domingo, 27 de junio de 2010

El estado de excepción informativo

¿Qué está ocurriendo para se hable de eliminar las Diputaciones?, ¿cómo es posible que alguien plantee poner peajes en carreteras que nunca los han tenido?, ¿alguien podía imaginar que se bajaran los sueldos a los funcionarios y a altos cargos o que se congelaran pensiones?, ¿aventuraban los creadores del IVA que podría llegar a las tasas actuales?, ¿tan caliente está todo como para replantearse el Estado de las autonomías o qué me dicen de la existencia misma del euro?.... Buena parte de todas estas ideas eran marginales no sólo hace unos años, cuando la quiebra de Lehman Brothers, sino hace apenas unos meses, cuando Zapatero recibió la llamada de Obama. Pero en unas semanas se ha creado una agenda informativa capaz de encajar prácticamente cualquier planteamiento global, casi "revolucionario" (las comillas son irónicas), sobre la situación general y casi cualquier medida concreta "sorprendente". Sobre todo ese tipo de medidas que perjudican al individuo en aras del bien común, esencialmente bien financiero. Vivimos un verdadero estado de excepción informativo, con un gobierno socialista tan finiquitado que se puede permitir prácticamente hacer cualquier cosa, incluso pactar con los populares, plegarse a los lobbies o mandarlos al carajo. Pocas veces, por no decir ninguna en la historia reciente, se han dado cita estas circunstancias. Si la clase política tuviera más nivel intelectual y creativo seguramente se darían pasos importantísimos para los cuarenta próximos años, y casi todo el mundo tendría que comulgar con ruedas de molino: la clase media, la alta y la baja, los bancos, la patronal, los sindicatos, la gran empresa y las pymes y, sobre todo, los medios de comunicación y la opinión pública en general.

Lo malo es que esta situación puede quedar reducida a globos sonda, o a medidas muy, muy pequeñitas. Es curioso. El gobierno de Zapatero tiene ante sí una oportunidad como no la tendrá quienes le sucedan. Al final de su etapa, curiosamente, después de meter la pata como pocos, se le presenta una ocasión de gol que ni siquiera tuvieron Suárez, González o Aznar, por mil motivos particulares pero sobre todo por uno global: la agenda periodística de estos meses, todo un espectáculo en lo político y económico sólo comparable al espectáculo sanitario de la gripe A. Solo que no sé si sabrán aprovecharlo.

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