miércoles, 7 de septiembre de 2011

Sólo dos horas más de clase

Un experto en técnicas para hablar en público comentaba ayer que una buena intervención requiere una preparación mínima de tres semanas. Sobre todo si es una charla breve, que motive, una charla eficaz. Hay que dominar el tema, ensayar ante el espejo, repetir una y otra vez el inicio, los cambios de ritmo, captar la atención, mantenerla y recuperarla cuando baja, sin olvidar naturalmente el objetivo principal: que el mensaje se fije en la mente del receptor.

Si usted ha tenido que hablar en público, hacer una presentación, incluso un mínimo discurso familiar, conoce el miedo escénico, sabe el trabajo que da, la tensión que provoca. Lo de menos es que deba hablar un minuto, diez o sesenta.

Claro que eso se debe a que no es profesor. Porque al parecer, los profesores no necesitan preparar sus clases y sólo trabajan cuando las están impartiendo. De hecho, algunas administraciones han decidido transmitir la idea de que los profesores sólo trabajan las horas lectivas que les corresponden: 18 a la semana. El resto de los mortales, un mínimo de 40. Por eso llega el momento de sacrificarse y trabajar dos horitas más, que tampoco se hernian. 20 horas semanales. Hablando ante un público juvenil que se queja de lo lenta que es una película que en dos horas te cuenta la Biblia, que está acostumbrado a bostezar o a distraerse ante efectos hollywoodienses multimillonarios, que zapea con el mando o picotea en Internet sin ser capaz de fijar su atención en productos que pueden suponer el trabajo de docenas de profesionales de la comunicación y tecnologías complejísimas.

A ese público, que generalmente preferiría estar en cualquier otro sitio, debe motivarle y formarle durante 20 horas de clase preparadas en las otras 20 horas. Eso sin contar tutorías, reuniones de programación o coordinación, entrevistas con padres, corrección de ejercicios y exámenes, etc, etc.

El que se asignen las plazas de profesor por horas lectivas quizá parezca lógico. Pero es un truco. Si mañana la administración educativa decide ahorrar más y meter a 50 alumnos por aula, seguirá siendo una hora de matemáticas, pero hay 50 cuadernos que revisar. Dar una charla a diez personas puede ser lo mismo que darla ante diez mil, pero no es lo mismo si se trata de leer comentarios de texto, corregir faltas de ortografía, problemas de física o análisis sintácticos.

Tampoco es lo mismo dar una materia que otra. Resulta aterrador la cantidad de profesores que no imparten las materias de las que son especialistas. Y tienen que preparar esas clases a veces de un día para otro.

Pueden ser autoridad pública, pero torear con hijos de los padres actuales no da precisamente demasiada seguridad. Por eso muchos acaban desquiciados o maniáticamente arbitrarios.

Les han bajado el sueldo porque tienen la plaza fija. Y a los que no la tienen, también.

La Administración educativa ahorra recortando puestos de interinos pero la Administración general tiene que pagarles el paro. Menudo negocio para las arcas públicas.

Claro que tienen unas vacaciones incomprensibles. Ese sangrante mes de julio que todos envidian. Además de agosto, y la semana santa, y la blanca o los carnavales, y las navidades. Según el experto, ni aún así les daría tiempo a preparar su clase como una buena charla. Pero como no la preparan, pues a disfrutar.

Así que se dejen de quejas. Dos horitas más de trabajo no es nada. Encargarse de los niños en los autobuses, qué menos. Además, los profesores nos recuerdan a los que tuvimos y odiábamos de pequeños. Bueno, también estaba aquél que nos enseñó. Pero es que ése era muy bueno, daba las clases sin prepararlas y conocía nuestro nombre porque fuimos únicos en todos sus años de profesión.

Por cierto, el policía sólo trabaja cuando está patrullando; los diputados, cuando calientan escaño; el cura, consagrando; el juez, en la sala; el periodista, cuando presenta las noticias (esas que se sabe de memoria y nos las cuenta sin leer); y el funcionario de ventanilla, ése... bueno ése no trabaja nunca. Y Messi y Ronaldo son dioses.


2 comentarios:

  1. Me encanta lo obvio, porque la mayoría de las veces lo ignoramos.

    Una suerte poder disfrutar de nuevo de entradas como esta.

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  2. Los colegios privados y concertados obtienen mejores resultados a pesar de que tienen más alumnos por clase, los profesores tienen más horas lectivas y los profesores cobran menos.

    La ley permite asignar hasta 21 horas lectivas de modo que los profesores se quieren negar a cumplir lo que les asigna la ley.

    Cuando el gobierno socialista recorta salarios los sindicatos callan pero cuando un gobierno del PP pide apoyo para capear la crisis los sindicatos montan protestas y huelgas. Es completamente política.

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