jueves, 18 de marzo de 2010

Hombre y padre en la publicidad





El día del padre se ha convertido en una de las pocas jornadas en las que los medios de comunicación hablan del hombre, en el sentido genérico, un asunto bastante poco presente el resto del año, cuando se tiene que tratar de otras "minorías" como las mujeres, los jóvenes, los niños, los ancianos (en realidad, de los ancianos también muy poco). Habrá quien piense que ya era hora después de siglos de machocentrismo y habrá quien diga que en realidad se habla de los "demás" porque implícitamente todo se sigue refiriendo sólo del hombre por defecto. El hombre puede ser reflejado en los medios como objeto sexual, igual que la mujer, aunque en su caso no se considera denigrante, puede aparecer poniendo una lavadora y hasta se le podía "cambiar" si no sabía ponerla, se le podía pegar un cachete en la cogote o una patada porque estaba soñando con estar en el pueblo o no daba bien unos masajes en el pie. Eran, han sido o son tiempos de proyección publicitaria en la que ni tan siquiera los hombres se sentían molestos, quizá por mala conciencia, quizá por sentido del humor o quizá porque ni se sentían aludidos.

Era curioso, porque esa intencionada ridiculización publicitaria políticamente correcta cercana a lo Homer Simpson crecía a la par con la tendencia de las revistas masculinas, la cosmética masculina, lo metrosexual, lo gay o bi, el mismo esquema que se venía aplicando a las mujeres como un falso grupo homogéneo. Mientras escribo esto no paro de ver anuncios de la fragancia masculina de Carolina Herrera, por fin Dove para hombres, Mango para hombres, etc, etc.

Y de pronto, tal vez porque ha llegado al nivel adecuado de capacidad de compra una generación que no cree tener pecado original de machismo, de un tiempo a esta parte han empezado a surgir anuncios que vuelven a reivindicar al hombre sin complejos, incluso un poco gañán, como una especie de efecto péndulo.

Pero si el hombre moderno está en crisis, incapaz de reproducir el modelo de sus padres, desbordado por su mujer o las mujeres en general, acogotada su autoridad, acomplejado por no ser joven, o suficientemente tierno ni suficientemente duro, entonces llegan los anuncios del día del padre y se trata de recuperar una figura publicitaria en extinción. Casi increíble. Una mala copia de la superwoman que tan bien se ha vendido a las mujeres. Sólo que en rancio.

Se ha creado una nueva anormalidad, un nuevo estereotipo para el hombre "normal". Puede que ya no queden, o que al menos no sepamos como representarlo. Incluso puede que le pase también a todos los demás: mujeres, jóvenes, niños y viejos. Ah, viejos no, que nunca me acuerdo. Esos casi ni existen.

1 comentario:

  1. Confiemos en que si finalmente nos condenan a una pena de supermanía tipo hombre de hoy a la altura de la superwoman mujer de hoy de Ana Rosa Quintana, el ansia de hamburguesa, o chuletón de buey, ejerza de criptonita.

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