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Mostrando entradas de febrero, 2010

Inercias periodísticas

Siempre que paso unos días desconectado tengo la sensación de que ocurren muchas cosas. Pero en esta ocasión no es una sensación, es que han ocurrido. Y si hubiera estado trabajando en la Redacción de un periódico de una ciudad amenazada por la ciclogénesis explosiva pero llegan las imágenes del terremeto de Chile mientras las cadenas norteamericanas se disponen a retransmitir un tsunami en directo y las redes sociales hierven con más datos, una vez más, que las propias agencias informativas... pues seguro que estaría participando en una de esas reuniones en las que se deciden prioridades de primera página, de foto, de título, de planas... y me pelearía con los futboleros en el éxtasis de si cambiaba la clasificación de primera división, que si el Madrid, que si el Barça, sí, ya sé que Haití está aún caliente, que la gente se cansa, que si Chile es mundo desarrollado, al menos como España, que es como si fuésemos nosotros, pero nosotros tenemos temporal, bueno, temporal no, ¡ciclogéne…

El autoflagelo de la Universidad-Empresa

Vengo de una de esas sesiones Universidad-Empresa con las que nos castigamos de vez en cuando ambos sectores. Digo nos castigamos porque suelen ser sesiones de autoflagelo, o flagelo mutuo y recíproco. La historia no es la de un divorcio, porque nunca estuvieron casadas, sino la de una ligera búsqueda de un encuentro con frecuencia frustrante.

Muchos empresarios nunca han pasado por las aulas ni maldita falta que les ha hecho a tenor de sus éxitos. Otros no hubieran tenido muchos menos fracasos por haber estudiado. Aunque son las excepciones. Lo normal es que la formación ayude. Aunque sea teórica y masificada, como la de los años ochenta. Claro que si uno tiene ese recuerdo, además de una imagen del profesor como enemigo a batir, autoritario y distante, junto con la idea de que quedaban en la Universidad los empollones incapaces de enfrentarse a la vida real, no es de extrañar que ni se le pase por la cabeza la posibilidad de recurrir al mundo académico para tratar de resolverle un p…

Profesionales, aficionados e idiotas

Todo el mundo tiene una historia que contar. Pero sólo si la tiene que contar todos los días es un profesional. O, para ser más exactos, si debe encontrar cada día una nueva historia. Escribir una novela o dos no te hace novelista, ni escribir unos cuantos artículos te hace periodista, ni participar en un par de películas te convierte en cineasta o actor. Contar historias, crearlas, buscarlas o fotografiarlas cuando te apetece o cuando te las encuentras es un placer; que tu jefe o tu cliente te las pida a un ritmo determinado te convierte en un currante de la tecla, de la cámara, del micro.

¿Qué diablos somos los que tenemos el virus de mantener ese ritmo diario porque nos da la gana, no porque cobremos, ni porque nadie te lo exija? Pues supongo que idiotas.

Aunque, mire usted, más idiota me parece el esporádico que cree que se ha convertido en profesional o el profesional que no tiene el virus. Ése, además de idiota, suele ser un amargado.

Hace casi 30 años tuve la ocasión de comer c…

Mi monstruo de Twitter

Llevo unos días dándole vueltas a mi relación con Twitter. Sigo a unas 150 personas. Su selección me ha llevado casi un año. No quiero incrementar la cifra porque empezaría a resultarme inútil. Aunque ya decía lo mismo cuando llegué a 50 o a 100. Son personas inteligentes, de varios de los ámbitos que me interesan, con una curiosa mezcla de edades, incluso de países, que me sueltan pequeñas  perlas que poco a poco van haciendo mella. No leo todo, ni abro todos los enlaces propuestos, claro; pero el goteo es constante y me he dado cuenta de que he ido juntando en el fondo a personas más o menos parecidas que casi siempre confirman lo que ya pienso o me amplían información para confirmarlo. El proceso no es nuevo, ni mucho menos. Se denomina distorsión selectiva. Pero nunca me lo había planteado con mi Twitter.

Sucede con toda la información. Si usted es de izquierdas se informa con un periódico de izquierdas, y si el de Barça pues sigue una emisora barcelonista. Pero es que con Twitter…

Bachillerato, FP y Universidad

Si usted es español, salvo que tenga hijos en las edades afectadas, seguramente no tenga muy claro el conjunto de novedades educativas que se han producido en los últimos años. Una de las más curiosas es la del bachillerato. Resulta que hace un par de años se les ocurrió a las preclaras autoridades educativas de este país crear tres bachilleratos diferentes: al de ciencias de toda la vida le llamaron Ciencias y Tecnología; al de letras, Humanidades y Ciencias Sociales; y uno nuevo llamado de Artes, desdoblado a su vez en dos vías: Artes plásticas, imagen y diseño y Artes escénicas, música y danza. Resulta que un par de años después de echar a andar el modelo, los dos primeros bachilleratos se pueden estudiar en más de 4.000 centros en toda España, pero el de Artes no llega a 300 centros, en muchas provincias existe un único sitio donde se imparte. ¿Para qué se ha creado entonces? La cabeza de los políticos responsables de la educación, esa gran desconocida.

Lo que probablemente le son…

Narrativas digitales y futuros profesionales de los contenidos

En breve tengo que dar unas charlas sobre narrativa y me llama la atención lo movido que está el término últimamente en la Red. Por ejemplo, el año pasado se han creado una serie de centros de producción y experimentación en Contenidos Digitales gracias al programa "Capacitación Tecnológica de los Futuros Profesionales de la Industria de Contenidos Digitales", promovido por Red.es y la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). El programa es fantástico, aunque a los que llevamos unos cuantos años tratando de "capacitar futuros profesionales de la industria de contenidos digitales" nos haya dado la sensación de que para la Administración educativa no debíamos existir. Pero no está mal la iniciativa, al contrario, es estupenda. Sin embargo existe un peligro: si cae en manos ajenas a los contenidos digitales, incluso en manos exclusivamente técnicas, puede que acaben inventado la pólvora. Cosa, por cierto, bastante habitual. Y lo primero que suelen re…

No prefiero ser pianista en el burdel

Asumámoslo, algo hacemos mal los que nos dedicamos a la Comunicación, así, en general porque si no es incomprensible la imagen que tiene de nosotros una buena parte de la sociedad. Dicho en pocas palabras: los periodistas somos unos mentirosos, indocumentados, sensacionalistas y verduleros; los publicistas, unos manipuladores sin escrúpulos que se forran engañando a la gente; los del cine, unos caraduras que viven de la subvención, activistas políticos coñazos incapaces de hacer productos decentes (y eso se dice incluso de Celda 211); la televisión es directamente basura; muy pocos están dispuestos a pagar por contenidos (y eso se dice el año de Avatar o Modern Warefare 2); y hasta en las Universidades las disciplinas de Comunicación son como de segundo nivel, no se reconoce como campo científico, los filólogos dicen que preparan periodistas; los informáticos, diseñadores; los ingenieros y hasta los rectores creen que lo importante son los cacharros, las redes, las antenas...

Naturalm…

Los Goya de Celda 211

Fue la mejor gala de los Goya de la historia. Buenafuente, el mejor presentador y seguramente fue uno de los mejores años del cine español a tenor de los finalistas. Pero aún siendo un rendido admirador de la ganadora de la noche, Celda 211, con sus ochos galardones, me gustaría hacer algunos matices. El primero es que no todos los premios son igual de justos. Sí los más importantes: el de mejor película, mejor director, mejor protagonista, mejor guión adaptado y mejor montaje. Pero no los de mejor actor revelación, ni actriz de reparto, ni mejor sonido. De hecho creo que estos tres premios inciden en tres de los pocos puntos flojos de la película. En mi opinión, el caso de las dos interpretaciones es bastante evidente. No tanto el del sonido, de hecho cuando la vi me pareció muy bueno y fue un amigo profesional de la sonorización el que me hizo ver (oír) sus carencias. Y, en efecto, eran notables, seguramente por el escaso presupuesto y porque, puestos a ahorrar, el de audio es de lo…

¿Erotismo para mujeres?

Aunque no soy fotógrafo, si un cliente me encargara unas fotos de erotismo femenino, o sea, para hombres, sabría más o menos lo que tengo que hacer. Pero si el encargo exigiera fotos de erotismo masculino estaría más perdido que un pulpo en un garaje.  No me refiero a la pornografía, en la que cada vez que alguien aparece con la etiqueta "porno para mujeres" me parece puro mercantilismo "de género", sino a lo que se supone que tiene más de sutileza y de imaginación, aunque la foto sea evidente. Ni siquiera me refiero al concepto de belleza más o menos escultórica, donde sí me siento aceptablemente preparado para reconocer el atractivo masculino. Estoy hablando del erotismo del cuerpo del hombre en los ojos de la mujer. Algo que me veo incapaz de entender.

Claro que soy aburridamente heterosexual, pero eso no es excusa. Se supone que un profesional de la comunicación se pone en la piel del público objetivo al que va dirigido un producto. Y no hace falta ser mujer pa…

Juan Carlos Bugallo y la responsabilidad social corporativa del frutero

Juan Carlos Bugallo es uno de esos tipos que merece la pena conocer. Economista creativo y marketiniano, de carácter emprendedor, atrevido y apasionado, lleva unos años dirigiendo la Fundación de la Universidade da Coruña desde una perspectiva clara: la de la responsabilidad social corporativa. Ayer, después de estar hablando de RSC, me envió un explicativo texto que, con su permiso, paso a reproducir:

Hace unos días se presentaban los resultados de una encuesta que afirma que el 65% de los españoles desconoce el significado de la RSC, y del restante que lo conoce, el 17% lo confunde con acción social o filantropía, o centra sus definiciones en cuestiones medioambientales, olvidando el carácter transversal de la misma. 


Mi sorpresa ya fue mayúscula cuando la estadística se hizo realidad. Me explico. El sábado durante una comida familiar, mi abuela repentinamente me espetó a la cara y con desprecio la siguiente pregunta: pero, ¿qué es eso de la RSC?.  


Tras superar el desconcierto inicial…

El gobierno de las Universidades

¿Cómo deberían estar gobernadas las Universidades públicas? Según la información publicada en El Mundo, la Fundación Conocimiento y Desarrollo ha elaborado una propuesta en la que plantea que los rectores se transformen en una especie de consejeros delegados, designados por un Consejo Social que a su vez estaría formado por personas ajenas a la Universidad elegidas por el Claustro. Este rector, que debe ser, como hasta ahora, un catedrático pero con conocimientos o aptitudes de gestión, nombraría a los decanos, sería el encargado de lograr fondos para la institución y podría ser destituido en cualquier momento en función de sus resultados. Podría hasta sonar bien. Al menos para todos los que están deseando la despolitización de las estructuras universitarias, acabar con la burocracia paralizante, el poder de los sindicatos o las capillas departamentales. Pero, aunque resulta urgente encontrar algún modelo que mejore el gobierno universitario, hay demasiados puntos oscuros en la propue…

¿Está usted preparado para despedir?

Imaginemos por un momento que el despido es en España libre y gratuito. Lo fácil sería imaginar a los trabajadores temblando y a los empresarios frotándose las manos. 
Ahora póngase en el papel del hipotético despedidor. No en plan George Clooney en Up in the air, ni siquiera el mítico Norm de Cheers en aquel episodio histórico donde su estrategia era llorar para que lo consolara el despedido. 
No. Póngase más en la tesitura de jefe cabreado tipo: o haces esto o a la puta calle. Muy por mis santísimos, por ejemplo. Quizá se reforzase el principio de autoridad o disciplina en la empresa (o el de la arbitrariedad, que también podría ser). 
Ahora póngase en la piel del jefe del jefe, que a lo mejor no comparte el mismo criterio, ni la misma opinión, ni el mismo cabreo. O al que incluso le molesta que se haya perdido un trabajador que él considera valioso, quizá más que el propio despedidor. 
Porque, claro, no todos los trabajadores son tan fáciles de echar, ni de sustituir, ni sirve demasiad…

La inteligencia emocional de Mad Men

Aunque hace algunos años tuve la oportunidad de acudir a una conferencia de Daniel Goleman, tengo que reconocer que nunca he acabado por identificar del todo el concepto de inteligencia emocional. Ser capaces de reconocer los sentimientos propios y ajenos, y disponer del conocimiento para manejarlos (que es una definición tipo Wikipedia) parece sencillamente tal pasada que no sé muy bien si estamos hablando del Mago Merlín, de un carismático político en estado de gracia, de El Príncipe de Maquiavelo o de una devoradora de hombres (o devorador de mujeres, ok). Conocimiento propio y ajeno, sentimiento y manejo. Un tigre acorralado frente a un ser humano puede ser un buen ejemplo. También una serpiente, una mala víbora, un cizañero.

Inteligencia emocional. Un verdadero hijo de su madre. Alguien que maneja sus propios sentimientos y los de los demás. Si se tratase de un simple manipulador, estaríamos ante un líder, un conductor de almas, y si el camino es el correcto, chico, pues hasta v…

Un guiño de Audi

A veces, pocas, la publicidad se ríe de lo políticamente correcto. El spot de Audi se queda en la frontera. ¿Estamos llegando a la histeria ecológica? No, pero tampoco sería tan de extrañar. La intolerancia sólo necesita una mínima excusa para extenderse. Importa bien poco que la excusa sea bien intencionada, incluso que esté llena de razón: la ecología, la igualdad, la libertad, la lengua, la infancia... El dogma no importa demasiado, importan los dogmáticos y las sociedades que se dejan convencer.

El anuncio vende un coche tan ecológico que incluso en la histeria superaría todos los controles. Tenemos una cierta tendencia a considerar que si a nosotros no nos afecta, a lo mejor no es para tanto, pero que lo que plantea Audi es un infierno, por ridiculizado que esté. Y a lo mejor no estamos tan lejos.

Yo tube la mítica adolescencia

Es posible que usted ya no haya escrito al dictado angustiosas frases del estilo de "cuando Cayo llegó al cayo, se le cayó el cayado encima del callo, callado tomó el callón y recordó los callos del Callao". Eran otras épocas en la enseñanza de la ortografía, en la enseñanza de casi todo. Hoy parece una ridiculez, y sin embargo lo recuerdo como una especie de Sudoku de la época, un reto como las derivadas o las integrales definidas. En realidad yo tuve la típica adolescencia tardofranquista de la generación más numerosa de la historia de España. Mis hijos dirían que yo tube la mítica adolescencia del pleistoceno medio (esto ya es mucho decir). Han perdido la lectura y el cine clásico pero han ganado el YouTube y recuperado, por ejemplo, la escritura de las "míticas" cartas de amor sólo que en formato Tuenti. Es un pequeño desastre. Pero también es maravilloso lo que pueden llegar a hacer aunque no tengan ni pajolera idea de ortografía. Como todos los adolescentes d…

Despido libre y cambio de cultura

Que un empresario, Adolfo Domínguez o cualquier otro, esté a favor del despido libre (entiéndase gratuito, porque libre ya es) resulta tan comprensible como que un trabajador esté en contra. Formarse una opinión ideológica es igual de sencillo: sólo hace falta pensar en un empresario explotador o en un empleado vago. Los arquetipos simples ayudan a construir el discurso y además en este caso el arquetipo nacional también contribuye: los españoles somos un desastre, necesitamos normas que nos impidan en un calentón liarnos a jamonazos, nos encanta la autoridad para abusar de ella y somos los campeones del escaqueo. Tópicos, tópicos y más tópicos.

Lo malo es que los empresarios explotadores o las grandes empresas ya tienen recursos suficientes para despedir a quien quieran cuando quieran. Y los que no son explotadores o las pymes sólo tienen dificultades para despedir si han sido incapaces de provisionar las indemnizaciones pertinentes. De modo que el despido libre o más barato no cambi…

Bajar los sueldos o desigualarlos

En España, deshuesando cerdos, una persona de 18 años puede entrar ganando en una empresa alrededor de 1.500 euros al mes.  Un titulado universitario apenas tiene posibilidades de encontrar un primer empleo con esa retribución.

En las Administraciones públicas existen unos 20 niveles, algunos suponen unos 20 euros de diferencia, otros unos cien. Los trienios se pagan en cifras que van, redondeando, desde los 15 euros a los 50. En otras palabras, el sueldo más bajo supone unos 800 euros. El más alto, sin antigüedad, 2.200 y el título superior es obligatorio.

Los programas de reportajes que tan de moda están en este país nos muestran una realidad salarial media extrañamente homogénea entre conductores de autobús, administrativos, funcionarios, cocineros, albañiles, catedráticos, periodistas, secretarios, físicos, vigilantes jurados, peluqueros, biólogos, monitores de gimnasio... Esa clase media, o media baja, con todos los niveles formativos, trabajadores de oficina o directivos de desp…

Las crisis de France Telecom y Toyota

Después de la pequeña odisea televisiva, vuelvo a asuntos de interés más general (se supone) que la compra de un televisor. Y tenía pendiente dos casos internacionales relacionados con la gestión de crisis.

Uno de ellos, el desenlace parcial de la crisis suicida de France Telecom, con la caída del presidente. Será un cierre en falso mientras los suicidios puedan surgir (y siempre se corre el peligro) y los sindicatos cuenten con la credibilidad en su denuncia de que las condiciones de trabajo, a las que culpan de la situación, no han cambiado. ¿Qué ha paralizado a France Telecom hasta llegar a esta situación?

El otro caso, obviamente, es el de Toyota y su problema de llamar a revisión a ocho millones de vehículos susceptibles de atascárseles el acelerador. ¿Cómo es posible que el problema se haya conocido hace unos pocos días en Europa cuando en Estados Unidos se conoce desde muchos meses, hay quien dice incluso que hace dos años?. ¿Éste es el planeta globalizado, ésta es la sociedad …

Qué televisor comprar (2)

Bien, el fin de la historia del televisor. Cien euros menos que el Samsung fallido y solución de trámite: un monitor de ordenador con televisión. No son tan bonitos, los plásticos no son de salón, el mando a distancia tiene tacto barato, para qué nos vamos a engañar. Pero es que la calidad de la imagen sólo se resiente un poco en el brillo, en lo demás resulta que tiene Full HD en progresivo, HDTV (es decir, el MPEG-4 de la alta definición que vendrá por los canales de TDT en poco tiempo, espero), sonido aceptable. ¿No lo había pensado? Pues yo tampoco. Y estoy encantado. No lo descarte.

Samsung LE22B541: un televisor fallido

Este es uno de esos ejercicios de web 2.0, de buzz, de conversación o de marketing digital, si se quiere. El caso es que al final compré un televisor. Samsung LE22B541, en la práctica 22 pulgadas, nada de full HD, ni HD TDT, ni 100 hz, normalito, vamos, eso sí: con la pantalla mate, maniático que es uno. Lo compré y ya lo he devuelto, lo cambié por otro porque se apagaba la imagen, que ya no era de demasiada calidad. El nuevo, idéntico, se ve algo mejor, pero parpadea. Y también se apaga. Cabreo y pataleta en el blog. Lo siento.

El caso es que mañana tendré que volver a la FNAC. Una molestia porque vivo fuera de la ciudad, coche, aparcamiento, colita, una hora y media no me la quita nadie. Será la tercera hora y media, el tercer parking.

Pero me he decidido a contarlo porque cuando uno desembala dos televisores iguales en 48 horas se da cuenta de las diferencias. Sospechosas diferencias. No hacía falta ser un genio.

El primer televisor venía sin protecciones plásticas ni en la pantall…