viernes, 25 de junio de 2010

La crisis de BP




La gestión de crisis no es lo mismo que la comunicación en casos de crisis. Difícilmente se puede comunicar bien si se gestiona mal, sobre todo si el problema dura algo más que un informativo. Tenía pendiente abordar el caso de BP y seguramente a estas alturas casi es imposible decir nada nuevo. Los vídeos ridiculizando tanto a la empresa en general como sus relaciones públicas en concreto arrasan en Internet. Los expertos no se ponen de acuerdo en si desde la perspectiva de comunicación BP lo hace bien porque hasta el problema del pozo era una empresa ejemplar, aunque al parecer sólo desde esta perspectiva. Desde la de las prácticas sostenibles en términos de explotación está claro que no y, según los inciados, hace ya algunos años que la firma no era una referencia modélica que digamos.

Días atrás me comentaba un colega que mientras el pozo siguiese echando petróleo qué diablos esperaban que hicieran los de comunicación además de capear el temporal como puedan, que es bien poco. Cierto. Aunque estamos una vez más ante uno de esos casos tan previsibles (al margen de sus circunstancias concretas) que resulta curioso el que no pueda existir una estrategia más fuerte. Quizá porque no es posible. Quizá porque las prácticas cotidianas de la empresa, movida por la lógica ansia de rentabilidad, no pueden explicarse del todo, ni en su complejidad ni en sus riesgos. Quizá porque la opinión pública, empezando por los políticos ante esa opinión pública, no está dispuesta a asumir de manera consciente el porcentaje real de probabilidades de desastre de determinadas actividades.

BP o cualquier otra organización de alto riesgo (una central nuclear, por ejemplo) puede seguir todos los pasos habituales para estar preparados para lo peor. Pero nunca lo está la opinión pública. Y si la empresa decide emprender una labor "educativa", al estilo de lo que está haciendo el lobby nuclear aprovechando la crisis, la ciudadanía, los medios (incluida Internet) y el poder político aparentarían aprender, dirían que aceptan el riesgo del vertido, de la contaminación, de la explosión, pero no sería cierto. Al menos no en el corto y medio plazo de tiempo.

Así que las empresas, las grandes empresas, asumen que muy de vez en cuando algo horrible ocurre. Pierden millones, ruedan unas cuantas cabezas y se recompone la situación. Si es que pueden, claro.

De modo que, en mi humilde opinión, BP lo habrá podido hacer mejor (siempre es posible), pero en realidad lo que le está ocurriendo en materia de comunicación representa el tópico y típico imponderable. No es para abrirse las carnes por cómo lo están haciendo. Habrá que esperar uno o dos años para comprobar cómo se recupera su imagen y su valor. Sólo entonces se podrá confirmar si los de comunicación son tan inútiles como ahora aparentan.

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