miércoles, 17 de marzo de 2010

Ser padre en las redes sociales

Soy padre. Supongo que eso me resta tanta objetividad como no serlo a la hora de opinar sobre la educación de los hijos. Siempre me ha llamado la atención la capacidad de algunos profesores de separar sus papeles de padre y maestro. Más aún en los pedagogos. Y mucho más cuando hablan los expertos en comunicación, sobre todo desde una perspectiva ética, deontológica e incluso legal. Hablando de Internet se mezcla todo con los derechos fundamentales garantizados por la Constitución (en este caso me refiero a la española) y hasta los derechos humanos. Además, naturalmente, los derechos de la infancia, su protección, etc etc etc.

La cuestión ahora, como hace quince años con toda la Red en general, es cómo proteger a los hijos de los "peligros" de las redes sociales sin invadir su derecho a la intimidad. Y opinan los expertos, y los padres, hasta -imagino- los padres expertos.

¿Lee usted el diario de sus hijos?, ¿le escucha sus conversaciones telefónicas?, entonces, dicen, ¿por qué le espía en las redes sociales?, ¿cree que tiene derecho a entrar en su Tuenti, o a darse de alta con una identidad confusa para participar o asistir callado a la conversación?, ¿cree que puede exigirle sus contraseñas?, ¿tiene derecho a repasar su historial de navegación? Todo un debate.

Pero curiosamente a la discusión siempre se le sustrae un hecho fundamental: las redes sociales no son espacios privados sino públicos, por definición práctica y, sobre todo, técnica. Subir información a Internet es publicar y esto implica una serie de matices ajenos a las comunicaciones privadas, esas cuyo secreto garantiza el artículo 18 de la Constitución (en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas), que se podrían asimilar al correo electrónico. Publicar entra de lleno en el artículo 20, donde precisamente se ponen los límites de la protección a la juventud y a infancia.

Cuando alguien publica también asume responsabilidades, civiles y penales. Como padres no sólo puede preocuparnos qué leen nuestros hijos, sino también qué "publican". Y eso es algo que suelen olvidar los que se manejan en estos procelosos mares, donde se publica con una alegría inconsciente, ni siquiera necesariamente malintencionada. Pero un buen día alguien se puede sentir molesto, alguien con conocimiento o poder suficiente como para hacer valer sus derechos y entonces, entre la Constitución y la Ley de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen pues va y te la arma.

Todo eso sin entrar en los "peligros obvios" de las Redes, desde la pederastia hasta las convocatorias de suicidios colectivos. No hace falta ponerse trágicos ni alarmistas. A finales de los noventa de Internet se decían los mismos argumentos que ahora se utilizan para asustar con Facebook. No es eso. Sino algo mucho más cotidiano: la publicación de la vida privada.

Así que como padre voy a preocuparme todo lo que pueda, y desde luego voy a poder bastante, de las comunicaciones públicas de mis hijos. En realidad deberían hacerlo también los fans de las webs dinámicas, los foros abiertos, los comentarios en blog sin moderar, los que juegan a hacer periódicos online... ojo que nunca pasa nada hasta que pasa. Y después la culpa es de los otros. Sé que hay sentencias en todos los sentidos, condenatorias y absolutorias. Los jueces están casi tan despistados como los legisladores. Casi tanto como los padres.

2 comentarios:

  1. Sensacional entrada. Totalmente de acuerdo. Permiteme que la difunda en mi blog.


    Un saludo

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  2. Tema fascinante…creo que se podría hablar largo y tendido por la infinidad de matices a tratar.
    Soy profesora, madre y no estoy más preocupada por esto que por otras cosas de la vida de nuestros hijos/as; quizás, lo que más me preocupe son los peligros fortuítos a los que puedan estar expuestos.
    El mundo que heredan es el que es, enseñémosles a usar, rechazar o aceptar responsablemente lo que tienen a su alrededor, con visión crítica.
    Exposición pública de la vida privada, preocupante; publicar en un espacio en la red, también. Solución, creo que solamente la educación; pero una educación del siglo XXI, ni padres ni profesores podemos quedarnos en el siglo XIX, se lo debemos a nuestros jóvenes, se lo merecen.

    Un saludo.

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