martes, 30 de noviembre de 2010

Wikileaks y la caricatura del mundo

No tengo muy claro si las revelaciones de Wikileaks son decepcionantes, si lo es la reacción de los medios de comunicación que no han sido beneficiados por la filtración, si lo decepcionante es que buena parte de los cables de la diplomacia estadounidense se basen en simples opiniones personales, impresiones obvias o generalidades y anécdotas o si, por el contrario, la simplificación viene de la mano de que se suelte de pronto tal cantidad de información que sea imposible de asimilar y sólo contribuya a reafirmar opiniones previas del estilo de Superagente 86 o Mortadelo y Filemón.

Puede ser el fin de la diplomacia conocida, el del viejo periodismo, el 11-S de no sé cuántas cosas y el principio de otras tantas tipo nuevos sistemas de información más seguros (otra vez) o la definitiva psicosis de que todos, incluidos los poderosos, estamos vigilados, sin privacidad ni intimidad (que no se te caliente la boca porque alguien te grabará o te hará un memorándum donde cuente lo imbécil que eres).

Aunque lo esencial no viene de la mano de la filtración, sino del análisis. Y apenas hay alusión alguna ni explicación a por qué existen los paraísos fiscales, por qué se permite la especulación, por qué el dólar es la moneda central y puede darle a la impresora de billetes según le convenga, por qué se consienten los modelos de fabricación basados en la explotación humana e insostenible, por qué se quiere acabar con el Estado del bienestar europeo y por qué Europa renuncia a comportarse como una Unión, o incluso, qué sé yo, por qué la investigación farmacéutica dedica tanto esfuerzo a la alopecia o la obesidad.

Fíjense, en apenas unas horas los medios españoles se han tenido que debatir al menos entre las todas estas cuestiones:

1. Seguir a El País (que a su vez seguía a Wikileaks, naturalmente), menuda rabia, caramba.

2. Analizar las elecciones catalanas pretendiendo encontrar algo que no sonara a local y casi paleto.

3. Dar al "rescate de Irlanda" (caray con la expresión, qué buenos son los literatos financieros) la importancia que se merece en términos de regresión social y derrota democrática frente a los mercados.

4. Y, además, no dejar de alimentar el relax hipnótico-deportivo del Nadal-Federer o del Barça-Madrid.

5. O, para leídos, la controvertida modificación de la ortografía española (ya saben: guión se escribe guion, etc.)

No será, desde luego, por falta de entretenimiento informativo.

Bolsas, oro, sueldos de funcionarios (ahora le toca a los norteamericanos, pero sólo a los civiles, no a los militares, no vaya a ser), sube el dólar, baja el euro, los atentados de rutina con los muertos cotidianos, las cumbres medioambientales...

En fin, que leyendo las noticias no sé si estamos en manos de machos alfa salidos o rellenos de bótox, mujeres desequilibradas espiadas por mujeres cotillas, árabes que quieren guerra sin apearse del Rolls Royce o chinos entretenidos en parar a la competencia coreana.

Wikileaks ha dibujado, supongo que sin querer, una caricatura del mundo.

No sé por qué, pero sigo esperando que el periodismo profesional sea capaz de provocar alguna reacción, al menos entre los europeos.

Pero, insisto, no sé por qué.

1 comentario:

  1. Echaba de menos estas entradas admirablemente mordaces y telegráficamente certeras.

    Un saludo.

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