jueves, 11 de febrero de 2010

¿Está usted preparado para despedir?

Imaginemos por un momento que el despido es en España libre y gratuito. Lo fácil sería imaginar a los trabajadores temblando y a los empresarios frotándose las manos. 

Ahora póngase en el papel del hipotético despedidor. No en plan George Clooney en Up in the air, ni siquiera el mítico Norm de Cheers en aquel episodio histórico donde su estrategia era llorar para que lo consolara el despedido. 

No. Póngase más en la tesitura de jefe cabreado tipo: o haces esto o a la puta calle. Muy por mis santísimos, por ejemplo. Quizá se reforzase el principio de autoridad o disciplina en la empresa (o el de la arbitrariedad, que también podría ser). 

Ahora póngase en la piel del jefe del jefe, que a lo mejor no comparte el mismo criterio, ni la misma opinión, ni el mismo cabreo. O al que incluso le molesta que se haya perdido un trabajador que él considera valioso, quizá más que el propio despedidor. 

Porque, claro, no todos los trabajadores son tan fáciles de echar, ni de sustituir, ni sirve demasiado atemorizarlos. Naturalmente tampoco es tan sencillo conservar a un profesional que ya no se siente especialmente integrado en una empresa para toda la vida, ni demasiado atado o protegido por la antigüedad, ni sujeto a un entorno social más o menos local. 

Si el despido es gratis, conservar el capital humano será más caro. La movilidad geográfica se multiplicará, se reducirá la vivienda en propiedad, los mejores aumentarán su cotización y ojo que estos procesos liberales no suelen favorecer a los peces chicos: el mercado libre, incluido el del trabajo, tiende a la concentración, ganan los grandes. 

Dicho de otro modo: el despido libre y gratuito favorece a los empresarios, pero no a todos; y perjudica a los trabajadores, pero no a todos. 

Ahora mire a su alrededor, piense en todos los compañeros de trabajo, subordinados e incluso jefes a los que despediría. Superada la primera "razzia", llega la tanda de la contratación para cubrir los huecos abiertos. Y la competición se desata. ¿Está seguro de que ganaría usted?, ¿por qué?, ¿por sus encantos personales o porque paga más? Cuidado que en el sector de la construcción en pleno boom especulativo sabían lo que era no encontrar mano de obra especializada, y no se referían precisamente a los ingenieros, que también. Claro que la demanda de casas respondía. Pero todo se reducía a un espejismo cultural: creíamos que era normal hipotecarse de por vida y que los pisos se revalorizasen un veinte por ciento anual, o que el dinero te lo dejaran al cuatro por ciento sin problemas. Y también el despido libre es un espejismo cultural. En España tendría que haber una verdadera revolución cultural para que se desatase la competencia por el trabajador. Puede que muchos estén deseando poder despedir gratis, pero a lo mejor no están tan preparados como creen. Los experimentos, con gaseosa, y las revoluciones, poco a poco, que no ganamos para sustos.

1 comentario:

Mi Twitter

    follow me on Twitter