domingo, 3 de octubre de 2010

Cómo evaluar vídeos

Acabo de presidir un jurado, en este caso el de la tercera edición del festival internacional de vídeo universitario U'Frame, que año a año me sorprende por la calidad de los participantes, la calidad de sus trabajos y la demostración palpable de que las escuelas del audiovisual están funcionando cada vez mejor en cada vez más sitios. Hubo debate y criterios encontrados, algo bueno y casi inevitable cuando uno es el único español del grupo, aunque los cinco miembros del jurado éramos profesores y hemos sido profesionales. Ante la disparidad en las valoraciones iniciales, me preguntaba en realidad cuánto de mi esquema mental de evaluación de un vídeo universitario está condicionado por mi experiencia docente, periodística, como jurado en festivales anteriores o simplemente como simple espectador, deformado eso sí por haber visto muchos trabajos de clase, tener que ponerles nota con un decimal y deformado también por haber producido con su propio dinero 20 capítulos de dos series documentales para televisión.

¿Y cómo evalúo un vídeo? Pues así:

1. Me tiene que gustar como espectador. Gustar puede significar divertir, asustar, sorprender, recordar, intrigar... y no está libre del día que tengas, de lo que hayas visto antes, de tus prejuicios, manías, ideología, etc, etc. Totalmente subjetivo. Una simple opinión, quizá con más base que otras, pero sólo una opinión que no representa a nadie.

2. La historia que cuenta en términos de técnica de guión y de su escritura visual, de planteamiento, nudo y desenlace, de puntos de giro... No ayuda si los actores son malos ni las otras mil circunstancias más que pueden destrozar una película, pero aquí sí entra en acción el análisis profesional.

3. La corrección de la puesta en escena, la dirección artística, la coherencia de ambientación, vestuario, atrezzo, localizaciones..

4. La calidad de la imagen, la luz, el color, el movimiento de cámara, el montaje...

5. La interpretación, el casting...

6. El sonido, su precisión, su riqueza, su papel en la ambientación, la música, los efectos, el agrado en general siempre que la sala o el aparato de reproducción lo permita... Jamás repararía en esto como espectador y jamás debería ocurrir que alguien se fijara en el audio.

7. La eficiencia (más que la eficacia) de la producción. Esta sí es una deformación profesional aunque no la considero negativa: contar bien con poco es mejor que contar bien con mucho. Economía de planos, sobriedad en los movimientos, en todos los recursos en general.

8. La universalidad de la idea de fondo, su madurez, su ausencia de adanismo. Cuanta más gente pueda entenderla, identificarse con ella y tener la sensación de que no es la misma historia de siempre aunque sea la misma historia de siempre, mejor.

9. Los efectos visuales, especiales, digitales, la imaginación, la creatividad y los avances técnicos o su aprovechamiento cuando ya son cotidianos.

10. Y al final, otra vez, me tiene que gustar como espectador. Sólo que después de haberle puesto nota a todos los puntos anteriores ya no la veo igual, ya me he convertido en profesor, en evaluador profesional. Y entonces me espanto. Porque esto es lo único importante solo que multiplicado por cada uno de los espectadores que pueda haber en el mundo.

Como ven, no descubro nada. Si me apuran, casi son las categorías de los Oscar. Con los años me he dado cuenta de que casi todos los colegas lo hacemos igual y, en último extremo, las diferencias de criterio acaban por tener exactamente el mismo fundamento que el de cualquier aficionado, incluso el de cualquier espectador. Se resumen en esta frase: pues a mí me gusta.

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