viernes, 17 de julio de 2009

Educación


Esta semana he tenido dos sustos en la moto. Sí, ya sé, muchos ustedes dirán que andar en moto es una irresponsabilidad, arriesgadísimo, que estamos locos. Lo dicen los fumadores y hasta los que andan por ahí sin condón. Y muchas personas prudentes, también. Yo lo asumo.

Los dos sustos que he tenido han sido porque sendos coches se incorporaron a la carretera sin mirar. No es que no me vieran, es que yo sí vi cómo ellos no miraban.

En ese momento deseas ir en tanque. Sólo fueron sustos, porque yo iba lo suficientemente despacio. En un caso pude frenar, en el otro sólo pude esquivar. Hubo suerte. Un coche lo llevaba un macarra acompañado de otro que me miró con cara a medio camino entre el descerebre, el falso desprecio y una pizca de miedo. El otro, un padre de familia algo mayor o un abuelo joven, con chaval de diez o doce años a bordo. Me dedicó un dedo corazón y por su boca saltaban espumarajos.

Y me acordé, aunque ya tiene dos años, de este anuncio.

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