lunes, 13 de septiembre de 2010

Teatro de la realidad

No recuerdo ahora quien dijo eso de que un informativo de televisión es una representación teatral, solo que el argumento es la realidad, no la ficción.

Cualquiera que haya trabajado en un medio de comunicación sabe que la labor periodística tiene mucho de empaquetado comercial de producto en el que sólo la profesionalidad y el mínimo decoro ético del periodista lo salva de convertirse en una farsa: un titular en prensa, un corte en radio o una cola en un telediario sólo representan la verdad en la medida en que se mezcla la intención sincera de aportar información con el oficio del adorno para que resulte atractiva.

En el periodismo ciudadano, es decir, aficionado o espontáneo, esto se está perdiendo y, lo que es más peligroso, la transferencia de la credibilidad que todavía posee la profesión hacia esas nuevas formas de comunicación tiene el efecto perverso y doble de igualar por abajo y hacer indistinguible el teatro de ficción del de la realidad.

En otras palabras, a pesar de nuestro creciente escepticismo, damos pábulo a cualquier vídeo de YouTube, a cualquier imagen de una cámara de seguridad, de un teléfono móvil. Si además llega a través de nuestro Twitter, de nuestros colegas de Facebook o Tuenti, nos espatarramos, quiero decir, lo aceptamos todo, quizá sin darle mucha importancia o quizá admitiéndolo como palabra de Dios.

Luego vienen las reacciones en cadena, primero los cachondos, luego los descerebrados, después los morbosos, los excitables callados (esos que devoran reportajes sobre prostitución o cualquier otra cosa que se relaciones con el sexo o la violencia), los que ven todo aquello que tiene éxito en Internet y, por último, los que ni siquiera saben que es un tema internetero.

Ayer me soltaron por cuarta vez en lo que va de mes una frase que quizá usted también haya oído estos días: "ahora la gente tiene su peor foto en el carnet de identidad y la mejor en su Facebook". Cuatro personas con nada en común, ni edad, ni ambiente, ni profesión, ni formación. El mismo esquema de transmisión de información que, por ejemplo, convirtió en una mundialmente acosada a la mujer que tuvo la ocurrencia de meter un gato en un cubo de basura en la calle... chorradas, o casi. Pero también estados de opinión sobre causas más serias. Porque ayer también me llegó este vídeo:


¿Teatro de la realidad o de la ficción?, ¿campaña vírica de lobby a la que yo sin pretenderlo pero impepinablemente colaboro?, ¿en contra de las mujeres o a favor?, ¿tienen que venir de fuera para que nos enteremos o los de fuera no se enteran?. Es solo un ejemplo. Pero creo que nunca ha sido más necesario el periodismo profesional, aunque pueda parecer lo contrario.

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