miércoles, 28 de abril de 2010

Fracaso en redes sociales

Ahora que algunos fracasos en las redes sociales empiezan a ser sonados, ahora que "todo el mundo" está en Facebook, que las empresas ya tienen problemas de relaciones públicas con sus "fans", me pregunto por qué motivo el fracaso y la red social sigue siendo algo asociado a las propias herramientas: es que no has entendido cómo funciona, los trucos, el marketing personal, la netiqueta, no contestas o no proporcionas valor, etc, etc. Internet está repleta de gurús receteros que te dan las diez formas de saludar, las cinco maneras de conseguir seguidores, las ocho vías de la eficacia, las siete para que te enlacen... y las 37 maneras de perder el tiempo. Son como los libros de autoayuda, los artículos de psicología de lo dominicales, los consultorios sentimentales. Una pizca de conocimiento, algo de sentido común, mucha verborrea y datos espolvoreados entre alguna palabra inventada y ya tiene usted madera de gurú. Si además recopila unos cuantos ejemplos de éxito puede incluso dar conferencias. Y si por último maneja el idioma empresarial y sabe que el ROI no es sólo un nombre de perro, puede incluso hasta ganar dinero.

Mientras tanto, los periodistas, los publicistas y los relaciones públicas (englóbense aquí por favor a los gabinetes y directores de comunicación interna y externa), que llevan años navegando por los procelosos mares de la opinión pública, la atención al cliente, el lobby feroz, las administraciones y los políticos, los proveedores de capital, plantillas, familias y aledaños, entornos vecinales, crisis y protocolos resulta que se encuentran que su opinión profesional ha perdido todo valor frente a la mago del último y simpático vídeo viral, el "rey del muro" o el que explica con desparpajo el uso del follow friday o hashtag.

Sé que estamos en la prehistoria del fenómeno. Imagino que cuando se inventó la imprenta de tipos móviles, el daguerrotipo, el telégrafo, la radio o la tele los charlatanes de feria, los gurús del carromato vivían de cómo funcionaba el nuevo invento sin entrar en los pequeños detalles de los géneros informativos, la manipulación propagandística o la telebasura.

Pero teniendo en cuenta que vamos como motos, el fenómeno redes sociales (que aporta algunas novedades, pero no demasiadas, al mundo de la comunicación) debería empezar a desvestirse de los recetarios y las instrucciones cósmicas. Y es que a nadie se le ocurre escribir en serio un artículo relatando las cinco formas de hacer un canal de tdt de éxito, o cómo lograr audiencia en seis pasos sencillos, ni siquiera un aprenda a redactar best sellers o filmar un taquillazo en ocho etapas.

Comunicarse a través de cualquier medio siempre ha sido sencillo o difícil, según se mire. Ha tenido siempre mucho de seducción personal, de simpatía y empatía, de sentido de la oportunidad, de instinto. Pero también de oficio, de profesionalidad, de experiencia. Fracasar en las redes sociales es como fracasar conversando en una fiesta, no conectar en un coloquio, meter la gamba en una reunión o en una rueda de prensa, no acertar en las declaraciones, en la estrategia publicitaria, en la gestión de la crisis. La complejidad no reside en la red social, sino en los interlocutores y en los mensajes. Como siempre.

Dicho de otro modo, si no sabe qué decir, ni quiere escuchar, hágase el favor de dejar de perder el tiempo y no culpe a las redes sociales.

lunes, 26 de abril de 2010

La crisis y los millonarios


Los hombres más ricos del mundo siguen incrementando su fortuna en período de crisis. Los que residen en Reino Unido han incluso "disparado" su riqueza, según Reuters, un 30 por ciento. Yo empiezo mañana mis clases sobre ética en el audiovisual. Y sigo sin saber qué decir. Empezaré por repasar Network. Y es de 1976. Qué depresión.

jueves, 22 de abril de 2010

Datos sobre redes sociales


Las empresas que han logrado vender servicios alrededor de las redes sociales manejan datos espectaculares y los presentan, como no podía ser de otra manera, de forma brillante y profesional, tanto desde la perspectiva comercial como técnica. Pero el bombardeo de datos tiene algún que otro problema clásico: el rigor, el método de recogida, la validación, la interpretación y la imparcialidad. Y lo sorprendente de este sector es que al estar los ordenadores de por medio, los datos parecen casi automáticos, objetivos e indiscutibles. Pero casi nadie explica cómo se obtienen, el grado de fiabilidad o el error que arrastran. Sin embargo quién va a discutir, por ejemplo, las fuentes consultadas que pone el vídeo al final (se agradece, por cierto, aunque como siempre tan rápidas que no se ven), por ejemplo

-Para los datos de Facebook:
http://www.facebook.com/press/info.php?timeline
http://www.facebook.com/press/info.php?statistics
http://www.comscore.com/layout/set/popup/Press_Events/Press_Releases/2009/4/Facebook_Top_Social_network_in_Spain


Las 4 palabras más buscadas en Google en el mundo durante 2009
http://www.google.com/intl/en/press/zeitgeist2009/

Tiempo en internet en Redes Sociales
http://blog.nielsen.com/nielsenwire/wp-content/uploads/2009/03/nielsen_globalfaces_mar09.pdf

Horas de vídeo que se suben a YouTube:
http://youtube-global.blogspot.com/2009/05/zoinks-20-hours-of-video-uploaded-every_20.html

La audiencia hispana en YouTube:
http://ytbizblog.blogspot.com/2009/11/bienvenidos-youtube-univision.html

Etc, etc.

Pero lo importante no es ya dudar o no de su veracidad, ni siquiera de su precisión, sino de su importancia. Está bien que todo se cuantifique para tomar decisiones, pero lo más significativo no es los números en sí, sino que existen herramientas para obtenerlos, aunque sean poco fiables, aunque el margen de error sea enorme, aunque sean discutibles. Lo esencial es que la gente está hablando en público y no sólo hay que escucharla, hay que hablar con ella. Y si alguien duda de esto, mejor que se dedique a cualquier cosa menos al mundo de los negocios.

miércoles, 21 de abril de 2010

Mil millones de mejillones e Isla presidencial

No doy crédito. Lost ha hecho mucho daño. Hace unos días me enteraba de la existencia de Isla Presidencial, la serie de dibujos en Flash que circula por Internet; y ayer entero del último libro de Fernando Trías de Bes Mil millones de mejillones.

Obama, Zapatero, Aznar, Berlusconi, Emilio Botín, Florentino Pérez, Flavio Briatore, Fernando Alonso, Jordi Pujol, Ibarretxe, Carla Bruni, o el fantasma de Michael Jackson naufragan y acaban en una isla desierta, donde tendrán que organizarse para sobrevivir. Esa es, más o menos, la sinopsis.




Estoy por asegurar que ahí acaban todas las coincidencias. Casualidades creativas, ¿no?

Qué duro es esto de la red.

martes, 20 de abril de 2010

Sin aviones hasta para George Clooney

El cierre del espacio aéreo ha sido y es una oportunidad a la reflexión sobre un mundo sin aviones, o con pocos aviones. Perderíamos muchas posibilidades. Y se harían visibles otras tantas. Multitud de negocios se transformarían y las personas volverían a percibir las distancia en términos humanos, aunque ni los trenes de alta velocidad, ni siquiera coches y motos son demasiado humanos.

Pero de entre todas la revoluciones que harían casi irreconocible el planeta dos serían de capital importancia: el descenso del turismo (algo evidente con casi mil millones de turistas internacionales por año) y de los viajes de empresa, sí, esos viajes de negocios, de puente aéreo, de voy por la mañana y vuelvo por la noche, o de 24 horas, o de convención, de entrevista, de reunión, de ventas, de vernos las caras que eso de la videoconferencia sigue sin funcionar, de multinacional, de reactor privado, de hago una escapada a Kenia que nunca me tomo vacaciones, de todos los delegados del grupo en un resort caribeño, que ya puestos, los viajes de business, qué gran nombre.

Hablar de una Tierra sin transporte aéreo hoy por hoy es una locura, a pesar de la contaminación, del calentamiento global y de su escasísima eficiencia energética comparado con otros medios. Pero una crisis como la del volcán islandés o la del 11 de septiembre de 2001 tiene que poner en evidencia a miles y miles de empresas y decenas de miles de ejecutivos que viajan de forma claramente innecesaria y sustituible por cualquier medio de comunicación telemático. Sé que muchos están cansados de hacerlo, pero a la vez se sienten en la élite mundial de quienes "deben" hacerlo, o de los que dirigen negocios que impepinablemente exigen su presencia en cualquier latitud y en apenas unas horas porque, como todo el mundo sabe, son imprescindibles.

Ahora que hace años que volar es "barato" y "popular", que las terminales de los aeropuertos se parecen a las de autobuses, que se ha perdido el glamour, que se huele a colonia a la salida y a sudor a la llegada, podría parecer que este discurso no tiene sentido. Nada más lejos de la realidad. Se ha reafirmado, con salas vip plus, tarjetas de fidelización platino o negras, con entradas reservadas, recogidas a pie de pista, preferencias en las maniobras de despegue o aterrizaje. El business es el business y siempre existen categorías y clases. El personaje que interpreta George Clooney en Up in the air es una buena caricatura. Y de sus alternativas.

Y es que en general somos bastante ridículos. Creánme. Para mi desgracia, sé de lo que hablo.

lunes, 19 de abril de 2010

La estafa de "Bolonia"

Si yo fuera estudiante universitario, también protestaría por la llamada reforma de Bolonia. Pero no por planteamientos antisistema globales, ni por el riesgo de mercantilización, ni por los precios de los postgrados, sino porque porque a cambio del dinero de mi matrícula y de los impuestos de todo el mundo donde antes recibía 25 horas de clase semanales ahora recibiré sólo 15. Así de simple.

Si yo fuera padre de estudiante universitario, también protestaría. Pero no sólo porque tenga la sensación de que mi hijo siga en el colegio y no madure, ni porque los botellones se celebren en los campus, ni porque se estén prolongando las diplomaturas de tres años a grados de cuatro, o los masters se conviertan en algo "inevitable", sino porque de los casi once meses que dura un curso y que por tanto hay que pagar en términos de alquileres, residencias o colegios mayores, si se concentrasen las horas de clase en jornadas de trabajo "normales", ya no digo de ocho horas, sino sólo de seis, mi hijo sólo tendría que estar, no once meses, sino sólo cuatro meses en la universidad, 16 semanitas de 30 horas de clase. El resto es "trabajo individual".

Pero como no soy ni una cosa ni la otra, sino profesor universitario me pondría en huelga porque, aunque poco, resulta que ese descenso en las horas de clase del alumno se convierte en un incremento de la jornada laboral, especialmente obligaciones administrativas y, oh milagro, también de horas docentes.

Así que estamos ante una "estafa" económica a los estudiantes, a los padres y a los profesores. ¿Quién es entonces el gran beneficiado? Además, claro, de todos los que sacan partido puntual con el mismo hecho de reformar (cursos, cargos, dietas, publicaciones, evaluadores, auditores, consultores...) ¿Las empresas? Venga ya, a las empresas les importan un comino estas cosas, quieren titulados que les sirvan y punto. ¿La sociedad? Puede, si admitimos que la sociedad es todo y nada a la vez, algo genérico e indefinido, como la calidad, y tantas palabras terminadas en "-ad"; aunque desde luego el avance del conocimiento no se producirá precisamente por multiplicar el papeleo. ¿El Estado o la Administración? Quizá si creemos que el reconocimiento de los títulos universitarios entre los distintos países firmantes del acuerdo será, en la práctica, auténtico, con atribuciones profesionales incluidas, y eso es mucho creer; si no, al tiempo.

Reforma a coste cero, dicen. Pero es mentira. Bolonia sale cara, y más que saldría si la mitad de las cosas no se quedaran, como quedarán, en agua de borrajas. Por ejemplo, reformar edificios, reconvertir profesores y titulaciones obsoletas, adquirir material para prácticas.

Así que ya no sé por qué se hace, como no sé para qué sirvió la LRU o la LOU, las dos últimas leyes universitarias salvo para multiplicar categorías docentes, asignaturas, carreras y hasta Universidades, congelar salarios y crear reinos de taifas tan extraordinariamente provincianos que abochorna a la misma etimología de la palabra Universidad.

domingo, 18 de abril de 2010

Buscando una foto de Cristiano y Messi...

Dicen que los medios de comunicación, más que convencernos de qué pensar sobre algo, nos obligan a pensar en algo. Aseguran que esa es su manipulación más perversa. Distraen nuestra atención y la dirigen hacia donde quieren, como un hábil prestidigitador. Logran que el conejo de la chistera sea "indiscutiblemente" lo más importante que ocurre ante los ojos de los espectadores, aunque por detrás les estén robando la cartera. La profesión periodística consiste, antes que nada, en eso: decidir hacia dónde dirigir el foco. Que la decisión esté motivada por intereses confesables o no es la diferencia entre un periodismo honrado o indecente.

¿Pero qué ocurre cuando uno no es periodista sino un "creador de contenidos", "comunicador" o sólo alguien que comunica por cualquiera de los medios disponibles hoy en día?, ¿y cuando el resultado se define en función del número de personas a los que les gusta, que votan o recomiendan y un ordenador coloca en la primera pantalla de los resultados de búsqueda?, ¿qué ocurre si un mensaje no tiene éxito en los primeros momentos y se pierde en seguida hacia posiciones que nadie ve y por tanto nadie puede votar? El foco dirigido por el profesional ético o sinvergüenza o el foco dirigido por el individuo, la suma de individuos y el sistema informático de turno. Una enorme diferencia. O no.

Ayer necesitaba un foto de Cristiano Ronaldo y otra de Messi con las camisetas del Madrid y del Barcelona. Busqué en Google. Ronaldo no aparece con la dichosa camiseta hasta la pantalla 3. Messi, en la 1. Sólo con este dato ya se puede escribir un artículo sobre ambos jugadores, las estrategias de marketing de los clubes, el diferente tratamiento que reciben o la gestión de su propia imagen. Pero también se puede hablar de lo que hace la gente con esas imágenes, de la democracia de la atención.

Y al final todo se reduce a una cuestión de criterio, de autóritas, de valores. El prescriptor profesional, malo, bueno o regular, frente a la suma de espontaneidades y a un "algoritmo" que, con o sin karma tipo Menéame, hace sus propias propuestas, define la agenda de la actualidad, el en qué pensar mucho más que el qué pensar.

No sé si me gusta demasiado. Pero cada vez más medios profesionales se dejan llevar por la agenda que les marca Youtube, Google, Facebook o Digg, a veces con cierto retraso, como cuando en determinados programas emiten, por ejemplo, vídeos que han sido descargados millones de veces y, claro, tú también los has visto. Tampoco me gusta mucho, aunque de algún modo siempre haya pasado, que la audiencia decida qué es importante, aunque lo que realmente me aterra es que algún sistema técnico diseñado por alguien muy poco conocido y menos transparente filtre y ordene los resultados. No hay juicio ético en el modelo actual. Los invisibles serán cada vez más.

sábado, 17 de abril de 2010

Isla presidencial, la potencia creativa



Oposición o apoyo, no quiero entrar en la cuestión. Lo importante es que la creatividad puesta en la red logra una difusión elevadísima si además hay mensaje, crítica o afinidad, inteligencia, sentido del humor, atrevimiento... El Chigüire Bipolar, "noticias parciales y sin veracidad a manos de un roedor con peos psicológicos", toda una declaración de intenciones, un blog potente, una estrategia en redes sociales exitosa, vídeos descargados en Youtube por cientos de miles. Dos entregas de una serie que promete.

martes, 13 de abril de 2010

El San Andreas de Coca Cola

video

Coca Cola tiene su propia versión de los juegos tipo San Andreas, no sé si será igual de divertido hacer estas combinaciones coreográficas en lugar de ir haciendo el bestia, pero desde luego tiene la guasa suficiente como para dejar en evidencia un modo de ocio que está en el límite de lo desagradable. Claro que suele resultar más repelente a quien ha visto violencia auténtica, muertos auténticos, delincuentes auténticos, pero para quien tiene la inocencia, aunque sea pervertidamente adolescente, de divertirse atropellando viejas o quemando vivo al heladero de 3D. Que conste que lo dice alguien que lleva enviciado con el Warfare 2 una buena temporada. Se conoce que tengo el límite en los tiros del ejército. Soy un adulto de orden. Por eso me gusta también el cachondeo cocacolero.

lunes, 12 de abril de 2010

Seguiremos informando

Lo leeré por pura añoranza profesional, con esa mezcla de pudor, sana envidia y conciencia de intencionada mitificación. Seguiremos informando, el título lo dice todo. Pero sólo es un deseo. No sé cuánto tiempo le queda a la figura siempre romántica y minoritaria del corresponsal y el enviado especial. Por Internet, sí, pero también por las empresas, por eso que llamamos fragmentación de audiencias... Y porque el romanticismo está desapareciendo. En realidad, porque el periodismo está en peligro, lleva años en el filo de la navaja, quizá siempre lo ha estado, pero ahora que los medios de masas estallan en mil pedazos y que "cualquiera" puede informar en directo, incluso con imágenes, sin unidades móviles ni radioenlaces. Ya sé que siempre serán necesarios, sí, ya, pero no imprescindibles.

domingo, 11 de abril de 2010

Explicaciones de accidentes, secuestros y corrupciones

Las cosas a veces tienen explicaciones cotidianas. Como cuando un técnico dice: es mejor no hacer esto. Y un jefe contesta: pues se hace por cojones. Y un avión se estrella, por ejemplo, sólo que en esta ocasión se lleva por delante al jefe, o al pelota del jefe que manda tanto en el día a día, el que hace el trabajo sucio o se pelea con la tropa. Y también mueren unas cuantas decenas de personas más. Y un país se descabeza, aunque sea brevemente. La historia está repleta de casos en los que se elimina a las élites de un grupo, de un país, de una raza. Se tarda al menos una generación en recuperarse. Es un mensaje poco igualitario pero así se escriben los guiones estratégicos de las limpiezas étnicas, de los grupos terroristas, hasta de las guerras imperiales o imperialistas, que no es lo mismo pero es igual. Un día alguien manda y alguien obedece, incluso aunque sea un disparate, aunque sea un suicidio, aunque inmoral, aunque sea ilegal.

Claro que a veces simplemente alguien se equivoca. Por ejemplo, ves las fotos de los secuestrados y parecen un estereotipo de oenegero con posibles, de esos que creen que los pobres son siempre buenos y los leones gatitos. Como esos médicos que no visten de Armani y se van al Congo en vez de ir a jugar al golf o de congreso megapijo. No es sólo la ropa, es mismísima expresión beatífica de la cara. Lo llevan escrito en la mirada. Como cuando uno ve la expresión de los empresarios tipo Berlusconi. O de los peperos de melenita y pulsera disculpando la corrupción.

Personas normales que un día deciden hacer un viaje exótico en el límite de lo irresponsable para su propia seguridad. Gente como usted y como yo, que ganan al mes entre mil o cinco mil euros y ambicionan experiencias, reconocimiento, riqueza, poder... Un día reciben una propuesta que "no pueden rechazar". Una simpática o solidaria aventura (a mí no me va a pasar nada porque estoy de su parte, piensan los angelitos) o una llamada para un negociete en el que levantarse 50.000 o 300.000 euros, por mirar para otra parte o por adelantarse, si total todo el que puede lo hace y si no eres tú lo va a hacer otro. A veces el error es progresivo, otras brusco, de golpe. La corrupción empieza por conocer a un corrupto y dejarse corromper poco a poco o a lo bestia. Tipos a los que se le presenta la oportunidad de medrar y van tomando decisiones en el filo de la navaja. Hasta que se equivocan.

Todos aceptamos regalos, todos tomamos decisiones irresponsables, todos mandamos por cojones o no los tenemos para decir que no, todos miramos para otro lado o creemos que es imposible. El que se cuela, el que se aprovecha, el que cree que la norma no va con él o el que hace la norma por su propio interés. El que se lleva la comisión, el que la paga...

Claro que hay niveles, claro que la vida está repleta de matices, claro que no es lo mismo aceptar un café que un cafetal, ser Hitler o su fusilero, un extorsionador o el fisco, un niño soldado o un cura pederasta, fabricar armas o usarlas, prevaricar o aparcar en doble fila... Por eso es tan difícil hacer lo correcto o negarse a hacer lo incorrecto. Pero cuanto más nos relajamos, cuanto más inmorales somos individual y colectivamente, cuanto más egoístas y supervivientes, más humanamente cotidianos somos. La sorprendente explicación de la decisión equivocada. Eso sí: volver a tener principios ayudaría.

sábado, 10 de abril de 2010

Ética periodística y ética audiovisual

Me han invitado a dar unas charlas sobre ética periodística y ética audiovisual. Estoy aterrorizado. Bueno, exagero. Pero no mucho. Los asistentes son estudiantes de postgrado. No voy a entretenerles con orígenes etimológicos ni reflexiones sesudas de fundamentos filosóficos. Tampoco tengo tiempo para utilizar series de televisión como Los Soprano o The Wire ahora que los periódicos hacen reportajes sobre esta ¡extraña y nueva! práctica (de verdad que somos unos pailanes, en las aulas se vienen usando estos materiales desde hace décadas), aunque no sé si me resistiré a la tentación de recurrir una vez más a El Ala Oeste de la Casa Blanca, una de mis preferidas. Claro que en el día a día sobran ejemplos si recurrir a la ficción, como siempre. Ahora es el caso Gürtel, aunque también el fútbol, las farmacéuticas (las industrias, quiero decir) o la información de "género". Cualquier serie juvenil o el mismísimo Disney Channel sirven... El problema no es ese, no es si quiera qué decirles, sino sobre qué hacerles pensar desde un punto de vista práctico profesional.

Por ejemplo, está la ética de los "negocios", en concreto del "negocio" periodístico o del "negocio" audiovisual.

También está la ética de lo políticamente correcto, del no pisar callos, del lobby, de la religión, del catecismo laico.

Después, la ética de la manipulación, el periodismo y el audiovisual se basan en productos manipulados, ya no sólo en el sentido de sesgo mediático, sino de simple manufactura. Empezando por la selección del tema y acabando en su forma, tamaño de titular o de foto, ubicación, audio, montaje, ritmo, negrita... Todo es manipulación profesional.

Y esto sin entrar en cuestiones como la verdad, la objetividad, la justicia, la función social del periodista o del comunicador en general. Qué es lo correcto, el escándalo, la corrupción, los valores esenciales, los derechos humanos...

Hace poco que la Universidad española, incluidas las Facultades de Comunicación, replanteó todos sus planes de estudio. En las reuniones en que participé surgió la cuestión de la materia de ética y deontología constantemente. Todos sabíamos que se trata de una formación imprescindible, que el uso de un referente deontológico es una de las pocas diferencias que existen entre el comportamiento del comunicador profesional del aficionado, esporádico y espontáneo que tanto abunda (incluso en las mismas empresas de comunicación). Pero sólo aquellas Universidades de carácter confesional tenían clara su postura sobre qué hacer. Códigos éticos, sí. Eso es fácil. Se leen, incluso se discuten y hasta se aprenden. Pero se trata de formar profesionales, no sólo cumplidores mecánicos de códigos. Y ahí hay que meterse tan adentro como se pueda. Y en un postgrado, donde más lejos hay que llegar, porque no hay un nivel formativo mayor. De ahí mis miedos, mis dudas, mi ignorancia... mi inexperiencia. Hace veinte años esto no me pasaba. Está claro que me voy haciendo mayor.

jueves, 8 de abril de 2010

El nuevo tesorero del PP

Respeto las canas, de verdad; creo que la juventud no es un valor por sí misma y soy el primero en rasgarme las vestiduras cuando se hacen jubilaciones con cincuenta años con todo lo que supone de desperdicio de experiencia. ¿Pero no habrá, por todos los cielos, ningún político más joven que Romay Beccaría para saltar a la primera línea en lugar del dimitido tesorero del Partido Popular? Hace escasamente una semana le preguntaba por él a un político del PP gallego y me aseguraba que seguía con plena actividad. Con 76 años. Y tanto. Rajoy lo recupera como hombre de confianza, imagino que no como un proceso regenerador.

Claro que siempre se puede decir que es más joven que Alberto Oliart, el hace unos meses nombrado presidente de RTVE, con sus 82 años. O que Julio Gayoso, el peleón presidente de Caixanova en pleno proceso de defensa y contraataque de fusión con Caixa Galicia. 79 años. Así que Romay, un chaval.

Parece como si todo fuera una demostración de que la edad del retiro a los 67 con la que nos amenazaban hace unos meses es, en realidad, prematura. Quién sabe. A lo mejor hasta tiene Facebook..... Pues no, va a ser que no.

miércoles, 7 de abril de 2010

Cacharrada en las aulas

En mi campus hubo hace unas semanas una de esas fiestas-botellón que casi acaba en tragedia y en la prensa local comenzaban la crítica diciendo que "los jóvenes universitarios tienen mil y una formas de divertirse, y está muy bien que la Universidad contribuya a esa diversión, pero..." Está muy bien, ¿de verdad?, ¿por qué? No tengo ni la menor idea. El rector se disculpaba recordando que el problema lo tiene la sociedad (¡?). Aquí ya se me antojan unas cuantas razones por las que se escurre el bulto, aunque esencialmente está el abandono de la autoridad.

Ayer leía en un blog universitario que en Navarra han dado unos aparatitos a los estudiantes para que contesten a las preguntas de los profesores en clase, en vez de hacerlo de palabra, después de levantar la mano.

Como novedad es curiosa. Veamos ¿quién escribió La Eneida? y el 33 por ciento de los alumnos presentes se inclinan por la opción A: Platón; el 26% votan la opción B: Proust; el 2% eligen la C: Engels y el 39% la D: Virgilio. El 61 por ciento se ha ahorrado el bochorno, todos han contestado porque es díver apretar un botoncito, porque en vez de una clase parece que Carlos Sobera pregunta al público y, con suerte, el ordenador que registra los resultados no sabe quién, así que nadie es evaluado sino que lo importante es participar.

El mismo blog hacía referencia a una propuesta de diseño de aula. El problema es más serio de lo que aparenta porque con Bolonia hay clases en un mismo curso de 60 personas, de 20 y de 10, por ejemplo, lo que implica muebles diferentes, espacios diferentes, configuraciones diferentes. Sin embargo, la propuesta citada a mí me recuerda más un convite de boda que un aula universitaria, pero quién sabe, con muchas pantallas proyectando imágenes en todos los ángulos, a lo mejor se cambian los procesos de atención y aprendizaje... Perdón que me da la risa.

Menuda crisis, madre mía, muchos empiezan a no saber qué hacer en un aula con tanto ordenador, pizarra digital, clicker, proyector, realidad aumentada o tanto netbook. Me consuela pensar que al menos alguien hace negocio y que tanta estupidez al menos genera algún puesto de trabajo. Pero, por todos los dioses, que alguien saque al mundo exterior a todos estos pensadores de la educación, pedagogos de la calidad y compradores compulsivos de cacharrada tecnológica. Porque esto empieza a parecerse peligrosamente a un circo o, mejor, a un remedo de escena tipo CSI.

martes, 6 de abril de 2010

La dirección de comunicación como atajo

De acuerdo, a mí también me pasa. A veces me parece que un psicólogo es casi lo mismo que un quiromántico, que un pedagogo es un tipo que sólo ve a los niños fuera de casa o que un director general sólo es alguien que simplemente logra que otro haga cosas por pelotas. Puede incluso que con esto de Internet uno acabe teniendo la sensación de que domina un tema mejor que su médico, albañil, abogado o mecánico: sólo hace falta dedicarle el tiempo suficiente, empaparse y listo, al cuerno con la formación reglada. Así que no me debería quejar demasiado de que todo el mundo piense que lo de la Comunicación es un poco de sentido común y nada más. Al fin y al cabo ven actuar a los periodistas en las tertulias, comprueban cómo las noticias se deforman, cómo los sentimientos afloran en el periodismo deportivo o político, o cómo se encubren en el económico. Y además está la gran plaza del pueblo, la red, donde todos somos iguales, no hay tarima ni tribuna. Como mucho está el dominio de determinadas técnicas, el oficio manejando herramientas.

Luego está la dedicación. El tiempo que dedicas a ejercer puede cambiar tu profesión. Estudias Farmacia pero te dedicas a viajar y acabas escribiendo guías turísticas. Te licencias en Económicas pero seleccionas personal y acabas ejerciendo de psicólogo industrial, comercial o apagafuegos del consejero delegado. Organizas una reunión, preparas presentaciones con PowerPoint, incorporas vídeos, buscas información y redactas un memorando, aprendes a decir diferencial en vez de diferencia, customizas en vez de... (¡qué diablos significa customizar?) Y comunicas, chico, lo tuyo es la comunicación, el advertisement, el marketing, el show business... o el chow chow de alguien, el perrito que no sabe ni puede decir que no a la vanidad del vanidoso de turno, un trabajo que puede ser fácil o difícil (según el carácter y las tragaderas de cada cual) pero que con la suficiente dedicación siempre te mantiene en el puesto. Al fin y al cabo, todo señorito que se precie tiene un caniche si se lo puede permitir.

No sé cuántos directores de comunicación desempeñan este papel, con o sin formación reglada, con o sin cursillos de postgrado o de formación continua, con o sin sesiones de coaching, mentoring, outdoor training o role play. No sé cuántos CEOS, consejeros delegados o directores generales tienen personas que les alaban y defienden ante los periodistas, los condenados y burros periodistas, a los que les colocan el producto porque si no ya sabes lo que ocurre con la publicidad, machote, y no me toques una coma. Esos jefes de prensa, dircoms o relaciones públicas que nunca dicen un no a su jefe ni jamás aceptan un no por respuesta o un subordinado, si consiguen tener uno. Y mira que el gremio se ha profesionalizado, mira que ha mejorado, mira que se ha avanzado en este terreno, pero siempre están ahí los ambiciosos que descubren que la comunicación es un atajo, un hueco libre por donde ascender hasta las inmediaciones de los machos alfa, de los coches de empresa de cinco metros, de la estrategia de lo personal más allá de lo corporativo.

Pero como así es la vida y en el fondo el culpable es el jefe, no merece la pena intentar competir por ese puesto. Quien quiere ese perfil no aguantará a un verdadero profesional de la comunicación, alguien que sí se atreva a decirle que no al señorito, alguien que le dé la razón a la prensa cuando la tiene, o al menos que la entienda e incluso adelante las reacciones lógicas de los profesionales.

Lo malo es que muchas veces estos sujetos logran colocar su "género" porque la falta de profesionalidad también se puede encontrar al otro lado. En ocasiones porque son periodistas de partido, comprados, invitados, viajados by the face... aunque lo verdaderamente lamentable es cuando son simples inocentes, incautos que tragan sin darse cuenta, con el espíritu crítico narcotizado por la rutina del comunicado, la rueda de prensa sin preguntas, el tipo importante de la ciudad, el papanatismo ante el figuras de turno... Entonces sale ese periodismo que tanto nos fascina a los lectores, el de declaraciones, el de centenarios de calles, de inauguraciones, de promociones inmobiliarias, automovilísticas o sanitarias, etc, etc, etc.

Y al final llegamos los universitarios y le ponemos nombres pomposos al proceso. Pero ese ya es otro tema.

lunes, 5 de abril de 2010

Plagios de profesionales a aficionados

Como de regreso a la normalidad me niego a mirar a la actualidad, para no deprimirme, incluso aunque se haya puesto a la venta el iPad y la gente (y los medios) se haya postrado de hinojos, pues empiezo por una de esas cosas tontas que uno se encuentra en días de descanso. Por ejemplo, este vídeo.

Que el estilo youtube lo invade todo, que las ideas flotan en el ambiente, que el buen humor disculpa muchas cosas, o que no es copia sino homenaje. Ya, pero a veces queda tan en evidencia que la producción profesional carece de las ideas de la producción aficionada que deberíamos replantearnos muchas cosas. Si el profesional lo es porque cuenta con los medios profesionales, estamos listos. Si lo es sólo porque ha conseguido vivir, aunque sea mal, de hacer algo, estamos listos. El profesional tiene, además, que ser mejor que el aficionado. Puede que éste le gane una vez, pero es la excepción. Si el profesional no está por encima de la media de los mejores aficionados, así, colectivamente, es que no es un profesional. Y en estas estamos. Un videoclip plagiando simpáticamente, sobre todo a partir del minuto 3, al famoso:


... pues qué quieren que les diga. Y no es el único.

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