martes, 28 de junio de 2011

No sé por qué no compro

A pesar de que llevo más de 25 años delante de una pantalla de ordenador, no soy un nativo digital. Mis amigos más "de letras", de esos que siempre piden ayuda con el ordenata o que no quieren aprender nada demasiado nuevo, llevan años vacilándome sobre mis escasos niveles de lectura en papel, que ciertamente he reducido a tres o cuatro novelas al año y una docena de manuales y muy pocos artículos "científicos". El resto ha caído claramente del lado digital. Y desde el iPad, más aún porque estoy descubriendo el placer de las revistas y periódicos en versiones de "pdf enriquecido", muy poco enriquecido, por cierto. Pero aún estoy comprando poco, quizá estoy a punto de lanzarme, pero aún no. Y la verdad es que no sé por qué.

La aparición de Orbyt, el próximo lanzamiento de Kiosko y más, o iniciativas tipo Zinio (hay muchas más pero no quiero aburrir) están dirigidas a lectores como yo. Lectores que cuando están leyendo, incluso ojeando, no navegan. Leen. Cierto que podemos hacer click en un enlace, pero la acción dáctil que más repetimos es pasar hoja, movernos por la página. De modo que en principio un pdf enriquecido sería más que suficiente para un "inmigrante digital" aunque lleve inmigrado un cuarto de siglo.

Y sin embargo no compro. ¿Precio? Un diario, 0,80 €, ¿compraría si fuera a 20 céntimos? Una revista, 3€, ¿compraría si fuera mi Solomoto30 o mi Telva (es un decir) a 1€? Quizá no es ese el problema. Para mí, como opinión estrictamente personal, las ventajas de leer en el iPad compensan sus inconvenientes, como en el papel. No lo puedes llevar al gimnasio o a la playa, no lo puedes doblar, pero esas fotografías, esa ampliación del tamaño de letra, esa posibilidad de llevar el kiosco encima o docenas de revistas para un viaje dan por bien soportadas las molestias. Diría incluso hasta el precio. Aunque el iPad (o equivalente) debería bajar de precio. Y ayudaría que las promociones de los diarios y grupos de difusión apostasen más por el "regalo" de iPads en vez de coches Mercedes, apartamentos o coleccionables.

Pero ¿por qué no compro ya? No sé, una o dos revistas al mes, el periódico los fines de semana o a diario en el desayuno. Mi primera respuesta es siempre la misma: ya tengo suficiente información en la web. Sin embargo, a pesar de ello todavía compro algo de papel porque me gusta el diseño editorial, la tranquilidad de la lectura, el "objeto" material. Mi segunda respuesta es que soy un cutre. Cada vez que realizo un micropago, psicológicamente es como si pagase mucho más. Puedo dejar de propina un euro ¡pero un micropago de un euro me parece más dinero! Quizá es la inseguridad del pago con tarjeta ¿a estas alturas? O que el autocontrol de compra de impulso o capricho es mayor en un kiosco digital que en uno físico.

Hábito. Simplemente. Me tengo que acostumbrar, me digo a mí mismo. Y si eso me ocurre a mí, qué no le ocurrirá a las personas "normales". Lo malo es que la lentitud de los grupos editoriales no ayuda nada.

Por cierto, hoy, en esta esquina del mundo donde vivo, Galicia, cierra otro diario. En gallego. En papel. Sin edición para tableta. No le ha dado tiempo.

viernes, 24 de junio de 2011

La noche de Sanjuán y de San Juan

Me gustaría decir que esta es mi noche por muchos motivos. Pero sigo asustado por la capacidad de atracción que tiene la actriz Antonia San Juan. Al menos atracción de tráfico hacia este blog.

Esta noche, como las últimas diez o doce noches, más de cien personas pasan por esta minúscula parte de Internet porque alguna cadena de televisión emite una serie donde sale la canaria. Así que esta noche es de San Juan por partida doble, triple, si me permiten la vanidad.

Y esta entrada me sirve para reflexionar sobre cómo la televisión sigue siendo, pese a quien pese, el gran totem de la comunicación. Puede que la publicidad siga cayendo, pero será una mala idea para la rentabilidad y para el motor de la recuperación económica. De muestra, añado a las montañas de evidencias y datos este humilde botón.

Ay, tele y morbo, qué mezcla tan eficaz.

Me cago en la leche.

lunes, 20 de junio de 2011

Gente de orden e indignados

Este fin de semana vi un documental en la Noche Temática de la 2, titulado "Verdadero o falso" de Pandorga S.L. y TVE, en el que entre otras cosas un científico llegaba a afirmar que nuestro cerebro se acababa "haciendo" de derechas o de izquierdas. Por pura distorsión de la realidad. La neurociencia tiene estas cosas. Un escáner demuestra que algunas zonas de nuestro coco se activan ante determinados estímulos. Seguramente eso justifica la reacción irreprimible ante una bandera, un equipo de fútbol o una ideología. Ocurre también con el orden. La gente de orden es lo que tiene.

Y si usted es gente de orden, le ponen nervioso los perroflautas, prefiere que los sintecho puedan ser retirados por la policía de las vías públicas, se sube por las paredes cada vez que un calzoncillo o una braga asoma por encima de un pantalón, las rastas de esos guarros y, naturalmente, los violentos. En realidad a los violentos no los aguanta ni su madre, pero en cuanto aparecen entre cualquiera de los grupos anteriores a la gente de orden le da por justificar sus fobias con un argumento de peso: es que todos esos guarros son violentos. Ahora los guarros son los indignados. Acampados guarramente, con violencia esporádica y con manifestaciones, asambleas y mucho antisistema.

Lo curioso es que esa gente de orden, y yo a veces soy uno de ellos, ha dicho muchas veces lo mismo que dicen muchos indignados (y yo también soy uno de ellos). La gente de orden suele decir que todos los políticos son iguales, que los partidos son máquinas de corrupción; los bancos, unos chorizos; las listas cerradas, un cachondeo; los servicios de atención al cliente de las telefónicas, una tomadura de pelo; las eléctricas, unas caraduras; la Administración, una máquina de parásitos; los periodistas, unos mentirosos... etc, etc. Si es gente de orden digamos "muy facha", parece que reclaman una dictadura; si es más "de centro", "eficiencia y sentido común"; si es nacionalista, la culpa es de Madrid, y si es "muy roja", menos capitalismo. Gente de orden hay en todo el espectro ideológico.

Puede incluso que haya mucha gente de orden entre los indignados. Y puede que mucha gente de orden los critique a pesar de coincidir en muchos puntos vista. Pero el orden les puede aún más. Cuestión de escáner cerebral.

lunes, 13 de junio de 2011

Prensa en estado crítico

Siguen los despidos, sigue el descenso de la publicidad, siguen los procesos de concentración empresarial, los medios de comunicación, especialmente la prensa y la TDT, se debaten entre el estado de coma, el "no natismo" de muchas teles locales y el recorte inflexible y permanente de los grandes grupos. Nadie atisba soluciones. El jarro de agua fría con The Daily, que alguno encuadra entre los grandes fracasos tecnológicos de lo que va de año, ha ralentizado la apuesta empresarial, que no la de contenidos, para iPad. Y eso a pesar de sus ochocientas mil suscripciones iniciales. ¿Modelo de negocio o calidad de los contenidos tanto desde la perspectiva periodística como técnica? ¿Es irreversible el proceso de no pagar y más irreversible cada día que pasa?

Pero si la respuesta es reducir plantillas, ediciones, corresponsales, redactores, producción propia, diferenciación, experiencia ¿cuál será el futuro? Y si todo el mundo entiende que el futuro es inevitablemente el cierre, ¿quién tiene el apalancamiento necesario para estar entre los últimos y acaparar a los últimos compradores de información?, ¿y cuántos lo conseguirán?.

Si fuera mi dinero, también estaría como loco buscando fusiones, pactando con la administración apoyos que incrementaran mis posibilidades financieras y seguramente también recortando gastos. Pero trataría de hacer alguna apuesta de futuro, o por lo menos no pararía de buscarla. Vender contenidos a la audiencia y audiencia a los anunciantes sigue siendo la esencia, el core business que dirían los pedantes. Me niego a creer que no se está investigando, sondeando, desarrollando ideas, conceptos, productos o nuevas fórmulas de comercialización. Me niego a pensar que sólo se está viviendo el día a día en la caída.

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