Ir al contenido principal

El deber de conocer la lengua

La Constitución española en su artículo 3 dice que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Nunca he entendido por qué tienen el deber de conocer la lengua. ¿Y si no cumplen con ese deber?, ¿se les multa, se les mete en la cárcel, se les quita la nacionalidad? ¿Qué nivel de conocimiento es el mínimo para que no le hagan todas esas cosas horribles?

Ahora dicen que el Estatuto de Cataluña se ha atascado en el Tribunal Constitucional sobre todo por el concepto nación y el deber de conocer el catalán. Si el concepto de nación ya es bastante discutido, el deber de conocer una lengua española que no sea el castellano pone a mucha gente nerviosa, la misma que no se inmuta o simplemente considera lógico el deber de conocer un idioma si es el suyo.

No me estoy refiriendo al sistema educativo, donde se puede exigir claramente un determinado dominio idiomático de la lengua que corresponda para adquirir un título o un certificado.
Mi asombro es que se decida que sea un deber de conocimiento por el simple hecho de ser ciudadano. Mira que hay deberes que una persona debería atender, anda que el ser humano no se ha entendido a lo largo de la historia sin necesidad de tan concretas obligaciones lingüísticas tan rápidamente incluidas en los grandes texto legales. En cuestiones de idioma, lo que ha provocado los problemas ha sido no reconocer el derecho de las personas a hablar su idioma tanto como obligarles a hablar algo que no quieren. La verdad es que viendo estos dobles raseros, no sé si en este país tenemos mucho arreglo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Antonia San Juan no es un hombre

Hay miles de cuestiones sobre las que no tengo opinión, sólo estómago. La identidad sexual es una de ellas. No sé qué pensar ante alguien que duda sobre quién es. Y me quedo desconcertado ante la realidad de que algunos hombres quieren ser mujer o viceversa. O ante el hecho de que a un hombre le atraigan los hombres, a una mujer las mujeres. No tener opinión no significa mucho. La mayoría de las cosas se aceptan, se observan, gustan o no, simplemente están. Si dudo sobre la identidad sexual de una persona, me siento inseguro, como con cualquier duda, pero lo acepto como algo que no es de mi incumbencia salvo, naturalmente, que tenga algún interés sexual en ella o sea un juez deportivo ante uno de esos extraños casos como el de la corredora surafricana Caster Semenya.
Pero no me quiero referir a la atleta sino a una actriz, Antonia San Juan, con la que comparto una homonimia razonable. Aunque escribamos nuestro apellido de forma diferente, ella separado y yo junto, y ella sea Antonia y …

Baby boom, generación Jones, X o Peter Pan

Al diario El País le encanta publicar reportajes de identificación generacional. Es un modo de describir a sus lectores, o al público objetivo al que le gusta dirigirse. Ayer le dedicó un buen espacio la llamada Generación X ahora rebautizada como Peter Pan.
Una generación la componen los padres; otra, los hijos; y otra, los nietos. Osea que debería haber diferencias entre ellas de al menos 20 o 25 años. Pero como los hermanos mayores suelen referirse a los pequeños como "de otra generación" e incluso lo creen los universitarios de cuarto curso respecto a los de primero, el marketing prefiere reducir la diferencia a apenas una década. Así que sociológicamente este tipo de reportajes suelen ser una memez donde lo que se identifica es, más que a una generación, un contexto económico al que se enfrentan los consumidores que comparten un determinado momento vital. Pero son divertidos. Y además sirven para autoreafirmarnos, para creernos diferentes pero a la vez igual a muchos otr…

Cambio horario: a quien madruga... le salen ojeras

Esta noche cambia el horario oficial. Decían que iba a ser el último, pero parece que la cosa se pospone. Llaman la atención las discusiones que provoca el asunto. Más si cabe en las zonas más orientales y occidentales del país, las más afectadas por el reloj respecto al sol. No importa la especialidad profesional del opinante, ya sea sociólogo o astrofísico, economista o sanitario, porque desde una perspectiva profesional todo el mundo admite la importancia del sol (los gallegos comen más tarde que los de Baleares si nos fiamos del reloj pero exactamente en el mismo momento solar). Lo que sí importa es que la persona que emite su opinión sea madrugador (alondra) o noctámbulo (búho), o feliz cumplidor de las normas sociales (sistémico) o empeñado en ensalzar la libertad individual (empático). Y sobre todo orgulloso de ser cualquiera de estas cosas.

Los husos horarios, esos que insisten en que Barcelona y Londres deberían tener la misma hora de reloj, son una arbitrariedad política que…