martes, 8 de septiembre de 2009

El Cambalache de la Universidad 2.0

Hablamos mucho de la crisis del periodismo convencional frente al fenómeno 2.0. Pero los medios de comunicación y el sector de creación de contenidos e industrias culturales en general no son los únicos que tendrán que reinventarse.

También deberá hacerlo la Universidad.

Y esto va mucho más allá de la etiqueta "Universidad 2.0" y utilizar determinadas herramientas colaborativas o participativas con estrategias de comunicación "conversacionales".

El fenómeno se dirige como un torpedo al concepto básico de la institución: la autoridad, o mejor dicho, la autoritas en materia de conocimiento. Con la red, igual que cualquiera se puede convertir en periodista, cualquiera se puede convertir en catedrático.

Si Internet se está transformando en el principal medio de comunicación y de entretenimiento "horizontal", donde todos los usuarios se informan y se entretienen mutuamente, que nadie piense que la "formación horizontal" se quedará al margen. Está pasando desde hace años.

E igual que un periodista profesional compite con el periodismo ciudadano, el profesor tendrá que ganarse el puesto a diario, enfrentándose a una competencia mundial, atrevida, ignorante o experta, formal o autodidacta. Como todo se puede cuestionar, todo se cuestionará. La credibilidad será, es, muy relativa. Esto es un gran Cambalache, como en el tango de Discépolo, en el que vamos a perder mucho el tiempo contestando o leyendo lo mismo a un burro que a un gran profesor.

Naturalmente la Universidad ostenta una gran protección legal de la que carece la prensa: otorga títulos habilitadores, por cierto cada vez más escasos, y la exigencia del reconocimiento oficial del nivel formativo alcanzado para acceder a determinados puestos: ya sea diplomado, licenciado, graduado, máster o doctor.

Pero en el mundo de la empresa privada la permeabilidad es cada vez mayor y cada vez hay más enseñanzas y aprendizajes desestructurados que se aceptan como adecuados para puestos de trabajo, eso sin entrar en el proceloso mundo de las universidades corporativas y todas sus variantes.

Añadan a este cambalache la democracia intelectual, ya de por sí bastante desarrollada en el modelo "real", los Menéame y equivalentes, y ríanse de la telebasura. Si las Universidades entran en la guerra de las audiencias, que nadie espere que triunfe el rigor científico ni la eficiencia académica ni nada parecido a la calidad.

Es una simple opinión, pero igual que los medios, sobre todo audiovisuales, han recurrido desde siempre a la creación de personalidades públicas como impulsores de la imagen de la emisora o del diario, la Universidades van a tener que convertir en "famosos" (aunque sea locales) a los académicos que puedan servir de locomotora al resto de la institución. Deberán construir desde su cantera personalidades digitales docentes, investigadoras y, muy importante, divulgadoras.

O ficharlas. No será la liga de las estrellas, y menos en el sector público, pero las Universidades que no incluyan en sus cuadros docentes a profesores conocidos o que no vendan el prestigio de los que ya posean van a competir en el 2.0 al mismo nivel que cualquiera, porque el tango lo clava: "no hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao. Si uno vive en la impostura, y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón." Así que a espabilar toca.

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