jueves, 7 de octubre de 2010

El periodista Vargas Llosa

Lo descubrí gracias a mi profesora de literatura de primero de BUP, una de esas mujeres que marcan tu vida desde una tarima. En una misma tanda cayeron Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar, Sábato, Borges... Quizá era demasiado para los quince años, pero La tía Julia y el escribidor me dejó huella por la capacidad de escribir en dos registros paralelos tan diferentes y geniales. No fui capaz de acabar de leer La casa verde pero aprendí a no sentirme mal por dejar un libro a medias. Y con Pantaleón y las visitadoras me encaré con mi propio morbo personal. Aunque después vinieron otros títulos, quizá esos tres fueron los que más me ayudaron a construir una admiración temprana a un escritor sin el menor atisbo de deslumbramiento, simplemente me gustaba con mayúsculas, sin volverme un fan. Visto con perspectiva, eso es mucho más difícil con un adolescente que enamorarlo, como sí me había ocurrido con Cien años de soledad.

Le han dado a Mario Vargas Llosa el premio Nobel de Literatura, dicen, por su "cartografía de las estructuras del poder". Quiero pensar que con esa frase se le reconoce algo mucho más importante que la belleza de su obra literaria. Y quiero pensar también que ese algo es la esencia del periodismo: contar historias que reflejan la realidad, que explican el funcionamiento del mundo y que transmiten un trasfondo llámenle ustedes ético o político, que no es lo mismo pero es igual.

Leer a Vargas Llosa me ha enseñado muchas cosas: que las personas, hasta las más grandes, no son perfectas, que es imposible que te guste todo lo que hacen y que discrepar con respeto y reconocimiento es fantástico. Un placer leerle aún en desacuerdo, casi nada. Con Gabo tardé 20 años en conseguirlo.

2 comentarios:

  1. Merecidísimo Nobel el de Vargas Llosa, premio para todos los que disfrutamos leyendo en sus historias ese torrente inagotable de imaginación.
    Desde ahora le une una cosa más a su amigo-enemigo Gabo. A ambos, gracias por tantas horas de emoción.
    Un saludo, Antonio,

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