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Somos mansos

No sé exactamente que les está ocurriendo a los españoles, ya no como país, sino como un suma de individuos. El pesimismo, una vez más en la historia, nos paraliza. El colchón familiar, supongo que también la economía sumergida o el calcetín del ladrillazo, amortigua los efectos del paro. Somos uno de los países con mayor fracaso escolar. El cuarenta por ciento de los más de cuatro millones de parados tienen menos de treinta años. No nos reproducimos. No montamos nuevas empresas. Asistimos sin inmutarnos al progresivo empobrecimiento general presente y futuro. Modificamos por tercera vez el sistema de pensiones en la democracia y estamos convencidos de que se seguirá modificando, siempre a peor, en los próximos años. Coincidimos en que los políticos son más mediocres que nunca, que los bancos y los mercados mandan sobre la democracia pero no surgen nuevas alternativas y nadie con un currículum mínimo piensa en dedicarse a la política. Visualizamos los dramas ajenos como las estadísticas de robos cuando todavía no te han robado a ti, como cuando alguien llora en directo en un programa de radio o de televisión. Centenares de miles de casas están vacías, los locales se ponen en alquiler. Asumimos que todo tiene que recortarse, encogerse. Los medios de comunicación (que viven internamente los mismos problemas que el país) tampoco reaccionan, ni pinchan ni azuzan, parece como que las elecciones podrían cambiar algo porque se cuestionan, yo qué sé, las Diputaciones, o la vinculación de salarios a la productividad.

Y la primera página es Egipto. Bueno. Ver a los egipcios luchando no sólo por su libertad sino por transmitir a los medios occidentales que ellos no son integristas me hace pensar que la gente sigue creyendo que los medios son fines, que Internet puede liberarles. Tanto como nos libera a nosotros. Que nos ocupamos de Bisbal o Vigalondo, por citar los dos últimos casos de personajes quemados en la pira pública de las libertades que nos facilita la red. De acuerdo, lo sé. No es la red, ni que los medios sean fines. Es la naturaleza humana. Esa naturaleza que al parecer nos hace tan diferentes a egipcios y españoles.

Claro que la culpa es del gobierno. Y de quien lo elige. Y de quien no se moviliza o no vota. Y de quien no quiere presentarse o gobierna desde la sombra en su propio interés. Somos mansos, simplemente.

Comentarios

  1. Sí, y además de mansos, indolentes, acojonados y sólo críticos con el vecino. Es interesante la reflexión que haces y, con tu permiso, lo enlazo. Saludos.

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  2. En mi opinión el problema de los españoles, en general, no es su "pasotismo.Nuestro problema se resume en dos palabras: doble moral.

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