jueves, 31 de marzo de 2011

La nueva FP y otras propuestas

Cada vez me gusta más la idea de un amigo sobre la necesidad de elevar la edad de acceso a la universidad. Como profesor de enseñanzas medias, me aseguraba que era un disparate pretender una educación obligatoria hasta los 18 pero al mismo tiempo le parecía un desperdicio sentar a estudiantes de esa edad en un aula magna. El problema es que los niños crecen muy rápido, pero la adolescencia se ha alargado como mínimo hasta los 20 años o más. De modo que su propuesta consiste en ampliar hasta los catorce la primaria y fundir entre los 14 y los 20 años la secundaria, el bachillerato y formación profesional con un título (mixto) cada dos años. La formación universitaria se podría cursar entre los 20 y los 26, con otros tres niveles o ciclos, cada uno también con su propia titulación.

Lo sé. Otra propuesta más. Quizá tan válida como cualquier otra, con el inconveniente de la homologación con Europa. Pero piensen en algunas ventajas:

-Una de las grandes preocupaciones actuales es la "empleabilidad", la capacitación laboral. Con este esquema ya habría un primer nivel de preparación algo orientada al trabajo junto con una cierta cultura general a los 16 años. A los 18, más orientada aún. A los 20 estarían perfectamente preparados para trabajar en la práctica totalidad de los primeros empleos que puede ofrecer el mercado de trabajo o tendrían dos años más de madurez y práctica para matricularse en un grado universitario.

-Los adolescentes entrarían en contacto mucho antes con las competencias, con las habilidades, con la "realidad" y se enfrentarían a una carrera superior con mucho más criterio tanto para especializar su futuro profesional como para simplemente crecer como seres humanos. Nadie podría llegar a la Universidad sin conocer un oficio y nadie debería salir de ella sin la madurez de haber entendido los conceptos esenciales y profundos de su profesión o de su sociedad.

Seguramente la idea me gusta por mi propia carrera personal y por mi actual empleo de profesor de comunicación. En mi caso, si yo hubiera podido diseñar mis propios estudios, me gustaría haber cursado un bachillerato mezclado con una FP que tuviesen que ver con la comunicación en general. No es tan difícil: bastaría con tomar el actual bachillerato de Artes (ése que casi nadie ofrece), quizá con una pizca de tecnología, y un ciclo medio de Imagen o de Artes gráficas. Después, un ciclo superior de Imagen, Comunicación, Producción o Realización. Con 20 años me pondría a estudiar Periodismo, Publicidad o Comunicación Audiovisual. Y cada dos años alcanzaría un nivel académico nuevo: graduado, máster y doctorado. A los 26 empezaría a hacer la tesis si mi carrera se dirigiera hacia la propia Universidad.

La nueva FP, la que se publica en el BOE del pasado día 12 de marzo, contempla el reconocimiento de créditos universitarios y el acceso a los nuevos grados. Deja un amplio margen a las Universidades: entre 30 y 120 créditos (en realidad, entre 60 y 120). No está nada mal. Lo malo es que los graduados en FP se perderán los créditos de las materias básicas, teorías introductorias, etc y se van a encontrar otra vez con los contenidos más prácticos, los que se supone que ellos dominan más. En definitiva, el sistema se tiene que perfeccionar. Pero no se va por mal camino.

Sin embargo, podemos caer en el habitual péndulo español: ¿la FP superior es lo mismo que los dos primeros años de Universidad? Pues seguramente no, ni se trata de penalizar ahora a quien haya escogido bachillerato. En realidad, el gran pecado está en la división entre FP y bachillerato además de pretender convertir la Universidad en una Universidad Laboral.

Hacer sistemas de primera y de segunda división es una estupidez. Ya se encarga la vida de poner a cada uno en su sitio.

lunes, 28 de marzo de 2011

Por qué no nos metemos en política

La frase de Franco "haga como yo, no se meta en política" ha servido para ilustrar la aversión que tenemos en este país a ejercer, defender y sostener ideas políticas además de cargos políticos. En realidad, cargo e ideas parecen conceptos incompatibles. Vean el caso de Zapatero, que presumiendo de banderas izquierdistas ha acabado aplaudido por Botín y dejando a los trabajadores más pobres, menos protegidos socialmente y con el recibo de la luz por las nubes (es un ejemplo).

No nos queremos meter en política por ideas. Al parecer algunos sólo aceptan la oferta por oportunidad laboral o de enriquecimiento pero no porque pretendan hacer las cosas como ellos creen que se deba hacer. Ni siquiera por hacerlas como la mayoría de la gente cree con tal de que les vote. Esa clase de marketing mal entendido en el que se ha convertido la supervivencia de los partidos. Y es que las empresas sí deben orientarse a la demanda, esa es la clave del marketing. Pero las ideas no, salvo que las conviertas en mercancía, en productos de consumo.

Me pregunto si es que ya somos una sociedad sin ideas, sin ideologías. Sólo hay pies de los que cojear. El otro día me iban a invitar a una tertulia radiofónica pero la jefa de informativos me soltó un "primero voy a enterarme de qué pie cojeas", no parecía una pregunta sobre mis posiciones ideológicas sino sobre mis pesebres. Sabes, le dije, tengo la libertad del gitano, en mi hambre mando yo. No tengo línea editorial impuesta. No tengo clientes publicitarios a los que no cabrear. No tengo intereses inconfesables. Pero sí tengo ideas, formas de ver la vida en general y las cuestiones concretas. Y odiaría traicionarlas.

Como soy realista y mayor, sé que el posibilismo es hasta cierto punto inevitable. Aunque presentarse como adalid de lo blanco para acabar en lo negro me parece tan indigno que no entiendo como a Zapatero no se le ha caído la cara de vergüenza.  Lo sé, para eso hay que tener vergüenza.

martes, 22 de marzo de 2011

Lectores de iPad: algunas peculiaridades

En mi Facultad llevamos unos meses investigando cómo leemos los periódicos en las tabletas. A nivel mundial salen a la luz los resultados de los primeros trabajos, sobre todo centrados en la parte publicitaria.

Uno de ellos, el elaborado por Alex Wang, de la Universidad de Conneticut, comparaba el mismo anuncio publicado en las ediciones impresa y del iPad de Wired. Wang concluye que los anuncios interactivos tienden a generar un mayor compromiso, comprensión del mensaje e intención de compra que los anuncios de la publicación impresa.

Otro estudio, el realizado por Time Inc., Interpublic, Universal McCann y EmSense (la ya famosa compañía de neuromarketing), se apresuró a señalar que los mejores anuncios para el iPad debían ser limpios y emocionales, sin demasiada complejidad.

Affinity, la empresa de control de audiencias, elaboró otra investigación similar para confirmar que los anuncios publicados en la edición impresa de Sports Illustrated se recordaban un 21% más y provocaban un 34% más de reacciones positivas (clicks en la web, mejores opiniones, etc). El porcentaje de lectores que visitaban el sitio web de la empresa después de haber visto el anuncio en un iPad casi duplica al de los lectores del anuncio impreso. Por su parte, GfK MRI, otra empresa de estudios de audiencias, trabaja en similares direcciones.

Pero sin duda, uno de los estudios más llamativos es el elaborado por Crispin Porter + Bogusky  (CP+B) en colaboración con Bonnier. Según el trabajo, el comportamiento de los usuarios de tabletas está evolucionando muy rápidamente (y más que lo hará en los próximos meses, seguro, en la medida en que nos familiaricemos más con el dispositivo), pero por ahora la primera peculiaridad es que los entrevistados no consideraban que estuvieran ni leyendo, ni navegando, ni jugando, sino simplemente usando el iPad. Incluso uno de los focus group sugirió la necesidad de un nuevo término: "iPadding" (¿iPadeando?).


El estudio detecta un nuevo proceso en la toma de decisión de leer una revista en iPad respecto a hacerlo en papel. Ya no se lee por un momento de relax o por buscar información específica, sino que primero se coge el iPad y sólo después que decide qué hacer con él. A título personal yo estoy seguro de que este proceso es temporal, pero mientras dure, los editores deben pensar en términos de atractivo de las apps en el Store como se piensa en términos de portadas para atraer la vista en el quiosco.

Otras conclusiones curiosas del estudio son, por ejemplo, que la gente se siente orgullosa de su selección y colección de aplicaciones en su iPad, nos las enseñamos entre los usuarios, nos identifican de alguna manera y además van tomando un cierto sentido privado. Y es que las tabletas están adquiriendo un alto componente personal, igual que los teléfonos móviles: no nos gusta compartirlos (conozco familias en las que hay peleas en el salón). El estudio se lo plantea como una oportunidad: ¿cómo podemos crear experiencias que mejoren esa sensación identitaria del usuario?, ¿podemos incorporar formas de permitir a los usuarios personalizar sus propias experiencias?

Más conclusiones: los usuarios de tabletas siguen leyendo revistas de papel, no eliminan las compras por impulso en el quiosco y el papel se lleva con más tranquilidad a la playa o al gimnasio. Una encuesta reciente de Popular Science  mostraba que el 32,9% de las personas que habían descargado la aplicación también compraban en el quiosco.

La gente aprecia los anuncios cuando son estéticos y pertinentes con la temática de la revista, de este modo los aceptan como una parte positiva de la experiencia de lector. Eso sí, con frecuencia surge la confusión entre anuncios y contenido editorial. Además, las revistas suelen abrir una puerta a la exploración en la web y gusta menos cuando la puerta se abre a un callejón sin salida. Rechazan, por cierto, pop-ups o interrupciones en la lectura pero aprecian el contenido adicional en línea que les permita profundizar en los temas que les interesaban. Sin duda uno de los puntos más atractivos para nosotros, que nos centramos más en los contenidos periodísticos que en los publicitarios.

Bonnier I + D y CP + B ya adelantan que sus trabajos avanzarán en la investigación con prototipos de anuncios. Nosotros lo hacemos con prototipos de periódicos y con eyetracker. Y los primeros test no están diciendo que todavía nos condiciona demasiado el aparato. Habrá que esperar unos meses más, quizá unos años, porque no estamos más que empezando a detectar peculiaridades.

sábado, 19 de marzo de 2011

El péndulo eléctrico y nuclear

Nos movemos como péndulos. La energía nuclear está en la picota, tic, la electricidad es muy cara, tac. Ahora suenan a sensatos los argumentos que hace dos días eran casi antisistema. Lo mismo ocurrió con la crisis financiera, con la burbuja inmobiliaria. El discurso de la sostenibilidad, la auténtica sostenibilidad no el argumento comercial para vender híbridos o bombillas, parte de un descenso del consumo. ¿Estamos dispuestos?, dicen los defensores del "progreso" (es que es el mundo al revés").

En Estados Unidos, la industria del automóvil está preocupada por una tendencia creciente entre los jóvenes: ya no anhelan comprarse un auto en cuanto se sacan el permiso de circulación. Mientras se conduce no se puede aprovechar el tiempo con las redes sociales. Pasan del chófer papá al transporte público para seguir conectados. Todavía es una tendencia incipiente, pero podría significar un "nuevo paradigma" (otro más).

Los niños, concienciados a veces por una ecología de pandereta, crecen y pueden pensar en reconducir su consumismo. No quieren volver a las cavernas, como amenazan los que no quieren oír ni hablar del "retroceso", ¿pueden evolucionar hacia direcciones que no requieren tanta energía, tanto derroche?.

A quienes nos gusta el aire libre, nos pone ligeramente tensos eso de vivir todo el año a 22 grados. No pasa nada por tener algo de frío o de calor cuando corresponde. Ni es necesario que las noches estén tan iluminadas.

Consumimos demasiado. Creemos que es imprescindible y no es cierto. No es el progreso, es el despilfarro, es la inconsciencia. Y lo malo es que aquí no hay péndulo. Siempre vamos a más.

jueves, 17 de marzo de 2011

La Universidad que tenemos y la que queremos

A los periódicos españoles les ha dado por hablar de la Universidad. Varias elecciones a rector casi simultáneas, con el morbillo, al parecer inevitable, del color partidista, las primeras quejas del sistema Bolonia, runrún sindical, exceso de títulos con pocos alumnos, problemas de financiación para gastos corrientes, decretos decepcionantes como el  estatuto del estudiante o de doctorado, oscurantismo y sospechas en las llamadas "agencias de calidad" que deciden sobre le futuro laboral de los profesores, controversias territoriales con los llamados "campus de excelencia", rebajas en las partidas de investigación... los problemas se amontonan. Nadie está contento.

No quiero entrar demasiado hondo en los porqués, pero seguramente la universidad que queremos no es la universidad que tenemos. Y esta es la sensación de los profesores, los investigadores, los estudiantes, los padres, las empresas... y los medios de comunicación.

Las relaciones de los medios con la Universidad siempre han sido peculiares, más aún desde la existencia de los estudios de periodismo. Los "cucharas" desprecian a los titulados, los titulados desprecian su formación, los directivos quieren ganar pasta montando sus propios másters y desprecian los de los demás, las audiencias desprecian a los periodistas poco preparados... y el que está preparado responde a la inspiración de los dioses, es autodidacta y desprecia la formación reglada pero le gustaría dar y de vez en cuando da un peaso de clase magistral digna del más tradicional y teórico de los catedráticos. Vamos, que sobra desprecio. También desconocimiento.

Y el desconocimiento se extiende a las informaciones sobre la propia Universidad aunque se juegue a elaborar rankings de calidad, competitividad, eficiencia incluso preguntando a los propios universitarios. Sin ir más lejos, ayer recibí por parte de un diario un cuestionario que al parecer han enviado a 3.000 profesores. Nunca los contesto porque no sólo me enfado al leer las preguntas sino que entiendo que respondiendo ayudo a la confusión. Pero con el blog me permite mi personal pataleta, así que relleno en público las preguntas periodísticas para quien puedan interesar. Ahí van:


1.- ¿Podría señalar, por orden y a su entender, cuáles son las cinco universidades donde mejor se imparte la titulación de la que usted es profesor, excluyendo la suya? Le agradeceríamos nos indicara el porqué de sus respuestas y un rasgo destacado de cada centro que mencione.

Respuesta: Pues no, no podría señalar ninguna. Los motivos son varios: no las conozco, no hay dos planes de estudio iguales y por lo menos tendría que asistir a las clases de cinco universidades. Puedo tirarme a la piscina y hablar por hablar, incluso por imagen de marca (ya sabe, Harvard es Harvard, dicen, ¿no?) Siento comunicarles que en realidad ni siquiera puedo hablar con demasiada precisión de mi propia titulación, suponiendo que imparta sólo en una (yo he llegado a impartir en cuatro de forma simultánea y no soy un caso raro), no voy a las clases de mis colegas, ni a sus aulas prácticas, ni a sus tutorías. Aunque si quieren también puedo hablar de oídas.

2.- Si tuviera la posibilidad de elegir el centro universitario donde impartir docencia, ¿cuál elegiría?

R: Realmente se trata de un posibilidad tan remota que difícilmente se puede responder en serio. Además no hay diferencias salariales, ni posibilidades de mejora en la carrera profesional por centro. Deduzco que la pregunta se refiere más que al centro (Facultad o Escuela) a la Universidad, para así poder titular que la Autónoma es mejor que la Politécnica o a la inversa. Pero ocurre casi lo mismo. Curiosamente, las diferencias residen en cuestiones geográficas o administrativas. En España yo elegiría una Universidad radicada en una comunidad autónoma donde se paga más porque sí, porque el trabajo es idéntico. En Europa, escogería prácticamente cualquier otro país que no sea España por los mismos motivos. En Alemania, por ejemplo, cobraría casi el triple y tendría un tercio de los alumnos.

3.- La investigación es uno de los factores que determina la calidad de una universidad. ¿Podría comentarnos los puntos de investigación en que destaca su centro y el reconocimiento que éstos tienen tanto a nivel nacional como internacional?

R: Los centros no tienen investigación, sólo se encargan de la docencia y de la administración. Son los Departamentos o los Institutos quienes teóricamente podrían "destacar". En realidad son los equipos de personas quienes lo hacen, con frecuencia pertenecientes incluso a varias Universidades. Algunos equipos son relativamente estables, pero otros cambian constantemente alrededor de un determinado "jefe".

4.- ¿Cree usted que los alumnos de su titulación concluyen sus estudios superiores con la preparación adecuada para responder eficientemente a las demandas del mercado laboral?

R: Viendo la tasa de paro, parece que las demandas del mercado laboral son escasas. Si además hablamos de respuesta eficiente.... habría que suponer que la Universidad puede adaptarse a las crisis de cada empresa cada año, cambiando planes de estudio, programas e incluso profesores como si se tratase de los cursillos del Inem. En todo caso, creo que es la Formación Profesional la que debe responder a esa demanda. Algunas carreras son más profesionalizantes que otras. Claro que siempre podemos cerrar todas las carreras de Filosofía, por ejemplo, porque el mercado laboral no necesita filósofos. Qué cansino es este tema, por cierto.

5.- Por último, ¿qué tres rasgos destacaría de la Universidad en la que usted está impartiendo su titulación?

R: Esta es la pregunta que más me gusta. ¿Puedo opinar sobre el equipo de gobierno que ocupa el rectorado, sobre el sistema universitario autonómico al que pertenece e incluso sobre la Universidad española? Sí, ya sé que quieren nuestra opinión sobre "la marca" de la Universidad, con el morbo de su nombre territorial o comercial para así ordenar el ranking. Lo cierto es que en esencia todas las universidades españolas son iguales, no pueden diferenciarse demasiado por definición legal, pueden aparentarlo pero es un espejismo. La carrera de los profesores universitarios depende más de las áreas de conocimiento, comisiones evaluadoras y de las denominadas agencias de calidad que de las universidades. Por no haber no hay ni conciencia laboral, ni sensación de plantilla, ni de pertenecer a la misma "empresa" u "organización". El sistema español sigue basado en la "capilla", nada que ver con el anglosajón del que copiamos este tipo de reportajes e informes. Y ese es el ranking que hay que publicar, el de las "capillas". Aunque por favor, que no sea basándose en artículos o papers que nadie lee, ni en congresos que a nadie importan, ni a proyectos de investigación que sólo sirven para escribir más papers o más comunicaciones a congresos.

El reportaje saldrá. La Universidad X estará a varios puestos de la Universidad Y. Y la universidad española estará en el puesto tropecientos mil del ranking mundial. Pero seguiremos sin decir qué universidad queremos y podemos tener. Ni siquiera en los medios de comunicación. Por desprecio. Y por desconocimiento.

domingo, 13 de marzo de 2011

Y tú, ¿de quién eres?

Un domingo lluvioso. Como para reflexionar. La semana pasada, debió ser por los carnavales y por esa florecida fauna del management y los recursos humanos que habla tanto ahora de la felicidad, estuvo ocupada por conversaciones largas y "conceptuales". Vamos, que hasta me preguntaron ¡bajando una escalera! cuál era mi concepto del ser humano. Apenas 24 horas más tarde, otra persona me preguntó en qué creo. Y al día siguiente, por mi visión global de la política, así, a las bravas.

No son conversaciones habituales. No suele haber ni tiempo ni ganas de pensar, ni mucho menos de escuchar, no siendo que te cuenten su vida, etc, etc. Pero ando leyendo a Antonio Damasio, escuchando a "coachs" mediáticos como Mario Alonso Puig, a ese monstruo emergente de la felicidad que es Santiago Vázquez, e incluso a mi amigo Ramón Gil (que fue el que me puso en la pista de la alegría de Spinoza, más que de la felicidad). Son intelectuales pragmáticos. Con la ciencia, la gestión del día a día o la tecnología llenando sus agendas. Pero manejando conceptos de peso casi también a diario. Y entonces uno es más proclive a caer en esos temas.

Ignoro si en mi entorno me ven en crisis (siempre lo estoy) o si los que están en crisis son los que me preguntan y quieren encontrar en mis respuestas sus soluciones. No me lío más. Voy al grano.

Todo empezó con el Eyetracker que utilizamos en la Facultad para investigar los movimientos del ojo cuando vemos una película, un anuncio, una web o un periódico. Eso nos llevó al neuromarketing e impepinablemente a la neurociencia (conste que los enlaces a wikipedia son por divulgar).

De pronto surgió la discusión sobre si, igual que las emociones, las creencias e incluso la espiritualidad residen en alguna zona del cerebro.  ¿Dónde si no?, ¿en el culo?, preguntaba yo (perdón, pero es que cuando me pongo...) En el alma, me contestó alguien. Y a mí, que, por decirlo finamente, carezco del don de la fe y que cuestiono no sólo el dogma sino la inteligencia del dogmático, me dio la risa. La irrespetuosa risa. Perdón otra vez.

Pero, claro, leyendo a Damasio, si te preguntan por tus creencias sabiendo que digas lo que digas se lo van a pasar por no recuerdo qué parte del lóbulo correspondiente, es decir, por unas cuantas neuronas con conexiones a veces muy calientes, las del forofo, fanático, creyente, patriota, integrista, etc, etc... pues mejor te callas o haces un chiste a favor de la felicidad o de la alegría.

O estás conmigo o estás contra mí. Con el Eyetracker hemos comprobado como la gente, ante le tesitura del "Y tú, de quién eres", llega a votar hasta con la mirada: Zapatero-Rajoy, Cocacola-Pepsi, fútbol-baloncesto, hombre-mujer, coche-moto, Rolling-Beatles. Vamos, que tus ojos te traicionan unos instantes, pero después los diriges para votar, no vaya a ser que, si soy hombre, por ejemplo, mire más un paquete que unas tetas.

Y esta reflexión es por la famosa distorsión selectiva, que todo lo retorcemos para entender lo que queremos entender. ¿Cuál es mi concepto del ser humano? Pues alguna veces creo que es un concepto difuso, a medio camino entre el cerebro y el culo. Otros lo llaman alma y se cabrean conmigo por usar palabras que interpretan como una falta de respeto que naturalmente no me consienten. Será un problema de comunicación. O que la gente se pone nerviosa si no está siempre "con los suyos". Qué aburrido.

lunes, 7 de marzo de 2011

Presidente, se me ha ocurrido que...

Soy un ignorante. No sé por qué si excedo el límite de velocidad en 30 kilómetros por hora me multan con 100 euros y si como pipas en la calle o paseo con el perro por la playa me multan con 300 e incluso con 1.125. Ambas noticias son de hace un año, pero no creo que haya habido ninguna "revolución" normativa que haya transformado el panorama. Hoy ha empezado la limitación de velocidad en autopistas y autovías a 110 km/h. Cuando la gente poco capacitada se le entrega el poder sobre los demás ocurren cosas como estas. En realidad mucho más graves, aunque al parecer estas se entienden mejor.

No sé si dar ideas, pero por ignorante soy de lo más idóneo para tomar serias decisiones que afecten al prójimo, así que, señor presidente, escuche lo que se me ha ocurrido:

Se podrían poner límites al consumo eléctrico, además aquí se puede atemorizar de dos formas: multando a quien se exceda de la barrera arbitraria que se le ocurra al ministro o directamente cortando la luz al infractor (prefiere la primera, pillín, lo sé, que luego hay que cobrar en un consejillo).

Algo semejante se podría hacer con el consumo de agua, que a veces andamos más escasos que de petróleo y además se podrían seguir retrasando las obras de mantenimiento de la red.

En lo tiempos que corren, qué menos que limitar el tráfico de datos. Todo el que vaya demasiado rápido por la red, suba o descargue demasiados gigas, debe ser susceptible de multa "sinde" o intervención policial. Además, seguro que algo desgastan los cables e incluso el aire si la conexión es inalámbrica.

A los controladores aéreos habrá que animarles (eso lo sabemos hacer como nadie) a declarar una huelga salvaje indefinida, que lo que se ahorra en queroseno con los aviones en tierra resulta que es una barbaridad.

Hablando de petróleo, se impone una limitación en todos los productos derivados (sí, presidente, si un día leyera la Wikipedia, se frotaría las manos). Como cuando lo de las corbatas del ministro. No era por el aire acondicionado, sino por toda la cantidad de tejidos derivados de petróleo que leyó un día en un artículo. Vale, no me pasaré, que a esa línea del texto no llegó  (la culpa es de Internet, que nos ha reducido la atención). Pero a la de los plásticos sí, hombre. Imagínese, presidente, todo lo que podemos meternos en la vida de los ciudadanos si ponemos límites al uso de plásticos (no a su fabricación, claro, eso no, que a ver si nos vamos a pasar, que no encontramos empleo).

Quien dice petróleo, dice gas. Calefacción, agua caliente... ¡y cocinas! Alguna penalización habrá que introducir en lo hogares, no se vayan a creer estos votantes que pueden hacer lo que les da la gana por el simple hecho de estar en su casa. Hay que comer más cosas frías, el que coma demasiados fritos o cocidos, además de colesterol, tendrá el resuello del gobierno en su cogote. Que hay que ser responsable, que la crisis nos exige a todos.

Se puede seguir. Sólo es cuestión de coger carrerilla. Si además, presidente, usted no se va a volver a presentar. Es la gran oportunidad para cambiar este país. El momento de hacer las reformas serias aunque sean impopulares.

Y esto lo ordenamos así. Con carácter, leñe. Porque somos mandatarios y mandamos. Tanta reflexión y tanto estudio paqué, hombre. Por cierto, que se me ha ocurrido también  que....

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