martes, 8 de diciembre de 2009

Ausencias informativas

Acabo de leer un artículo inédito de los profesores Miguel Túñez y Melitón Guevara sobre las ausencias en la agenda informativa de los medios de comunicación y no he podido dejar de relacionarlo con el caso de la activista saharaui Aminatu Haidar. Ni he podido tampoco evitar relacionarlo con la simple disposición de las páginas de internacional de los diarios españoles.

El caso es que, excepciones al margen, resulta tan obvio la ausencia de realidades de enorme magnitud, tanto desde el punto de vista geográfico como humano o temático, que no sé muy bien en virtud de qué nos creemos gente más o menos informada. Por concretar, no es que no exista el Sáhara para los españoles, es que no existe prácticamente África, nada de Oriente que no sea el conflicto judeo-palestino y atentados en Irak o Afganistán, gotas coloristas de Japón y cuatro pinceladas de China o India, nada de Oceanía, un poco de América Latina (poquísimo), nada de Canadá, nada de Escandinavia, casi nada de Europa oriental, en realidad muy poco de Portugal, ni una línea de Teruel o de Palencia... Dirán ustedes que tenemos mucha información sobre Estados Unidos, hombre algo de Nueva York, Washington o Los Angeles, pero del resto del país tampoco es como para echar cohetes, aunque sea la actualidad internacional que más eco recibe de medio mundo.

Y todas estas ausencias que nos dan la sensación de que Nueva York y la Unión Europea son el mundo, bueno Manhattan, París, Londres, Berlín y Berlusconi. El resto no existe. Nada nuevo, al menos en los últimos cuarenta o cincuenta años. Pero sí existe internet, ¿no? La red lo iba a cambiar todo, las realidades ausentes iban a estar, y están, al alcance de un click. Y sin embargo muy pocos le dan a ese enlace, muy pocos hacen la búsqueda pertinente. Tiene que venir alguien, como siempre, y montar el pollo para llamar la atención, una sola persona en huelga de hambre, una sola persona delante de un tanque, una sola persona inmolándose. Su vida vale unos días de atención. Después volvemos a nuestra agenda, nuestra limitada agenda.

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