miércoles, 12 de mayo de 2010

Recorte de gasto público: eficiencia o postureo

Si usted no es funcionario ni empleado público aplaudirá que le bajen los sueldos a esos privilegiados. Al fin y al cabo representan a la Administración, la ventanilla, el papeleo, los impuestos, las colas. Decir funcionario no es decir maestro, médico, juez, bombero, militar o policía, sino administrativo, básicamente tomando café. Así que la frase "se reduce la retribución del sector público un 5%", dicha esta mañana por Zapatero, puede sonar hasta a gloria. A eso se dedican últimamente algunos políticos: a buscar frases que suenen bien, a muchos.

La medida, junto con la congelación de las pensiones, la retirada del cheque bebé y alguna otra más, está dirigida a recortar el déficit público. Ahora piense en su casa, en su puesto de trabajo e imagine que le dice que debe reducir su gasto, o incrementar su ahorro, no un 5, un 10 por ciento. Tomar decisiones en la microeconomía personal es sencillísimo: tijeretazo a la gasolina, el teléfono y la ropa y buena parte de los hogares españoles han reducido más; luz y teléfono, comidas y viajes, gestiones y papeleo y la inmensa mayoría de las empresas no sólo ahorran sino que ganan otro tanto.

Lo malo es que cuando tomamos decisiones desde una perspectiva macro, eligiendo las palabras para que suenen bien, apretando las tuercas a los públicos cautivos (funcionarios, IVA, pensionistas), seguimos malgastando lo mismo, incluso más, pero simplemente somos más pobres.

Lo de menos, aunque sea dramático y paradójico, es que estas medidas las tome un gobierno socialista (menudo patrón sería si fuera empresario). Lo realmente importante es que se aplaza una vez más, por pura incompetencia, la reforma de la Administración y del modelo productivo y simplemente se genera pobreza, se reduce la capacidad de consumo, la capacidad de endeudamiento de quien ofrece más seguridad. Es como cuando los ayuntamientos deciden recaudar más multando con 800 euros el comer pipas por la calle ¿de verdad eso supone un ingreso tan importante como el perjuicio para el multado? y si se quiere como medida disuasoria, ¿por qué no mil o diez mil euros? O como cuando se pide a la gente que ahorre agua pero nunca se arreglan los conductos. ¿Es eficiencia o postureo?

Podemos incluso (el gobierno ni se ha atrevido) reducir el número de vicepresidencias o de ministerios, pero realmente lo que hay que adelgazar es el conjunto de la Administración, las duplicidades territoriales, no es tanto, que también, una cuestión de cantidad, sino de calidad, de racionalización. No es el gasto público, es el malgasto público estructural, la necesidad de agotar presupuestos con rigideces estúpidas, la burocratización de los burócratas, el control de los controladores, la calidad de las calidades. En una palabra: el caos. La Administración necesita una reconversión desde sus cimientos, en su mismo concepto, no en la coyuntura.

Mientras tanto, todos estamos satisfechos porque a los ministros le bajan el sueldo un 15 por ciento. Qué insulto a la inteligencia.

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