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La internet audiovisual pendiente

Cada vez que Apple presenta una nueva versión de su software para editar en casa contenidos de audio y video digitales me sorprendo. Me ocurre lo mismo cada vez que las marcas de cámaras sacan al mercado una nueva cámara de línea doméstica o "prosumer", con calidades inimaginables o sólo alcanzables hace unos pocos años con precios astronómicos. Si a esto le añadimos la también sorprendente calidad de la reproducción de los vídeos o los podcast en la red, cada vez estamos más cerca de eliminar la barrera entre lo profesional y lo doméstico en términos técnicos, a menos para los ojos y los oídos de la inmensa mayoría de los espectadores. En la actualidad, con iMovie, GarageBand y unas cuantas plantillas se logran resultados que hace diez años requerían la intervención de una productora como mínimo de mediano tamaño.

Sin embargo, estas herramientas que en términos de periodismo audiovisual deberían significar una revolución (no digo nada de la ficción o de cualquier otro campo de la comunicación audiovisual) no han logrado todavía generar una ola comparable a la del periodismo escrito en internet, el llamado periodismo ciudadano, los agregadores de noticias o las redes sociales. Las televisiones IP no han funcionado, al menos en sus primeras etapas, Youtube no ha evolucionado demasiado desde su creación, ni han surgido alternativas al modelo (algo así como MySpace, Facebook y Twitter). La Internet audiovisual que se nos prometía hace años, con vídeo interactivo, conversacional y, sobre todo, muy periodístico, con noticias de todo tipo grabadas por millones de ciudadanos, no acaba de llegar. Quizá no llegue nunca, porque el lenguaje audiovisual es más difícil que el escrito, o quizá alguien invente el software de edición que cualquiera pueda manejar con la misma sencillez que el teclado qwerty. Quizá vivamos más tranquilos con la bestia contenida. No sé si soportaría un Facebook audiovisual.

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