viernes, 14 de mayo de 2010

Como no cambiemos, vamos listos

Si somos más pobres, consumimos menos, pagamos a la larga menos impuestos, tenemos menos cohesión social, se crean menos empresas, se destruye empleo, hay que pagar subsidios...

Si los gobiernos toman medidas o condicionan sus declaraciones públicas a la inmediatez de los mercados bursátiles, si se atemorizan o se ven incapaces de enfrentarse a los grandes tiburones de las finanzas internacionales, a los especuladores masivos y a los que le siguen por inercia, si el concepto mismo de Estado democrático se resquebraja sustituido por la democracia censitaria del Dow Jones o del IBEX-35 que no tiene más objetivo que la rentabilidad instantánea...

Si los profesores aprueban a todo el mundo, si los alumnos no estudian, si los padres no dicen no, si no existe la autoridad o el esfuerzo, si no trabajamos, no innovamos, no creamos, no investigamos...

Si robo yo porque si no robas tú, si todo el mundo lo hace, si la vida es así, si palabras como honradez, responsabilidad o, simplemente, principios sólo se usan para discursos vacíos o para folletos corporativos...

Si no se acaba con los paraísos fiscales, ni con los privilegios al gran capital no siendo que se vaya, si aceptan las presiones de las grandes corporaciones para crear puestos de trabajo o simplemente para instalarse en tal o cual sitio, si legislan plegándose a lobbies, a cortesanos, a sindicatos o patronales, si se gobierna para la infancia, para los jóvenes o los viejos, para las mujeres o los homosexuales, en vez de para todos...

Podría seguir, pero si esto es así quizá, sólo quizá, es que ha llegado al poder la primera generación sin valores, irresponsable, que realmente no cree que sus actos tengan en verdad consecuencias, que es todo como un videojuego donde ni el dinero se gana por necesidad o ambición sino como simples puntos para figurar en el ranking, donde se busca la gratificación inmediata, siempre a corto plazo, para el titular del día, para el placer de la noche, todos ricos y sobrados. Quizá somos una generación amoral, ni siquiera inmoral, sencillamente tan corta y egoísta que ni hemos alcanzado a entender que las cosas bien hechas siempre han sido un buen negocio.

España está gobernada, en la generalidad, por una tropa en la que casi todos estamos alistados. Como no seamos capaces de emprender una nueva regeneración moral, económica y administrativa, no va a servir absolutamente de nada, pero de nada, reducir el condenado déficit público.

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