martes, 6 de abril de 2010

La dirección de comunicación como atajo

De acuerdo, a mí también me pasa. A veces me parece que un psicólogo es casi lo mismo que un quiromántico, que un pedagogo es un tipo que sólo ve a los niños fuera de casa o que un director general sólo es alguien que simplemente logra que otro haga cosas por pelotas. Puede incluso que con esto de Internet uno acabe teniendo la sensación de que domina un tema mejor que su médico, albañil, abogado o mecánico: sólo hace falta dedicarle el tiempo suficiente, empaparse y listo, al cuerno con la formación reglada. Así que no me debería quejar demasiado de que todo el mundo piense que lo de la Comunicación es un poco de sentido común y nada más. Al fin y al cabo ven actuar a los periodistas en las tertulias, comprueban cómo las noticias se deforman, cómo los sentimientos afloran en el periodismo deportivo o político, o cómo se encubren en el económico. Y además está la gran plaza del pueblo, la red, donde todos somos iguales, no hay tarima ni tribuna. Como mucho está el dominio de determinadas técnicas, el oficio manejando herramientas.

Luego está la dedicación. El tiempo que dedicas a ejercer puede cambiar tu profesión. Estudias Farmacia pero te dedicas a viajar y acabas escribiendo guías turísticas. Te licencias en Económicas pero seleccionas personal y acabas ejerciendo de psicólogo industrial, comercial o apagafuegos del consejero delegado. Organizas una reunión, preparas presentaciones con PowerPoint, incorporas vídeos, buscas información y redactas un memorando, aprendes a decir diferencial en vez de diferencia, customizas en vez de... (¡qué diablos significa customizar?) Y comunicas, chico, lo tuyo es la comunicación, el advertisement, el marketing, el show business... o el chow chow de alguien, el perrito que no sabe ni puede decir que no a la vanidad del vanidoso de turno, un trabajo que puede ser fácil o difícil (según el carácter y las tragaderas de cada cual) pero que con la suficiente dedicación siempre te mantiene en el puesto. Al fin y al cabo, todo señorito que se precie tiene un caniche si se lo puede permitir.

No sé cuántos directores de comunicación desempeñan este papel, con o sin formación reglada, con o sin cursillos de postgrado o de formación continua, con o sin sesiones de coaching, mentoring, outdoor training o role play. No sé cuántos CEOS, consejeros delegados o directores generales tienen personas que les alaban y defienden ante los periodistas, los condenados y burros periodistas, a los que les colocan el producto porque si no ya sabes lo que ocurre con la publicidad, machote, y no me toques una coma. Esos jefes de prensa, dircoms o relaciones públicas que nunca dicen un no a su jefe ni jamás aceptan un no por respuesta o un subordinado, si consiguen tener uno. Y mira que el gremio se ha profesionalizado, mira que ha mejorado, mira que se ha avanzado en este terreno, pero siempre están ahí los ambiciosos que descubren que la comunicación es un atajo, un hueco libre por donde ascender hasta las inmediaciones de los machos alfa, de los coches de empresa de cinco metros, de la estrategia de lo personal más allá de lo corporativo.

Pero como así es la vida y en el fondo el culpable es el jefe, no merece la pena intentar competir por ese puesto. Quien quiere ese perfil no aguantará a un verdadero profesional de la comunicación, alguien que sí se atreva a decirle que no al señorito, alguien que le dé la razón a la prensa cuando la tiene, o al menos que la entienda e incluso adelante las reacciones lógicas de los profesionales.

Lo malo es que muchas veces estos sujetos logran colocar su "género" porque la falta de profesionalidad también se puede encontrar al otro lado. En ocasiones porque son periodistas de partido, comprados, invitados, viajados by the face... aunque lo verdaderamente lamentable es cuando son simples inocentes, incautos que tragan sin darse cuenta, con el espíritu crítico narcotizado por la rutina del comunicado, la rueda de prensa sin preguntas, el tipo importante de la ciudad, el papanatismo ante el figuras de turno... Entonces sale ese periodismo que tanto nos fascina a los lectores, el de declaraciones, el de centenarios de calles, de inauguraciones, de promociones inmobiliarias, automovilísticas o sanitarias, etc, etc, etc.

Y al final llegamos los universitarios y le ponemos nombres pomposos al proceso. Pero ese ya es otro tema.

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