jueves, 30 de septiembre de 2010

El piquete me hizo ver la luz

Me encontré un piquete y entonces me enteré de que había huelga general. Me cortaron el paso amablemente y me explicaron con precisión en qué consistía la reforma laboral. Sabían cómo motivarme, es lo que tiene la pedagogía. Yo se lo agradecí. Iba a seguir con mi vida ajeno a todo, ignorante de mí, pero la aromática quema de unos neumáticos me iluminó. Vi la luz. Así que se me calentó la neurona y...

¿Qué tal si el que atenta contra los demás es detenido, multado él y la organización (responsable la empresa anunciadora)? Y esto va por piquetes que impiden el derecho a trabajar o por patrones que impiden el derecho de huelga. Ah, me dije, no hay policías suficientes, y la Justicia es lenta. Pues que valgan para algo los millones de cámaras gran hermano que nos vigilan, y jueces no, los de Hacienda, que esos sí que van a toda leche gracias a que los gobiernos saben cómo repartir medios entre ministerios.

Y ¿por qué servicios mínimos? Es que no siempre soy razonable cuando me rodean unos encapuchados.

Que en un hospital haya servicios mínimos presupone que a diario le dedicamos a la salud pública más de lo que necesita. Mientras haya listas de espera, los hospitales están siempre por debajo de los servicios mínimos. La enfermedad, los accidentes, las operaciones, los tratamientos no tienen derecho a huelga. ¿Los militares no pueden y el personal sanitario sí? No me haga reír, mejor dicho, no me aterrorice.

Eso sí, tiene que haber ¡¡servicios mínimos en la televisión!!, no vaya a ser que la sociedad quede sin guía, note un vacío espiritual inquietante y provoque un estallido de la natalidad. Mire usted, amigo gobernante, el que quiera ejercer su derecho de no currar en la tele, en la radio e incluso en la industria del entretenimiento porno (quizá aquí exagero) pues que no curre. Y si el apagón de los medios transmite una engañosa imagen de éxito pues, chico, qué le vamos a hacer.

Los periódicos, otra historia. Hacen huelga el día anterior, no siendo que no haya quien cubra las noticias de los incidentes, las manifestaciones, las declaraciones, las ruedas de prensa. Listos estos convocantes.

Entiendo que haya servicios mínimos o incluso servicios sin derecho a huelga esenciales por su relación con la seguridad, con el mantenimiento técnico, luz, agua, gas, incluso teléfono y redes, pero ¿qué hace un profesor de servicio mínimo en un centro?, ¿rezar para que un piquete informativo asuste a los padres?

Podría seguir y seguir. Luego se quejan cuando muchos ciudadanos meten (metemos) en el mismo saco a los políticos, los sindicalistas, las patronales y a todos los que los manejan por detrás. Pero es que estos paripés son antiguos, muy antiguos.

Yo estaba esperando a que el paso quedara libre y vi la luz. Y volví a decirme:

Los energúmenos incineradores de gomas son culpables (sean sindicalistas, hinchas, abertzales...), la chusma necesaria de sus marionetistas, pero más culpa tenemos los ciudadanos por no saber protestar, o peor aún, no querer hacerlo pensando que no vale para nada.

Curioso, porque simplemente hace falta recordar que no sólo votamos en las urnas, también en nuestras compras, con los mandos a distancia, con nuestros ahorros, con nuestro comportamiento diario...

A que voy a acabar hablando otra vez de educación.

Es que vi la luz. Pero era un intermitente.

martes, 28 de septiembre de 2010

Huelga general, votar y botar

Trataré de escribirlo en plan Twitter.

Sobran las razones para la huelga general: parados, pensiones, sueldos, despilfarro administrativo...

Que los sindicatos mayoritarios hayan sido colaboradores beneficiados del sistema no descalifica la convocatoria, sólo los descalifica a ellos.

La reforma laboral no creará empleo ni animará a la creación de empresas.

Los recortes sociales cuadrarán las cuentas a corto plazo, pero los ingresos seguirán bajando, así que habrá más recortes.

Los gobiernos se han rendido a los mercados financieros, pero el español se ha rendido más.

La huelga no arreglará nada o casi nada, pero menos arregla quedarse de brazos cruzados.

Si otros países están saliendo de la crisis es porque innovan y emprenden, no porque se encojan.

Ojalá la huelga provocase un adelanto de elecciones. Ojalá hubiese una nueva generación de candidatos.

Quiero pagar los impuestos de un danés, cobrar el sueldo de un danés y recibir los servicios del Estado danés. Prometo que no me importa trabajar como un danés (estoy ya no cabe en Twitter, y además es sólo un ejemplo)

No haré huelga, una vez más, a pesar de todo lo dicho, porque lo que no trabaje mañana lo tendré que recuperar otro día.

Sé que, de cualquier modo, alguien se beneficiará de mi comportamiento, sea el que sea. Por lo menos no me perjudicaré a mí mismo.

Sigo creyendo que la única esperanza es votar, con "b", como casi siempre.

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿Quieres un trabajo o quieres trabajar"

Usted no es feliz. Le duele algo, no le quieren, está gordo o flaco... y no gana 75.000 dólares al año. Bueno, yo tampoco. Tampoco los gano, quiero decir, del resto no pienso confesar. Pero si alguien le garantizara el sueldo que proporciona la felicidad, ¿qué le gustaría hacer para ganarlo? Claro que le seguirán doliendo trozos de cuerpo y de alma cuando toque, y se seguirá viendo feo o lo que le diga el espejo... no importa, olvídelo. Usted gana al menos cuatro mil o cinco mil euros mensuales, ahora elija su ocupación. Si coincide con la actual, usted sí que tiene muchas papeletas para la felicidad, y si no la alcanza es que lleva los problemas montados de serie, no como extra. Es la diferencia entre tener un trabajo y trabajar, entre tener que hacer y querer hacer. Claro que si alguien le pasa ese dinero by the face, quizá lo último que le apetezca sea trabajar, quizá prefiera estar de juerga, hacer deporte, viajar, qué sé yo. Entonces o bien le echa imaginación y convierte su ocio en negocio para alguien (el que le paga por ejemplo, aunque sea el comité olímpico de orgullo nacional, banderolas y desfiles) o se le declara abiertamente vividor, rentista o vago. Si puede con la vergüenza, o mejor si carece de ella, también se le aproxima el horizonte del paraíso, aunque probablemente alguien le acabará metiendo algún palo en las ruedas aunque sólo sea por jorobar.

Dicho esto y asumiendo que la felicidad no tenga mucho que vez con la conciencia, el cariño o la ausencia de problemas físicos, me enfrento a la disyuntiva de decir a unos estudiantes la verdad acerca de cómo afrontar su futuro profesional empezando por superar una entrevista de trabajo o la mentira de las recetas que, por cierto, fluyen tanto por Internet que parece absurdo dar un curso sobre estas cuestiones.

En la Universidad les llamamos patitos. Son los alumnos del Plan de Acción Tutorial (PAT) al margen de las asignaturas, una especie de orientación "espiritual" u "holística". La inmensa mayoría de los profesores seguramente no estamos capacitados para impartirlo porque ni somos felices ni estaríamos dedicándonos a asesorar patitos vocacionalmente. Muchos ni siquiera estaríamos dando clase, ni mucho menos examinando, aunque es cierto que muchos sí lo harían, y muchos estaríamos aprendiendo, buscando historias y contándolas aunque sea en forma de lección, que no es mi género preferido pero peor es estar callado.

Así que voy a ir mañana y les voy a decir eso de haced lo que de verdad queráis hacer, como si os fuesen a pagar al menos 75.000 dólares. Y si os enfrentáis a una entrevista de trabajo superadla porque estáis convencidos de que queréis trabajar ahí, para esa o con esa gente, o a pesar de ellos, no os encojáis ahora que tenéis 20 años, al cuerno con la crisis, con el entrevistador, con el currículo y el empleo, al cuerno con el paro, con el gobierno, con la huelga. Si te quieres buscar la vida, te la encuentras; tarde o temprano te dolerá el cuerpo o el alma, pero por lo menos no lo escojas por miedo a pesar de lo que te digamos los padres. Que empleen a los demás, tú haz.

Y entonces alguien me tirará de las orejas porque no enfoco mi labor universitaria a la empleabilidad. Pues no me da la gana.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Bicis, innovación y crisis

Siempre me han gustado los transportes alternativos, los intentos de mejorar la movilidad urbana y el diseño industrial, así que cómo no me iba a gustar esta idea de Volkswagen:




Lo más interesante es, como siempre, el concepto: una bici eléctrica (mejor sería que requiriese algo de pedaleo), lo suficientemente pequeña y plegable como para que entre en el espacio de la rueda de repuesto de un coche (no sé dónde irá la susodicha rueda, ¿quizá llevan runflats, esos neumáticos carísimo que circulan pinchados?, pero ese es otro tema). De acuerdo, quizá no vea la luz, aunque las bicis eléctricas tienen que terminar triunfando porque acaban con la excusa de las cuestas y el sudor al llegar al trabajo.

Hay muchos problemas cotidianos que resolver, muchas demandas de grandes grupos de ciudadanos por atender, la creatividad, la famosa innovación, investigación y desarrollo, sigue siendo la eterna oportunidad de salir de la crisis, de generar riqueza, trabajo... Siempre ha sido igual: el desarrollo de los pueblos está basado en su capacidad de creación y de aplicación del conocimiento. El turismo mundial se está recuperando de la crisis, es la única esperanza inmediata para España. El resto de los países que se están sobreponiendo, y gracias a eso sus ciudadanos empiezan a viajar, tienen la esperanza de que siguen investigando, emprendiendo, tratando de aportar valor. Nosotros reformamos el mercado de trabajo, ponemos multas para recaudar, recortamos el gasto público en prestaciones sociales, bajamos salarios, congelamos pensiones...

Prefiero el modelo  Volkswagen, más aún en estos momentos donde los productos ecológicos, sostenibles y relativamente "humildes" como una bici están de moda. Todo un mercado bastante abierto aún. Sólo es necesario que los innovadores españoles se lancen. Y que los gobernantes se reciclen.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Vivan las "cadenas"

Llevo unos días con el ordenador estropeado. El portátil con el que me conecto a Internet a diario no sólo por motivos laborales sino también de ocio. Como las vacaciones no estaban muy lejanas y ya entonces la desconexión había sido absoluta, apenas he notado el mono. Apenas. Al fin y al cabo sólo soy un ligero adicto: no prefiero contactar con mis amigos por la red a hacerlo personalmente, ni el sexo virtual al real, aunque a veces sí se me va la hora navegando un poco idiotizado o un poco ansioso, me crea una cierta mala conciencia no entrar en Twitter o Facebook y me agobia claramente que se me acumulen los correos electrónicos. Internet me encanta, me molesta estar sin el ordenador pero he ganado casi un par de horas diarias para hacer otras cosas.

Claro que no siempre ha sido la "vida real", el deporte, las reformas en casa o los libros pendientes. También la televisión ha recuperado parte de su trono, los telediarios, por cuestiones docentes, y el cine que se acumula, siempre se acumula.

Y en esto se me ha ocurrido que si yo fuera adolescente en estos tiempo seguramente mis padres tendrían que encadenarme y guardar el ordenador bajo siete llaves... y la consola... y el móvil... y el ipod, el ipad... Ser adolescente con todas estas posibilidades de ser abducido por la tecnología tiene que ser muy duro, vicioso, compulsivo, casi tortuoso... Sólo hay algo peor: ser el padre de uno de ellos ahora que las cadenas y las llaves están tan mal vistos que cuando los pides en una tienda te miran escandalizados. Pues no entiendo por qué.

martes, 14 de septiembre de 2010

Recortes de pensiones y otros suicidios

España tiene algo más de medio millón de kilómetros cuadrados y 45 millones de habitantes. Francia tiene 675.000 km2 y 65 millones; Alemania, 357.000 km y 85 millones; Italia, 300.000 km, y 60 millones; Reino Unido, 245.000 km y 61 millones...

España es el país 106 por densidad de población.

Este problema y la ausencia de modelo productivo es lo que debe preocupar a los gobernantes españoles que cíclicamente auguran el final del sistema de pensiones.

España ha bajado al puesto 42 en el Índice de Competitividad Mundial. El año anterior estaba en el 33.

Si no tenemos hijos, si espantamos a los inmigrantes, si no sabemos qué producir, si por tanto, no hay trabajo, y vivimos más años... pues no tendremos hijos, ni nadie querrá venir a trabajar, etc, etc, etc. ¿Las pensiones? Zapatero debería pensar qué hacer en vez de recortar y recortar. En realidad, deberíamos pensarlo todos porque con estas políticas nos estamos suicidando colectivamente. Eso sí, el Gobierno proporciona la cicuta.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Teatro de la realidad

No recuerdo ahora quien dijo eso de que un informativo de televisión es una representación teatral, solo que el argumento es la realidad, no la ficción.

Cualquiera que haya trabajado en un medio de comunicación sabe que la labor periodística tiene mucho de empaquetado comercial de producto en el que sólo la profesionalidad y el mínimo decoro ético del periodista lo salva de convertirse en una farsa: un titular en prensa, un corte en radio o una cola en un telediario sólo representan la verdad en la medida en que se mezcla la intención sincera de aportar información con el oficio del adorno para que resulte atractiva.

En el periodismo ciudadano, es decir, aficionado o espontáneo, esto se está perdiendo y, lo que es más peligroso, la transferencia de la credibilidad que todavía posee la profesión hacia esas nuevas formas de comunicación tiene el efecto perverso y doble de igualar por abajo y hacer indistinguible el teatro de ficción del de la realidad.

En otras palabras, a pesar de nuestro creciente escepticismo, damos pábulo a cualquier vídeo de YouTube, a cualquier imagen de una cámara de seguridad, de un teléfono móvil. Si además llega a través de nuestro Twitter, de nuestros colegas de Facebook o Tuenti, nos espatarramos, quiero decir, lo aceptamos todo, quizá sin darle mucha importancia o quizá admitiéndolo como palabra de Dios.

Luego vienen las reacciones en cadena, primero los cachondos, luego los descerebrados, después los morbosos, los excitables callados (esos que devoran reportajes sobre prostitución o cualquier otra cosa que se relaciones con el sexo o la violencia), los que ven todo aquello que tiene éxito en Internet y, por último, los que ni siquiera saben que es un tema internetero.

Ayer me soltaron por cuarta vez en lo que va de mes una frase que quizá usted también haya oído estos días: "ahora la gente tiene su peor foto en el carnet de identidad y la mejor en su Facebook". Cuatro personas con nada en común, ni edad, ni ambiente, ni profesión, ni formación. El mismo esquema de transmisión de información que, por ejemplo, convirtió en una mundialmente acosada a la mujer que tuvo la ocurrencia de meter un gato en un cubo de basura en la calle... chorradas, o casi. Pero también estados de opinión sobre causas más serias. Porque ayer también me llegó este vídeo:


¿Teatro de la realidad o de la ficción?, ¿campaña vírica de lobby a la que yo sin pretenderlo pero impepinablemente colaboro?, ¿en contra de las mujeres o a favor?, ¿tienen que venir de fuera para que nos enteremos o los de fuera no se enteran?. Es solo un ejemplo. Pero creo que nunca ha sido más necesario el periodismo profesional, aunque pueda parecer lo contrario.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Te vas a caer

Uno de los efectos obvios de cumplir años es que mucha gente te parece demasiado joven para ejercer su profesión. Te para un guardia civil que parece tu hijo, los profesores de tu hijo te parecen casi sus compañeros, el presentador del informativo apenas parece un becario con corbata. Parece, sólo parece. Cierto que la sociedad da un voto de confianza a un joven que de pronto se ve investido de una autoridad para la que seguramente no está preparado del todo y mientras no pasan unos años de experiencia la sufren quienes caen en sus manos. Arbitrariedades, rigideces, inseguridades, despistes... Con el elogio a la imagen de juventud, los bisoños llegan a puestos de responsabilidad gracias a su palmito, telegenia, atrevimiento, bajo coste... y porque son fácilmente manipulables. Ocurre en los medios de comunicación, en la política, en las sucursales bancarias, en los tribunales... Pero el problema es que vamos cumpliendo años. Y poco a poco sabes cuándo alguien se va a caer.

Mañana empiezo un nuevo curso, por primera vez con el sistema Bolonia de forma estricta. Mi asignatura consistirá en impartir 16 horas de teoría (deberían ser 24, pero coinciden festivos y otras circunstancias), 16 horas de práctica y 8 de grupos tutoriales (que prácticamente nadie sabe con certeza en qué consisten). Claro que los alumnos tendrán que trabajar por su cuenta. Pero lo cierto es que mi asignatura es una de las diez que componen un curso universitario. El estudiante tendrá 4o horas de clase. Por el sistema antiguo hubieran sido 75 horas. Se graduarán un año antes que los de mi generación, con 22 años. Si se dan prisa, pueden ser doctores con 24 años, incluso menos. Antes difícilmente alguien podía doctorarse con 26. En resumen, son más jóvenes, y yo más viejo. Y esto no significa que salgan antes de casa de sus padres pero sí que aprueben antes una oposición o los coloquen en una silla donde puedan mandar, multar, juzgar, examinar... ¿curar? No, los médicos seguirán por otro camino, por lo menos podemos experimentar con la formación de todos menos de los médicos. Algo es algo. Pero en todo lo demás, nos vamos a caer.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Mineros, ganaderos y la estrategia del pastor Jones

Ahora que por fin ya es más barato y fácil despedir, ¿se anima usted a montar una nueva empresa, se anima a contratar a más gente, se anima a crear algo, generar valor, producir ese producto competitivo? Contésteme después de la publicidad. Ah, que no hay publicidad porque las empresas tampoco están como para animar al consumidor, porque los currantes van calentitos, empiezan a cortar autovías (detecte usted alguna diferencia entre los funcionarios y los mineros o los ganaderos) y hasta los guardias civiles se quieren manifestar. Entonces no me conteste, que me da la risa, aunque me parto más imaginando al ministro de Trabajo volviendo a ser alcalde, o presentándose a cualquier proceso electoral después de este papelón: ministro de Trabajo de Zapatero, como para hacer masa y quedarse gagá.

Pero déjenme volver a los cortes de tráfico. ¿Conseguirán sus objetivos a base de barricadas y quema de neumáticos?, ¿servirán de ejemplo?, ¿funcionará más la violencia que la huelga?, ¿o será suficiente con que el Telediario le dedique a la cuestión dos nanosegundos mientras se afanan en mostrar cómo en otros países son mucho peores con los parados que Zapatero? En los tiempos de Internet no sé si la televisión estatal e incluso la privada sigue marcando la agenda informativa como antes. Para mí que no, oiga.

Entonces, resumamos: más conflicto y menos visibilidad. Justito lo contrario que el pastor Jones y su quema del Corán, o las declaraciones de Fidel Castro: la visibilidad alentando las llamas. Y no es que anime a repartir mandobles para salir en los medios, al contrario. En realidad hay que pensar estrategias imbéciles para que te saquen hasta en Sálvame, tipo bomberos en bolas, o te llamen de la Casa Blanca como a Jones.

martes, 7 de septiembre de 2010

Reconectarse

Reconectarse. No han sido tantas las vacaciones como parece sino más bien un reingreso de mucho trabajo y distintos frente abiertos. Pero estaba pendiente la reconexión y no encontraba el momento. Ojalá fuera simplemente la pereza del regreso, de la nueva tregua de ETA o la Liga, los exámenes o las ganas de comprar tiempo libre en forma de coleccionables, y propósitos de ejercicio. Reconectarse con la agenda política en esta ocasión es muy fácil, como si el paréntesis del verano no hubiese existido. Con la económica, prácticamente igual porque los expertos ya advertían que la crisis tenía forma de uve doble. Con el mundo de la comunicación, sólo me llama la atención el anuncio del nuevo canal generalista de Vocento, y el nombramiento de Bieito Rubido como director de Abc (aunque no es muy optimista con el futuro de la prensa escrita, lo hará bien, o mejor dicho, precisamente lo hará mejor porque sabe mucho de los nubarrones del sector). Llegan por fin todos los estrenos en 3D, casi sin excepción en fase de atracción de feria, incluso el porno en Imax (sin comentarios). Amenazas a las tarifas planas, Google cuestionado (jamás lo hubiera imaginado, jajajaja)... Me sumerjo como docente en un cuatrimestre de periodismo audiovisual, una de esas maravillosas asignaturas del Plan Bolonia más breves que un cursillo pero que repites y repites una y otra vez en grupos pequeños (menos conocimientos pero más personalizados ¿funcionará?... pues no). Empezamos las clases en la Universidad antes que los niños en los colegios (querrán dar la impresión de que trabajamos más), sin contratar a los nuevos profesores (esta reconexión se ha atrasado entre otros motivos por los delirantes procesos de selección en los que me han involucrado), ganando menos, improvisando... No es una queja, sólo el regreso. Y lo mejor es que tengo sitio adonde regresar. Además, por si fuera poco, este blog no ha parado de crecer incluso sin escribir una línea durante casi un mes y medio. Bendita Antonia San Juan y la reposición de sus series de televisión. Los números de audiencia siempre tienen la misma lógica. Resistiré la tentación de Calamaro.

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