jueves, 18 de junio de 2015

Contra la desaparición de Facultades en la Universidad


En mi Universidad quieren fusionar Facultades. No es la primera vez ni será la última. El argumento "aparente" es el ahorro. Un 0,2% en nuestro caso. Aunque fusionasen las 21 Facultades en una sola, el ahorro "aparente" sería poco más del 1%. Simplemente con los extras que cobran rector, vicerrectores y gerencia ya se ahorra lo mismo. Así que no es "ahorro". Ahorro es reducir viajes, protocolos, burocracia, papel, experimentos digitales, coches oficiales... No cerrar Facultades, Laboratorios, Departamentos. Ahorro es usar software libre y hasta gratuito. Hacer más videoconferencia y menos aviones. Tener una central de compras que pueda operar en Internet y no usar intermediarios con márgenes disparatados por poner simplemente una tarjeta de crédito. Ahorrar no es montar falsas televisiones universitarias, tener la calefacción encendida en edificios cerrados. Ni poner trabas a conseguir ingresos, hacer una patente, una spin-off o enterrar en papeleo a una empresa que quiera colaborar con la Universidad.

Cerrar Facultades significa que la organización y el día a día de las titulaciones se decidirá en reuniones masificadas, donde los profesores y alumnos de las carreras más grandes o más antiguas impondrán criterios a los de las carreras más pequeñas y modernas, donde los medios técnicos específicos de cada disciplina se convertirán en campo de batalla, donde no habrá presupuesto para lo especializado, donde los estudiantes perderán autonomía y representación, donde los profesores tendrán que negociar desde áreas de conocimiento enfrentadas.

Una Facultad no es un edificio, es un conjunto de profesores y estudiantes de una misma especialidad académica. Reciben un presupuesto y un marco legal, y son razonablemente autónomos para adquirir y organizar el material, decir los contenidos docentes, fijar horarios, exámenes, actividades académicas, uso de los espacios, etc, etc. Es la esencia misma de la práctica universitaria. Muchas Facultades de medio mundo, como la mía, comparten edificios, administración, biblioteca, cafetería, conserjería. Eso no implica que deban fusionarse. Una Facultad es un claustro, una junta que comparte un campo de conocimiento preciso, unas competencias profesionales coincidentes. Es absurdo juntar arquitectos con aparejadores, ingenierías inconexas o, como es nuestro caso, sociólogos con realizadores audiovisuales. Absurdo, ineficiente e irracional.

Quizá es casualidad que las Facultades afectadas no hayan votado al rector de turno. Y que el rector les pase factura seis meses antes de las nuevas elecciones, en verano, con las aulas vacías y los estudiantes centrados en los últimos exámenes.

Quizá es una simple ocurrencia, de esas ideas felices que los gestores aficionados tienen en la ducha y que siempre afectan a los demás, nunca a ellos. Quizá alguien es lo suficientemente irresponsable como para pensar en fusionar barcos para ahorrar capitanes, o en unir países para ahorrar un primer ministro. ¿Es el 0,2% el chocolate del loro? Presupuestariamente sí. Académicamente es destrozar la Universidad en 8 de sus 21 Facultades, ese 0,2% afectará a más del 30% de la UDC, a más de 4.000 estudiantes.

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