Me ocurrió algo parecido con La Red (1998), la obra en la que ahora dice Cebrián que anunciaba lo que iba a pasar. Hombre, lo anunciaba con cierto retraso, de hecho años de retraso. En realidad era un simple ensayo divulgativo de lo que estaba ocurriendo con Internet desde hacía tiempo y que muchos autores venían publicando sin parar en los cinco años anteriores.
Con el adelanto de El pianista en el burdel que publica El País me ha ocurrido lo mismo. Un resumen personal de la historia del periodismo, algo que siempre me fascina aunque lo haya leído mil veces, y unas líneas sobre los retos a los que se enfrenta ante el futuro que, por el hecho de venir de quien vienen, deberían aportar argumentos muy contundentes, posibles estrategias, incluso descarada tecnofobia gerenacionalmente comprensible. Pues nada de nada.
Si no fuera Cebrián, nadie lo leería. Claro que por el hecho de ser él siempre resulta más decepcionante. No aprenderé.
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