viernes, 6 de noviembre de 2009

Seguridad privada, seguridad pública

La crisis de los secuestros en las aguas de Somalia está poniendo de actualidad el viejo debate entre seguridad privada y seguridad pública.

Los barcos son privados. Sí. Pero eso no significa nada.

Los intereses de las empresas que operan en escenarios internacionales se confunden con los intereses de sus países. Misiones diplomáticas y comerciales van de la mano, los mandatarios abren mercados a cargo del erario público, los gobiernos firman convenios bilaterales de carácter estrictamente mercantil, se facilita la instalación de fábricas privadas, determinados sectores se consideran estratégicos aunque los protagonistas tengan consejos de administración multimillonarios o accionistas de todo pelaje, la sanidad pública y el negocio farmacéutico privado se entrelazan, y casi todas las guerras han tenido desencadenantes económicos e intereses particulares en los orígenes, en la destrucción y en la posguerra.

El carácter privado de los barcos no tiene por qué implicar su protección privada. En realidad, cuando la seguridad privada sustituye a los ejércitos, salvo cuando estamos hablando de firmas muy reconocidas y controladas, se corre el riesgo de que lo rentable sea que el peligro se haga crónico. Como cuando se paga a la gente por extinguir los incendios forestales en vez de pagarles por evitarlos.

Y un gobierno de izquierdas, aunque a muchos a estas alturas lo de izquierdas les suene a pose de pandereta, debería tener una especial sensibilidad al respecto. De lo contrario, a este paso, podríamos acabar por enviar mercenarios a Afganistán o a Bosnia. O por consentir que sólo los ricos tengan protección, ni siquiera sus empleados.

2 comentarios:

  1. Es muy curioso este asunto, como curiosas son también, por no decir peregrinas, la cantidad de absurdos que se dicen en torno a él. Como el tema sobre el que escribes o la pretensión de que la Justicia libere a unos supuestos delincuentes que presuntamente han infringido la ley en territorio español. Se le pone demasiado sentimiento a este asunto, ya viejo, por cierto, y poco raciocinio. Tengamos en cuenta que el problema con los piratas data, cuendo menos del año 2000, que el Alakrana ya estuvo a punto de ser secuestrado y que algunos de sus tripulantes ya lo fueron. ¿No son motivos suficientes como para pensar seriamente si vale la pena seguir pescando atún en esas aguas? Saludos.

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  2. Yo sigo pensando que, incluso en términos mercantilistas, el subdesarrollo es globalmente un mal negocio. Pero unos pocos se forran, por cierto, en ambos mundos: en el rico y en el pobre. Y ni unos ni otros están muy interesados en que los problemas se solucionen.

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