Ir al contenido principal

Wikileaks y la caricatura del mundo

No tengo muy claro si las revelaciones de Wikileaks son decepcionantes, si lo es la reacción de los medios de comunicación que no han sido beneficiados por la filtración, si lo decepcionante es que buena parte de los cables de la diplomacia estadounidense se basen en simples opiniones personales, impresiones obvias o generalidades y anécdotas o si, por el contrario, la simplificación viene de la mano de que se suelte de pronto tal cantidad de información que sea imposible de asimilar y sólo contribuya a reafirmar opiniones previas del estilo de Superagente 86 o Mortadelo y Filemón.

Puede ser el fin de la diplomacia conocida, el del viejo periodismo, el 11-S de no sé cuántas cosas y el principio de otras tantas tipo nuevos sistemas de información más seguros (otra vez) o la definitiva psicosis de que todos, incluidos los poderosos, estamos vigilados, sin privacidad ni intimidad (que no se te caliente la boca porque alguien te grabará o te hará un memorándum donde cuente lo imbécil que eres).

Aunque lo esencial no viene de la mano de la filtración, sino del análisis. Y apenas hay alusión alguna ni explicación a por qué existen los paraísos fiscales, por qué se permite la especulación, por qué el dólar es la moneda central y puede darle a la impresora de billetes según le convenga, por qué se consienten los modelos de fabricación basados en la explotación humana e insostenible, por qué se quiere acabar con el Estado del bienestar europeo y por qué Europa renuncia a comportarse como una Unión, o incluso, qué sé yo, por qué la investigación farmacéutica dedica tanto esfuerzo a la alopecia o la obesidad.

Fíjense, en apenas unas horas los medios españoles se han tenido que debatir al menos entre las todas estas cuestiones:

1. Seguir a El País (que a su vez seguía a Wikileaks, naturalmente), menuda rabia, caramba.

2. Analizar las elecciones catalanas pretendiendo encontrar algo que no sonara a local y casi paleto.

3. Dar al "rescate de Irlanda" (caray con la expresión, qué buenos son los literatos financieros) la importancia que se merece en términos de regresión social y derrota democrática frente a los mercados.

4. Y, además, no dejar de alimentar el relax hipnótico-deportivo del Nadal-Federer o del Barça-Madrid.

5. O, para leídos, la controvertida modificación de la ortografía española (ya saben: guión se escribe guion, etc.)

No será, desde luego, por falta de entretenimiento informativo.

Bolsas, oro, sueldos de funcionarios (ahora le toca a los norteamericanos, pero sólo a los civiles, no a los militares, no vaya a ser), sube el dólar, baja el euro, los atentados de rutina con los muertos cotidianos, las cumbres medioambientales...

En fin, que leyendo las noticias no sé si estamos en manos de machos alfa salidos o rellenos de bótox, mujeres desequilibradas espiadas por mujeres cotillas, árabes que quieren guerra sin apearse del Rolls Royce o chinos entretenidos en parar a la competencia coreana.

Wikileaks ha dibujado, supongo que sin querer, una caricatura del mundo.

No sé por qué, pero sigo esperando que el periodismo profesional sea capaz de provocar alguna reacción, al menos entre los europeos.

Pero, insisto, no sé por qué.

Comentarios

  1. Echaba de menos estas entradas admirablemente mordaces y telegráficamente certeras.

    Un saludo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Antonia San Juan no es un hombre

Hay miles de cuestiones sobre las que no tengo opinión, sólo estómago. La identidad sexual es una de ellas. No sé qué pensar ante alguien que duda sobre quién es. Y me quedo desconcertado ante la realidad de que algunos hombres quieren ser mujer o viceversa. O ante el hecho de que a un hombre le atraigan los hombres, a una mujer las mujeres. No tener opinión no significa mucho. La mayoría de las cosas se aceptan, se observan, gustan o no, simplemente están. Si dudo sobre la identidad sexual de una persona, me siento inseguro, como con cualquier duda, pero lo acepto como algo que no es de mi incumbencia salvo, naturalmente, que tenga algún interés sexual en ella o sea un juez deportivo ante uno de esos extraños casos como el de la corredora surafricana Caster Semenya.
Pero no me quiero referir a la atleta sino a una actriz, Antonia San Juan, con la que comparto una homonimia razonable. Aunque escribamos nuestro apellido de forma diferente, ella separado y yo junto, y ella sea Antonia y …

Baby boom, generación Jones, X o Peter Pan

Al diario El País le encanta publicar reportajes de identificación generacional. Es un modo de describir a sus lectores, o al público objetivo al que le gusta dirigirse. Ayer le dedicó un buen espacio la llamada Generación X ahora rebautizada como Peter Pan.
Una generación la componen los padres; otra, los hijos; y otra, los nietos. Osea que debería haber diferencias entre ellas de al menos 20 o 25 años. Pero como los hermanos mayores suelen referirse a los pequeños como "de otra generación" e incluso lo creen los universitarios de cuarto curso respecto a los de primero, el marketing prefiere reducir la diferencia a apenas una década. Así que sociológicamente este tipo de reportajes suelen ser una memez donde lo que se identifica es, más que a una generación, un contexto económico al que se enfrentan los consumidores que comparten un determinado momento vital. Pero son divertidos. Y además sirven para autoreafirmarnos, para creernos diferentes pero a la vez igual a muchos otr…

Cambio horario: a quien madruga... le salen ojeras

Esta noche cambia el horario oficial. Decían que iba a ser el último, pero parece que la cosa se pospone. Llaman la atención las discusiones que provoca el asunto. Más si cabe en las zonas más orientales y occidentales del país, las más afectadas por el reloj respecto al sol. No importa la especialidad profesional del opinante, ya sea sociólogo o astrofísico, economista o sanitario, porque desde una perspectiva profesional todo el mundo admite la importancia del sol (los gallegos comen más tarde que los de Baleares si nos fiamos del reloj pero exactamente en el mismo momento solar). Lo que sí importa es que la persona que emite su opinión sea madrugador (alondra) o noctámbulo (búho), o feliz cumplidor de las normas sociales (sistémico) o empeñado en ensalzar la libertad individual (empático). Y sobre todo orgulloso de ser cualquiera de estas cosas.

Los husos horarios, esos que insisten en que Barcelona y Londres deberían tener la misma hora de reloj, son una arbitrariedad política que…