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El cierre del Bulli, caramba

Esto es un pequeña tontería de domingo, pero estaba pensando que algo raro pasa en la prensa para que un cocinero, por prestigioso que sea, anuncie el cierre temporal de su restaurante, el mejor del mundo, pero un restaurante al fin y al cabo, para dentro de nada menos que tres años, largo me lo fiáis, y se haya convertido en una campaña de publicity o, en cristiano, publicidad gratuita con planas y planas de todo tipo y con minutos y minutos de televisiones y radios.

Este hombre será un crack de los fogones, pero en lo que es un verdadero monstruo es en la promoción. O los monstruos son los que deciden convertirlo en no sé qué. Bueno, al menos este hombre es un número uno en lo suyo. Y los medios son una fábrica de ídolos, a veces totalmente vacíos, auténticos monigotes.  Ferrán Adriá no. Se merece la fama, quizá, que nunca he sido muy de idolatrar a nadie, y su nombre mueve imagen de España, de Cataluña, de cultura gastronómica, de buen vivir, de los placeres de la opulencia y el bienestar. No es, qué sé yo, Belén Esteban.

Pero con la que está cayendo en lo económico, en lo social, en lo político, que los focos iluminen de modo tan exagerado el cierre temporal de un negocio que no es precisamente la General Motors (por el empleo, lo digo, claro) pues como que resulta una verdadera pasada. Sólo un dato: 1.680 referencias en Google con la búsqueda literal "cierre del Bulli". Hala, yo también contribuyo. Qué le voy a hacer.

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