lunes, 20 de julio de 2009

Enamorarnos como perras, jo tía

Me han dicho de todo menos bonito, pero principalmente "desinformao". Cómo es posible que no me haya enterado de que existía el fenómeno "chick lit", la literatura "jo-tía", las películas "chick flicks" (ya lo eran Cuatro bodas y un funeral, 1993; Notting Hill, 1999, y yo sin darme cuenta), además de toda la retahíla de Bajo el sol de Toscana, 2003; En sus zapatos, 2005; The Holiday, Separados y El Diablo viste de Prada, 2006. La Aniston, Cameron Díaz, o Hugh Grant son actores que aparecen hasta en la sopa. Las estanterías de las librerías y quioscos hace años que tienen zonas rosas y no necesariamente gays (¿no has leído Sabrina: 1, el mundo: 0?, ¿ni lo conoces siquiera? ¿Los dibujos de Jordi Labanda no te recordaban a nada?, ¿y qué creías que era Maitena?). Ayer mismo veía una promo de un canal de televisión que decía algo así como "el día que dejemos de enamorarnos como perras, nos aburriremos como ostras". ¿Y el éxito de los gays, al menos de muchos?, por las mujeres, hombre, por las mujeres. Un ejemplo en YouTube (hasta ayer sólo visto 50 veces, casi una exclusiva, y no cobro comisión):



Género romántico, sí. Post feminista, también. Pijo, obvio. Divertido, claro. Más marketing que realidad social, puede. Yo no sabía nada porque no era público objetivo y asistía divertido a lo que parecía una tendencia en la publicidad, porque cada vez conozco más mujeres solteras y divorciadas, o superwomen casadas, profesionales glamurosas, cuerpos cuidados, zapatos carísimos o aparentes, liberadas y modernas, ansiosas por encontrar la pareja de su vida, adictas o con mono de la pasión de las primeras semanas, que adoran viajar, compran coches cada vez más bonitos, en realidad compran de todo cada vez más bonito, porque yo lo valgo.

Pero era algo más que una moda publicitaria, era una apuesta industrial en toda regla que ha logrado, y eso es lo más llamativo, venderlo en términos de avance: las mujeres tienen que aprender (y lo están haciendo) a disfrutar como los hombres, despedidas de soltera con boys igual que despedidas de soltero con stripper saliendo de una tarta, tantas muescas en la culata como sea posible, tanto o más que ellos, porque ellas siempre que quieren, ellos siempre que pueden; ellas pueden siempre, ellos quieren siempre. Todos los hombres son iguales, todos inmaduros, todos un asco. Menos el príncipe azul, la media naranja, él. La mujer se libera, avanza, se iguala al hombre, pero se realiza consumiendo y encontrándole. ¿Era esto?

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