viernes, 20 de abril de 2012

Las estrategias digitales de los medios

Cambiar la cultura de cualquier empresa siempre resulta complicado y las empresas informativas no son una excepción. Un periódico siempre será un periódico. Pueden añadirle una radio, una tele o una web, pero la Redacción principal siempre será la del diario impreso. Lo mismo ocurre con las radios o las televisiones: sus webs o apps de tabletas y teléfonos son complementarias, promocionales o simplemente meros canales a través de los cuales emitir su señal y, por si fuera poco, con muchas restricciones legales y mercantiles. Y más ajeno resulta el zumbido de las redes sociales, por mucho community manager que se contrate o por mucho hashtag que se publicite desde el programa de turno para ser trending topic.

La audiencia de la televisión comercial quiere entretenimiento gratis y no le importa demasiado que le corten en cualquier momento a anuncios. La de la prensa ni se sabe, aunque se supone que periodismo de calidad pagando muy poco y con cada vez menos publicidad. La de la red lo quiere todo gratis sin molestos banners, por lo demás invisibles, aunque está dispuesta a bajarse aplicaciones publicitarias o corporativas. Y unos y otros medios se miran mutuamente como de soslayo, molestos porque saben que están condenados a coordinarse, a convivir, a repartirse la tarta de la atención social, de la credibilidad, del tiempo, de la influencia comercial.

Periodismo escrito y audiovisual optan por estrategias diferentes en la red a pesar de que ambos incluyen vídeos y textos redaccionales. A veces el vídeo de un periódico parece el de una televisión. Y la noticia de una tele aparece redactada en unos extensos párrafos, aunque escritos y puntuados para ser locutados en voz alta. Columnistas de diarios impresos hacen videoblogs con escasa telegenia. Y telediarios editados como lo que son, es decir un producto televisivo con un ritmo interno determinado, se trocea en piezas ordenadas por secciones o por horas.

Los programas de entretenimiento, las series, los realities, etc, se solapan en webs promocionales con escasa coherencia. Toda la precisión con la que se diseñan las parrillas de programación de los canales parece saltar por los aires cuando no hay un horario ni un calendario. Y los derechos audiovisuales, los contratos, las leyes y los grandes estudios tienen poca cintura. La experiencia televisiva en la web o en el iPad es, por lo menos, todavía desconcertante: ¿es vídeo bajo demanda?, ¿es foro de opinión o de club de fans?, ¿es televisión ciudadana?, ¿es internet en la tele o en el vídeo (pvr)?, ¿o es la tele en internet?, ¿o no es tele sino productos audiovisuales aislados?

Nadie sabe muy bien cómo actuar entre tanta canibalización potencial. Cómo tratar a esos chicos digitales que empezaron por estar en una esquina de la empresa, más informáticos que otra cosa, aunque de pronto se hicieron "editoriales", "comerciales" y hasta "estrategas". Los teóricos hablan de convergencia. Los prácticos van haciendo cosas y arañando audiencias y tarta publicitaria. Y las empresas se resisten a dejar de ser periódicos, radios y televisiones. Hasta que el negocio imponga definitivamente la nueva realidad.

martes, 10 de abril de 2012

InfoTabment

Los medios siguen haciendo pruebas con sus versiones de tabletas. Han comprobado que los lectores de papel, los espectadores de televisión, los usuarios de webs periodísticas y los consumidores en general de noticias, crónicas y reportajes tienen actitudes diferentes y a la vez convergentes cuando utilizan, por ejemplo, un iPad. Interactúan, pero no tanto como en la web, ven vídeos pero no tanto como ante la TV, leen pero no tanto como en papel. No están en una mesa, ni necesariamente en un salón, se toman más tiempo que con un móvil y existe un cierto componente de relax activo. El uso de la tableta mezcla como nunca antes la información, el entretenimiento y la interacción. Es lo que podríamos denominar infoTabment, el equivalente en la tableta al infotainment, aunque no tanto como género sino como actitud del consumidor del producto.

Uno puede estar en su butaca viendo un noticiario, puede leer la prensa en un café, navegar en un portátil o tuitear con el smartphone. Mentalmente la disposición de la audiencia varía tanto como han variado en estos últimos años nuestros hábitos para enterarnos de una noticia de última hora o ampliar información.

Piense un momento en su propio comportamiento cuando toma la iniciativa de informarse. Piense incluso cómo se ha enterado de algo de su interés y cómo actúa a continuación. Puede que ponga la radio o la televisión, pero si tiene menos de, digamos, cincuenta años (es un decir), y pertenece a un ámbito socioeconómico modernizado lo más habitual es que recurra a Internet. A partir de ahí, puede que busque en Google, o puede que vaya a un periódico determinado, o a Google News o cualquier otro agregador de noticias, o a la web de un canal de televisión o radio. Muchos entrarán directamente en Twitter o en alguna de sus redes sociales o foros relacionados con el tema. Alguno, puede ir a un Menéame o incluso a una agencia de noticias tipo EFE, Reuters, etc. ¿Y en un segundo paso?, ¿a otro medio periodístico, a otra red social o ya pone un Canal de 24 horas de información, o la radio? Ahora piense en unas horas después, en el día siguiente.... Puede incluso que pague (cada vez menos) por ampliar la información.

Hace unos años, con acontecimientos internacionales o nacionales de primer orden, la televisión y la radio eran la primera opción. Y la prensa del día siguiente multiplicaría ventas. Hoy apenas queda nada de eso.

Y ahora imagine que la noticia ni es tan urgente ni tan importante. Pongamos una medida económica de esas que se nos atragantan cada día o un reportaje de sociedad, la gala de los Oscar o el eterno culebrón del corrupto de turno. Quizá hasta tenga la tele de fondo, o vaya en el metro, o esté en un aeropuerto o desayunando unas tostadas y un zumo. Tiene una tableta en las manos. Entra en un medio de comunicación cualquiera, un periódico, un canal de televisión. Quizá use el navegador web, o una app específica, quizá un pdf "enriquecido", "pobre" o una versión gratuita de un diario, o la televisión a la carta. Casi cualquiera le ofrece textos tipográficos y perfectamente maquetados o textos sin más en un simple directorio de novedades, vídeos casi sin editar o piezas totalmente editadas con su voz en off y sus printers, fotos de excelente calidad o con abrumadora cantidad, últimas horas y "periodismos ciudadanos", enlaces a webs o a podcasts... Y su actitud es ciertamente reposada, ojeadora y lectora a la vez, a medio camino entre un diario de información general y una revista lúdica, con muchas posibilidades de interactuar aunque mayoritariamente (quizá aún es pronto para afirmarlo) sin demasiada voluntad de estar tan activo como en la web. Es el infoTabment, algo muy semejante a lo que también podríamos denominar "infoTuitment" y que casi cualquier enganchado a esa red conoce, es una tendencia que los medios periodísticos tendrán que seguir.

En la convergencia de los medios en una tableta como el iPad se están experimentando tantos modelos como estructuras internas tienen las empresas: puede que manden más los informáticos que los periodistas, o que la "verdadera" Redacción sea la del papel y lo demás puro accesorio, incluida la carísima y poco rentable televisión. Pero se escoja el modelo que se escoja, las tabletas están forzando a plantearse una vez más los flujos de trabajo, los horarios, las actualizaciones, los recursos multimedia. Olvidarse del infoTabment sería un error que otros aprovecharán.

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