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Narrativas digitales y futuros profesionales de los contenidos

En breve tengo que dar unas charlas sobre narrativa y me llama la atención lo movido que está el término últimamente en la Red. Por ejemplo, el año pasado se han creado una serie de centros de producción y experimentación en Contenidos Digitales gracias al programa "Capacitación Tecnológica de los Futuros Profesionales de la Industria de Contenidos Digitales", promovido por Red.es y la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). El programa es fantástico, aunque a los que llevamos unos cuantos años tratando de "capacitar futuros profesionales de la industria de contenidos digitales" nos haya dado la sensación de que para la Administración educativa no debíamos existir. Pero no está mal la iniciativa, al contrario, es estupenda. Sin embargo existe un peligro: si cae en manos ajenas a los contenidos digitales, incluso en manos exclusivamente técnicas, puede que acaben inventado la pólvora. Cosa, por cierto, bastante habitual. Y lo primero que suelen reinventar, no sé muy bien por qué, es la narrativa, incluso el lenguaje.

Hace un par de años, en mi Universidad decidieron crear una televisión. Naturalmente se olvidaron de que necesitarían contenidos y crearon, para entendernos, Retevisión en vez de TVE. Sin nadie produciendo ni comprando contenidos tampoco había nadie viendo ese canal fantasma. Se gastaron unos cuantos miles de euros en hardware y software para tener lo mismo que ofrece gratis YouTube Edu o iTunes U. Eso sí, un grupo de investigación de informáticos obtuvo una subvención para estudiar cómo debía ser el nuevo lenguaje digital y llegaron a la misma conclusión que Kulechov o Pudovkin hace cien años: que hay que montar, que se necesitan distintos tipos de planos, etc para poder soportar y entender un contenido audiovisual. Nos lo contaban satisfechos a los asistentes de un curso. No sé quiénes eran más ignorantes, si los que querían montar la tele sin contenidos, si los que descubrieron la gramática audiovisual con cien años de retraso o quienes les dieron los dineros para el recorrido.

Gentes de todos los perfiles teorizan, investigan y pontifican sobre las nuevas narrativas digitales como primera aproximación a la creación de contenidos digitales y a la forma en que las audiencias los consumen. Suelen ser personas que creen que las tecnologías de la información empezaron con los ordenadores o, en un alarde cultural, con la imprenta de Gutenberg. Le llaman narrativa a la construcción de mensajes, sean o no narrativos. Ni se imaginan qué pinta en todo esto La Poética de Aristóteles, o que la escritura en columnas ya aparecían en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, no en el Times, sí, ese periódico que casualmente se llama como el tipo de letra del Word.

Hoy publica Jesús Ferrero un interesante artículo que reflexiona sobre los cambios que implica Internet en las leyes de la narrración. La liberación de Living Stories por parte de Google ha reactivado cientos de opiniones sobre la estructura de la información periodística, incluso sobre el concepto de diseño informativo o la organización de las mismas Redacciones. Los narratólogos se mezclan con los teóricos de la usabilidad (que muchos creen también que se ha inventado con Internet) o del hipertexto. Y al final me pregunto si no estamos reiventando la pólvora una y otra vez en vez de encontrarle nuevos usos. Mientras reflexionamos tanto sobre la narrativa digital, Facebook, Google, Apple, Microsoft o Amazon hacen negocios. En esas empresas trabajan los actuales profesionales de la industria de contenidos digitales, los futuros ahora son simples usuarios a los que le está aportando muy poco este pequeño juego intelectual que entretiene a tantos.

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