sábado, 5 de marzo de 2016

La crisis del radón en la UDC

El rector de la UDC, en el centro, con su equipo, reunido con trabajadores y estudiantes de las Facultades de Comunicación y de Sociología. Fotografía publicada en Economía Digital

Este es el resumen. Se producen varios casos de cáncer en una Facultad, algunos mortales. En el edificio comienza a circular el rumor, quizá injustificado, de que pueden estar vinculados con el subsuelo. Cerca de donde ahora hay un campus universitario antes había una fábrica de fertilizantes, Fertiberia. El rumor salta a los medios de comunicación: prensa, radio, televisión, redes sociales. La Universidad abre una investigación:

23/1/2016
La UDC abre una investigación sobre la salubridad del edificio de Sociología y Comunicación

La intención parece claramente tranquilizadora:

27/1/2016
El rector de la UDC dice que no hay "datos" que vinculen los casos de cáncer en Sociología con el edificio

27/1/2016
El rector vería "sorprendente" que el edificio de Sociología tuviese riesgo para la salud

28/1/2016
Abalde afirma que no hay “datos” que vinculen los casos de cáncer en Sociología con las instalaciones

Acaba la primera fase de la investigación. Los medios publican la versión de la Universidad.

25/2/2016
Los estudios toxicológicos revelan "total normalidad" en Sociología

25/2/2016
Los exámenes de la UDC descartan que haya toxicidad en los terrenos de Socioloxía

26/2/2016
La investigación sobre Sociología descarta la existencia de sustancias cancerígenas

Y me entregan el informe del Laboratorio de Radioactivade Ambiental de la Universidad.

Tiene fecha del 23 de febrero. Dos días antes. El resultado provisional muestra la existencia de gas radón en medidas puntualmente elevadísimas.

La legislación española pone el umbral de riesgo en 600 becquerelios por metro cúbico. En colegios, lo rebaja a 300.  En una zona de Posproducción de la Facultad de Comunicación, que comparte edificio con la Facultad de Sociología, se detectaron más de 4.000. Casi 3.000 en el plató de televisión. Casi 3.000 en el estudio de radio. Más de 1.500 en una conserjería. Casi 800 en otra. La Organización Mundial de la Salud recomienda que no se sobrepasen los 100 (WHO Handbook on indoor radon, 2009). La UE admite un máximo de 300 en domicilios y lugares cerrados (directiva 2013/59/EURATOM).

El radón es un gas incoloro, inodoro e insípido. Procede del uranio. Provoca cáncer.

No es la primera vez. Sucedió con anterioridad en al menos dos ocasiones: en la Escuela de Arquitectura Técnica y en la "Casa do Francés", un edificio administrativo.

La prensa vuelve a hacerse eco. El rector queda como un mentiroso aunque él precisa que la culpa es de los periodistas, que él se refería a los terrenos de Fertiberia, no al radón. Exige rigurosidad. Sus técnicos también se defienden en entrevistas: somos de los pocos que medimos el radón....  Algunos medios, como siempre, son más sensacionalista que otros. Los datos no. Incluso entre profesores de la misma universidad no se ponen de acuerdo con los márgenes de tranquilidad y las actuaciones necesarias: "Recientemente en la misma Universidad de Coruña en uno de sus edificios se detectó una concentración peligrosa de radón y lo único que se hizo fue clausurar el edificio", decía a La Voz de Galicia hace dos meses el catedrático de Geodinámica Vidal Romaní.

Aquí acaba el resumen. Ahora las preguntas:

¿Por qué se habla de "normalidad"?, ¿qué mueve a cualquier responsable (que no culpable) de una organización a actuar de esta manera?, ¿por qué se prefiere "tranquilizar" en vez de tomar medidas cautelares que tranquilicen?, ¿paternalismo?, ¿un concepto particular de lo que debe hacer un "directivo" ante una situación de crisis?.

Las crisis en las organizaciones pueden ser imprevisibles. Otras, como esta, no. Y hay que estar preparado. La actuación en materia de comunicación es simple: no mentir, adelantarse facilitando la información, no ponerse a la defensiva, no decir que no pasa nada (Manuel Fraga en Palomares), no decir que siempre se ha cumplido la ley, no escurrir el bulto, no ponerse estupendos con precisiones técnicas (del estilo de "no es lo mismo toxicidad que radioactividad"), tener mucho cuidado con las comparaciones (un bichito tan pequeño que si se cae de la mesa se mata, como dijo Sancho Rof con la colza; o los "hilillos de plastilina del Prestige con Mariano Rajoy), tener planes de contingencia, alternativas, soluciones posibles... Muchas personas, cuando llegan a un cargo, se sienten en la obligación de quitar importancia a los riesgos porque sí, se ponen nerviosas, se sienten presionadas por esos "malditos periodistas" que nunca reflejan lo que ellas quieren, se enfrentan en discusiones con públicos alarmados en lugar de ponerse al frente, y en el calor del enfrentamiento se equivocan y se enfadan con quien deben proteger.

La crisis del radón en la Universidad de A Coruña tendría que ser una excelente oportunidad. Un equipo de gobierno inteligente aprovecharía a sus científicos para convertirse en la cabeza visible de la lucha contra el gas a nivel mundial. No puede limitarse a decir que cumplirá la ley, claro que tiene que cumplirla. Debe ir mucho más allá. Debe mostrar empatía, preocupación por los casos de cáncer, debe poner en marcha toda su maquinaria para disipar cualquier duda, más allá de lo razonable. No solo porque hay trabajadores y estudiantes, sino también porque hay una sociedad que debe confiar en que en las Universidades se trabaja para mejorar el mundo. Aquí no hay culpables, salvo si se empieza a mentir o a cerrar los ojos. No hay nadie que haya cometido una imprudencia, salvo que no se quiera que una investigación demuestre algo, salvo que no se quieran admitir resultados.

Posdata:
La Instrucción IS-33, de 21 de diciembre de 2011, del Consejo de Seguridad Nuclear, sobre criterios radiológicos para la protección frente a la exposición a la radiación natural es de obligado cumplimiento.

La Guía de Seguridad 11.4  Metodología para la evaluación de la exposición al radón en los lugares de trabajo es una recomendación.

Quizá sería interesante citar algún manual de comunicación de crisis. No lo hago por pudor.

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