domingo, 25 de septiembre de 2011

La buena educación

No está mal que se vuelva a discutir por enésima vez de educación. Que la derecha aparentemente la desprecie o la utilice como filtro entre clases sociales, que la izquierda la convierta en arma sindical o fuerza "empleabilizadora". El poder debe controlar para ser poder. Incluso el poder del profesor vitalicio amamantado por el sistema. O el del padre "propietario" de su vástago. O el del estudiante crecido por tanto mimo y derecho. Machacar al funcionario, al político, al niñato es casi una reacción "natural" de la sociedad que se puede alimentar fácilmente desde los medios de comunicación. Así que siempre que se haga algo más, por poco que sea, no está mal.

Los periódicos están repletos de artículos de opinión. Pero los hechos son los hechos. Y según los hechos, en este país no creemos en la educación. Al menos no tanto como decimos. Nos faltan dos pilares esenciales: el pragmático y el idealista. El pragmático sostiene que la educación acaba siendo rentable. El idealista soporta la premisa de que la educación acaba haciendo mejores personas. Sin entrar en debates de enseñanza privada o pública. Sin entrar en sueldos de profesores. Sin entrar en guerras lingüísticas. Se trata simplemente del porcentaje que se dedica a la educación sumando presupuestos generales, autonómicos, provinciales y locales. Se trata del dinero y, sobre todo, del tiempo de atención que empleamos en la educación de nuestros hijos. Se trata del dinero y, sobre todo, del valor que se le da en las empresas a la preparación de sus profesionales. Se trata del respeto social y del prestigio tanto de los títulos como, simplemente, de la buena educación.

No se hace mucho al respecto. Por lo menos se habla.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Hijos de mala madre

La madre de un amigo mío es una de las personas más buenas que conozco. Pero él se casó con una mujer "menos" buena: algo egoísta, algo parásita, algo malhumorada, algo mandona, algo bruja. Para no separarse (no tiene mucho dinero y los divorcios salen caros), gestiona sus emociones con cuentagotas. Así no se desgasta más de lo necesario. Sus primeros "recortes" emocionales fueron las risas. Se ríe menos, pero cuando se ríe es muy muy feliz. Como quien bebe sólo un sorbo exquisito. También se enfada menos, porque cuando se enfada sospecha que le puede dar un infarto. Dedica poco tiempo al ocio, pero el poco que disfruta le parece paradisíaco. Y al final se considera aceptablemente feliz a pesar de la pareja. Será porque es tan bueno como su madre.

Tanto como el de las grandes situaciones de crisis, siempre me han llamado la atención los modelos de gestión de lo cotidiano. Exigen una inteligencia a largo plazo que debe contar con  unas sólidas bases de carácter y modelos de imitación más que de educación formal. La "bondad" como argamasa del buen funcionamiento de las cosas: las parejas, las familias, las empresas, los países... no es un valor demasiado alabado ni reconocido. De hecho, a los "buenos" se les suele confundir con los "tontos". Parece que los "listos" se aprovechan de ellos. Aunque no se les ve más felices. Será porque son hijos de mala madre. O de mal padre.

jueves, 15 de septiembre de 2011

No son los mercados ni los bancos, son los directivos

Los únicos culpables de la situación económica mundial son los individuos, en concreto los directivos de las grandes entidades financieras. Claro que también los políticos que desregularon el sistema. Y también los especuladores, cualquier especulador, incluido yo, e incluso, si me lo permite, seguro que también es culpable usted (aunque es posible que me equivoque) a poco que haya vendido o comprado algo sacando o pensando en sacar una plusvalía  que fuera más allá de lo "razonable".

Sueldos, bonus, incentivos, retiros de lujo, aviones, privados, mansiones. El dinero lo tienen ellos, y lo siguen teniendo. No es el mercado, no es la banca. Son ellos. Los que apuestan y ganan siempre. Mientras no se desande el camino andado, mientras los gobiernos no se enfrenten a esos rentistas del sistema, mientras no se invadan los paraísos fiscales y mientras no se recupere todo el dinero que han ganado a espuertas no hay recorte del gasto público que valga. Siempre estaremos en sus manos. Banqueros y bancarios que se han autoconcedido préstamos a tipo cero para comprar y vender en tiempo record o para invertir a un cinco, un diez, un veinte o a un cincuenta por ciento. Consejeros delegados que se blindaron contratos sabiendo que iban a durar dos minutos en el cargo. Directores generales que se prejubilan con poco más de cincuenta años pero con el sueldo completo. Infladores de precios, recalificadores, comisionistas, revendedores y puñeteros expertos en derivados. Personas que timan legalmente porque los legisladores se han plegado a sus intereses. No son delincuentes. Sólo han relajado sus principios y alargado sus fines... mucho más de los límites morales. Totalmente humano. Y totalmente cobarde por parte de quien lo permite. Quizá nosotros.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Sólo dos horas más de clase

Un experto en técnicas para hablar en público comentaba ayer que una buena intervención requiere una preparación mínima de tres semanas. Sobre todo si es una charla breve, que motive, una charla eficaz. Hay que dominar el tema, ensayar ante el espejo, repetir una y otra vez el inicio, los cambios de ritmo, captar la atención, mantenerla y recuperarla cuando baja, sin olvidar naturalmente el objetivo principal: que el mensaje se fije en la mente del receptor.

Si usted ha tenido que hablar en público, hacer una presentación, incluso un mínimo discurso familiar, conoce el miedo escénico, sabe el trabajo que da, la tensión que provoca. Lo de menos es que deba hablar un minuto, diez o sesenta.

Claro que eso se debe a que no es profesor. Porque al parecer, los profesores no necesitan preparar sus clases y sólo trabajan cuando las están impartiendo. De hecho, algunas administraciones han decidido transmitir la idea de que los profesores sólo trabajan las horas lectivas que les corresponden: 18 a la semana. El resto de los mortales, un mínimo de 40. Por eso llega el momento de sacrificarse y trabajar dos horitas más, que tampoco se hernian. 20 horas semanales. Hablando ante un público juvenil que se queja de lo lenta que es una película que en dos horas te cuenta la Biblia, que está acostumbrado a bostezar o a distraerse ante efectos hollywoodienses multimillonarios, que zapea con el mando o picotea en Internet sin ser capaz de fijar su atención en productos que pueden suponer el trabajo de docenas de profesionales de la comunicación y tecnologías complejísimas.

A ese público, que generalmente preferiría estar en cualquier otro sitio, debe motivarle y formarle durante 20 horas de clase preparadas en las otras 20 horas. Eso sin contar tutorías, reuniones de programación o coordinación, entrevistas con padres, corrección de ejercicios y exámenes, etc, etc.

El que se asignen las plazas de profesor por horas lectivas quizá parezca lógico. Pero es un truco. Si mañana la administración educativa decide ahorrar más y meter a 50 alumnos por aula, seguirá siendo una hora de matemáticas, pero hay 50 cuadernos que revisar. Dar una charla a diez personas puede ser lo mismo que darla ante diez mil, pero no es lo mismo si se trata de leer comentarios de texto, corregir faltas de ortografía, problemas de física o análisis sintácticos.

Tampoco es lo mismo dar una materia que otra. Resulta aterrador la cantidad de profesores que no imparten las materias de las que son especialistas. Y tienen que preparar esas clases a veces de un día para otro.

Pueden ser autoridad pública, pero torear con hijos de los padres actuales no da precisamente demasiada seguridad. Por eso muchos acaban desquiciados o maniáticamente arbitrarios.

Les han bajado el sueldo porque tienen la plaza fija. Y a los que no la tienen, también.

La Administración educativa ahorra recortando puestos de interinos pero la Administración general tiene que pagarles el paro. Menudo negocio para las arcas públicas.

Claro que tienen unas vacaciones incomprensibles. Ese sangrante mes de julio que todos envidian. Además de agosto, y la semana santa, y la blanca o los carnavales, y las navidades. Según el experto, ni aún así les daría tiempo a preparar su clase como una buena charla. Pero como no la preparan, pues a disfrutar.

Así que se dejen de quejas. Dos horitas más de trabajo no es nada. Encargarse de los niños en los autobuses, qué menos. Además, los profesores nos recuerdan a los que tuvimos y odiábamos de pequeños. Bueno, también estaba aquél que nos enseñó. Pero es que ése era muy bueno, daba las clases sin prepararlas y conocía nuestro nombre porque fuimos únicos en todos sus años de profesión.

Por cierto, el policía sólo trabaja cuando está patrullando; los diputados, cuando calientan escaño; el cura, consagrando; el juez, en la sala; el periodista, cuando presenta las noticias (esas que se sabe de memoria y nos las cuenta sin leer); y el funcionario de ventanilla, ése... bueno ése no trabaja nunca. Y Messi y Ronaldo son dioses.


lunes, 5 de septiembre de 2011

Mi mono y yo

Quizá le haya pasado alguna vez. Sobre todo si vive en una localidad no muy grande. Alguien se salta un stop o un ceda, o hace cualquier otro tipo de pirula y usted le pita, le abronca, le menta a la madre. Es tarde cuando usted se percata de que conoce al sujeto en cuestión: un vecino, un cliente, un jefe, un amigo, un familiar. Y se mezclan las sensaciones: vergüenza, sí, pero menuda ha hecho... quizá he exagerado... ahora ¿qué hago?, ¿le saludo?, ¿me disculpo?, ¿no debería disculparse él?, ¿hago que no lo conozco?, ¿qué nos diremos la próxima vez que nos veamos?

Somos la persona educada pero también la que pierde el control. La frecuencia de esa pérdida y el nivel de descontrol alcanzado es lo que marca la diferencia entre el ser humano racional y el estúpido, entre el empático y el egocéntrico, entre la inteligencia y el mono. Con perdón para los monos. Ira, miedo, chulería, inmadurez, rigidez mental, sentimiento justiciero... Dicen que el dinero no nos vuelve idiotas, sino que saca al verdadero idiota que llevábamos dentro y que disimulábamos. En el coche ocurre algo parecido. También con el poder. Con cualquier poder. El de un puesto de funcionario, de profesor, de político, de jefecillo, de dueño... dale un carguito y te diré de qué pie cojea Manolito.

Ayer cojeé yo. En una rotonda. Escribo esto como propósito de enmienda.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Mensaje para García y otras historietas

Durante las vacaciones, entre otras cosas, me he dedicado a hacer limpieza. He tirado, con mucho dolor de corazón, papeles de mi infancia, de mi etapa universitaria, de etapas profesionales anteriores, de becario, de temporal, de fijo, de parado, de empresario, de funcionario.... Releí alguno y me encontré con historias repetidas, por ejemplo, esas que alguna vez te contaron en clase y que luego tú usas en tus propias charlas, con alguna imprecisión. Una de ellas (quizá la conozca) es la del "Mensaje para García".  La primera vez me impresionó. La segunda la aprecié más aún. Después la incorporé a mis anécdotas para pedir iniciativa (y en el fondo obediencia) a mis colaboradores (en realidad subordinados) o para ilustrar clases de comunicación y dirección de personas.

No hace falta que la lea pero por si acaso le pongo el enlace.. En resumen es una historia que cuenta como el teniente Rowan recibió un difícil encargo del presidente de los Estados Unidos y lo cumplió sin preguntas: entregar un mensaje al general García, perdido en la guerra de Cuba. Eso es todo. El obediente perfecto. Asume su rol, su rango, no pide medios para su trabajo, ni tan siquiera información, no duda ni pone obstáculos, excusas o inconvenientes. Simplemente hace lo imposible. Una historia que ha ilustrado MBA, cursos de motivación, discursos, arengas, conferencias y todo tipo de literatura de gestión.

Hoy no me impresiona tanto. He visto muchas veces como una orden se acata ciegamente ante el jefe "supremo" aunque es otro cantar si el jefe está en el nivel inmediatamente superior, incluso a pesar de que la orden venga en cascada. He visto como todo el mundo quiere una obediencia absoluta al principio ante órdenes moderadas, pero muchos acaban dando órdenes ignorando si son o no cumplibles (de esos que mandan por sus melindres). Y he visto a muchos cuadrándose porque le van a pasar el marrón a otro sin contemplaciones.

Viene todo esto a cuento de lo que está cayendo entre poderes financieros, gobiernos y ciudadanos. Cuando releí la historia del Mensaje para García me acordé de los "mercados" que ordenan a unos gobiernos que acatan y joroban al ciudadano. El nivel de los actuales líderes políticos parece no llegar mucho más allá del rango de teniente. Mientras que los banqueros están en el nivel del presidente McKinley. Quizá el heroico teniente Rowan arriesgó su vida. O quizá le pasó el marrón a un recluta anónimo. Eso a McKinley le trajo a pairo.

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