sábado, 27 de marzo de 2010

El suelo tiene que seguir aparentando ser caro

De vez en cuando me pierdo en moto. A veces unas horas, a veces unos días. Y suelo encontrarme, entre otras cosas, con dos tipos de sorpresas: rincones naturales a los que difícilmente llegaría de otro modo, a veces incluso por lo cerca que están de mi casa, y construcciones humanas en los lugares más recónditos, no sólo viviendas o instalaciones agropecuarias, sino también industriales y culturales. Una casa en una ladera imposible, una ermita y hasta un monasterio en medio de la nada. Me pregunto entonces qué les habrá llevado a construir precisamente ahí y me imagino herencias, historias, tradiciones... yo qué sé. La moto tiene esas cosas, vas callado y se dispara la imaginación.

Pero lo curioso es que nuestra relación con el suelo, con los lugares, ha cambiado de forma tan radical que nos ha condicionado no ya al modelo social (todos viviendo apiñados) sino también el productivo y económico. Los paletos actuales somos los cosmopolitas habitantes de las grandes ciudades que parecemos incapaces de pensar cualquier iniciativa vital o empresarial más allá de los límites de nuestro mundo urbano. Y, evidentemente, durante siglos no ha sido así e incluso hay quien en la actualidad planta su fábrica en el fin del mundo sin preocuparse del precio del solar o la seguridad del barrio. No todo el mundo requiere un acceso a la autovía, a veces ni siquiera a la fibra óptica. Hasta hay quien cree en su propia iniciativa como motor de desarrollo local, como quien monta su castillo en medio de la nada sabiendo que alrededor nacerá una pueblo. Suena medieval, pero sigue ocurriendo.

Afortunadamente, el ejemplo no cunde. Porque si la gente se repartiese mejor por el país, el valor del suelo se desplomaría. Y si el suelo se desploma, lo hace aún más el valor del mercado inmobiliario en general, y entonces los balances revientan, los de empresas y los de entidades financieras. Y si los bancos y las cajas de ahorro quiebran, nos quedamos sin nuestro ahorros, dudo qué ocurrirá con nuestras deudas, aunque sospecho que los gobiernos acudirán más en ayuda del sistema que de las personas, como acuden en ayuda de los coches, no de las bicicletas. Así que el suelo tiene que aparentar ser escaso y cotizado, aunque cuando uno se pierde encuentre kilómetros y kilómetros cuadrados donde la gente podría vivir y trabajar. Porque imagínese si no qué puede ocurrir con los 165.540 millones de euros en créditos problemáticos que tiene la banca española, cuando sólo hay fondos provisionados por valor de unos 58.000 millones de euros. Normal, dirán los técnicos, nada especialmente alarmante a pesar de los nervios que parece querer extender el gobernador del Banco de España. No son más que números de la famosa y aburrida burbuja, la que existe en los balances y la que existe en nuestros cerebros pensando que de verdad un piso puede valer 300.000 ó 600.000 euros, porque está "en el centro". En el centro de qué, me pregunto cuando ando en moto perdido por ahí. En el centro de nuestro ombligo, o mejor aún: el ombligo de los fenómenos que se han beneficiado instalándose en la cumbre social gracias a inventarse este modelo que nos arruina salvo que sigamos apretando el acelerador, el de la inflación, no el de la moto.

jueves, 25 de marzo de 2010

El cineforum empresarial

Me invitaron ayer por primera vez a uno. La película era Shutter Island, la última de Scorsese, una mezcla de Los renglones torcidos de Dios con Una mente maravillosa, pasando por constantes homenajes a Vértigo, Laura, El sexto sentido, o Los otros, por citar algunas referencias. Vamos, que la película no era muy original, pero lo suficientemente efectista como para que a los asistentes les gustara. Aunque era una simple excusa para hablar de gestión de recursos humanos, de empresa, de motivación, de felicidad, de resiliencia, de psicología industrial, de coaching. Toda una experiencia.

Acostumbrado como estoy a los alumnos de comunicación audiovisual, a mis compañeros y a mis propios ojos deformados por la profesión, asistir a un cineforum con empresarios o directivos, entiendo que aficionados al cine aunque no necesariamente, con ganas de hacer una interpretación de la película aproximándose a cuestiones de su ámbito laboral, realmente me resultó muy curioso, un pequeño placer.

Así que por mi parte adelante con la iniciativa, el cine como excusa para la reflexión, nada nuevo pero siempre útil. A veces no hace falta inventar dinámicas originales, basta con lograr un rato agradable donde conversar de los temas comunes. Recuperar la plaza, la tertulia. Eso que cada vez nos cuesta más. Eso sí, se me ocurren mejores títulos que esta obra menor de Scorsese. Pero casi es lo de menos.

martes, 23 de marzo de 2010

Los call center o la antítesis de la comunicación


Quizá lo conozca, porque ya tiene un cierto tiempo. El archivo sonoro es de esos que te envían los amigos en cadenas de correo electrónico. En este caso merece la pena. Es una crítica demoledora a los servicios de telemarketing y a los call center que tanto machacan al usuario. No sé quien ha diseñado este tipo de actividades, desde luego no alguien que esté orientado al cliente. A lo mejor está diseñado por informáticos, o por abogados, o por vendedores agresivos. O por alguien que reniega de la comunicación. En fin, todos los sabemos, todos los aborrecemos, incluso los listos que ordenan la instalación en sus empresas odian que a ellos les toque en suerte en su vida privada. Es una de esas demostraciones palpables e indiscutibles de que las empresas, muchas empresas, desprecian a sus clientes, entienden su negocio como abuso de posición de dominio y creen que su beneficio consiste en no beneficiar a su compradores o usuarios. Todo un ejemplo de antimarketing. Y de anticomunicación.

lunes, 22 de marzo de 2010

Parallel Lines, me quedo a las puertas




Me entero por Las Blog en punto de esta campaña de Philips Cinema. Una experiencia, como dicen ahora, en Internet y en las redes sociales (como si fueran cosas distintas). Lo malo es que entras en la correspondiente página de Facebook y al hacer click sale esa clásica pantalla de "si permites el acceso... " etc, etc. Y claro. Como que acabo pasando. Una lástima.



El verdadero error de Nestlé en Facebook

A lo mejor usted no debería estar en las redes sociales, ni en los medios de comunicación, ni en ningún otro lugar bajo un foco que ilumina todo lo que hace. Quizá tenga algo que ocultar, o difícil de explicar, o fácil de criticar. Puede que esté acostumbrado a soltar el parné y que los medios locales se le pongan firmes, puede incluso que usted se haya dado ya el gusto de ser accionista mayoritario, público o en la sombra, de un periódico local o de una emisora de radio o televisión, pero el mundo está cambiando y cualquier insolente se olvida de que usted es el principal anunciante del país o de la ciudad, o llega un grupo de presión, belicoso profesional, que goza de las simpatías de lo políticamente correcto y aprovecha para ponerle a caldo en su mismísima cara, casa o página de Facebook. Así que lo mejor debería estar quietecito, con foco lo más apartado posible.

Resulta curioso como están circulando estos consejos, ante lo que se consideran clamorosos errores de comunicación de determinados lumbreras que animan a saltar a la plaza a empresas a quienes no saben torear. Pero es que esos lumbreras viven de vender capotes, así que cuantos más espontáneos quieren lanzarse ante el toro de la opinión pública, mejor. Y a la vez llegan los que dicen que ni se te ocurra moverte, salvo que el toro salte al tendido, entonces ya correremos.

¿Por qué se presenta este fenómeno como nuevo? ¿Es que acaso no se corren los mismos riesgos en cualquier exposición ante el público si éste tienen una mínima capacidad de actuación? Considerar un error salir a las redes sociales teniendo algo que ocultar por miedo a que te saquen el trapo sucio entre tus millones de fans es lo mismo que criticar a un delincuente por salir a la calle. El problema es ser un delincuente. No salir a la calle. Así que el ejercicio de la comunicación empieza por ser santos varones, sin una sola mancha en el expediente, y sólo entonces decirlo.

Después está la realidad.

Y la realidad dice que nadie está libre de pecado. Que ni el más indiscutible merecedor del premio a la Responsabilidad Social Corporativa, ni el más idílico de los modelos de desarrollo sostenible es inatacable. Ni Santa Teresa de Calcuta, ni Vicente Ferrer, ni Dios, ni el Diablo nadie se libra de que alguien pueda decir cualquier cosa, cierta o no, creíble o disparatada, acerca de tu pensamiento, obra u omisión (expresión que no deja fisuras, por cierto).

Así que si Nestlé se ha equivocado en su estrategia de Facebook quizá sea porque su estrategia es mala, porque no previó la crisis o la contingencia posible, porque ha tenido comportamientos empresariales realmente pésimos (que no lo sé a ciencia cierta) o porque no ha sido capaz de convertir su opinión en algo defendible. Pero desde luego el error principal no es salir a las redes sociales, en todo caso se ha equivocado pensando que los fans iban a ser de verdad fans.

Como vivimos momentos de crisis, muchos deciden utilizar Internet como sustituta de la carísima publicidad tradicional. Pero igual que ocurre con los anuncios, lo importante no es el medio (aunque a veces parece que es lo único que te cobran) sino qué dices y cómo lo dices. Estar en Internet, en las redes sociales, es sencillísimo y barato. Pero saber gestionar comunicacionalmente esta presencia sigue siendo tan complicado como atinar con una buena campaña de publicidad.

Durante años, los medios locales regalaban la creatividad de las cuñas, o el diseño de los pequeños anuncios en prensa con tal de que el cliente comprara suficientes segundos o módulos de publicidad. Ahora los espacios son prácticamente gratuitos, pero la creatividad o el diseño, la generación estratégica y operativa de los mensajes es más delicada que nunca, porque hay respuesta directa, a la cara, con desparpajo, incluso con insidia.

No seré yo quien defienda a Nestlé, pero su aparición en Facebook no es el error, sino la mala gestión en materia de comunicación. Dicho de otro modo, si no sabes torear no saltes a la plaza, pero piensa que las localidades del tendido de sombra se están reduciendo, así que mejor tomar unas clases.

viernes, 19 de marzo de 2010

La ley Sinde y quién manda aquí

A veces algo sale en prensa, del estilo, por ejemplo, de "El Gobierno invertirá 30 millones de euros en..." y nunca pasa nada, nadie sabe nada, y no ocurre nada.

Pero si la noticia trata sobre un asunto que aparentemente casi nadie quiere, que beneficia a unos pocos, generalmente bien organizados, que perjudica o cobra a muchos y hace ganar dinero a una minoría, entonces la noticia va a misa, se convierte en realidad de forma inexorable.

Eso exactamente ha ocurrido con la ley de descargas que provocó el escándalo en la Red, que Zapatero prometió arreglar y que, al final, ha quedado tal cual era en origen.

Se acabó el buen rollo. Ya sabemos quién manda aquí: el lobby. De lo que toque en cada caso. No importa demasiado.

Lo ocurrido con la ley Sinde simplemente es escandaloso. Pero no sólo porque la ley sea un escándalo, eso casi es lo de menos. Lo esencial es que cualquiera puede llegar a las puertas de Gobiernos como el de Zapatero e imponer sus intereses particulares a los generales. Ríanse ustedes de las teorías de la conspiración. Son totalmente prescindibles con gobernantes así.

¿Sufrirá el castigo que se merece el Gobierno en las urnas? No necesariamente por cuestiones como esta. Se requeriría muchísima más cultura democrática para que los electores reaccionaran en defensa del interés general que representan, como la suma de sus propios intereses personales, en lugar de dejar hacer a esos lobbies y guiarse por cuestiones menores como el carisma, o cuatro mensajes electoralistas. Es como imaginar racionalidad en el fútbol, una quimera. Así que si los internautas quieren, queremos, conseguir algo, en realidad cualquier grupo de ciudadanos que compartan una causa, impepinablemente precisará un lobby. Nada nuevo bajo el sol. Zapatero, como todos. Hombre, es mejor que Hitler, que tampoco hay que exagerar; pero desde luego cómo nos ha fallado. En tantas cosas.

jueves, 18 de marzo de 2010

Hombre y padre en la publicidad





El día del padre se ha convertido en una de las pocas jornadas en las que los medios de comunicación hablan del hombre, en el sentido genérico, un asunto bastante poco presente el resto del año, cuando se tiene que tratar de otras "minorías" como las mujeres, los jóvenes, los niños, los ancianos (en realidad, de los ancianos también muy poco). Habrá quien piense que ya era hora después de siglos de machocentrismo y habrá quien diga que en realidad se habla de los "demás" porque implícitamente todo se sigue refiriendo sólo del hombre por defecto. El hombre puede ser reflejado en los medios como objeto sexual, igual que la mujer, aunque en su caso no se considera denigrante, puede aparecer poniendo una lavadora y hasta se le podía "cambiar" si no sabía ponerla, se le podía pegar un cachete en la cogote o una patada porque estaba soñando con estar en el pueblo o no daba bien unos masajes en el pie. Eran, han sido o son tiempos de proyección publicitaria en la que ni tan siquiera los hombres se sentían molestos, quizá por mala conciencia, quizá por sentido del humor o quizá porque ni se sentían aludidos.

Era curioso, porque esa intencionada ridiculización publicitaria políticamente correcta cercana a lo Homer Simpson crecía a la par con la tendencia de las revistas masculinas, la cosmética masculina, lo metrosexual, lo gay o bi, el mismo esquema que se venía aplicando a las mujeres como un falso grupo homogéneo. Mientras escribo esto no paro de ver anuncios de la fragancia masculina de Carolina Herrera, por fin Dove para hombres, Mango para hombres, etc, etc.

Y de pronto, tal vez porque ha llegado al nivel adecuado de capacidad de compra una generación que no cree tener pecado original de machismo, de un tiempo a esta parte han empezado a surgir anuncios que vuelven a reivindicar al hombre sin complejos, incluso un poco gañán, como una especie de efecto péndulo.

Pero si el hombre moderno está en crisis, incapaz de reproducir el modelo de sus padres, desbordado por su mujer o las mujeres en general, acogotada su autoridad, acomplejado por no ser joven, o suficientemente tierno ni suficientemente duro, entonces llegan los anuncios del día del padre y se trata de recuperar una figura publicitaria en extinción. Casi increíble. Una mala copia de la superwoman que tan bien se ha vendido a las mujeres. Sólo que en rancio.

Se ha creado una nueva anormalidad, un nuevo estereotipo para el hombre "normal". Puede que ya no queden, o que al menos no sepamos como representarlo. Incluso puede que le pase también a todos los demás: mujeres, jóvenes, niños y viejos. Ah, viejos no, que nunca me acuerdo. Esos casi ni existen.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Ser padre en las redes sociales

Soy padre. Supongo que eso me resta tanta objetividad como no serlo a la hora de opinar sobre la educación de los hijos. Siempre me ha llamado la atención la capacidad de algunos profesores de separar sus papeles de padre y maestro. Más aún en los pedagogos. Y mucho más cuando hablan los expertos en comunicación, sobre todo desde una perspectiva ética, deontológica e incluso legal. Hablando de Internet se mezcla todo con los derechos fundamentales garantizados por la Constitución (en este caso me refiero a la española) y hasta los derechos humanos. Además, naturalmente, los derechos de la infancia, su protección, etc etc etc.

La cuestión ahora, como hace quince años con toda la Red en general, es cómo proteger a los hijos de los "peligros" de las redes sociales sin invadir su derecho a la intimidad. Y opinan los expertos, y los padres, hasta -imagino- los padres expertos.

¿Lee usted el diario de sus hijos?, ¿le escucha sus conversaciones telefónicas?, entonces, dicen, ¿por qué le espía en las redes sociales?, ¿cree que tiene derecho a entrar en su Tuenti, o a darse de alta con una identidad confusa para participar o asistir callado a la conversación?, ¿cree que puede exigirle sus contraseñas?, ¿tiene derecho a repasar su historial de navegación? Todo un debate.

Pero curiosamente a la discusión siempre se le sustrae un hecho fundamental: las redes sociales no son espacios privados sino públicos, por definición práctica y, sobre todo, técnica. Subir información a Internet es publicar y esto implica una serie de matices ajenos a las comunicaciones privadas, esas cuyo secreto garantiza el artículo 18 de la Constitución (en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas), que se podrían asimilar al correo electrónico. Publicar entra de lleno en el artículo 20, donde precisamente se ponen los límites de la protección a la juventud y a infancia.

Cuando alguien publica también asume responsabilidades, civiles y penales. Como padres no sólo puede preocuparnos qué leen nuestros hijos, sino también qué "publican". Y eso es algo que suelen olvidar los que se manejan en estos procelosos mares, donde se publica con una alegría inconsciente, ni siquiera necesariamente malintencionada. Pero un buen día alguien se puede sentir molesto, alguien con conocimiento o poder suficiente como para hacer valer sus derechos y entonces, entre la Constitución y la Ley de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen pues va y te la arma.

Todo eso sin entrar en los "peligros obvios" de las Redes, desde la pederastia hasta las convocatorias de suicidios colectivos. No hace falta ponerse trágicos ni alarmistas. A finales de los noventa de Internet se decían los mismos argumentos que ahora se utilizan para asustar con Facebook. No es eso. Sino algo mucho más cotidiano: la publicación de la vida privada.

Así que como padre voy a preocuparme todo lo que pueda, y desde luego voy a poder bastante, de las comunicaciones públicas de mis hijos. En realidad deberían hacerlo también los fans de las webs dinámicas, los foros abiertos, los comentarios en blog sin moderar, los que juegan a hacer periódicos online... ojo que nunca pasa nada hasta que pasa. Y después la culpa es de los otros. Sé que hay sentencias en todos los sentidos, condenatorias y absolutorias. Los jueces están casi tan despistados como los legisladores. Casi tanto como los padres.

martes, 16 de marzo de 2010

Cómo medir el éxito en Internet

Ahora ya es cuestión de dinero, aunque también siga siendo cuestión de vanidad. El éxito en Internet tiene muchas varas de medir, pero algunas las debe entender un político que concede una subvención; otras, un jefe que no acaba de ver muy claro dónde está el beneficio o un aprendiz de tiburón que ha descubierto que los verdaderos hombres sólo hablan de tías, güisqui y pasta, sobre todo pasta.

Por eso la gente recurre a los números, clicks, visitantes, fans, minutos, rebotes, retornos, resultados de búsqueda... Bueno, los periódicos tienen difusión de ejemplares y lectores; la radiotelevisión, audiencias. Internet además incorpora muchos más datos a un precio módico y se pueden hacer con facilidad gráficos de barras, de pastel... las empresas que saben vender bien estos informes están ganando dinero, aunque nadie está muy seguro de la fiabilidad. ¡Bah!, dirán muchos, como siempre. ¿Acaso el EGM es fiable?, ¿y OJD, Sofres...? Se trata de que el indicador se acepte y a partir de ahí se instaure su poder. Google Analytics gana en el ranking de la popularidad, pero por ahora las firmas grandes desarrollan sus propios sistemas de medición. Nadie quiere cruzar demasiados datos, para que las contradicciones no queden en evidencia, las explicaciones técnicas sobre la conveniencia de tal o cual sistema se multiplican, pero claro, tienen que convencer al cliente, que no suele estar para demasiados algoritmos, que yo de eso no entiendo nada.

Así que además del "coste por impacto" de toda la vida, que naturalmente hay que seguir controlando como buenamente se puede, le propongo que se incline por el análisis cualitativo de lo que dicen sobre usted comparado con lo que quiere que digan. La herramientas de este tipo cada vez están más de moda, especialmente en relación con las redes sociales. Llámele reputación, llámale fama o imagen. Pero seguramente obtendrá más información que si se dedica a ver sólo números.

lunes, 15 de marzo de 2010

El eReader de Telefónica que nadie espera


Telefónica presentó hace algunas semanas el proyecto eReader, su propuesta de lector de publicaciones que está apoyada en España por Vocento, editor del ABC, entre otros. Lo curioso del asunto es que su presentación apenas ha tenido trascendencia. Y es Telefónica. O precisamente porque es Telefónica. Quiero decir, estamos hablando del líder del sector de las telecomunicaciones en España, con una fuerte presencia internacional, especialmente en Latinoamérica. Seguro que con suficiente capacidad técnica. Pero son incapaces de despertar la expectación, ni una sola persona de mi entorno profesional me ha hecho el menor comentario acerca del dispositivo, cuyo lanzamiento está previsto para el segundo semestre del año, en Google tiene "sólo" unas 6.000 entradas (cinco millones el "iPad de Apple", trescientos mil el "Kindle de Amazon", así, entre comillas y con la preposición "de", para españolizar los resultados, incluso el "tablet pc Archos" tiene doscientos mil resultados). Telefónica no, la multinacional firma alianzas con grupos editoriales, con la Biblioteca Nacional, añade teleformación, guías de viajes, pero no. Nadie aparenta esperar nada especial. Y esto es algo que viene ocurriendo desde Infovía hasta Keteke, pasando por Terra o Lycos. ¿Qué les ocurre?

Las interpretaciones son infinitas. Lo más fácil es decir que el antiguo monopolio sigue sin entender qué es Internet y se resiste a escuchar a los consumidores o a abandonar prácticas típicas de líderes que exprimen su posición de dominio aunque sepan que la teta de la vaca se está vaciando. Puede, al fin y al cabo han llegado tantas veces tarde que una vez más no sería noticia. Es como esa sensación de que El Corte Inglés está empezando a recordar a Galerías Preciados, ese tufillo a IBM o a Olivetti, a empresa del siglo pasado, en definitiva.

Sacar el eReader unos meses después del iPad resulta, cuando menos, chusco. Aunque, quién sabe, a lo mejor esta vez suena la flauta. Quizá si el sector de los contenidos hace una apuesta firme, tanto en la producción como en las formas de comunicación, precio y distribución del eReader, o sea, su mix de marketing, quizá, sólo quizá, el reproductor que nadie espera hoy acabe por tener un hueco. Mientras tanto, Telefónica seguirá siendo líder. Como El Corte Inglés.

sábado, 13 de marzo de 2010

El avión de la bella durmiente, en pantalla

Un amigo me ha recordado un artículo de García Márquez que habíamos leído a los 18 años.  El avión de la bella durmiente. En realidad estábamos hablando de Delibes y de nuestro trabajo en el instituto sobre Cinco horas con Mario, que mi memoria ha transformado para siempre en Lola Herrera.

La conversación hace estos guiños. Una mujer joven y hermosa se cruza ante una mirada adulta y provoca, además, literatura, añoranzas... relecturas. Un mismo texto, casi treinta años después puede no sobrevivir a tus expectativas, incluso si lo ha escrito un premio Nobel. El texto sobrevive, más aún si has visto a la bella y compartes esas extrañas sensaciones.

En 1982, lo leímos en El País. Hoy, en Internet. Sigo deslumbrado por las palabras. También por la luz de la pantalla. Lamento ser tan prosaico. Voy mayor. Me creía joven por recordar a Delibes más en escena que editado. Pero sigo prefiriendo el papel para saborear una pequeña joya, no digamos una gran joya, de literatura. Tardaré en usar un iPad para releer las andanzas de Aureliano Buendía.

Opiniones universitarias

Sáltese este post. Es casi una anotación de diario. Dos días de paréntesis, una sobrecarga en blogger que me impidió acceder al blog y un tribunal de tesis que me proporcionó, como casi siempre, montones de temas sobre los que escribir.

Uno de ellos, político. Curioso. Un tribunal heterogéneo, de áreas de conocimiento distintas: de Arquitectura, Arte, Comunicación, Historia, y un consenso total a los postres de que el Gobierno de Zapatero da vergüenza propia y ajena, con coincidencia total en los pocos ministros que son excepción. No eran precisamente profesores de tendencia conservadora.

Otros asuntos, la crisis de los periódicos, internet, el iPad, el despiste absoluto sobre lo que hay que hacer para la "comunicación" del arte, las redes sociales, la falta de presupuesto, de esfuerzo e incluso de capacitación para la creación y el mantenimiento de los contenidos digitales. Incluso sobre el mismo concepto de publicar, sobre la valoración de los resultados de investigación. Sobre la Universidad, el desastre de Bolonia, la crisis del aula, los derechos de cita y de autor, sobre lo virtual y lo online... Aunque la coincidencia no era total, la visión global era bastante similar. No menos curioso.

No tengo ni idea de si en este caso de muestra bien vale un botón. En lo político resulta desalentador, porque la opinión sobre la oposición no es mucho mejor. En lo de la "sociedad del conocimiento" despierta la esperanza, hemos tardado quince años más o menos, pero en general casi todo el mundo sabe ya que algo hay que hacer, sólo falta el dinero y el día a día. Bueno, hemos empezado. Por fin.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Errores de comunicación de algunas empresas

Esto es una nueva pataleta. Vengo de una reunión en una empresa que quiere planificar su Comunicación, especialmente en Internet. Sólo perdimos el tiempo discutiendo sobre algunos de los errores típicos:

1. Confundir el Marketing con la Comunicación.

Una cosa puede estar dentro de la otra y viceversa, pero el marketing no es sólo comunicación ni la comunicación es sólo marketing. Tampoco vale confundir marketing con ventas, pero eso es ya tan viejo que aburre, ¿no?

2. Entender que comunicarse es hablar, no escuchar a los demás.

Comunicar no es hacer declaraciones, ni publicar cartas de presidente.

3. Pensar que la firma de un convenio (o cualquier acto semejante) le interesa a alguien.

Junte en una foto unas corbatas, una mesa y un bolígrafo y habrá descubierto la fórmula mágica de la invisibilidad.

4. Creerse importante porque sí.

Es que los periodistas no se enteran, es que la gente no comprende, es que yo, yo, yo... Por cierto, lo que hacen los demás a mí me importa un pito.

5. Decir expresiones como "poner en valor", "business plan", "organización de interfaz" o "community manager"

Que les haga reír su padre.

6. Querer estar, luego ya veremos

Estar es facilísimo, incluso que se encuentren, lo difícil es que te presten atención... y que la merezcas.

7. Cuantificar por cuantificar

No nos vayamos a creer que los "amigos" y los "fans" son amigos y fans de verdad. En la comunicación de masas la masa siempre ha sido la excusa, lo importante fueron, son y serán los iniciadores, los influyentes, los prescriptores, los autorizadores, los decisores. Lo de distinguir el grano de la paja no se refiere a los adolescentes.

8. Confundir objetivos de Comunicación con los de otros departamentos o herramientas.

Del mismo modo que no se nos ocurre medir las ventas con el dinero de caja, o los clientes con el almacén. No hay atajos. Si sus políticas de producto, precio o distribución son inadecuadas, comunicar bien sólo acabará dando a conocer sus errores a más personas.

9. Pensar que comunicar es cosa de uno

Se necesitan dos como mínimo, pero me refiero a que una persona de comunicación en una empresa donde nadie quiere comunicar, empezando por el jefe, es una pérdida de tiempo. Igual, por cierto, que poner a una persona de marketing si es el único que quiere enterarse de lo que quieren los consumidores y el único que quiere dárselo.

10. Imaginar que Internet lo cambia todo

No cambia casi nada. Sé que suena raro, pero sólo es otro canal, eso sí, muy horizontal e igualatorio, que no igualitario. Lo importante de las redes son, como siempre, las personas que interactúan en ellas, no las empresas, no los cargos, no las tecnologías. La gran diferencia es su memoria ingente, la recuperación de información en cualquier momento. Invierta en credibilidad, no en software, sea todo lo sincero, natural y decente que se pueda permitir en la Plaza Mayor de su pueblo, donde lo ve todo el mundo y todo el mundo se acuerda de usted.

Pongo diez porque soy un clásico, pero hay libros, casi enciclopedias, con listas de docenas y centenas de errores semejantes. Casi siempre son los mismos. Recogidos de mil formas, con decenas de miles de ejemplos. Y una y otra vez te los vuelves a encontrar: porque el empresario es joven, porque es viejo, porque es ignorante, porque es listo, porque... es humano. Y nuestro trabajo consiste en esto. Y en no cometer nuestros propios errores en la medida de lo posible, que también tenemos unos cuantos.

martes, 9 de marzo de 2010

Prestar atención no es nada fácil



De vez en cuando te llega uno de esos correos con vídeos más o menos simpáticos y te impresiona. En este caso es un spot que bien se puede utilizar para las clases sobre atención, incluso sobre la atención en clase. Lo curioso es que es divertido y al final te hace pensar. Aquí otra piezas clásica, aunque menos trabajada.



Los psicólogos lo llaman atención selectiva, sin ella no sobreviviríamos en un mundo tan repleto de estímulos, pero si somos excesivamente selectivos, son otros los que podrían no sobrevivir.

lunes, 8 de marzo de 2010

Bigelow: "Da igual el sexo, lo importante es hacer cine"


No hubiese sido yo quien criticase a la academia hollywoodiense si se hubiera rendido a Avatar, esa atracción de feria entretenidísima, como lo fue el cine en general en su momento, al fin y al cabo inicia una nueva etapa en la industria que no se sabe ya si será la misma. Y no seré yo quien critique los seis oscars de En tierra hostil, porque es una muy buena película, aunque la he visto muchas veces, incluso en series de televisión (no puedo dejar de recordar una muy recomendable Generation Kill) y casi es un western clásico. Creo que si entregaran premios a partes de películas UP debería haber recibido uno a los mejores minutos de la historia del cine de todos los tiempos.  Pero opiniones particulares al margen, más que el resultado global me alegra que una mujer haya recibido un Oscar (qué políticamente correcto, verdad) a la mejor dirección (no a la mejor directora, ¡?) y con una película que no es ni para mujeres (uy, uy, uy), ni de mujeres (vamos, que no es de relaciones humanas, intimismo, chick flick o el universo de la hija y la madre, hala). Pero es que hoy es el día de la mujer (en general, porque todas son trabajadoras, dicen, e imagino que sacrificadas, nobles y santas).

Una mujer es capaz de dirigir mejor que cualquier hombre y que cualquier mujer si es lo suficientemente buena. Puede que tenga que esforzarse más en que la contraten, o en que le den el presupuesto necesario, pero mire usted por donde que ha llegado una que con poco dinero se ha comido a su ex marido (qué morbo) y a la peli más cara y taquillera. Ojo con la celebración "de género", no vaya a haber alguien que piense que si el director de En tierra hostil fuera un hombre muchos dirían "otra de guerra, tiros y artificieros" y ni le habrían dado la oportunidad de ver por qué la película hace con la testosterona un buen trabajo, o quizá le hubieran destrozado por la superficialidad con la que despacha el ámbito familiar en los protagonistas, el estresante movimiento de cámara o la violencia y los litros de sangre. Pero yo me alegro precisamente por eso, porque Kathryn Bigelow (de la que me importa un comino con quien haya estado casada) ha hecho un peli que vi el sábado por la noche y soñé con ella (algo breve, tampoco vamos a exagerar), que provoca tensión, que no te adoctrina más allá de los imprescindible (cómo le sobraba eso a Avatar, por ejemplo), y de paso le ha ganado a Cameron y a Tarantino (tan divinizados por distintos motivos), incluso a mi personal descubrimiento del año, Reitman. Mujer, sí, haciendo historia por eso, sí, no por la película, vaya.

No sé si hoy es el día para recordar que hay mujeres que no son trabajadoras, y que me ciscaría en sus muelas pensar que hoy es también su día internacional. Las mujeres que han tenido los ovarios de enfrentarse al mundo por sus derechos no tienen por qué regalarle nada a las que pasan de la tienda de ropa al masajista, esas que son tan divertidas que saben gastar mejor que ninguna el dinero que su machote gana mejor que ningún otro gallo. Menudo asco que estas tías tengan derecho a un día internacional por ser mujeres. Y menuda mierda que alguien hable de "la" Bigelow más que de The Hurt Locker, un título mucho más adecuado, como casi siempre, que En tierra hostil o Vivir al límite. Menos mal que Bigelow mide casi 1,90 y entonces nadie hace el chascarrillo de que es una gran mujer a pesar de ser menuda y sobre todo menos mal que dice eso de "da igual el sexo, lo importante es hacer cine". Buen cine.

Por cierto, mejor película, mejor dirección, mejor guión original, mejor edición, mejor mezcla de sonido y mejor edición de sonido. Todo asexuado. El único sitio donde hay espacio para el sexo es en los Oscars a actores y actrices protagonistas y de reparto. E incluso ahí no sé si tiene mucho sentido.

sábado, 6 de marzo de 2010

Hablando de los Oscar

Si algo bueno tiene la víspera de los Oscar es que mucha gente se pone a hablar de cine. Y reconozco que los que más me fascinan son los que no tienen ninguna base técnica pero son aficionados, o espectadores esporádicos pero entusiastas, o fans de determinados directores o actores, y escriben en todas partes, a veces haciéndose pasar por expertos y otras confesando sin pudor que lo que le gusta o disgusta es porque sí y ya está.

Me fascinan porque muchas veces ven cosas que yo no veo y no ven casi nada de lo que a mí me parece evidente y que en ocasiones me distrae de lo importante por pura deformación, es decir, caen en la magia pero la analizan igual que si hubiesen escrito uno o diez guiones, rodado mil planos tras atrezzarlos, interpretado o dirigido a actores novatos y expertos, sonorizado, montado y hasta animado en 3D. Es genial, y lo digo sin ironía alguna, porque en líneas generales demuestra una cultura audiovisual ingente.

No es que yo sea un expertísimo profesional de la imagen. Mi relación con el audiovisual tuvo unos tímidos comienzos a mediados de los ochenta en La Voz de Galicia, un periódico que ahora se enfrenta al siempre aplazado reto de tener su propio canal de televisión después de varios éxitos y algún fracaso en la producción de ficción e informativos para la televisión autonómica gallega. Años después tuve mi propia productora y más tarde comencé en esto de la enseñanza de la producción y la realización. En total todo se resume en la participación en algo más de una veintena de documentales, testigo de alguna ficción, amigos y unos pocos años de estudio. Me siento un novato, pero he sufrido en carne propia de dineros, de artes y artistiñas, de tira pa'lante, dificultades técnicas, vanidades, condiciones climatológicas y, como creo que decía Jack Warner, muchos no lo quiero perfecto, lo quiero para el martes.

Por eso me encojo casi siempre ante el nivel de las grandes superproducciones, como si hubiera trabajado en el taller de la esquina y me dejaran ver la Toyota o la Mercedes. Hago de crítico, sí, aunque en el fondo me quedo extasiado con lo que son capaces de conseguir en Hollywood.

Pero en días como hoy, la gran mayoría habla de cine con desparpajo, sin ningún encogimiento. 460.000 entradas en Google tecleando "nomicaciones oscar 2010". Y, qué caray, adelante, aunque comparen a Cameron y Tarantino con Monzón y desprecien que la industria quiera dar premios a quien ha dado taquilla. Yo, simplemente, me voy a poner a ver En tierra hostil, y lo que me queda.

jueves, 4 de marzo de 2010

De una peli oriental y Rosa Díez

Estoy viendo una película japonesa, Despedidas. El oriental no es mi cine, pero de vez en cuando me fascina. Aunque en realidad es una fascinación por los temas, por los tiempos, los personajes, las tramas, la sensación de paz que transmite. Y supongo que también influye el eurocentrismo enfermizo que sufrimos con absoluta inconsciencia, mientras devoramos cine norteamericano, naturalmente. Hasta que nos sorprendemos con las relaciones mostradas, repletas de convencionalismo, respeto formal, educación...todo lo que muestra de sociedad distinta una película de estas características.

Ayer, por el contrario, veía una una película americana, no importa en este caso demasiado su título, porque era una más. Con esto de las tecnologías digitales, sin darme cuenta activé la versión original, y la voz de los actores, especialmente de las actrices, se volvió infinitamente más suave, acolchada, casi diría sensual, pero sobre todo más correcta y educada.

En este caso la culpa no es de los actores de doblaje, excelentes casi siempre, sino de la propia adaptación de los personajes desde un punto de vista interpretativo: la normalización, la cercanía a la realidad, más que europea, española.

Los españoles no sólo gritamos, hablamos como si estuviésemos siempre enfadados y disfrutamos aparentando carecer de educación, nos encanta la informalidad, el tuteo y el te voy a ser sincero que de mí no se ríe nadie. Y eso se nota en la calle, en nuestro cine e incluso en la reinterpretación doblada de los actores norteamericanos. Pero no en la de los orientales. Qué paz.

Y viendo la película recordaba, perdónenme estas asociaciones estúpidas, a Rosa Díez y su metedura de pata sobre los gallegos, que podría haber sido la de cualquier otro metepatas con cualquier otro gentilicio (en España básicamente mencionamos los gentilicios como arma en cuanto nos despistamos). Recordaba la entrevista que le hizo Gabilondo, pero también ese rictus facial que le adorna la expresión. Su orgullosa no rectificación, que mira tú que nos importa. Su tono, su lenguaje corporal, su porte reseco. ¿Español? Desde luego, oriental, no.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El 3D sin gafas, ¿una buena noticia?


“And Then There Was Salsa” from Frito Lay Dips on Vimeo.

Ayer Digital + anunciaba sus primeras emisiones en 3D. En el último CES de Las Vegas era la promesa del año. Hoy me encontré este fantástico anuncio (mejor véalo aquí) que si no es un auténtico 3D lo parece. Los aparatos de televisión 3D están a la vuelta de la esquina. Avatar ha demostrado que esta tecnología hace regresar a las masas a las salas de cine. Puede que narrativamente comencemos a sacarle partido una vez que nos acostumbremos y lo tecnológico deje de asombrarnos. El juego gráfico de este spot demuestra que a lo mejor tampoco es necesario tanto despliegue técnico y que la buena mano sigue siendo lo que verdaderamente nos sorprende.

Pero en fondo todo puede acabar por reducirse, como casi siempre, a una cuestión económica. Hollywood apuesta por el 3D con gafas como estrategia contra la piratería, como el regreso del espectáculo que precisa de la gran pantalla. Pero todos los demás se lanzan a llevar el 3D a las pequeñas pantallas, en plural, que ahora son muchas. Sin el aliciente de reventar la box office, quizá los Cameron y compañía no tengan los astronómicos prespuestos para complejos desarrollos. ¿3D sin gafas, una buena noticia? Depende para quien. Puede que ni siquiera para los espectadores.

martes, 2 de marzo de 2010

Conceptos de navegación



No conocía este vídeo de Microsoft, que para algunos puede desprender un tufillo a Apple o a iPad, aunque hay que tener en cuenta que estas imágenes tienen ya bastantes meses. Para otros, por cierto, es la demostración de que no todo lo inventan los chicos de Steve Jobs en materia de usabilidad y navegación con interfaces táctiles. Y puede que ambos puntos de vista tengan algo de razón. Lo cierto es que llevamos un tiempo en el que parece existir un cierto acuerdo general con la forma en la que nos vamos a relacionar desde ahora con los artefactos digitales que nos rodean. Llama la atención incluso el parecido gráfico, hasta tipográfico.

En el caso de este vídeo resulta muy curioso ese deseo de mantener el papel mezclado con la casi obsesiva presencia de las pantallas transparentes como vidrios romos, piezas de plástico sin botones, baterías, ranuras. Muy poco de esto se convertirá en realidad. Estoy seguro. Pero en el concepto global residen buena parte de las demandas del mercado tanto como la pura innovación creativa. ¿Habrán intervenido mucho los informáticos y los tecnólogos o habrá sido sólo cuestión de diseñadores visionarios?

lunes, 1 de marzo de 2010

HAARP, Chile, Haití... y Chávez



Mira que llevo años en esto y todavía me sorprendo con el éxito de las teorías de la conspiración. El tema me parece tan interesante que de vez en cuando hasta lo utilizo como material docente: a veces para hablar de narrativa, a veces para hablar de teoría de la comunicación o de la comunicación en red, incluso como ejercicio de realización. Crear un falso documental o analizar la elaboración de una historieta mediante técnicas de cross media da un  juego estupendo para que los futuros comunicadores comprueben lo fácil que resulta manipular, incluso sin necesidad de mentir.

Con el terremoto de Chile, el de Haití, la inestimable colaboración de Hugo Chávez como artista invitado, un periódico español, un informativo estadounidense, y un montón de personas dispuestas no sólo a creer sino a trabajar activamente en la propagación de la nueva verdad, se extiende como la pólvora la idea de que un experimento secreto de los Estados Unidos, denominado HAARP, ha provocado estas últimas catástrofes dentro de su estrategia del nuevo orden mundial en el que se va causando un caos constante hasta que todo el mundo renuncie a sus libertades a cambio de obtener seguridad.

Les pongo uno de los vídeos más "divertidos", por aquello de que utiliza hasta un presentador virtual, pero realmente pueden encontrar docenas de ellos buscando HAARP en Youtube, o todo tipo de información, incluido el exacto emplazamiento de la instalación científica en Google Earth o un artículo discutido en Wikipedia.

La base del mecanismo siempre es igual: unos hechos reales, unos datos seleccionados, "curiosas coincidencias", informaciones científicas aparentonas, un acontecimiento de impacto tipo catástrofe, un proceso de mosqueo porque se puede encadenar con otros acontecimientos semejantes y una explicación evidente o soterrada. Lo mejor es cuando se permite a la audiencia que encuentre datos por su cuenta que sin duda confirmarán la teoría. Internet se convierte así en la mejor herramienta, una vez más. Cualquiera puede a poco que sepa, incluso cuanto menor dominio técnico tenga mejor, parece más auténtico, más privado, más confidencial, sin la intervención de los grandes medios. Entretenidísimo. Pero si además se incorpora Chávez, pues jugada perfecta.

Que ¿cuánto tienen de verdad? La que usted quiera, claro. Piense que si no se las cree en absoluto, alguien podría construir una denuncia auténtica disfrazada de conspiración para que así la verdad resultara increíble. Y si tiene tendencia a aceptar conspiraciones, piense que a veces no es necesario que nadie se ponga de acuerdo o trame nada para que las cosas salgan realmente mal. En eso los humanos somos unos genios.

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