miércoles, 30 de junio de 2010

Viralidades diferentes


Seguro que esta publicidad incumple la ley española, por aquello de ser comparativa y no basarse en datos "numéricos", que parecen más objetivos. Pero la mezcla de humor y el despliegue de referencias cinematográficas, además, claro, de meterse con el poderoso, lo ha convertido en el vídeo más enlazado desde Twitter en la última semana, el tercero en los blogs y el décimo en Facebook. Y ahí viene lo interesante: la viralidad es otro indicador del estilo de usuario de tres de los mundos emergentes de la 2.0. Una curiosidad: en los blogs el vídeo más enlazado era este, una nueva recopilación de símbolos Illuminati que aparecen en películas. En fin, una anécdota. Por cierto, siempre los Simpson.

martes, 29 de junio de 2010

Estatut, Mundial, Metro e IBEX

Dicen los expertos que el concepto de España se sostiene en el fútbol y la lotería. Para muchos nacionalistas, la selección española no es precisamente objeto de devoción pública e incluso hay quien en un partido como el de hoy, sobre todo donde vivo, en Galicia, se declara un abierto fan de la selección portuguesa. Como una nación ante todo es sentimiento emocional, que se reaccione con filias y fobias a lo futbolero entra dentro de lo previsible, pero aquella foto de los etarras con la famosa camiseta roja confirmaba una vez más que las pasiones son contradictorias. La eliminación de Portugal habrá provocado sentimientos confesables y secretos entre quienes la idea de nación les desborda el discurso. Los más eufóricos creerán que hasta los independentistas habrán coreado el gol de la victoria, al menos si son hinchas. Puede. Aunque eso no me tranquiliza. Siempre me he preguntado qué prefiere un nacionalista: tener una nación o tener un Estado. Los de las pasiones dirán que nación. Los profesionales de la política dirán Estado, Administración. Es decir, o pasión o poder, o ambos. Y los dos, en pequeño.

Porque mientras estos viejos debates reverdecen gracias al Estatut y a los avances de la selección en el Mundial, unos trabajadores, los del Metro de Madrid, han dicho que tururú a los servicios mínimos del 50 por ciento (hombre, muy mínimos no eran) y los especuladores han hecho bajar el IBEX más de un cinco por ciento.

Realidad política frente a realidad laboral y realidad financiera. Las emociones se quedan en las banderas. Y en las camisetas. Aunque también son reales. Lo veremos en las portadas de mañana.

lunes, 28 de junio de 2010

La empleabilidad en la Universidad

Cuando empecé a trabajar como periodista, una de las primeras correcciones que me hicieron redactando una noticia fue cambiar la palabra "empleados" por "trabajadores". Lo de empleado sonaba a usado, a utilizado. Años después se habla de empleados en las informaciones de economía o de empresa, aunque no en las sindicales o laborales, sin embargo nadie osa discutir el término empleabilidad hasta convertirlo incluso en un indicador de la eficiencia universitaria.

Así es la vida, el máximo nivel formativo que proporciona una sociedad se mide ahora por su capacidad para proporcionar empleados en vez de emprendedores, líderes e incluso simples profesionales superiores (no necesariamente empleados). Pero no quiero polemizar demasiado en este concepto porque es fruto de años de generación de opinión, de negocios privados de posgrado, escuelas elitistas o formación en el extranjero (aunque sean de pacotilla) reservados a los hijos de las clases altas. Lo acepto: generemos mano de obra. Sí, pero ¿cómo?

Lo lógico sería que la Universidad se empezara a parecer a la Formación Profesional. En parte ya se parece: se enseñan manuales de software, se hacen prácticas de operadores y operarios, las instalaciones se dedican a despliegues tecnológicos que lucen en folletos y anuncios. Y en la FP la mitad de los profesores no son profesionales de la disciplina sino que se les exige un título universitario y una programación docente y didáctica prácticamente indistinguible en docenas de materias de la impartida en Universidad. De modo que, en efecto, las semejanzas entre ambos niveles académicos surgen, aunque la sensación que dan es que en los aspectos menos adecuados, incluso menos dirigidos a la "empleabilidad": usted no contrataría a un ingeniero industrial porque maneje de vicio el Photoshop ni a un titulado de FP en peluquería (perdón si no se llama así) porque teorice sobre el concepto de la proporción áurea.

Al margen de los engaños estadísticos que encierran las estadísticas (y no me refiero a la desviación típica ni al error muestral sino a la perversión de su diseño y la cocina de sus resultados), para que una formación universitaria o profesional se ajuste a la empleabilidad tendría que ser tan flexible como el mercado de trabajo; las carreras, las asignaturas y hasta el tema del día deberían ajustarse a la demanda del momento, los profesores tendrían que ser profesionales en activo (y no hacerlo incompatible casi por definición del sistema), los medios materiales deberían ser los mismos que utilizan las empresas y los alumnos tendrían que ser calificados en función de su productividad y eficiencia (nada de asistencia, actitudes, valores ni mucho menos exámenes, evaluaciones continuas, revisiones, comisiones evaluadoras, convocatorias...)

Por otra parte, si se quiere convertir la Universidad en una máquina de generar empleados tenemos varias posibilidades: podemos limitar la salida de los titulados hasta que su número sea inferior a la demanda (empleabilidad del 100%), podemos abrirnos a las empresas hasta el límite que consideremos oportuno, que puede ir desde la Universidad corporativa hasta el no se preocupe que nunca vamos a formar a nadie que pueda moverle la silla, ilustrísimo gerente o director comercial; hasta podemos convertir en grado universitario la formación de camareros de chiringuito mediterráneo en agosto (nunca hay suficientes)...

Claro que eso significa que el cliente de la Universidad es la empresa, el mercado laboral. Esto habría que decidirlo con claridad porque si formamos "tropa" en vez de "oficiales" el cliente no puede ser el "recluta" o "el padre del recluta", es decir, la satisfacción del cliente-alumno o padre de alumno habrá que sustituirla por la satisfacción del empleador, imaginando, por cierto, que ese empleador sabe ganar batallas en la guerra de la competitividad. Si yo soy un empleador quiero empleados resistentes a la frustración, competitivos y obedientes (qué le vamos a hacer). Y les puedo asegurar que en la Universidad hay mucha gente (y si no con dejar entrar más profesores asociados, listo) que sabe lo que se cuece en las empresas y en los despachos de los empleadores.

Que esto suponga abandonar la idea de formar ciudadanos, con criterio, iniciativa, creatividad, visión y ganas de mejorar el mundo, en la realidad cotidiana de los campus no representa tristemente ningún problema. Pero que no exista ningún indicador de calidad al respecto sí debería preocuparnos un poco.

domingo, 27 de junio de 2010

El estado de excepción informativo

¿Qué está ocurriendo para se hable de eliminar las Diputaciones?, ¿cómo es posible que alguien plantee poner peajes en carreteras que nunca los han tenido?, ¿alguien podía imaginar que se bajaran los sueldos a los funcionarios y a altos cargos o que se congelaran pensiones?, ¿aventuraban los creadores del IVA que podría llegar a las tasas actuales?, ¿tan caliente está todo como para replantearse el Estado de las autonomías o qué me dicen de la existencia misma del euro?.... Buena parte de todas estas ideas eran marginales no sólo hace unos años, cuando la quiebra de Lehman Brothers, sino hace apenas unos meses, cuando Zapatero recibió la llamada de Obama. Pero en unas semanas se ha creado una agenda informativa capaz de encajar prácticamente cualquier planteamiento global, casi "revolucionario" (las comillas son irónicas), sobre la situación general y casi cualquier medida concreta "sorprendente". Sobre todo ese tipo de medidas que perjudican al individuo en aras del bien común, esencialmente bien financiero. Vivimos un verdadero estado de excepción informativo, con un gobierno socialista tan finiquitado que se puede permitir prácticamente hacer cualquier cosa, incluso pactar con los populares, plegarse a los lobbies o mandarlos al carajo. Pocas veces, por no decir ninguna en la historia reciente, se han dado cita estas circunstancias. Si la clase política tuviera más nivel intelectual y creativo seguramente se darían pasos importantísimos para los cuarenta próximos años, y casi todo el mundo tendría que comulgar con ruedas de molino: la clase media, la alta y la baja, los bancos, la patronal, los sindicatos, la gran empresa y las pymes y, sobre todo, los medios de comunicación y la opinión pública en general.

Lo malo es que esta situación puede quedar reducida a globos sonda, o a medidas muy, muy pequeñitas. Es curioso. El gobierno de Zapatero tiene ante sí una oportunidad como no la tendrá quienes le sucedan. Al final de su etapa, curiosamente, después de meter la pata como pocos, se le presenta una ocasión de gol que ni siquiera tuvieron Suárez, González o Aznar, por mil motivos particulares pero sobre todo por uno global: la agenda periodística de estos meses, todo un espectáculo en lo político y económico sólo comparable al espectáculo sanitario de la gripe A. Solo que no sé si sabrán aprovecharlo.

viernes, 25 de junio de 2010

La crisis de BP




La gestión de crisis no es lo mismo que la comunicación en casos de crisis. Difícilmente se puede comunicar bien si se gestiona mal, sobre todo si el problema dura algo más que un informativo. Tenía pendiente abordar el caso de BP y seguramente a estas alturas casi es imposible decir nada nuevo. Los vídeos ridiculizando tanto a la empresa en general como sus relaciones públicas en concreto arrasan en Internet. Los expertos no se ponen de acuerdo en si desde la perspectiva de comunicación BP lo hace bien porque hasta el problema del pozo era una empresa ejemplar, aunque al parecer sólo desde esta perspectiva. Desde la de las prácticas sostenibles en términos de explotación está claro que no y, según los inciados, hace ya algunos años que la firma no era una referencia modélica que digamos.

Días atrás me comentaba un colega que mientras el pozo siguiese echando petróleo qué diablos esperaban que hicieran los de comunicación además de capear el temporal como puedan, que es bien poco. Cierto. Aunque estamos una vez más ante uno de esos casos tan previsibles (al margen de sus circunstancias concretas) que resulta curioso el que no pueda existir una estrategia más fuerte. Quizá porque no es posible. Quizá porque las prácticas cotidianas de la empresa, movida por la lógica ansia de rentabilidad, no pueden explicarse del todo, ni en su complejidad ni en sus riesgos. Quizá porque la opinión pública, empezando por los políticos ante esa opinión pública, no está dispuesta a asumir de manera consciente el porcentaje real de probabilidades de desastre de determinadas actividades.

BP o cualquier otra organización de alto riesgo (una central nuclear, por ejemplo) puede seguir todos los pasos habituales para estar preparados para lo peor. Pero nunca lo está la opinión pública. Y si la empresa decide emprender una labor "educativa", al estilo de lo que está haciendo el lobby nuclear aprovechando la crisis, la ciudadanía, los medios (incluida Internet) y el poder político aparentarían aprender, dirían que aceptan el riesgo del vertido, de la contaminación, de la explosión, pero no sería cierto. Al menos no en el corto y medio plazo de tiempo.

Así que las empresas, las grandes empresas, asumen que muy de vez en cuando algo horrible ocurre. Pierden millones, ruedan unas cuantas cabezas y se recompone la situación. Si es que pueden, claro.

De modo que, en mi humilde opinión, BP lo habrá podido hacer mejor (siempre es posible), pero en realidad lo que le está ocurriendo en materia de comunicación representa el tópico y típico imponderable. No es para abrirse las carnes por cómo lo están haciendo. Habrá que esperar uno o dos años para comprobar cómo se recupera su imagen y su valor. Sólo entonces se podrá confirmar si los de comunicación son tan inútiles como ahora aparentan.

jueves, 24 de junio de 2010

Movimiento en la red


Algo está pasando en la viralidad de los vídeos. Los rankings han dejado de estar encabezados por contenidos domésticos, no profesionales y más o menos espontáneos, y están dominados por los vídeos musicales hipercomerciales, los acontecimientos deportivos de masas tipo mundial y los lanzamientos cinematográficos. Como profesional, debería alegrarme de este pequeño "triunfo" sobre los aficionados, o, más que alegrarme, entenderlo como algo lógico. El vídeo de este niño es una de las últimas excepciones estos días. Pero resulta llamativo esto que no sé todavía si se puede llamar tendencia. Con los blogs está pasando algo también muy curioso, consultando estadísticas tipo alianzo o alexa parecía descender el tráfico lentamente y de pronto ha habido un repunte de los blogs más conocidos. Esto se sigue moviendo. Y mucho. Casi tanto como este rey de la samba.

miércoles, 23 de junio de 2010

Pringaos padres

Es un decir. No tengo hijos porque ya habrá tiempo, porque además de gasto significa compromiso, porque soy joven a mis treinta y.. o a mis cuarenta y..., porque no quiero ser adulto, aburrido, porque me ata a mi pareja, porque no encuentro a la pareja adecuada, porque todas o todos son iguales, menos yo, porque trabajo mucho, porque no tengo trabajo, porque me gusta colocarme de vez en cuando, porque prefiero viajar y vivir en casa de mis padres, porque no puedo vivir como mis padres, porque no estoy seguro, porque soy Peter Pan, porque los voy a querer tanto como esos padres que no hacen otra cosa que adorarlos, transportarlos, vociferar en las gradas, pagar deportes, actividades, academias, campamentos y quejarse de lo largas que son las vacaciones escolares, porque hay divorcio pero con hijos...uf, hijo, hijos, qué pringao es tener hijos. ¿Tener? Ah, bueno, llega un momento en que si hablamos de tener, lo que se dice tener, pues sí hombre, como quien tiene un cachorro, mono, listísimo, una propiedad más. Bueno, ya llegará ese momento. Ahora, sencillamente, no puedo. Es la crisis.

martes, 22 de junio de 2010

El universo personal de Inditex

Vengo de visitar las instalaciones centrales de Inditex (Zara) en Arteixo. Conocía obviamente a mucha gente que trabaja y trabajó para la empresa, he pasado delante de sus edificios cientos de veces, había leído libros, casos, reportajes, había visto incluso algún que otro documental en televisión. Así que sorpresa, lo que se dice sorpresa, no me provocó, al menos no más que cuando materializas en persona cualquier otra cosa, ciudad, museo o paraje natural que ya estás harto de conocer en foto o en vídeo. Pero tener el corazón de un imperio comercial a las puertas de casa a veces te hace perder la perspectiva, y no lo digo tanto por la empresa, las dimensiones económicas, el modelo de negocio, el sistema de producción, de logística o de información, todo ello fuera de serie, claro, no tanto por eso, digo, como por el universo humano.

Un universo de 90.000 personas en plantilla (claro que no todas están en Arteixo como ocurre con esas fábricas chinas) y una existencia, más que la presencia: la de Amancio Ortega.

No sé si ocurrirá lo mismo con Steve Jobs en Apple o si ocurría con Gates en Microsoft. Una existencia muy parecida a la de los editores de prensa o incluso (aunque menos) a la de determinados directores. Ocurre también en algunos megabufetes, grandes estudios de arquitectura o de diseño. Pero ni las dimensiones son comparables ni el tipo de empresa en este caso se tiene que vincular por definición al espíritu creativo, emocional e intelectual de la cabeza visible. O quizá sí. Quiero decir, quizá Inditex es una empresa basada en un carácter y en un instinto individual que mantiene en marcha una enorme maquinaria en cascada. Una empresa sin demasiado organigrama, donde la cantidad de trabajadores sólo es importante en la medida en que han construido un particular mundo de relaciones personales en medio de la gran catarata.

Cuando una empresa tiene unas dimensiones sociales mucho más profundas que el ámbito geográfico que la acoge, crea un microcosmos. Que en este caso no tiene nada de micro. Existen redes de relaciones que de alguna manera levantan muros invisibles pero casi siempre infranqueables salvo que pertenezcas a la comunidad y se cumpla el código. Un código que cuelga directamente del estilo del líder, adaptado proporcionalmente a cada nivel, a cada círculo. Urbanizaciones, prácticas deportivas, aficiones, viajes, colegios... no son sólo cuestión de sueldo, sino de proximidad al vértice superior correspondiente. Claro que hay clases, claro que hay rutinas ajenas e invisibles para otros. No hay nada de extraordinario en ello. Sólo crea una curiosa incertidumbre: sin el líder ¿ese microcosmos se disolverá? Puede que la empresa subsista, pero estoy casi seguro de que, salvo que surja un nuevo y personalísimo fuera de serie, la respuesta es no. Y no me hagan demasiado caso. Esto es sólo un ejercicio turístico por paisajes humanos que daría para muchas guías bastante más explicativas que cualquier libro de gestión de empresa.

lunes, 21 de junio de 2010

Vídeos de teleformación y otras lindezas

No paro de ver nuevas iniciativas de teleformación que incorporan contenidos audiovisuales. Medio mundo educativo se ha lanzado a realizar vídeos que después se pueden ver en streaming o se pueden descargar. Y el 95% (soy caritativo) resultan insufribles. Enseñan a un conferenciante superpuesto a un Powerpoint e incluso sin nada, a veces incluso sin conferencia: un tipo charlando en su despacho, mal iluminado, con sonido horroso y con toda su buena voluntad, largando durante 90 minutos sobre la sinestesia, los pelos de la acelga o la teoría de los conjuntos aplicada al marmitako. No quiero ser muy duro en la crítica, al fin y al cabo se trata de profesionales de la enseñanza, esforzándose en utilizar las tecnologías digitales, esas tan "fáciles" de usar, con "tantas posibilidades" aunque se trate de una simple cámara web, o incluso con dos o tres operadores de cámara becarios (eso sí, cámaras HD aunque luego se comprima el vídeo hasta la radiografía de un suspiro) pinchados indiscriminadamente por un realizador en prácticas: ahora el conferenciante de frente, ahora de lado, ahora su tonsura o coronilla, incluso algún plano del auditorio si lo hubiera.

Dirán ustedes que, en esencia, cuando un alumno está en clase tampoco ve mucho más. Cierto. Por eso cuando se inventó el cine se pensó que era prácticamente lo mismo que el teatro. Hable usted delante de una cámara y listo, en la tarima, en la mesa del salón de actos. Yo lo grabo, lo subo a internet y ya somos modernos: tenemos una plataforma de teleformación, un canal de e-learning.

Los que llevan un siglo utilizando el lenguaje audiovisual, con sus tiempos, sus planos, su puesta en escena, educando nuestra cultura colectiva hasta el extremo de que te cuentan la Biblia en tres horas y te quejas de que la peli es larga, metiendo en un spot de 20 segundo 48 planos, elaborando cortinillas para separar en secciones la escaleta de un informativo con tres presentadores para 30 minutos, dando paso a vídeos, reporteros, corresponsales, los que hacen documentales de todo tipo de disciplinas, con infográficos, con música, todos ellos nos están malacostumbrando. El audiovisual puede volver a ser una cámara fija ante la que está largando la lección magistral (o jugando a ser aprendiz de showman, que de todo hay) y a eso lo llamamos nuevas tecnologías. Hala.

Con tanto busto parlante podemos ganar (es un decir) en pluralidad de mensajes: miles de profesores ejerciendo su libertad de cátedra no cosa de despreciar. Pero ¿no sería mejor tener menos profesores y más realizadores y productores audiovisuales? Las cadenas de documentales, incluso de lo más bajo coste, tienen los contenidos o los pueden realizar, contando con premios nobel, con los mejores especialistas, para audiencias masivas o muy especializadas, ¿de verdad alguien cree que puede captar la atención de un alumno, acostumbrado a estos despliegues, con su profesor de química orgánica pegado a la cámara web y alternando diapositivas?, ¿esa es la calidad de contenidos que pueden hacer las universidades o los sistemas educativos nacionales o regionales encargados de las enseñanzas primarias y secundarias?

Claro no es sólo un problema de la teleformación. El hecho de que las mismas universidades, no sólo hayan proliferado, sino que apuesten por atomizar los grupos de alumnos a costa de reducir las clases que reciben demuestra que se ha optado por mensajes de peor calidad y de menor duración pero más personalizados. Dicho de otro modo, en vez de poner a Steve Jobs ante una audiencia enorme preferimos poner a miles de recién doctorados en informática ante grupos de cinco o diez alumnos, o a profesores de provincia (y conste que yo soy uno de ellos) ante medio centenar. Y si no, con un vídeo cutre, que se puede ver en cualquier momento, sin necesidad de ir a clase.

En realidad ir a clase empieza a ser algo totalmente prescindible. Hace años, porque había fotocopiadoras de apuntes. Ahora, porque te da los apuntes el propio profesor, o están en la web. Sí, ya sé que hay muchos más métodos docentes que la clase magistral, pero al fin y al cabo sólo hay que recordar que con Bolonia el alumno que antes tenía 750 horas de clase por curso tiene ahora 450, con suerte, eso sí, más personalizada y con vídeos en streaming que no soporta ni la madre que los parió.

450 horas presenciales. Piénselo si va a mandar a un hijo a una Universidad fuera de casa. Puede tener que pagar 11 meses de alquiler o de Colegio Mayor para que su hijo acuda a clase 450 horas, once semanas laborales, tres meses. Vamos, que los otros ocho se los regala al sistema no presencial. Eso sí, con la teleformación esto no ocurre.

jueves, 17 de junio de 2010

Los problemas de Mediapro son nuestros problemas.org

Si el fútbol quiebra, ríase usted del rescate del sistema financiero o de la reforma laboral: se arbitrarán todas las medidas necesarias para que continúe el espectáculo. No será lógico pero quién habla de lógica aquí. El concurso de acreedores de la empresa que proporciona la mitad de los ingresos a los clubes de fútbol pondrá nerviosos a unos cuantos multimillonarios, pero en seguida se encargarán de trasladar la tensión a las masas. Y los rescatarán, no le quepa duda.

Las televisiones hincharon el globo del fútbol hasta convertirlo en su ruina. Una estrategia que comenzó cuando las gradas se vaciaban y la promesa de la televisión de pago auguraba unas rentabilidades que no se han producido. Ahora el sector audiovisual contempla atónito como los disparatados derechos de imagen, no sólo del fútbol, por cierto, han enriquecido de forma salvaje a unos cuantos deportistas, entrenadores y gestores, que lejos de ajustarse al mercado real (ya sabe, TDT, atomización de audiencias, descenso de los ingresos por publicidad, internet, etc) han jugado a los globos como los bancos y el mercado inmobiliario: inflando, inflando e inflando hasta que estalle, eso sí, en la mano del siguiente.

El conflicto entre Mediapro y Sogecable es una alegoría del conflicto entre las corrientes del nuevo y viejo PSOE, pero como ya estamos tratando de muchos millones la interpretación política es secundaria: ya sólo es pasta y poder. Medios de comunicación al servicio, no de gobiernos, sino de los especuladores del mercado, en este caso futbolístico, construyendo diosecillos como alimento de paganinis enfervorizados que, mire usted por donde, no están dispuestos, tanta pasión como tienen, a pagar tanto como se esperaba. Así que Mediapro, que entró como un elefante en cacharrería, igual que lo hiciera Sogecable en su momento, distorsionando el mercado, comprando todo al precio que hiciera falta porque detrás tenía unas cuantas promesas gubernamentales y de analistas de audiencias, ahora acude al concurso de acreedores por "prudencia". Yo me iré tentando los machos, no siendo que vuelvan a bajar los sueldos porque esto, también, lo arreglamos entre todos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Wikileaks y la nueva resistencia

No sé si soy yo o si es la Red, no sé si son los Michael Moore, Peter Joseph, Morgan Spurlock y toda la retahíla de nuevos documentalistas que están metiendo el dedo en la llaga del sistema, no sé si es Bilderberg y toda su falsa discreción, no sé si son las confesiones de los "sicarios económicos" o el fin de la clase media, no sé si es la batalla de la política contra los mercados o si directamente los gobiernos están perdiendo la partida, y no sé si esto tiene algo de nuevo o realmente ahora se está poniendo de moda, pero la sensación es que está ocurriendo algo importante en la agenda informativa, o en la opinativa, algo que está superando las barreras que antes limitaban las ideologías radicales antisistema o teorías de la conspiración y que podría parecerse a un conato de resistencia social. Al menos no estaría mal que lo fuera.

Quién sabe. Quizá fue Al Gore y su verdad incómoda o que realmente el sistema se ha pasado y ya están cabreados señores con corbata, no simples okupas o alternativos. O, insisto, es mi atención selectiva y la capacidad de ver en Internet lo que que quieres ver. Pero ayer me encontré que en varias páginas, incluidos agregadores de noticias, se hacían eco de las presiones de Obama, o del gobierno estadounidense así, en impersonal, a Wikileaks, la wiki de los secretos desvelados por fuentes anónimas. Todo un experimento, quién sabe si esperanzador o frustrante, con la libertad de expresión. Aunque lo de Obama es un favor promocional impagable.

martes, 15 de junio de 2010

El detector de penes

El penúltimo de los experimentos en redes sociales, Chatroulette, cansado de servir para que multitud de sujetos exhiban su pilila, ha incorporado al parecer un detector de penes. No sé si para alegría o disgusto del usuario de un servicio que, a tenor de lo visto en estos meses, ha servido para animar a todo tipo de cachondeos simpáticos, tontos, vacilones, creativos. Pero montón de individuos se empeñan en mostrar sus pirolas y esta característica ha proporcionado una cierta personalidad al invento que, claramente, su propietario y creador, Andrey Ternovskiy, no desea. ¿Cuántos palotes se veían hasta ahora en un ratito de Chatroulette? pues los suficientes para ser aburrido si no es eso lo que buscas y tantos como para pensar que hay mucho tío peculiar por ahí suelto, cuestión ésta que quizá no sorprenda a nadie. De todas formas, sociología o psicología al margen, lo que me deja anonadado es la capacidad de los desarrolladores de software. Imagínese la conversación:

-¿Qué haces?
-Nada, desarrollando un sistema para detectar penes.

Ahora me acabo de conectar. La imagen más inquietante que me he encontrado es la de una chica con un bebé en brazos, por su mirada ligeramente ida, pero también porque en las diez imágenes anteriores aparecieron dos o tres tipos encantados de si mismos, engañando al software mágico, vamos. El resto eran caras normales, aburridas, buscando quién sabe qué, quizá un rato de compañía, quizá los nervios ante tan apasionante experiencia, a lo peor la más apasionante del día, manda güevos. No sé ni qué pensar... tal vez en la madre del informático preguntando a su hijo a qué se dedica exactamente.


sábado, 12 de junio de 2010

Prestar dinero a Botín o al Tesoro Público

Disculpen mi ignorancia por mezclar churras con merinas y el atrevimiento de comparar dos cosas muy aburridas: los bonos del Tesoro y un depósito del Santander. Un rollo financiero, vamos. Pero no entiendo por qué el Tesoro coloca cuatro mil millones de euros al 3,39% de interés y es fantástico, cuando el Santander consigue no cuatro, sino treinta mil millones con su "Depósito ganador" y casi 90.000 nuevos clientes, eso sí, con un interés de hasta un 4 por ciento.

Voy por partes. A España le resulta difícil colocar su deuda (aunque no tanto viendo lo ocurrido esta semana) porque es menos segura que la alemana, porque carecemos de credibilidad, porque somos uno de los PIGS, etc, etc. Y en esto llega una entidad privada, grande pero no tanto como el Estado español, digo yo, y en unos meses logra que 191.000 personas le den una media de más de 150 mil euros por barba. Eso significa que, o bien el Santander tiene mejor imagen que España, o bien que Botín tiene más credibilidad que Zapatero.

Se critica, quizá con razón (no digo yo que no), que el Tesoro tenga que pagar un 3,39, un punto y pico más que los alemanes. Sin embargo, nadie duda de la solvencia del Santander para pagar un 4%. ¿Guarda Botín algún secreto para conseguir mejores rentabilidades que el Estado?

Y es que hay otra cara de la moneda. Los que le entregan el dinero a Botín esperan una rentabilidad sin importar cómo la obtendrá: si jugando al mentiroso otra vez, como con las subprime, o si alguien hará alguna vez una inversión en la creación de riqueza real, de empresas, de productos, de valor. Esas 191.000 personas que poseen 30.000 millones de euros deberían ser el motor financiero de algo concreto, no sé, una enorme vaca que diera leche, un científico genial que curara el cáncer, 30 empresas de mil millones de capital creando puestos de trabajo... pero lo más probable es que todo se hunda en los procelosos mares de los futuros, derivados o fondos de cobertura (que grandes palabras dignas de los mejores literatos) hasta que alguien vuelva a levantar el cubilete de los dados y no se crea la última mentira.

Si esos 30.000 millones se le prestaran al Tesoro Público es posible que el Estado hiciera... ah, que no, que tampoco comprarían una vaca lechera, ni siquiera la criarían para un futuro (esto de la Educación no es rentable a corto plazo). En realidad no sabrían ni en qué invertir, sólo pagarían facturas.

Y ése es el problema. Que ya nadie quiere investir en industria, en empresas, mejor le damos el dinero a Botín para que nos lo coloque en un producto financiero. Y para qué engañarnos, hablando de estas cosas entre Botín y Zapatero no hay color.

miércoles, 9 de junio de 2010

Pan y circo



Ahora que los periodistas analizan los efectos políticos de la huelga de funcionarios, ahora que los Lakers de Gasol toman ventaja a los Celtics, ahora que llueve en pleno junio, que España golea y prometen partidos del Mundial en 3D, que el Banco Mundial cree que la situación española es "muy grave" o que Rossi está convalenciente de su mala pata, resulta que, con la que está cayendo, España se gasta 18.000 millones de euros en partidas militares. Confío de corazón que este presupuesto incluya las nóminas de los funcionarios de Defensa, a los que se les habrá reducido una media del cinco por ciento y que alguno de los que se benefician del negocio militar vivan en Andalucía, donde se ha decidido que los que ganan más de 80.000 euros anuales son ricos, o mejor aún, en Extremadura, donde los ricos ganan más de 60.000. En este marasmo informativo, ¿adónde dirigir la atención?, ¿quizá a la encuesta que dice que los jóvenes no están suficientemente sensibilizados con la violencia de género? (nada sabemos sobre la violencia en general), ¿a lo difícil que es ser madre?, ¿al manifiesto por el pensamiento crítico?, ¿el fin del modelo capitalista, que dice Sampedro en el vídeo? No. Al pan y circo español, según el NYT.

lunes, 7 de junio de 2010

No haré huelga

No iré a la huelga de mañana. Estoy totalmente en desacuerdo con la política de Zapatero, al que considero el peor presidente del Gobierno de la democracia española, pero no iré a la huelga. Por varios motivos.

El primero de ellos, aunque no por importancia, porque en la Universidad donde soy profesor han decidido que todo el que no firme su presencia en el trabajo se ha sumado a la protesta. O sea, eres huelguista por omisión, no por acción. Teniendo en cuenta que nadie controla nuestra asistencia el resto del año, salvo la obvia que puedan detectar alumnos, participantes de una reunión, etc, o que esta profesión te puede hacer trabajar en casa, en un avión, en una estancia o en un congreso, es casi insultante que te sumen a la protesta salvo que expresamente tú digas lo contrario. Deben andar como locos queriendo ahorrar unos euros o lo sindicatos queriendo sumar cifras de participación que quizá de otro modo serían menores. Y que conste que lo que me parece más escandaloso es que no se controle la presencia en el puesto todos los días. Ojalá ficháramos todos.

El segundo de los motivos es que voy a tener que trabajar igual, porque nadie va a hacer por mí lo que tengo que hacer mañana. Así que mi huelga no le va a importar absolutamente a nadie más, ni va a perjudicar ninguna cadena de producción de ningún patrón, ni la ciudadanía va a percatarse de la ausencia de ningún servicio. Seguiré teniendo que preparar las clases, corrigiendo trabajos y exámenes, escribiendo resultados de investigación, o comprobando los datos de los trabajos de campo. Mañana no tengo clase, ni exámenes, pero se me echa encima el cierre de actas, tengo unas charlas el jueves y el viernes que no entienden de huelga el martes, los proyectos con empresas siguen su curso y con ellos no va la vaina, etc, etc. Aunque tampoco es una razón trascendente, ni pretendo aparentar que el trabajo me desborda más que a cualquiera.

El tercer motivo es que creo que la huelga en la cosa pública que no sea la japonesa, es decir, ponerse a trabajar con toda la puntillosidad del mundo (ya sé que no es exactamente la definición), no tiene sentido: sólo sale perjudicado, en todo caso, el ciudadano; no el político. Al político lo que de verdad le molesta es que el interventor le diga cuatro verdades, el jurídico le diga simplemente no o que el administrativo muestre en público el último procedimiento de adjudicación o la nómina del asesor de libre designación. El político maestro de la picaresca en manos de los "chupatintas maníacos de los reglamentos". Eso sí que los saca de quicio. Pero no, en realidad la huelga en lo público es un mecanismo de presión estrictamente político. Y para la presión política están las elecciones. Ahí será cuando le exprese mi opinión personal, con la misma satisfacción de darle al botón del mando ante un bodrio televisivo.

Claro que la situación en la que Zapatero ha metido al país es mucho más grave que la telebasura. Y tardaremos años en pagar sus errores. Pero está en su derecho legítimo a cometerlos porque se le ha elegido para gobernar. La impaciencia sólo debería provocar una moción de confianza o una de censura que inmediatamente diera paso a la convocatoria de elecciones. Así es la democracia parlamentaria, quizá algo lenta, pero no conviene forzar la velocidad más de lo imprescindible.

En resumen, no haré la huelga (y este es el principal motivo) porque Zapatero no es mi patrón, porque no quiero que me sumen por defecto, porque no se me ocurre mejor manera de expresar mi rechazo a su desastrosa gestión que no votarle, ni a él ni a nadie que haya sido cómplice de su política. Qué le vamos a hacer. Nos fallaste, Zapatero. Ojalá podamos olvidarte pronto, que lo dudo.

domingo, 6 de junio de 2010

Clases de muertos

Los periódicos publicaron su muerte con una nota breve: un hombre de 26 años muere tiroteado desde una moto en Mijas. Resulta que en la Costa del Sol no sólo está la mafia rusa o la siciliana, también la británica o la irlandesa, y vaya usted a saber cuántas mafias más. Siempre me ha llamado la atención por qué estos muertos son prácticamente invisibles para los medios españoles comparados con los provocados por el terrorismo, como si el terrorismo y la criminalidad mafiosa fueran de planetas diferentes. Claro que muchas de las víctimas no son españolas, y el nacionalismo de los balazos es algo que tenemos muy en cuenta. Siempre mencionamos que el asesino es un latinoamericano, rumano, gitano, marroquí o sirio. Si podemos, claro. De un tiempo a esta parte hemos asumido que determinadas zonas turísticas poseen una especie de estatus de protectorado internacional, son más independientes que una herriko taberna. Y a nadie parece importarle, ni al más acerbado centralista, quizá porque en Madrid también hay islotes apátridas en determinados barrios y a determinadas horas.

Muertos y muertos. Para marcar sus distintas clases los periodistas siempre hemos demostrado eficacia. Y yo me pregunto qué hubiera pasado si los muertos de ETA hubieran sido despachados en breves noticias, de esas que parecen que no van con nosotros, como las de la Costa del Sol. O si los hombres asesinados por sus mujeres se contabilizasen igual que las mujeres asesinadas por sus parejas masculinas, aunque sean menos. Se ha escrito mucho sobre la cuestión, pero me sigo preguntando en qué medida los medios tenemos alguna responsabilidad. Seguro que muy lejana en los hechos, pero seguro que muy cercana en cómo la autoridad de turno trata de abordar la situación.

jueves, 3 de junio de 2010

Vanidades, ex poderosos y la red

Con los años, uno va conociendo cada vez más ex. No me refiero, que también, a los ex maridos o ex mujeres; sino a ex presidentes, ex empresarios, ex poderosos en general. Apenas importa si están podridos de dinero o si sólo tienen para mantener la dignidad: todos comparten la vanidad herida de la pérdida del cargo, la melancolía de su salida del puesto, el descenso de puntos en la cotización social, pero la íntima, no la del homenaje, por dios, quién quiere homenajes.

Son personajes muy interesantes. Por su biografía, su experiencia, su visión al acabar el ciclo, su reencuentro con el mundo exterior a su campana de cristal y su dossier de prensa. Mantienen muchos contactos. En realidad casi todos conservan un enorme potencial para emprender proyectos, para consolidarlos... pero ninguno les parece suficiente o ya no se ven con ganas.

Hay ahora toda una generación de ex que además se encuentran con la insolencia de Internet, que les tutea o les ignora, y les entra en casa por la puerta de atrás, cuando ellos, casi en un momento inconfesable, se googlean o buscan una cuestión relacionada con su currículo.

Estaba estos días volviendo a ver por enésima vez Ciudadano Kane y me imaginé a la cantidad de pequeños y no tan pequeños Kane que he conocido sufriendo ante el ordenador como Hearst ante la película de Welles. Y eso que ellos no entran en Facebook.

martes, 1 de junio de 2010

La crisis explicada con burros

Recibido por correo (gracias Viqui), uno de esos textos que no merecerían ser anónimos aunque sean adaptación de adaptación. Así se creó la crisis económica:

DEUDAS y BURROS


Se solicitó a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis de una forma sencilla, para que la gente de a pie entienda sus causas.

Este fue su relato:


Un señor se dirigió a una aldea donde nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran.

Buena parte de la población le vendió sus animales.

Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos.

Y a continuación ofreció 300 euros y el resto de la gente vendió los últimos burros. Al ver que no había más animales, ofreció 500 euros por cada burrito, dando a entender que los compraría a la semana siguiente, y se marchó.


Al día siguiente mandó a su ayudante con los burros que compró a la misma aldea para que ofreciera los burros a 400 euros cada uno.

Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron sus burros a 400 euros, y quien no tenía el dinero lo pidió prestado. De hecho, compraron todos los burros de la comarca.

Como era de esperar, este ayudante desapareció, igual que el señor, y nunca más aparecieron.

Resultado:

La aldea quedó llena de burros y endeudados.

Hasta aquí lo que contó el asesor. Veamos lo que pasó después:

Los que habían pedido prestado, al no vender los burros, no pudieron pagar el préstamo.

Quienes habían prestado dinero se quejaron al ayuntamiento diciendo que si no cobraban, se arruinarían ellos; entonces no podrían seguir prestando y se arruinaría todo el pueblo.

Para que los prestamistas no se arruinaran, el Alcalde, en vez de dar dinero a la gente del pueblo para pagar las deudas, se lo dio a los propios prestamistas. Pero estos, ya cobrada gran parte del dinero, sin embargo, no perdonaron las deudas a los del pueblo, que siguió igual de endeudado.

El Alcalde dilapidó el presupuesto del Ayuntamiento, el cual quedó también endeudado. Entonces pide dinero a otros ayuntamientos; pero estos le dicen que no pueden ayudarle porque, como está en la ruina, no podrán cobrar después lo que le presten.

El resultado: Los listos del principio, forrados. Los prestamistas, con sus ganancias resueltas y un montón de gente a la que seguirán cobrando lo que les prestaron más los intereses, incluso adueñándose de los ya devaluados burros con los que nunca llegarán a cubrir toda la deuda. Mucha gente arruinada y sin burro para toda la vida. El Ayuntamiento igualmente arruinado.

Resultado ¿final?:

Para solucionar todo esto y salvar a todo el pueblo, el Ayuntamiento bajó el sueldo a sus funcionarios.

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