martes, 8 de marzo de 2016

Fertiberia y el campus de Elviña


La preocupación sobre los casos de cáncer en el campus de Elviña se ha relacionado con la antigua ubicación de una planta de Fertiberia en la zona. No era muy difícil ubicarla. Está muy bien explicada en las páginas 119 y 120 de la memoria del plan parcial del campus de 1990. Entiendo que la investigación todavía sigue abierta. Según el rectorado de la Universidade da Coruña, en esos terrenos no se almacenaban fertilizantes sino amonios. Lo cual, a su juicio, reduce el riesgo.

Lo que sin ninguna duda reduce el miedo es la información. Sin prejuicios. Sobre esa finca están los edificios de la Facultad de Informática y la Escuela de Caminos. La investigación también les importa a ellos. Cuanto antes se concluya sin ninguna intención de tranquilizar sino de informar responsablemente, mejor. Radón, amonios o fertilizantes, no importa demasiado. Lo que importa es saber si hay algo que provoque cáncer más allá de lo razonable. Importa cumplir la ley, pero sobre todo importa proteger a las personas. Y una Universidad tiene que estar especialmente capacitada para ello. Estoy seguro de que lo hará.

domingo, 6 de marzo de 2016

Un punto de inflexión en EL PAÍS

La carta abierta del director de El País a la Redacción de su periódico tiene una enorme carga simbólica para el sector de la prensa escrita. Describe el presente, el futuro y su incógnitas. Con algunas certezas a medio camino entre la tecnología, la evolución demográfica y los cambios sociales en la percepción del valor de la información periodística. Nadie sabe casi nada. Solo que será caro mantenerse, que el único camino lo traza la calidad de los contenidos y que el mercado será tan global como el marco cultural al que pertenezca el medio, ya sea idiomático o de cualquier otra índole.

Obviamente el sector perderá protagonistas. Los que más aguanten serán los correspondientes líderes de sus mercados. Algo muy parecido a lo que ha ocurrido con la televisión: una especie de oligopolio que vive tanto de su audiencia como de su influencia. Nada nuevo en el periodismo aunque siempre en evolución en lo tecnológico. Grandes medios digitales, transmedia, con Redacciones en red, rápidas no ya fabricando producto sino aportando rigor periodístico del bueno. El lector de ese periodismo nunca será masivo, siempre pertenecerá a las elites intelectuales de la sociedad. Lo que abarque esa elite entre la población marcará la diferencia de un país, de una comunidad. Llámenle cultura, si lo prefieren. O educación. O conciencia. Conocimiento, habilidades y actitudes, como quieran.

El Periodismo hace mucho tiempo que no vive de la información, sino de su enriquecimiento. Los medios, los canales, los soportes seguirán cambiando. El valor esencial del Periodismo seguirá siendo el mismo. Cuestión de resistir y seguir creyendo.

sábado, 5 de marzo de 2016

La crisis del radón en la UDC

El rector de la UDC, en el centro, con su equipo, reunido con trabajadores y estudiantes de las Facultades de Comunicación y de Sociología. Fotografía publicada en Economía Digital

Este es el resumen. Se producen varios casos de cáncer en una Facultad, algunos mortales. En el edificio comienza a circular el rumor, quizá injustificado, de que pueden estar vinculados con el subsuelo. Cerca de donde ahora hay un campus universitario antes había una fábrica de fertilizantes, Fertiberia. El rumor salta a los medios de comunicación: prensa, radio, televisión, redes sociales. La Universidad abre una investigación:

23/1/2016
La UDC abre una investigación sobre la salubridad del edificio de Sociología y Comunicación

La intención parece claramente tranquilizadora:

27/1/2016
El rector de la UDC dice que no hay "datos" que vinculen los casos de cáncer en Sociología con el edificio

27/1/2016
El rector vería "sorprendente" que el edificio de Sociología tuviese riesgo para la salud

28/1/2016
Abalde afirma que no hay “datos” que vinculen los casos de cáncer en Sociología con las instalaciones

Acaba la primera fase de la investigación. Los medios publican la versión de la Universidad.

25/2/2016
Los estudios toxicológicos revelan "total normalidad" en Sociología

25/2/2016
Los exámenes de la UDC descartan que haya toxicidad en los terrenos de Socioloxía

26/2/2016
La investigación sobre Sociología descarta la existencia de sustancias cancerígenas

Y me entregan el informe del Laboratorio de Radioactivade Ambiental de la Universidad.

Tiene fecha del 23 de febrero. Dos días antes. El resultado provisional muestra la existencia de gas radón en medidas puntualmente elevadísimas.

La legislación española pone el umbral de riesgo en 600 becquerelios por metro cúbico. En colegios, lo rebaja a 300.  En una zona de Posproducción de la Facultad de Comunicación, que comparte edificio con la Facultad de Sociología, se detectaron más de 4.000. Casi 3.000 en el plató de televisión. Casi 3.000 en el estudio de radio. Más de 1.500 en una conserjería. Casi 800 en otra. La Organización Mundial de la Salud recomienda que no se sobrepasen los 100 (WHO Handbook on indoor radon, 2009). La UE admite un máximo de 300 en domicilios y lugares cerrados (directiva 2013/59/EURATOM).

El radón es un gas incoloro, inodoro e insípido. Procede del uranio. Provoca cáncer.

No es la primera vez. Sucedió con anterioridad en al menos dos ocasiones: en la Escuela de Arquitectura Técnica y en la "Casa do Francés", un edificio administrativo.

La prensa vuelve a hacerse eco. El rector queda como un mentiroso aunque él precisa que la culpa es de los periodistas, que él se refería a los terrenos de Fertiberia, no al radón. Exige rigurosidad. Sus técnicos también se defienden en entrevistas: somos de los pocos que medimos el radón....  Algunos medios, como siempre, son más sensacionalista que otros. Los datos no. Incluso entre profesores de la misma universidad no se ponen de acuerdo con los márgenes de tranquilidad y las actuaciones necesarias: "Recientemente en la misma Universidad de Coruña en uno de sus edificios se detectó una concentración peligrosa de radón y lo único que se hizo fue clausurar el edificio", decía a La Voz de Galicia hace dos meses el catedrático de Geodinámica Vidal Romaní.

Aquí acaba el resumen. Ahora las preguntas:

¿Por qué se habla de "normalidad"?, ¿qué mueve a cualquier responsable (que no culpable) de una organización a actuar de esta manera?, ¿por qué se prefiere "tranquilizar" en vez de tomar medidas cautelares que tranquilicen?, ¿paternalismo?, ¿un concepto particular de lo que debe hacer un "directivo" ante una situación de crisis?.

Las crisis en las organizaciones pueden ser imprevisibles. Otras, como esta, no. Y hay que estar preparado. La actuación en materia de comunicación es simple: no mentir, adelantarse facilitando la información, no ponerse a la defensiva, no decir que no pasa nada (Manuel Fraga en Palomares), no decir que siempre se ha cumplido la ley, no escurrir el bulto, no ponerse estupendos con precisiones técnicas (del estilo de "no es lo mismo toxicidad que radioactividad"), tener mucho cuidado con las comparaciones (un bichito tan pequeño que si se cae de la mesa se mata, como dijo Sancho Rof con la colza; o los "hilillos de plastilina del Prestige con Mariano Rajoy), tener planes de contingencia, alternativas, soluciones posibles... Muchas personas, cuando llegan a un cargo, se sienten en la obligación de quitar importancia a los riesgos porque sí, se ponen nerviosas, se sienten presionadas por esos "malditos periodistas" que nunca reflejan lo que ellas quieren, se enfrentan en discusiones con públicos alarmados en lugar de ponerse al frente, y en el calor del enfrentamiento se equivocan y se enfadan con quien deben proteger.

La crisis del radón en la Universidad de A Coruña tendría que ser una excelente oportunidad. Un equipo de gobierno inteligente aprovecharía a sus científicos para convertirse en la cabeza visible de la lucha contra el gas a nivel mundial. No puede limitarse a decir que cumplirá la ley, claro que tiene que cumplirla. Debe ir mucho más allá. Debe mostrar empatía, preocupación por los casos de cáncer, debe poner en marcha toda su maquinaria para disipar cualquier duda, más allá de lo razonable. No solo porque hay trabajadores y estudiantes, sino también porque hay una sociedad que debe confiar en que en las Universidades se trabaja para mejorar el mundo. Aquí no hay culpables, salvo si se empieza a mentir o a cerrar los ojos. No hay nadie que haya cometido una imprudencia, salvo que no se quiera que una investigación demuestre algo, salvo que no se quieran admitir resultados.

Posdata:
La Instrucción IS-33, de 21 de diciembre de 2011, del Consejo de Seguridad Nuclear, sobre criterios radiológicos para la protección frente a la exposición a la radiación natural es de obligado cumplimiento.

La Guía de Seguridad 11.4  Metodología para la evaluación de la exposición al radón en los lugares de trabajo es una recomendación.

Quizá sería interesante citar algún manual de comunicación de crisis. No lo hago por pudor.

sábado, 27 de febrero de 2016

Periodistas de los que aprendí en primera persona

Cristóbal Ramírez, Xosé A. Gaciño, Armando Fernández-Xesta, Xosé Luis Blanco, Victorino Lourido, Juanjo Gallo, Primitivo Carbajo, Valentín Alejandro, Xosé Luis Vilela, Vituco Leirachá, Arturo Lezcano, Bieito Rubido, Pedro de Llano "Bocelo", Nonito Pereira y Marina de la Peña.


Como periodista aprendí de ellos infinitamente más que en la Facultad de Periodismo, como es lógico. Todos me dieron clases particulares, en varias Redacciones, a lo largo de más de 20 años. Trabajé con ellos, para ellos y en muchos momentos me hicieron abrir la boca de admiración profesional y personal. No siempre estuve de acuerdo. A veces, compartíamos ideas; otras, en absoluto. En ocasiones me dieron clases de locución, de redacción, de diseño, de tecnología, de pragmatismo, de organización, de ética, de humanidad, de negocio, de política, de historia, de velocidad, de precisión, de realismo, de dirección de equipos, de equilibrio personal, de oficio, de compañerismo. Me hicieron mirar y ver. Me hicieron oír y escuchar. Vi cómo soportaban la presión. Cómo aprendían. Cómo se divertían, cómo se enfadaban, cómo afrontaban las crisis profesionales, las jubilaciones, el paro, los cargos de dirección, los cierres y las aperturas, las últimas horas, los pisotones y las exclusivas. Y cómo trabajaban horas, horas y horas. Radio Nacional de España. La Voz de Galicia, Diario de Galicia, El Ideal Gallego, Televisión de Galicia... Algunos, cinco de la lista, (ojo, sólo cuatro de la foto) han fallecido. Ayer mismo uno de ellos, Armando. Hoy lo hemos enterrado. Y por eso escribo estas líneas, que podrían ser exclusivamente en su memoria, que bien se lo merece. Otros siguen vivos y en plena forma. He buscado sus huellas en la Red. Los resultados no son muy justos. Los periodistas, incluso los más famosos (y eso es casi una lotería), no debemos ser noticia. Tras el entierro de hoy me he dado cuenta de que unas gracias públicas, aunque este blog casi se haya privatizado por falta de uso, me hacen sentir mejor.  Quizá alguno de los que están en la foto ni se acuerden de mí porque han tenido o tienen muchos "aprendices". Otros ni sabrán por qué me han influido tanto. Yo sí. Y se lo agradezco, aunque no haya encontrado una sola foto suya, a Lalo  Fernández Mallo y Fernando Más, también a vosotros.

jueves, 2 de julio de 2015

Reestructurar la Universidad


La imagen es del Consejo de Gobierno de mi Universidad. Podría ser la de cualquier otra Universidad pública española. A pesar de las diferencias en los estilos de gestión y de los dineros públicos que reciben, todas sufren problemas semejantes. Y no son fáciles de resolver. Por las leyes que condicionan el sistema, por el sistema que condiciona las leyes. Por las inercias personales de los académicos y los prejuicios de los políticos. Por la falta de comunicación, por las ideologías, los intereses y el desconocimiento.

Desconocimiento. Sí. Quizá el problema más importante. La opinión pública, en general, los medios periodísticos en particular, hasta a veces los ministros y los consejeros autonómicos de Educación tienen un enorme desconocimiento de la Universidad. Y la Universidad tiene un enorme desconocimiento de la sociedad real, del mundo de la empresa y hasta de si misma, de las disciplinas que imparte, de sus estudiantes, de las habilidades de gestión de recursos y personas que se mueven en una organización ciertamente compleja.

Muchos rectores llegan al cargo con la única experiencia de haber sido antes decanos o directores de centro o departamento. Otros, ni eso. Algunos han dirigido proyectos de investigación. Nada parecido a liderar una entidad repleta de funcionarios, científicos, jóvenes, personal eventual, sindicatos, política, administrativos, genios brillantes y no tanto, burócratas, normas autonómicas, nacionales y internacionales, rígidos y menguantes presupuestos públicos y una constante lupa en forma de agencias de evaluación y rankings más o menos arbitrarios.

De ahí que muchos piensen que es un problema de gobernanza. De quién puede o debe ser rector. Por extensión, se llega al sistema de elección de órganos de gobierno y a la propia organización de la Universidad. A su estructura. Facultades, departamentos, institutos, ramas y áreas de conocimiento y, lógicamente, la estructura de los puestos de trabajo.

Por el contrario, otros se centran en la formación, la investigación y la transferencia (en ésta algo menos, para qué nos vamos a engañar). Para ellos es un problema de títulos, de número de cursos (5, 4, 3+2, etc, etc), de nombres (licenciatura, grado, master, diplomatura, especialización, título propio u oficial, etc), de metodologías y calidades (indicadores, uso de tecnologías, habilidades y destrezas –nunca entenderé la diferencia–, resultados de aprendizaje...). O de incrementar el número de "papers", congresos y proyectos internacionales sin importar demasiado su contenido.

A la Universidad pública se le está asfixiando presupuestariamente. Y las Universidades privadas, algunas, hacen su agosto. Los listos cobran a los investigadores por publicar o por asesorarles sobre cómo lograr sexenios de investigación. A los estudiantes se le considera "clientes" y se les cobra cada vez más por ofrecerles cada vez menos. Los profesores dedican más tiempo a burocracia que a docencia. Los padres pagan 11 meses de alquiler cuando antes pagaban 9. Las empresas se siguen quejando de que no se prepara a los graduados como necesitan... y por eso les pagan salarios vergonzosos. El sistema español no va por buen camino. Eso es indiscutible. Por eso "hay que reestructurar". El consejo de gobierno de mi universidad lo dijo unánimemente.

Y me echo a temblar.

Porque se van a tomar decisiones apresuradas, sin conocimiento, sin dinero, con prejuicios y reacciones emocionales e ideológicas. O nos lo tomamos con algo de serenidad o directamente iremos a peor.


viernes, 26 de junio de 2015

Adiós Wert, otro a la lista

Otro ministro de Educación que cae. El peor. Uno de los peores. ¿Llega otro que bueno lo hará? Lo cierto es que, salvo por el intento de Ángel Gabilondo de alcanzar un consenso educativo, no recuerdo un solo ministro "del ramo" (qué bonita expresión) que me dejara un mínimamente aceptable sabor de boca. Quizá la figura no es la más adecuada. Pero a muchos me los he tenido que tragar, como estudiante, como periodista y como profesor.

Estudié la EGB y el BUP de Villar Palasí. Entré en la Universidad saltando de Mayor Zaragoza a Maravall, con los "penenes" en huelga constante, la revolución de la LRU que acabó muy lentamente con la Universidad franquista, que en el fondo fue la que sufrí mientras la nueva no llegaba del todo. Admito que, por cuestiones personales, de Solana y Rubalcaba apenas tengo recuerdos en el cargo, salvo porque se multiplicaron las Universidades y nació la LOGSE. El problema era el dinero, pero en teoría la cosa no pintaba mal del todo. En esto llegó Pertierra y la oposición de los profesores y sindicatos a su LOPEG de 1995, un paso casi tan fugaz como el de Jerónimo Saavedra, que se comió los coletazos del problema.

Ganó por fin el PP. Esperanza Aguirre, con Aznar, montó su propias guerras sin entrar a reformas educativas. Le bastaba con pelearse a su más puro estilo personal. Puso el jefe a Mariano Rajoy, que llevaba sin bajarse de un coche oficial desde 1983, para tranquilizar las aguas, y le dio unos toques a la Formación Profesional. Apareció la revolución de Pilar del Castillo con la LOCE que nunca se aplicó y una LOU (el famoso plan Bolonia) que destrozó la Universidad incluso tras la reforma que le introdujo la fallecida María Jesús San Segundo, la ministra de Zapatero que puso en marcha la LOE y la educación para la ciudadanía. Mercedes Cabrera continuó la labor y Gabilondo lo intentó, pero no pudo.

José Ignacio Wert, que por fin se va, impuso la LOMCE y unos desarrollos de la LOU que son para arrancarse los ojos. De la cultura, el IVA y otras cuestiones, mejor ni hablar. Y aquí estamos. Con un nuevo ministro, Íñigo Méndez de Vigo, noble, como Aguirre, y condenado a ser el breve por calendario electoral.

Díganme, con esta lacónica visión histórica, si alguna vez la Educación le importó a algún gobierno en este país. Compárenla con el AVE, las autovías, los aeropuertos, las rotondas, los paseos marítimos o el fútbol. Eso sí que es negocio.


miércoles, 24 de junio de 2015

Ideologías, mentiras y mayorías absolutas

Puedo equivocarme, pero cuando el gobierno de Zapatero decidió bajar los sueldos a los funcionarios se produjo un punto de inflexión en el modo de hacer política en España. Dejando al margen que fuera justo o injusto, evitable o no, ocurría con esa decisión algo tremendamente desasosegante y maquiavélico: los poseedores de una mayoría absoluta se vieron capaces de hacer cualquier cosa y la opinión pública no se rebelaba.

Y, además, no era necesario disimular.

En realidad siempre había ocurrido que, con cualquier excusa, no se cumplieran los programas electorales, o directamente se mintiese, o se olvidase intencionadamente una medida prometida, o que se hiciera directamente lo contrario de lo dicho. Pero o bien se disimulaba, o bien se justificaba con argumentos peregrinos, retorcidos, torticeros. Es política. O realpotilik. O razón de Estado. Y todo se maquillaba para que las urnas no se resintieran.

Pero desde hace unos años, quienes mandan creen que no lo necesitan. Aplican su ideología, o peor aún sus ocurrencias, con total desfachatez, aun sabiendo que los tribunales acabarán por quitarles la razón. Si hay que pagar una indemnización, la paga el Estado, o sea ellos no, todos. Si hay que dar marcha atrás a la medida, se hacen los remolones, alargan los plazos hasta que vengan otros y asuman su problema.

Ningún político en su sano juicio podría pensar en permanecer en el cargo después de estos últimos años de crisis. Al menos ninguno de los que han recortado sueldos, derechos, prestaciones en sanidad y educación, mantenimiento de obras públicas, justicia, seguridad... Al menos ninguno de los que cobran y militan en partidos empapados de corrupción, estafas bancarias y desahucios.

Sin embargo lo piensan. Aunque me resulta dificilísimo de creer, puede incluso que alguno esté convencido de haber hecho lo correcto. Como quien cercena un brazo gangrenado. Preferiblemente el brazo de otro, claro. Hasta les da una subida de testosterona: se ven a si mismos como cirujanos de hierro, con carácter, con pelotas...

Alguien me dijo alguna vez que lo malo de una ideología es que siempre hay un imbécil que la comparte contigo. Los que votan a esos políticos por ideología, deberían pensarlo también.

PD: por cierto, hoy decían que devolvían a los funcionarios lo que les habían quitado; después, lo desmintieron. Mañana pueden decir cualquier cosa y después la contraria. Hoy me han dejado la moral por los suelos los antiguos escoltas de los amenazados por ETA, los preferentistas, los enfermos de hepatitis, las noticias de siempre y los políticos de mayoría absoluta e imbéciles.

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