jueves, 4 de marzo de 2010

De una peli oriental y Rosa Díez

Estoy viendo una película japonesa, Despedidas. El oriental no es mi cine, pero de vez en cuando me fascina. Aunque en realidad es una fascinación por los temas, por los tiempos, los personajes, las tramas, la sensación de paz que transmite. Y supongo que también influye el eurocentrismo enfermizo que sufrimos con absoluta inconsciencia, mientras devoramos cine norteamericano, naturalmente. Hasta que nos sorprendemos con las relaciones mostradas, repletas de convencionalismo, respeto formal, educación...todo lo que muestra de sociedad distinta una película de estas características.

Ayer, por el contrario, veía una una película americana, no importa en este caso demasiado su título, porque era una más. Con esto de las tecnologías digitales, sin darme cuenta activé la versión original, y la voz de los actores, especialmente de las actrices, se volvió infinitamente más suave, acolchada, casi diría sensual, pero sobre todo más correcta y educada.

En este caso la culpa no es de los actores de doblaje, excelentes casi siempre, sino de la propia adaptación de los personajes desde un punto de vista interpretativo: la normalización, la cercanía a la realidad, más que europea, española.

Los españoles no sólo gritamos, hablamos como si estuviésemos siempre enfadados y disfrutamos aparentando carecer de educación, nos encanta la informalidad, el tuteo y el te voy a ser sincero que de mí no se ríe nadie. Y eso se nota en la calle, en nuestro cine e incluso en la reinterpretación doblada de los actores norteamericanos. Pero no en la de los orientales. Qué paz.

Y viendo la película recordaba, perdónenme estas asociaciones estúpidas, a Rosa Díez y su metedura de pata sobre los gallegos, que podría haber sido la de cualquier otro metepatas con cualquier otro gentilicio (en España básicamente mencionamos los gentilicios como arma en cuanto nos despistamos). Recordaba la entrevista que le hizo Gabilondo, pero también ese rictus facial que le adorna la expresión. Su orgullosa no rectificación, que mira tú que nos importa. Su tono, su lenguaje corporal, su porte reseco. ¿Español? Desde luego, oriental, no.

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