmáticos. Con la ciencia, la gestión del día a día o la tecnología llenando sus agendas. Pero manejando conceptos de peso casi también a diario. Y entonces uno es más proclive a caer en esos temas.

Ignoro si en mi entorno me ven en crisis (siempre lo estoy) o si los que están en crisis son los que me preguntan y quieren encontrar en mis respuestas sus soluciones. No me lío más. Voy al grano.

Todo empezó con el Eyetracker que utilizamos en la Facultad para investigar los movimientos del ojo cuando vemos una película, un anuncio, una web o un periódico. Eso nos llevó al neuromarketing e impepinablemente a la neurociencia (conste que los enlaces a wikipedia son por divulgar).

De pronto surgió la discusión sobre si, igual que las emociones, las creencias e incluso la espiritualidad residen en alguna zona del cerebro.  ¿Dónde si no?, ¿en el culo?, preguntaba yo (perdón, pero es que cuando me pongo...) En el alma, me contestó alguien. Y a mí, que, por decirlo finamente, carezco del don de la fe y que cuestiono no sólo el dogma sino la inteligencia del dogmático, me dio la risa. La irrespetuosa risa. Perdón otra vez.

Pero, claro, leyendo a Damasio, si te preguntan por tus creencias sabiendo que digas lo que digas se lo van a pasar por no recuerdo qué parte del lóbulo correspondiente, es decir, por unas cuantas neuronas con conexiones a veces muy calientes, las del forofo, fanático, creyente, patriota, integrista, etc, etc... pues mejor te callas o haces un chiste a favor de la felicidad o de la alegría.

O estás conmigo o estás contra mí. Con el Eyetracker hemos comprobado como la gente, ante le tesitura del "Y tú, de quién eres", llega a votar hasta con la mirada: Zapatero-Rajoy, Cocacola-Pepsi, fútbol-baloncesto, hombre-mujer, coche-moto, Rolling-Beatles. Vamos, que tus ojos te traicionan unos instantes, pero después los diriges para votar, no vaya a ser que, si soy hombre, por ejemplo, mire más un paquete que unas tetas.

Y esta reflexión es por la famosa distorsión selectiva, que todo lo retorcemos para entender lo que queremos entender. ¿Cuál es mi concepto del ser humano? Pues alguna veces creo que es un concepto difuso, a medio camino entre el cerebro y el culo. Otros lo llaman alma y se cabrean conmigo por usar palabras que interpretan como una falta de respeto que naturalmente no me consienten. Será un problema de comunicación. O que la gente se pone nerviosa si no está siempre "con los suyos". Qué aburrido.

lunes, 7 de marzo de 2011

Presidente, se me ha ocurrido que...

Soy un ignorante. No sé por qué si excedo el límite de velocidad en 30 kilómetros por hora me multan con 100 euros y si como pipas en la calle o paseo con el perro por la playa me multan con 300 e incluso con 1.125. Ambas noticias son de hace un año, pero no creo que haya habido ninguna "revolución" normativa que haya transformado el panorama. Hoy ha empezado la limitación de velocidad en autopistas y autovías a 110 km/h. Cuando la gente poco capacitada se le entrega el poder sobre los demás ocurren cosas como estas. En realidad mucho más graves, aunque al parecer estas se entienden mejor.

No sé si dar ideas, pero por ignorante soy de lo más idóneo para tomar serias decisiones que afecten al prójimo, así que, señor presidente, escuche lo que se me ha ocurrido:

Se podrían poner límites al consumo eléctrico, además aquí se puede atemorizar de dos formas: multando a quien se exceda de la barrera arbitraria que se le ocurra al ministro o directamente cortando la luz al infractor (prefiere la primera, pillín, lo sé, que luego hay que cobrar en un consejillo).

Algo semejante se podría hacer con el consumo de agua, que a veces andamos más escasos que de petróleo y además se podrían seguir retrasando las obras de mantenimiento de la red.

En lo tiempos que corren, qué menos que limitar el tráfico de datos. Todo el que vaya demasiado rápido por la red, suba o descargue demasiados gigas, debe ser susceptible de multa "sinde" o intervención policial. Además, seguro que algo desgastan los cables e incluso el aire si la conexión es inalámbrica.

A los controladores aéreos habrá que animarles (eso lo sabemos hacer como nadie) a declarar una huelga salvaje indefinida, que lo que se ahorra en queroseno con los aviones en tierra resulta que es una barbaridad.

Hablando de petróleo, se impone una limitación en todos los productos derivados (sí, presidente, si un día leyera la Wikipedia, se frotaría las manos). Como cuando lo de las corbatas del ministro. No era por el aire acondicionado, sino por toda la cantidad de tejidos derivados de petróleo que leyó un día en un artículo. Vale, no me pasaré, que a esa línea del texto no llegó  (la culpa es de Internet, que nos ha reducido la atención). Pero a la de los plásticos sí, hombre. Imagínese, presidente, todo lo que podemos meternos en la vida de los ciudadanos si ponemos límites al uso de plásticos (no a su fabricación, claro, eso no, que a ver si nos vamos a pasar, que no encontramos empleo).

Quien dice petróleo, dice gas. Calefacción, agua caliente... ¡y cocinas! Alguna penalización habrá que introducir en lo hogares, no se vayan a creer estos votantes que pueden hacer lo que les da la gana por el simple hecho de estar en su casa. Hay que comer más cosas frías, el que coma demasiados fritos o cocidos, además de colesterol, tendrá el resuello del gobierno en su cogote. Que hay que ser responsable, que la crisis nos exige a todos.

Se puede seguir. Sólo es cuestión de coger carrerilla. Si además, presidente, usted no se va a volver a presentar. Es la gran oportunidad para cambiar este país. El momento de hacer las reformas serias aunque sean impopulares.

Y esto lo ordenamos así. Con carácter, leñe. Porque somos mandatarios y mandamos. Tanta reflexión y tanto estudio paqué, hombre. Por cierto, que se me ha ocurrido también  que....

domingo, 27 de febrero de 2011

Escribe un papel y viaja con él

Llevo unas semanas en que no paran de hablarme de una nueva casta de famosos: los speakers (resista la tentación de traducirlos por charlatanes, por favor).

Los entrevistan en televisión, se ofrecen en correos masivos, en folletos, en webs, adornan congresos, galas, banquetes y convenciones.

Quizá con este blog yo hago algo parecido, en malo, naturalmente. Aunque me enfrento a mis propios problemas.

Por ejemplo, desde que uso un iPad me he convertido más en lector de internet que en escritor, mi blog poco a poco tiene menos y menos entradas. Pero es curioso que también puede coincidir con esa sensación que muchas personas tienen de que es mejor "escribir un papel y viajar con él". Casi un único mensaje, al menos durante una temporada, repetido ante distintos públicos, con los mismos chistes. Puede ser una teoría, un discurso de motivación, un ejercicio de "coach", una "performance", una charla sobre hombres y mujeres. A la gente le encantan esas cosas. Pagan, aplauden y ríen. Celebran la brillantez del ponente sin conciencia de haber presenciado, en realidad, una grabación, una representación teatral milimetradamente ajustada al guion (obsérvese que va sin tilde, por cierto).

Y con los blogs ocurre, igual que con el periodismo, que hay que escribir a diario, o "periódicamente" por lo menos. Una persona normal puede agotar los mensajes que quiere aportar al mundo en unos meses. Un periodista profesional es más pertinaz: siempre tiene actualidad que ilustre sus columnas, sus reportajes. Aunque al cabo de los años también saben que se repiten, sufren un constante deja vu. Hoy lo pensaba con los Oscar, cuya entrega aún no se ha celebrado en el momento de escribir estas líneas. Pero también con las revoluciones en el norte de África. Hasta con las limitaciones de velocidad. "Ríos de tinta", ahora digital, corren como siempre, ríos de aficionados que se relevan en los blogs o en la red en general y de profesionales que, lamentablemente se relevan también casi a la misma velocidad en las redacciones.

Los speakers no. No agotan los temas porque casi siempre dicen lo mismo. Ni al parecer les aburre.

Yo no dejo de escribir por falta de temas, se me ocurren dos docenas al cabo del día. Tampoco dejo de escribir, ya me gustaría, porque esté elaborando un papel para viajar con él, aunque cada vez que vuelvo a ver la película de Sidney Lumet, Network, como esta semana, me coman los demonios para hacer una versión moderna en forma de charla en estos tiempos "apocalípticos" de fin de clase media, estupidez eurocentrista, pijerío digital e idiotización colectiva.

Me encantaría sumarme a la "perspicaz hipótesis" de que los blogs están muertos, por aquello de convertirlos en fenómenos fugaces y tener la sensación de que avanzamos hacia el 3.0 y más allá, y que cada vez estoy más en Twitter o en Tumblr o Quora, o que visto de camiseta y vaqueros a pesar de estar más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. No, no pretendo ser más joven de lo que soy (ojo que lo soy mucho), ni participar obligatoriamente en el fenómeno comunicativo de turno. No importan los blogs, ni las redes sociales, ni la literatura que queramos creer. Importa que lo conviertas en un "speak".

En realidad creo que dejo de escribir porque me repito, aunque prácticamente nadie lee entradas antiguas salvo la que se refiere a Antonia San Juan. Conseguir lectores, incluso vía algoritmo nuevo de Google, sigue pasando por las mismas taquillas de toda la vida. Aunque tampoco escribo por conseguir lectores, ni lo estoy dejando por no conseguirlos.

Dejo de escribir por estancamiento, espero que temporal. Porque el fin de ciclo se ralentiza y ya está dicho. Porque el peor gobierno de la democracia española sigue avergonzándome, y también está dicho. Porque la falta de reacción de la sociedad, incluso a niveles elementales, de gente que haga algo para que las cosas cambien, también está repetido. Porque los padres y los profesores seguimos siendo mucho más culpables que nuestros hijos y alumnos, y también anda por ahí escrito. Puedo seguir insistiendo, pero no le encuentro mucho sentido. No alimento mi vanidad, ni la de usted que me está leyendo (anda que tiene mérito por llegar hasta aquí, gracias). Y ya sabe que esto de la comunicación está muy relacionado con la vanidad, especialmente la de tener razón.

Claro que los conferenciantes o escritores de best-sellers lo hacen por el caché y los aplausos, no por la razón. Recuérdelo la próxima vez que le vendan una moña sobre la felicidad, el que se ha comido el queso o la pulsera mágica magnética holográfica. Ellos también tienen blogs, Twitter o videos en Youtube. Con entradas antiguas.

lunes, 14 de febrero de 2011

Los Goya de Internet

Han sido los Goya de Internet, de las relaciones del cine e Internet para ser más exactos. Aunque en realidad habría que decir de las relaciones entre la cultura, la educación, el poder e Internet. Un discurso de Alex de la Iglesia que bien vale para remarcar el cambio que el poder siempre se resiste a ver: el cambio en el cine, en el aula, en la empresa, en la comunicación en general. Nunca ha sido tan fácil ni tan barato producir contenidos con una impensable calidad técnica. Nunca ha sido tan fácil ni tan barato distribuirlos. Nunca ha sido tan fácil ponerles un precio ridículo. Nunca ha sido tan barato ponerle puertas al campo.

Los que mandan se seguirán resistiendo. Seguirán siendo lentos en sus reacciones. Conservadores, en definitiva, que tratan de parar el avance del río con las manos. Como siempre. Como cuando trataron de impedir que la gente aprendiera a leer y a escribir. Como cuando querían controlar la imprenta. Como cuando quieren, aún, válgame el cielo, "conceder" frecuencias de radio y televisión. Ahora quieren controlar Internet. Pero todos los que nos dedicamos a los contenidos, a la formación, al entretenimiento tenemos que saber ser rápidos.

El discurso de Alex de la Iglesia lo dice mucho mejor que yo.

viernes, 11 de febrero de 2011

Dudas de editores de periódicos

Los editores europeos no se llevan bien con el iPad. No me extraña. Lo que puede ser su penúltima esperanza se convierte en un verdadero quebradero de cabeza. Las dudas son muchas. ¿Cobrar o no?, y si es sí ¿cuánto?, ¿venta al número o suscripción?, ¿venta en lote con otras publicaciones?, ¿cambiar al quiosquero por Apple?, ¿prefieren hacer versiones para varias tiendas como la nueva de Yahoo, la de Google o BlueVia de Telefónica?, ¿tienen que ofrecer versiones para iPad, android, ereader... o se 'casan' sólo con una plataforma?, ¿buscan nuevos lectores o reconvierten a los que tienen?, dicho de otro modo ¿llevar lectores del papel a la pantalla o internautas interactivos y multimedia a la lectura sin tanta distracción?, ¿trasladan los ahorros de la impresión y distribución del papel a los lectores o a las redacciones?, ¿solo texto y fotografía o también vídeos y enlaces a la web y en especial a las redes sociales?, ¿diseño gráfico mejorado o animaciones y audio y todas cuantas cosas pueda añadir la tecnología?, ¿edición diaria o actualizada permanentemente?, y ¿a qué velocidad?, quiero decir, ¿cuándo empiezan a hacer la apuesta, cuando Apple les obligue, cuando las rotativas se vayan estropeando, cuando las entradas a su web vía tabletas sean diariamente 1.000; 10.000, 100.000? Y entonces ¿qué hacen?, ¿le regalan de golpe una tableta a todos sus suscriptores y se ahorran el reparto?, ¿se adelantan a la competencia o esperan a ver qué pasa?, y ¿qué deciden con la versión web?, ¿eliminarla, reducirla, rediseñar el planteamiento? Con el papel la cosa parece más clara: menos páginas, más color, menos rotativas por kilómetro cuadrado y así quizá hasta su desaparición o por lo menos una presencia muy limitada. Pero son costes hundidos y hay que ordeñarlos, como los barcos de vela y después los de vapor, o lo viejos hoteles, las barreras de entrada se han convertido en barreras de salida del negocio.

Decisiones difíciles de tomar. El sector es conservador y conoce como nadie el viejo aforismo: a los pioneros se los comen los indios. Aunque los rezagados no pueden pretender seguir viajando en diligencia.

domingo, 6 de febrero de 2011

Somos mansos

No sé exactamente que les está ocurriendo a los españoles, ya no como país, sino como un suma de individuos. El pesimismo, una vez más en la historia, nos paraliza. El colchón familiar, supongo que también la economía sumergida o el calcetín del ladrillazo, amortigua los efectos del paro. Somos uno de los países con mayor fracaso escolar. El cuarenta por ciento de los más de cuatro millones de parados tienen menos de treinta años. No nos reproducimos. No montamos nuevas empresas. Asistimos sin inmutarnos al progresivo empobrecimiento general presente y futuro. Modificamos por tercera vez el sistema de pensiones en la democracia y estamos convencidos de que se seguirá modificando, siempre a peor, en los próximos años. Coincidimos en que los políticos son más mediocres que nunca, que los bancos y los mercados mandan sobre la democracia pero no surgen nuevas alternativas y nadie con un currículum mínimo piensa en dedicarse a la política. Visualizamos los dramas ajenos como las estadísticas de robos cuando todavía no te han robado a ti, como cuando alguien llora en directo en un programa de radio o de televisión. Centenares de miles de casas están vacías, los locales se ponen en alquiler. Asumimos que todo tiene que recortarse, encogerse. Los medios de comunicación (que viven internamente los mismos problemas que el país) tampoco reaccionan, ni pinchan ni azuzan, parece como que las elecciones podrían cambiar algo porque se cuestionan, yo qué sé, las Diputaciones, o la vinculación de salarios a la productividad.

Y la primera página es Egipto. Bueno. Ver a los egipcios luchando no sólo por su libertad sino por transmitir a los medios occidentales que ellos no son integristas me hace pensar que la gente sigue creyendo que los medios son fines, que Internet puede liberarles. Tanto como nos libera a nosotros. Que nos ocupamos de Bisbal o Vigalondo, por citar los dos últimos casos de personajes quemados en la pira pública de las libertades que nos facilita la red. De acuerdo, lo sé. No es la red, ni que los medios sean fines. Es la naturaleza humana. Esa naturaleza que al parecer nos hace tan diferentes a egipcios y españoles.

Claro que la culpa es del gobierno. Y de quien lo elige. Y de quien no se moviliza o no vota. Y de quien no quiere presentarse o gobierna desde la sombra en su propio interés. Somos mansos, simplemente.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las conversaciones no coinciden

Reconozco que estoy sorprendido con mi propio entorno digital, que no con el personal. Todos o casi hablan de la Ley Sinde y el futuro de las cajas de ahorro. Son mensajes de protesta, de queja. Supongo que ese entorno del que me empiezo a sentir un poco extraño no tiene problemas de empleo, ni de años de cotización para jubilarse, ni siquiera de futuro global, quiero decir, de los barrios vacíos del pelotazo, de embargos, de los locales en venta o en alquiler que ni se venden ni alquilan, de ausencia de nuevas empresas, de aceptar recortes y más recortes sin que nadie trate de vender más, de buscar nuevos mercados, de innovar. En mi mundo real,vamos, el de carne y hueso,se habla más que nunca de que algo hay que hacer ya. Hoy los informativos nos han vendido un Obama bajando a la arena para animar a los estadounidenses a espabilar si no quieren que los chinos los rebasen por todos lados. Google crea empleo, Prisa o la BBC lo reducen. La innovación, la real, la de andar por casa. Aquí casi nadie habla de ella. No ya los políticos, sino las "elites" digitales. Y mañana, por cierto, otra huelga general que quedará en nada. Quizá tenga que alejarme un poco de mi propio Twitter, de Meneame y de esas cosas que me empeño en leer.

lunes, 17 de enero de 2011

Globos de Oro chapado

Táchenme de poco romántico, pero me ha dado por ver los Globos de Oro de 2011 con perspectiva económica, que no están los tiempos para tirar el dinero. Y me he llevado una cierta alegría al comprobar cómo los premios no se han entregado a los grandes prepuestos, aunque sí a los grandes retornos. Voy al grano:

Mejor película, director y guión: The social network. 40 millones de dólares de presupuesto, más de 200 millones de recaudación. No está mal.

Mejor comedia: The kids are all right. 4 millones, sí, sólo 4 millones y 30 millones de recaudación. Arrebatando por cierto el Globo de Oro a la Alicia de Tim Burton (200 millones de coste y mil millones de ingresos) y The Tourist (100 millones de coste y menos de 200 de ingresos)

En el mejor largo de animación ya se confirma la victoria del poderío: Toy Story 3, con presupuesto de 200 millones, más de mil millones de recaudación, más o menos como Alicia en el país de las maravillas. E igual en televisión, donde Broadwalk Empire ha desbancado a Mad Men (supongo por no volverse a entregar el jurado a las aventuras y desventuras de Don Draper) pero lo ha hecho puliéndose 18-20 millones por capítulo según se dice en la Red) aunque seguro que es rentable a tenor de su renovación de temporadas.

Los otros ganadores de la noche no tienen nada que ver: Glee o Carlos (la miniserie sobre el terrorista que inmortalizó Chacal) son de relativo bajo presupuesto, aunque la primera es mucho más cara (3 millones por capítulo) que los productos similares con los que compite en la programación. Tampoco otros finalistas en otras categorías: 127 horas es un largo de 18 millones; El discurso del rey, 15 millones; Cisne negro, 13 millones; The fighter, 25 millones. Nada que ver con los Alicia, Toy Story, The walking dead o Inception (160 millones), que juegan otra liga.

Desde la perspectiva europea, el presupuesto más bajo parece alto, pero no me van a negar que da un cierto regustillo pensar que algunos trabajos muy rentables porque al público les gusta reciben también el reconocimiento de los premios y vencen a los "ricos". El dinero no lo es todo. Es el consuelo que tenemos los pobres, los que nos conformamos con el chapado en oro, que en pantalla cuela igual.

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