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Escribe un papel y viaja con él

Llevo unas semanas en que no paran de hablarme de una nueva casta de famosos: los speakers (resista la tentación de traducirlos por charlatanes, por favor).

Los entrevistan en televisión, se ofrecen en correos masivos, en folletos, en webs, adornan congresos, galas, banquetes y convenciones.

Quizá con este blog yo hago algo parecido, en malo, naturalmente. Aunque me enfrento a mis propios problemas.

Por ejemplo, desde que uso un iPad me he convertido más en lector de internet que en escritor, mi blog poco a poco tiene menos y menos entradas. Pero es curioso que también puede coincidir con esa sensación que muchas personas tienen de que es mejor "escribir un papel y viajar con él". Casi un único mensaje, al menos durante una temporada, repetido ante distintos públicos, con los mismos chistes. Puede ser una teoría, un discurso de motivación, un ejercicio de "coach", una "performance", una charla sobre hombres y mujeres. A la gente le encantan esas cosas. Pagan, aplauden y ríen. Celebran la brillantez del ponente sin conciencia de haber presenciado, en realidad, una grabación, una representación teatral milimetradamente ajustada al guion (obsérvese que va sin tilde, por cierto).

Y con los blogs ocurre, igual que con el periodismo, que hay que escribir a diario, o "periódicamente" por lo menos. Una persona normal puede agotar los mensajes que quiere aportar al mundo en unos meses. Un periodista profesional es más pertinaz: siempre tiene actualidad que ilustre sus columnas, sus reportajes. Aunque al cabo de los años también saben que se repiten, sufren un constante deja vu. Hoy lo pensaba con los Oscar, cuya entrega aún no se ha celebrado en el momento de escribir estas líneas. Pero también con las revoluciones en el norte de África. Hasta con las limitaciones de velocidad. "Ríos de tinta", ahora digital, corren como siempre, ríos de aficionados que se relevan en los blogs o en la red en general y de profesionales que, lamentablemente se relevan también casi a la misma velocidad en las redacciones.

Los speakers no. No agotan los temas porque casi siempre dicen lo mismo. Ni al parecer les aburre.

Yo no dejo de escribir por falta de temas, se me ocurren dos docenas al cabo del día. Tampoco dejo de escribir, ya me gustaría, porque esté elaborando un papel para viajar con él, aunque cada vez que vuelvo a ver la película de Sidney Lumet, Network, como esta semana, me coman los demonios para hacer una versión moderna en forma de charla en estos tiempos "apocalípticos" de fin de clase media, estupidez eurocentrista, pijerío digital e idiotización colectiva.

Me encantaría sumarme a la "perspicaz hipótesis" de que los blogs están muertos, por aquello de convertirlos en fenómenos fugaces y tener la sensación de que avanzamos hacia el 3.0 y más allá, y que cada vez estoy más en Twitter o en Tumblr o Quora, o que visto de camiseta y vaqueros a pesar de estar más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. No, no pretendo ser más joven de lo que soy (ojo que lo soy mucho), ni participar obligatoriamente en el fenómeno comunicativo de turno. No importan los blogs, ni las redes sociales, ni la literatura que queramos creer. Importa que lo conviertas en un "speak".

En realidad creo que dejo de escribir porque me repito, aunque prácticamente nadie lee entradas antiguas salvo la que se refiere a Antonia San Juan. Conseguir lectores, incluso vía algoritmo nuevo de Google, sigue pasando por las mismas taquillas de toda la vida. Aunque tampoco escribo por conseguir lectores, ni lo estoy dejando por no conseguirlos.

Dejo de escribir por estancamiento, espero que temporal. Porque el fin de ciclo se ralentiza y ya está dicho. Porque el peor gobierno de la democracia española sigue avergonzándome, y también está dicho. Porque la falta de reacción de la sociedad, incluso a niveles elementales, de gente que haga algo para que las cosas cambien, también está repetido. Porque los padres y los profesores seguimos siendo mucho más culpables que nuestros hijos y alumnos, y también anda por ahí escrito. Puedo seguir insistiendo, pero no le encuentro mucho sentido. No alimento mi vanidad, ni la de usted que me está leyendo (anda que tiene mérito por llegar hasta aquí, gracias). Y ya sabe que esto de la comunicación está muy relacionado con la vanidad, especialmente la de tener razón.

Claro que los conferenciantes o escritores de best-sellers lo hacen por el caché y los aplausos, no por la razón. Recuérdelo la próxima vez que le vendan una moña sobre la felicidad, el que se ha comido el queso o la pulsera mágica magnética holográfica. Ellos también tienen blogs, Twitter o videos en Youtube. Con entradas antiguas.

Comentarios

  1. (...) los profesores seguimos siendo mucho más culpables que nuestros (...) alumnos

    Tonterías. A menos que sean además charlatanes de "¿quién se ha llevado mi queso?" Que pasa. Y la baja actividad de blogger. Pero se supera. Los lectores siguen ahí por algo, n'est pas?

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  2. Esto suena a despedida... o a falta de confianza, o a, voy a decirlo, a falta de retro-alimentación de esa vanidad que afirma no ser motivo de su empecinamiento "bloggero" (sin pretender ser un reproche, al contrario, semejante constancia bien merece un halago).
    Es cierto que todo está dicho, sobre cualquier cosa que se nos pueda ocurrir, ¿y qué? Lo importante no es Qué se dice, sino Cómo, y del Cómo, déjeme que le diga, sabe usted un rato.
    Y no, por ahora, nada suena a déjà vu.

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  3. Pues muchas gracias, pero no, no es una despedida. Es más bien una entrada miserablemente envidiosa de esos conferenciantes que sólo tienen una conferencia y triunfan repitiéndola. Envidia por el triunfo pero también por su capacidad de hacerlo (la repetición, digo) sin que se note. Y como todas las envidias, para olvidar. Gracias otra vez.

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  4. Totalmente de acuerdo con "Cristinayyo". La manera en la que cuentas las cosas es lo importante. He resistido hasta el final sin esfuerzo y a pesar de las horas que son. Eres tú y tu modo de enganchar con la palabra lo que realmente importa. Además, para aburrirnos... ya tenemos a los políticos, no?
    Por cierto, lo de "[...] no pretendo ser más joven de lo que soy (ojo que lo soy mucho)", me ha hecho mucho gracia. ¿Por qué os empeñáis los de vuestra quinta en decir que sois jóvenes? Os mantenéis bien para vuestra edad y punto! Seamos francos... de ahí a que digáis con plena seguridad que "sois jóvenes"... en fin, dejémoslo ahí. Si te hace más feliz... sigue pensándolo, Antonio. Peores cosas se han visto y leído. jejejeje. Iluso!! ;-)

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