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Autoridad, insultos, violencia y otros dobles raseros

Si usted pega a un profesor no es lo mismo que si pega a un policía. Y ahora se plantea en España el debate de elevar a autoridad pública al docente para que amenazarle con abrirle la cabeza sea algo semejante, digo yo, a tirarle un zapato a Bush.

Maltratar a un mujer no es lo mismo que maltratar a un hombre, y la llamada campaña de sensibilización sobre la violencia "de género", "machista" o "doméstica" ha logrado que las noticias de asesinatos, suicidios del asesino (algunos simplemente tentativa, mire por dónde) ocupen ya un lugar rutinario en la agenda informativa.

Que un padre mate a toda su familia no es lo mismo que si la mata la madre. Las agresiones racistas, sexistas o xenófobas, sobre todo si están grabadas en vídeo de seguridad o con un teléfono móvil, son especialmente sangrantes, brutales, condenables.

El acoso infantil, el abuso del matón y sus secuaces exige algún tipo de actuación urgente, sobre todo si la víctima acaba con su propia vida.

Seguro que algo hay que hacer con quien saca una navaja a un médico o con el médico que abusa de los enfermos o con el asistente social que tritura a los viejos o con la canguro que pega al bebé.

O, a partir de ahora, con alguien que insulta al gerente de su empresa cuando acaban de sentenciar que si lo ponen de patitas en la calle deben pagarle la indemnización que corresponde al "despido improcedente".

El terrorismo y su apología si es de ETA o islamista, las bandas ultraviolentas si son rumanas o han pertenecido al ejército serbio, o la mafia si es rusa, siciliana o colombiana, si ha sido un sicario o un portero de discoteca, si la víctima tiene un colectivo que monta el pollo o si te llamas Yeremi o Madeleine...

Legislar siempre ha sido algo muy serio. Ya sé que no es lo mismo, pero es igual, todos iguales ante la ley. Así que mucho ojo cuando nos alegramos con los dobles raseros o las discriminaciones positivas cuando nos protegen, nos gustan o simplemente estamos de acuerdo sin pensarlo demasiado. Suelen ser zanahorias que nos ponen los políticos y los grupos de presión (incluida alguna prensa) para que les sigamos como burros. Y luego nos apalean.

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