domingo, 19 de diciembre de 2010

Un poco de proporción, por favor

Unos días de paréntesis porque bloguear es casi incompatible con "pontificar" en persona, quiero decir que me aburro de mí mismo. Tanto discutir sobre controladores, Wikileaks, dopaje,  cierre de medios de comunicación, etc, a uno le quedan pocas ganas de llegar a casa y darle a la matraca una vez más. Sobre todo cuando las estadísticas dicen que el morbo de saber si Antonia San Juan es  hombre o mujer proporciona ya el 30 por ciento de las visitas. Qué ánimos. Pero bueno, si escribo es por matar el gusanillo periodístico y aunque llevo un trimestre matándolo haciendo informativos con estudiantes (toda una experiencia) me pongo de nuevo a ello con una idea que me viene rondando en la cabeza desde hace días:

La desproporción.

Todo empezó con una anécdota doméstica. Si usted es padre o ha sido padre de adolescentes sabrá perfectamente de lo que hablo. Un adolescente es la representación viva de la desproporción. Reacciona desproporcionadamente, sufre, ríe, duerme, come, crece (al menos los míos) de forma desproporcionada. Es un mar hormonal, un cuerpo con altibajos, estirones, cambios de voz, etc, etc. Y a veces provocan en quienes les rodean reacciones igualmente desproporcionadas, por hastío, por tensión, por aburrimiento, por desquicie.

Y el caso es que, dándole vueltas, me dio por pensar que este país viejo, este Estado viejo, este reino viejo e intermitente en el que vivo, en realidad, es como un adolescente. Quizá lo sea todo el mundo "desarrollado" y occidental.

Empecé por pensar en lo desproporcionado del sueldo de los controladores aéreos, también en los futbolistas, en los presidentes de banco, en los presentadores de televisión estrella, en algunos tertulianos, qué sé yo. Pura envidia, dirán ustedes. Seguramente.

Enlazando, seguí pensando en la desproporcionada de la reacción de los controladores abandonando su puesto de trabajo, en la del Gobierno militarizándolos y decretando, y alargando, el estado de alerta, en la desproporcionada ira no ya de quién no podía viajar (humana al fin y al cabo) sino de quien se imaginaba no pudiendo viajar en avión.

Pensaba también en la desproporcionada e indigerible filtración de Wikileaks (250.000 cables son demasiados, se miren como se miren), en la desproporcionada persecución y personalización del mal de Assange, en su desproporcionada detención ¿¡por el tema de los condones!?, en la desproporcionada impunidad que tiene el poder, representado en este caso por el histórico estamento diplomático...

E inevitablemente pensé en la desproporcionada ambición técnica de los médicos y preparadores que adulteran los cuerpos de atletas por batir récords; en la desproporcionada dedicación de la Guardia Civil al asunto (se-ten-ta agentes, al parecer) para "parar a los galgos", se ve que ETA está de ejercicios espirituales, que las carreteras son más seguras que nunca o que la seguridad ciudadana en general (crimen organizado, violencia doméstica, qué sé yo) vive su plenitud. Y entonces algo hay que hacer con tanto efectivo infrautilizado.

Desproporción. Vaciar un cargador de un fusil ametrallador contra una manifestación que tira piedras. Matar a alguien por una discusión de tráfico o futbolera. Moscas a cañonazos. Assange es un terrorista. Los controladores, también. Supongo que el terrorista será un genocida. Y el genocida, el genocida, eeeeeh, bueno, a lo mejor ese es un hombre de Estado. Perder los nervios, actuar en caliente, olvidar la serenidad, la perspectiva, la serenidad, la serenidad...

Aterroriza pensar lo fácil que perdemos la serenidad, lo fácil que justificamos "hacer lo que sea necesario" con tal de no frustrarnos, de no sufrir una contrariedad, lo fácil que renunciamos a los valores esenciales, lo sencillo que es justificar a los salvadores de la patria, ensalzar o condenar a los "robin hood", a los "ronaldos" o un tipo que canta, lo primariamente desproporcionados que podemos llegar a ser. Como los fans. Como los adolescentes.

Y lo malo es que muchos lo llaman liderazgo, fortaleza, claridad de ideas. No caer en el arrebato del ardor guerrero se confunde con ser un pusilánime. Grite usted, dé puñetazos en la mesa, actúe sin pensar, con carácter, coño, con carácter. Si le sale bien habrá llegado a la cumbre.

En lo individual es peligroso. En lo social, sencillamente aterrador.

Pues los medios de comunicación, muchos de ellos, muchos periodistas, han decidido alimentar esta desproporción.

Y en épocas de crisis, paro y reformas estructurales de estados de bienestar, no estamos para jugar con fuego. No sería la primera vez que la humanidad decide retroceder a la caverna.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Apuntes sobre controladores, gobierno y país

Los controladores son una casta que cobra demasiado. Quizás también trabajen demasiado. ¿Quién es el responsable?

Nadie tiene derecho a hacer una huelga salvaje.

Nadie debería estar obligado a trabajar más horas que las que ha firmado en su contrato.

El primer presidente del Gobierno que declara el estado de alerta en esta democracia no lo anuncia en persona, utiliza un portavoz.

Ya no es nuevo comprobar la importancia de las redes sociales en situaciones de crisis.

La pérdida de nervios hace decir tonterías a la gente, a veces produce linchamientos, a veces permite que los que gobiernan aprovechen la coyuntura para acabar con derechos y libertades.

Los controladores en huelga salvaje no son unos terroristas ni unos secuestradores, por no ser ni siquiera son esos piquetes que cortan las carreteras, se limitaron a no ir a sus puestos de trabajo, igual que los del Metro de Madrid, y provocaron el mismo caos que provoca cualquier otro cierre del espacio aéreo. Su actitud es gravísima desde un punto de vista laboral y, por tanto, económica, pero no penal.

Ahora han sido los controladores los militarizados. Creando el estado de opinión adecuado, mañana se podría militarizar a cualquiera que un gobernante histérico considere sacrificable por el "bien común".

Si se puede bajar el sueldo a los funcionarios también se le podrá bajar a los controladores. Si hay 2.400 que cobran 200.000€ de sueldo medio y no dan abasto por exceso de trabajo la solución es tan simple como contratar a más personal: puede haber diez veces más controladores si cobran una décima parte, es decir, 20.000€ que son, por otra parte, el salario medio en España. Que nadie me diga que no hay 24.000 españoles capaces de realizar esa tarea de "superhombres".

Las caras de los ministros han sido un poema. La gestión de la crisis, de antología del disparate. El papelón de los médicos que firmaron las bajas de los controladores huelguistas, memorable. La gestión empresarial de Aena, mejor ni mencionarla. Los huelguistas, una pandilla de niños bien atacados de los nervios porque aparecieron las furgonas militares (se imaginan qué hubiera ocurrido si en vez de controladores hubieran sido los del metal, los mineros o los astilleros), asustados porque les han colocado una diana en su cabeza cuando quizá esperaban comprensión (lógico, ¿no?).

¿Y los medios de comunicación? Pues alimentando la hoguera, con lenguaje fuerte, en realidad enardecido, con ira divina, con goteo de análisis, mostrando las historias de las familias que no pudieron ir a Eurodisney. Al fin y al cabo era una semana ligerita, con medidas económicas improvisadas, con los mercados presionando, con la retirada de ayudas a parados, ¿Qué mejor ejemplo para reflejar la importancia del cierre aéreo que los que se van a Eurodisney?

Con la imagen de España por los suelos, unos señoritos irresponsables cansados de trabajar tanto (como si tuvieran necesidad)han puesto en evidencia que tenemos un políticos peligrosísimos, unos medios de información que parecen el Marca, y una ciudadanía frustrada porque le han fastidiado uno de esos puentes que sólo se pueden permitir los ricos. Menudo espectáculo. Menos mal que estamos en crisis.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La "subcircunscripción" femenina

Supongo que todavía me siento un periodista infiltrado en la Universidad pública española y que algún día caeré en la tentación de hacer ese reportaje, documental o lo que sea sobre muchas de las cosas que me hacen abrir la boca como un pasmón. Mientras tanto voy usando este blog como terapia. Hoy me ha dado un nuevo ataque de piojos:

Elecciones a claustro en la Universidade da Coruña.

En mi circunscripción se presentan 6 hombres y 2 mujeres, hay que votar a cuatro, pero tienen que ser como máximo 2 hombres y 2 mujeres.

Han creado la subcircunscripción femenina.

No sé si esto es legal, constitucional, moral, discriminatorio positivo o negativo, políticamente correcto, de género idiota... ya no sé nada.

Sólo siento vergüenza.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Mi prima de riesgo y el diferencial alemán

Yo también tengo una prima de riesgo que vive en España y otra que vive en Alemania. Sus vidas tienen un diferencial de unos cuantos puntos básicos: sus sueldos, el precio de sus viviendas, su capacidad tecnológica y de comercialización internacional, sus impuestos y lo que reciben a cambio. Puede sonarles a cuento, parábola o fábula, pero no, es pura realidad, no una entelequia financiera.

Mi prima española tiene que trabajar muchas horas más que la alemana para ganar la mitad o, para ser más exactos, una tercera parte. Si habla en términos de competitividad, calidad o cualquier otro gran concepto terminado en -ad le creen menos que a la alemana. Será porque en su vocabulario son más frecuentes palabras tipo mortadela, hipoteca o paro en vez poner en valor, CRM o hedge funds. Ha tardado casi diez años más en tener hijos y quince en salir de casa de sus padres. El riesgo de mi prima española es que el año que viene le bajen más el sueldo, aunque no es funcionaria, o directamente que no le renueven el contrato, el enésimo contrato temporal de su 40 años de vida. En realidad es mi prima de riesgo porque no llega a mileurista, su sueldo casi ha estado congelado en la última década, el precio del metro cuadrado de la casa de sus sueños, de 80 metros de sueños, ha subido en ese tiempo un 400%. Su empleo tiene muy poco que ver con el I+D+i (sus jefes se reirían en su cara) y aunque se maneja en inglés no se le ha presentado ni una sola posibilidad en sus puestos de desarrollar una mínima experiencia internacional, ni uno solo de sus compañeros de trabajo ha nacido en otro país, ni maldita falta que le hace a su empresa, al parecer.

Mi prima alemana tiene otros riesgos. Trabaja en una multinacional tecnológica que no para de innovar. Cobra muy por encima del salario medio de su país, pero es que el sueldo medio ya es el doble que en España (40.000 y 20.000€, en números redondos). Con un nivel semejante de formación a la española, la prima alemana tiene menos riesgo de cobrar por debajo de esa media y de perder el trabajo. También tiene menos riesgo de cobrar menos por ser mujer. El esfuerzo que necesita para comprar una casa, un coche, un menú del día es también mucho más reducido. Eso sí, la cerveza o el vino son proporcionalmente más caros...

Podría seguir, pero para qué. Está claro que los mercados financieros tienen mucho que ver con la realidad.

La prima de riesgo es la española. Para la alemana, el primo de riesgo soy yo.

Mi Twitter

    follow me on Twitter