domingo, 13 de marzo de 2011

Y tú, ¿de quién eres?

Un domingo lluvioso. Como para reflexionar. La semana pasada, debió ser por los carnavales y por esa florecida fauna del management y los recursos humanos que habla tanto ahora de la felicidad, estuvo ocupada por conversaciones largas y "conceptuales". Vamos, que hasta me preguntaron ¡bajando una escalera! cuál era mi concepto del ser humano. Apenas 24 horas más tarde, otra persona me preguntó en qué creo. Y al día siguiente, por mi visión global de la política, así, a las bravas.

No son conversaciones habituales. No suele haber ni tiempo ni ganas de pensar, ni mucho menos de escuchar, no siendo que te cuenten su vida, etc, etc. Pero ando leyendo a Antonio Damasio, escuchando a "coachs" mediáticos como Mario Alonso Puig, a ese monstruo emergente de la felicidad que es Santiago Vázquez, e incluso a mi amigo Ramón Gil (que fue el que me puso en la pista de la alegría de Spinoza, más que de la felicidad). Son intelectuales pragmáticos. Con la ciencia, la gestión del día a día o la tecnología llenando sus agendas. Pero manejando conceptos de peso casi también a diario. Y entonces uno es más proclive a caer en esos temas.

Ignoro si en mi entorno me ven en crisis (siempre lo estoy) o si los que están en crisis son los que me preguntan y quieren encontrar en mis respuestas sus soluciones. No me lío más. Voy al grano.

Todo empezó con el Eyetracker que utilizamos en la Facultad para investigar los movimientos del ojo cuando vemos una película, un anuncio, una web o un periódico. Eso nos llevó al neuromarketing e impepinablemente a la neurociencia (conste que los enlaces a wikipedia son por divulgar).

De pronto surgió la discusión sobre si, igual que las emociones, las creencias e incluso la espiritualidad residen en alguna zona del cerebro.  ¿Dónde si no?, ¿en el culo?, preguntaba yo (perdón, pero es que cuando me pongo...) En el alma, me contestó alguien. Y a mí, que, por decirlo finamente, carezco del don de la fe y que cuestiono no sólo el dogma sino la inteligencia del dogmático, me dio la risa. La irrespetuosa risa. Perdón otra vez.

Pero, claro, leyendo a Damasio, si te preguntan por tus creencias sabiendo que digas lo que digas se lo van a pasar por no recuerdo qué parte del lóbulo correspondiente, es decir, por unas cuantas neuronas con conexiones a veces muy calientes, las del forofo, fanático, creyente, patriota, integrista, etc, etc... pues mejor te callas o haces un chiste a favor de la felicidad o de la alegría.

O estás conmigo o estás contra mí. Con el Eyetracker hemos comprobado como la gente, ante le tesitura del "Y tú, de quién eres", llega a votar hasta con la mirada: Zapatero-Rajoy, Cocacola-Pepsi, fútbol-baloncesto, hombre-mujer, coche-moto, Rolling-Beatles. Vamos, que tus ojos te traicionan unos instantes, pero después los diriges para votar, no vaya a ser que, si soy hombre, por ejemplo, mire más un paquete que unas tetas.

Y esta reflexión es por la famosa distorsión selectiva, que todo lo retorcemos para entender lo que queremos entender. ¿Cuál es mi concepto del ser humano? Pues alguna veces creo que es un concepto difuso, a medio camino entre el cerebro y el culo. Otros lo llaman alma y se cabrean conmigo por usar palabras que interpretan como una falta de respeto que naturalmente no me consienten. Será un problema de comunicación. O que la gente se pone nerviosa si no está siempre "con los suyos". Qué aburrido.

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