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Bachillerato, FP y Universidad

Si usted es español, salvo que tenga hijos en las edades afectadas, seguramente no tenga muy claro el conjunto de novedades educativas que se han producido en los últimos años. Una de las más curiosas es la del bachillerato. Resulta que hace un par de años se les ocurrió a las preclaras autoridades educativas de este país crear tres bachilleratos diferentes: al de ciencias de toda la vida le llamaron Ciencias y Tecnología; al de letras, Humanidades y Ciencias Sociales; y uno nuevo llamado de Artes, desdoblado a su vez en dos vías: Artes plásticas, imagen y diseño y Artes escénicas, música y danza. Resulta que un par de años después de echar a andar el modelo, los dos primeros bachilleratos se pueden estudiar en más de 4.000 centros en toda España, pero el de Artes no llega a 300 centros, en muchas provincias existe un único sitio donde se imparte. ¿Para qué se ha creado entonces? La cabeza de los políticos responsables de la educación, esa gran desconocida.

Lo que probablemente le sonará, un soniquete leve, que tampoco..., es que la Formación Profesional, calificada con frecuencia como hermana pobre del sistema a pesar de que ha recibido en ayudas públicas europeas cantidades más que respetables (conozco centros de FP que tienen el triple de presupuesto que la Facultad donde trabajo), les sonará, digo, que se trata de un tipo de enseñanza cuyo objetivo primordial es el empleo (bueno, ahora ya lo dicen, con estrechez de miras, también de la Universidad). Por eso existe un mapa de títulos tan conectados con la realidad laboral como "Asesoría de imagen personal", "Servicio al consumidor" o "Animación turística". Por favor, que nadie se me enfade, ni sus profesores, ni sus titulados o alumnos. Pero ¿alguien busca "asesores de imagen personal" en posesión de un título o ciclo de grado superior?, ¿es esto un ejemplo de adaptación al mercado laboral? ¿Por qué se crean estos estudios?

Si está perdido con lo que ocurre con el bachillerato y la FP, no le digo nada con la Universidad. Desde el acceso (se está improvisando estos meses como si la reforma llegara por sorpresa), hasta el doctorado (hay quien ha necesitado cursar siete años para empezar a hacer la tesis y ahora algunos listos se están aprovechando tras cursar una diplomatura de 3 años y un master de dos, todo un ahorro), pasando por las llamadas ramas de conocimiento, que no se corresponden con los bachilleratos, ni con las áreas de conocimiento de los profesores, ni con los departamentos, ni con las Facultades ni con los nuevos títulos de grado ni con los postgrados. Usted puede encontrarse, por ejemplo, un grado en Periodismo y un postgrado en Periodismo, ¿diferencias prácticas con efectos profesionales, científicos, laborales? uffff, una carrera que se llama igual que otra puede pertenecer a ramas de conocimiento diferentes, impartidas por profesores de casi cualquier área de conocimiento, titulados casi en cualquier cosa y que impartirán lo que les da la gana al margen del nombre de la asignatura.  Además las clases ya no son como siempre. Ahora hay nuevos tipos: magistrales (o de grupo grande), prácticas (o de grupos medianos) y tutoriales (o de grupo pequeño). Como las paredes no son móviles, faltan aulas para los nuevos espacios, faltan profesores para que los alumnos no estén esperando su turno de grupo reducido. ¿Por qué se diseñan estos sistemas si al final no se pueden aplicar o son carísimos?

Estamos sobrados. Inventamos cosas imposibles con los recursos que tenemos, complicamos y complicamos las cosas sin parar. Primero llega un político, luego un asesor o un técnico de algún planeta ajeno a la galaxia, luego vuelve el político y se desencadena el proceso. Hala, ya está. Todos a cumplir con la nueva norma que nunca se cumplirá más que en apariencia. A mí al final ya sólo me dan pena los chavales. Los demás estamos subidos a la estúpida bicicleta viviendo de darle pedales para que no se caiga. Seremos mamones, uy perdón.

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