martes, 9 de junio de 2009

Ajenos a "escándalos" periodísticos

Si hubiese sido usted el director de comunicación de Berlusconi ¿qué le habría aconsejado ante la publicación de esas fotos tan "divertidas"? ¿Y si fuera el de Camps o el de Aguirre?, ¿quizá el de Chaves o el mismísimo Zapatero? Y lo más importante, ¿les habría dicho lo mismo antes de las elecciones y después de conocer el recuento?

El efecto de los "escándalos" en la imagen de los políticos puede perfectamente compararse con el de cualquier otra crisis de un producto comercial o una empresa. Salvo por un matiz relativamente novedoso (en realidad tan antiguo como la prensa misma): la descarada militancia de un periodismo que sin embargo se presenta, en el colmo de la ridiculez, como independiente.

El resultado de las elecciones europeas parece haber sido indiferente a todas las "denuncias". Y eso es una muy mala noticia para los medios de comunicación, digamos, combativos. Puede significar dos cosas: que la corrupción está descontada o sencillamente que no se cree. Y se resume en una única conclusión: no interesa. Una terrible conclusión.

En la Europa del Este, los teóricos de la comunicación utilizaban dos estrategias para manejar a la opinión pública: la ocultación de los hechos o la sobreabundancia de la información, hasta el aburrimiento. A que va a ser que tanto pelma de los medios madrileños son en realidad "agentes de Moscú". Sólo que aquí "Moscú" significa "los corruptos". Ojalá alguien recupere el sentido editorial, porque se están cargando tanto el negocio como su sentido social.

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