domingo 31 de mayo de 2009
El adelanto de Cebrián
sábado 30 de mayo de 2009
Si leo las noticias cantando, me forro
viernes 29 de mayo de 2009
Ayudas al cine
jueves 28 de mayo de 2009
Cuánto deben cobrar los periodistas
miércoles 27 de mayo de 2009
Tiene usted razón (3)
martes 26 de mayo de 2009
Debates 1.0
lunes 25 de mayo de 2009
Blogs, dossieres de prensa e influencia
domingo 24 de mayo de 2009
Tiene usted razón (2)
Leí en una revista femenina el correo electrónico de una mujer que tenía como deseo ser una televisión. Argumentaba que de ese modo su familia le prestaría atención e incluso se reunirían a su alrededor, su marido le haría caso cuando llegaba cansado del trabajo, su hijo adolescente la buscaría cuando estuviese aburrido, si sufriese algún desperfecto o se averiase, la reparación sería lo más urgente del mundo. La mujer no deseaba sólo que la quisieran, de hecho no se quejaba de ello, sólo quería que le prestasen atención.
sábado 23 de mayo de 2009
Despedida de un decano
Mítines y cámaras de televisión
viernes 22 de mayo de 2009
Éxitos y efectos de campañas virales
jueves 21 de mayo de 2009
Se buscan comunicadores multimedia
miércoles 20 de mayo de 2009
Del caso Rosenberg al caso Swayze
martes 19 de mayo de 2009
Engendros de Bolonia: ¿Ciencias de la Cultura o Comunicación?
lunes 18 de mayo de 2009
Piratas, bloggers y otros "enemigos del periodismo"
domingo 17 de mayo de 2009
De Twitter a Wolfram Alpha
Tiene usted razón (I)
Ahora que tiene un momento para leer y nadie adivina sus pensamientos, sincérese: usted es lo más importante para usted mismo. Vale, de acuerdo, está bien... volvamos a expresarnos en términos políticamente correctos: lo de antes suena a egoísmo, o a egocentrismo, que no es lo mismo pero es igual. Y usted se considera una persona esencialmente buena, tonta no, buena y rodeada por personas que le importan y en las que piensa constantemente. Pero admita que con frecuencia lo hace en relación a si mismo. Por ejemplo "cómo me ven", "le gustaré o no", "no me entiende", "pero por qué no me obedecerá", "por qué no se le ocurre lo mismo que a mí", "es que si tengo que decírselo...", "se le tiene que ocurrir a él lo que a mi me apetece"... Esto no parece el colmo de la generosidad. Y qué me dice de ese fascinante placer de observarnos a nosotros mismos. Estamos mirando siempre a los demás, no hay tantos espejos, de ahí el placer de contemplarnos en una fotografía que alguien nos acaba de tomar. Placer o disgusto (cómo me ha sacado, cómo he salido) sensación en todo caso mucho más intensa que la tenemos cuando miramos a los demás de la foto. Incluso cuando estamos enamorados o cuando somos padres, el amor ilimitado por esa pareja o ese vástago incluye instantes de ego, aunque sea simple curiosidad, ojo, no egolatría. Pero debemos asumir que, como decía un anuncio, no salimos así en las fotos. Es que somos así. Al menos durante un instante, una porción de segundo o en unos minutos de vídeo. Y si nos tenemos que reconocer físicamente, reconozcamos también nuestra psicología empezando por dejarnos de falsos pudores y admitiendo que somos muy importantes para nosotros mismos. Qué le vamos a hacer. Sin mí, no soy nadie. Sí, ya sé, puedo pasar a la historia, puedo tener hijos, dejar un legado imborrable, un imperio o una religión. Todo lo que quiera, pero yo no estoy. Yo. Qué gran palabra. Mejor que no nos la escuchen demasiado, porque los demás parecen aburrirse en cuanto la oyen, salvo si son ellos quienes la utilizan.