martes, 29 de diciembre de 2009

El fracaso de la TDT local

A punto de llegar el apagón analógico de las televisiones españolas, muchas demarcaciones locales de la TDT están quedando desiertas. Incapacidad de emitir, anulaciones de la concesión por parte de los tribunales, desencanto, crisis... las razones pueden ser variadas pero lo único cierto es que la oferta televisiva que el gobierno diseñó como si el audiovisual fuera una finca particular se puede quedar en agua de borrajas. Ni habrá tantos canales, ni habrá apenas interactividad, ni alta definición hasta sabe dios cuándo (en principio hasta 2015). Muchas voces advirtieron de que las bases que se estaban construyendo no eran las más adecuadas. Después vinieron los favores de Cuatro y la Sexta, el decretazo de la TDT de pago. Y las fusiones sobre las que ya empiezan a vislumbrarse las primeras consecuencias, como el supuesto desmantelamiento de Sogecable.

¿Y por qué ocurre todo esto? Puede que por incompetencia, para qué negarlo; muchos políticos creen que pueden moldear la realidad independientemente de la gente, de la tecnología, del relevo generacional. Pero no cabe duda de que también influye la capacidad de presión de quien más pierde con la fragmentación de las audiencias. Los grandes grupos de medios de comunicación de masas prefieren una situación en la que el número de emisores y de creadores de opinión sea lo más limitado posible. De ello depende su poder y su negocio. Así que si hay menos canales, mejor. Y si pactan con el Gobierno de turno tal o cual medida para que todo esté bajo control, mejor. Pero el mundo va por otros derroteros. Si la televisión no se moderniza mediante la TDT, lo hará mediante Internet. Y si quieren controlarla van a tener que quitarse la máscara y utilizar métodos similares a los chinos. Claro que siempre habrá quien lo vista de protección de algún derecho o de viabilidad de no se sabe qué.

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